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PARASHÁ – VAYICKRÁ – Ofrendas y sacrificios

PARASHÁ – VAYICKRÁ – Ofrendas y sacrificios. (Periodo de estudio12-03-2011>19-03-2011)

La Parashá de esta semana nos presenta una larga y detallada descripción de las ofrendas de animales que se hacían en el Templo – la incineración de los miembros del animal, el salpicado de la sangre, la obtención de la carne, etc. El hombre moderno, a primera vista, podría encontrar esta noción pagana y primitiva. ¡Seguro suena bastante diferente de la cálida vida espiritual que imaginamos que nuestros ancestros practicaban!

La pregunta se torna aún más difícil cuando consideramos la postura del judaísmo con respecto al cuidado y preocupación por los animales. Además de la prohibición Bíblica contra provocarle daño o sufrimiento a un animal (“Tzar Baalei Jaim”), existe además una lista entera de Mitzvot diseñadas para proteger a los animales, incluyendo: aliviar la carga de un burro cuando es muy pesada, darle al animal un día de descanso en Shabat, no amordazar a un animal mientras trabaja en el campo (esto es, no prevenir que coma lo que ven sus ojos), y muchas otras más.

El sacrificio era considerado como un medio básico por el cual los israelitas se comunicaban con Adonai; era el instrumento por el cual las gracias eran ofrecidas, las peticiones hechas y el perdón buscado. El dar regalos era formal y ritualizado; lo mismo lo era en el caso de las relaciones entre Adonai y los hijos de Israel.

De todas maneras, repetimos que la porción de la Torá que analizamos la presente semana nos detalla sobre el ritual de los sacrificios que iban a llevarse a cabo en el santuario recientemente inaugurado en el desierto: “Adonai llamó a Moshé y le habló así desde la Tienda del Encuentro: Habla a los israelitas y diles: Cuando alguno de vosotros presente a Adonai una ofrenda, podréis hacer vuestras ofrendas de ganado, mayor o menor” (1:1-2). Y a partir de este momento en adelante, el texto nos refuerza en cuales son los distintos tipos de sacrificios a realizar, como ser: los holocaustos (capítulo 1), la oblación (capítulo 2), el sacrificio de comunión (caítulo 3), el sacrificio por el pecado (4:1-5:13) y el sacrifico de reparación ( 14-26).

Repasemos la manera cómo El Eterno ordenó a Israel traer tres animales para ofrendar en cada una de las tres festividades de peregrinaje: Pesaj, Shavuot y Sucot:

1. El holocausto, llamado “holocausto de presentación” (“Holat reiiá”), como está escrito (Devarim 16: 16): “Tres veces al año verá todo varón la faz de Adonai tu Elohim en el lugar que eligiere… y no verás mi faz sin nada”.

2. Sacrificio pacífico, llamado “sacrificio pacífico festivo” (“shalmei jaguigá”), y sobre el mismo está escrito (Shemot 12: 14): “Festejarán a él festividad para Hashem”. Estos dos sacrificios son obligatorios.

3. Sacrificios pacíficos llamados “sacrificios pacíficos de alegría” (“shalmei simjá”), para cumplir con lo que versa (Devarim 27: 7): “Acercarás sacrificios pacíficos, y comerás allí, y te alegrarás delante de Adonai, tu Elohim”. Estos no son obligatorios cuando hay carne de otros sacrificios.

Todos los sacrificios de animales que eran acercados por individuos particulares, ya sea obligatorios o donaciones voluntarias (excepto del primogénito y el diezmo en Pesaj), requieren apoyo de manos sobre el animal. Esto es por lo que está escrito (Vayickrá 3: 2): “Apoyará su mano sobre la cabeza de su sacrificio”, es decir, el dueño del sacrificio debe apoyarse con sus dos manos sobre la cabeza del animal, mientras está con vida, con todas sus fuerzas (Tal como dice en la Mishná menajot 9: 7 – 8; Rambam en las leyes de la hechura de los sacrificios: 3: 6; 13).

La fe de Israel veía la institución del sacrificio como un componente esencial y legítimo de la adoración divina: el sacrificio era entonces, el instrumento por el cual las gracias eran ofrecidas, las peticiones hechas y el perdón buscado. Esto era una práctica bastante natural en el Antiguo Oriente; pero, como el término hebreo para la palabra sacrificio es korbán, significa “acercar”, es de allí, que se entiende que el término sacrificio o korbán es  una de todas  aquellas cosas que acercan al fiel a Adonai.

De acuerdo a la tradición rabínica, Adám habría sido el primero en introducir la práctica del sacrificio; sin embargo, Caín y Abel fueron los primeros que sintieron la necesidad de acercarse a Adonai por medio de sacrificios y ofrendas, tal como está escrito: “Fue Hebel pastor de ovejas y Caín labrador. Pasó algún tiempo, y Caín hizo a Adonai una oblación de los frutos del suelo. También Hebel hizo una oblación de los primogénitos de su rebaño, y de la grasa de los mismos…” (Bereshit 4:3-4). A partir de aquí comenzó un ritual de sacrificios que habría de continuarse con Noáj (8:20) y los Patriarcas (Abraham [15:9-11]; Yaakov [31:54]).

A pesar de la conexión que tienen  los sacrificios con la piedad hacia Israel, el Jumásh no da razón alguna para explicar el significado de la práctica. Se puede suponer, según las regulaciones, que lo importante de este procedimiento  era la idea que el piadoso debía renunciar a algo de valor, por ejemplo, el primogénito del rebaño o el primer puñado de granos recolectados con la esperanza de lograr el favor divino.

Según esta interpretación, el hombre, al renunciar a algo de mucho valor, manifiesta que pertenece al Eterno, que en su mano está el alma de todo viviente y el espíritu de todos los humanos, tal como lo vemos en al vida de Abraham: el pasó por nueve pruebas y su corazón fue hallado fiel al Señor; sin embargo, debía pasar por la prueba más dura. Por mandato divino debía ofrendar a su hijo único, al cual estaba ligado con todas las fibras de su corazón y cuya vida le era más cara que la suya propia. Después que reveló su íntegra disposición y su firme obediencia, recibió el llamado de cuidar la vida de su hijo y he aquí que se le apareció de pronto un carnero, al que ofrendó en lugar de su hijo; con este hecho quedó establecida la idea, que la vida que ofrendamos a Adoani mediante el sacrificio de un animal, simboliza la obediencia, el entregamiento íntegros y, la subordinación al Eterno, tal como está escrito“pues ahora conozco que tú eres temeroso de Adonai, ya que no Me has negado ni a tu hijo único”.

Otra opinión, la del filósofo Maimónides, nos enseña que los sacrificios habían sido instituidos para alejar a los israelitas de las prácticas idolátricas, porque, como la inmolación de bueyes era objeto de abominación para casi todos los idólatras, entonces se nos prescribió sacrificar preferentemente estas tres especies de cuadrúpedos: “Puede ofrecer ganado mayor o ganado menor (Levítico 1:2), a fin de acercarse a Adonai mediante ese mismo acto, considerado por aquéllos como la mayor de las iniquidades, y buscar en él el perdón de los pecados. Así se procuraba sanar las ideas corrompidas, enfermedades del alma humana, mediante el extremo opuesto, tal como está escrito en su libro La Guía de los Perplejos.

Los profetas no se opusieron a los sacrificios como tal, sino que criticaron las falsificaciones del ritual y su carencia de sentimientos interiores (Oshea 6:6; Mija 6:5-8; Yeremía 6:20; Zajária 7:4-6). Como decía el salmista: “Pues no te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo aceptas. El sacrificio a Adonai es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, OH Adonai, no lo desprecias” (Tehilim 51:18-19. también 40:7; 50:7-15; 69:31-32).

Lo que encontramos en los libros de la torá y el Tanaj acerca de la posición de los profetas, es que condenaban el ritual de sacrificio como vano e hipócrita, en los casos que éste no estuviera acompañado por una sincera disposición del corazón. Como decía profeta Amós en el nombre de Adonai: “Yo detesto, desprecio vuestras fiestas, no me gusta el olor de vuestras reuniones solemnes. Si me ofrecéis holocaustos… no me complazco en vuestras oblaciones, ni miro a vuestros sacrificios de comunión de novillos cebados. ¡Aparta de mi lado la multitud de tus canciones, no quiero oír la salmodia de tus arpas! ¡Que fluya, sí, el juicio como agua y la justicia como arroyo perenne! ¿Acaso sacrificios y oblaciones en el desierto me ofrecisteis, durante cuarenta años, casa de Israel?” (5:21-25; y también 4:4; Isaías 1:11-16).

Veamos lo que encontramos en las palabras del sabio jerosolimitano Jesús hijo de Sirá (circa 180 a.e.c.), que aun siendo un fervoroso ritualista, sugirió que la justicia y la caridad podrían incluso suplir el rito del sacrificio: “Observar la ley es hacer muchas ofrendas, atender a los mandamientos es hacer sacrificios de comunión. Devolver favor es hacer oblación de flor de harina, hacer limosna es ofrecer sacrificios de alabanza. Apartarse del mal es complacer al Señor, sacrificio de expiación apartarse de la injusticia. No te presentes ante el Eterno con las manos vacías, pues todo esto es lo que prescribe el mandamiento. La ofrenda del justo unge el altar, su buen olor sube ante el Altísimo. El sacrificio del justo es aceptado, su memorial no se olvidará” (Kohelet 35:1-6).

En algún momento de la historia del pueblo judío, los sacrificios comienzan a adquirir un sentido más espiritual y empiezan a ser reemplazados por cosas como la comida comunitaria, y empieza dibujarse en la literatura profética y formulada en el texto del Sirácida, el cual llegó a su pleno estado de maduración durante la época greco-romana. Un ejemplo en este sentido habría sido la usanza de la comida comunitaria practicada por la secta de los esenios. Según el relato del historiador Flavio Josefo[1], después de la ceremonia de purificación, estos piadosos se congregaban “en una sala particular donde no puede entrar ninguna persona profana; ni ellos mismos pueden penetrar en ese comedor sin estar puros, como si fuera un recinto sagrado”. Y a continuación, el historiador describe, de la siguiente manera, la comida: “Se sientan sin hacer ruido y el panadero sirve a cada uno un pan y el cocinero un plato con una sola comida. El sacerdote pronuncia una oración antes de comer, y nadie puede probar bocado antes de que haya concluido la oración. Después de la comida[2] el sacerdote repite el rezo. Todos dan gracias a Adonai, dispensador del alimento que hace vivir, al principio y al final de la comida”

Los manuscritos del Mar Muerto también nos ofrecen evidencia acerca de la comida comunitaria y de su papel central en la vida de la agrupación, llamada en los documentos “Adat haYájad”. Según leemos en la Regla de la Comunidad[3]: “Comerán juntos, juntos bendecirán y juntos tomarán consejo […] Y cuando preparen la mesa para comer, o el mosto para beber, el Sacerdote extenderá su mano el primero para bendecir las primicias del pan y del mosto” Nota: Ciertos hallazgos en Khirbet Qumrán, ruinas ubicadas en la costa noroccidental del Mar Muerto a 25 Km. al este de Jerusalém, apoyarían el relato de Josefo y las referencias de los manuscritos. Los arqueólogos excavaron una sala grande, de 22 metros de largo y 4,5 metros de ancho, orientada en dirección este-oeste, la cual habría hechos las veces de lugar de asamblea y de comedor, y una prueba de la función de esta habitación sería el hallazgo realizado en una pequeña sala contigua a ésta, en la que se hallaron más de mil utensilios para comer: jarras, grandes cuencos, tetéras, platos y pequeños cuencos para servir la comida.

Una de las interpretaciones sugeridas para entender el significado de esta práctica, es que la comida de los esenios tenía un significado cultural para los miembros de la secta, porque ellos, en su fiera oposición al Templo, habrían concebido su vida en comunidad como una especie de “templo espiritual”, que reemplazaba al Templo real de Jerusalém, con las comidas comunitarias diarias haciendo las veces de sustituto espiritual de los sacrificios ofrecidos cotidianamente en el templo [4]

Esta práctica esenia de comer juntos, como si fueran seudo-sacerdotes ofreciendo “sacrificios espirituales” en un templo virtual (la comunidad misma), cuando todavía el Templo de Jerusalén estaba activo en el monte Sión, habría sido uno de los antecedentes de la concepción promovida por los sabios rabínicos después de la destrucción del santuario en el año 70 de la Era Común, cuando afirmaron: “Rabí Shimón dice: tres hombres que han comido en la misma mesa sin hacer alusión a la Torá es como si habrían incurrido en idolatría, pues así está dicho (Yesháia 28:8): Pues todas las mesas están llenas de impurezas, ya que no mencionan a Adonai. Pero tres hombres que han comido en la misma mesa y aluden a la Torá es como si habrían comido de la mesa de Adonai, pues así está dicho (Yejezequel 41:22): Y Él me dijo, esta es la mesa que está delante de Adonai” [5]

Y así el estudio de la Torá tomó en la cosmovisión rabínica el lugar de los sacrificios físicos, convirtiéndose en un “sacrificio espiritual” que acercaba al judío al Adonai de Israel.

Para terminar este ensayo viene a cuento esta historia jasídica, que sintetiza de manera maravillosa el largo camino sufrido por la institución del sacrificio en el judaísmo:

“Una vez, durante un shabat, estaba el Rabino Moshé de Kobryn ante el arca rezando la Oración Adicional, que reemplaza las ofrendas de los días shabat y los festivos. Cuando dijo las palabras: “Condúcenos a nuestra tierra y ahí prepararemos para ti las ofrendas que son obligatorias para nosotros”, cayó al suelo desvanecido. Después que lo revivieron con grandes dificultades, concluyó la oración.

Aquella noche Rabí Moshé volvió a hablar ante su propia mesa: “Ahí, en nuestra tierra, traeremos la ofrenda especial para este shabat, porque aquí no tenemos santuario ni servicio para los sacrificios”. Y se inflamó al decir estas palabras y gritó entonces: “ ¡Señor del mundo, nosotros, nosotros mismos nos presentaremos a ti en lugar de la ofrenda!”

Y entonces todos comprendieron por qué en la Casa de Oración había caído al suelo como si la vida lo hubiera abandonado definitivamente[6].

Con todo lo que hemos revisado, nos preguntamos: ¿Por qué entonces ofrendas de animales? Abordemos a continuación algunas nociones equivocadas que existen al respecto.

Noción Equivocada #1: ¿No es acaso cruel matar a un animal?

¿Por qué debería molestarnos esto? ¿Acaso no comemos hamburguesas, vestimos zapatos de cuero y jugamos fútbol con balones de cuero?

Entonces, si se justifica utilizar animales para obtener beneficios físicos, ¡se justifica aún más para obtener beneficios espirituales!

(Además, hay que considerar que todas las ofrendas representaban al mismo tiempo un beneficio práctico en términos físicos. La gran mayoría de los sacrificios eran comidos por seres humanos – por ejemplo: el sacrificio de Pesaj era asado y comido en el Seder, en cada mesa. Incluso en el caso de los sacrificios que eran totalmente consumidos por el fuego en el altar, el cuero del animal era utilizado por los Cohanim.

 

Noción Equivocada #2: Estas ofrendas son un ‘Sacrificio’

Como ya revisamos previamente, la palabra en hebreo Korbán, que la Torá utiliza para describir las ofrendas de animales, no significa simplemente sacrificio (en el sentido de dar algo), ni tampoco simplemente ofrenda (en el sentido de llevar regalos a los dioses). En cambio, Korbán significa “acercarse”. Es decir, ayuda a una persona a acercarse a Adonai.

En el Templo, tomábamos las partes del animal y las elevábamos en el altar de Adonai. Esto es una declaración personal, un intento por elevar nuestros recursos materiales a un nivel más alto – de dirigirlos al servicio de Adonai.

¿Para beneficio de quien?:

Noción Equivocada #3: Nosotros pensamos, “¿Qué clase de Adonai necesita de ofrendas? ¿Es esto acaso una especie de soborno para que no se enoje con nosotros?

Debemos diferenciar entre mitología griega y judaísmo. Los sacrificios paganos servían para apaciguar dioses finitos que tenían control sobre cierto aspecto limitado de la existencia. Cada uno de ellos necesitaba algo distinto y los humanos podían evitar la ira de los dioses dándoles lo que necesitaban.

En el Judaísmo las ofrendas no son para Adonai. Él no las necesita. Adonai es todopoderoso, ¡y ya posee todo! En cambio, las ofrendas son para nosotros. Nos enseñan a tomar lo físico (el cuerpo) y santificarlo.

Una de las 613 Mitzvot es que el Cohen Gadol debe mantener el Efod (delantal) constantemente apegado a su cuerpo. Rabí Shimshon Rafael Hirsch señala que en idolatría, típicamente, el delantal ceremonial era atado al ídolo. La filosofía detrás de esto era controlar al ídolo y así “colocarlo de nuestro lado”. Pero en el judaísmo, el Cohen Gadol se ataba el delantal a sí mismo, ¡porque es a nosotros mismos a quien queremos controlar!

Cada ser humano está compuesto de dos partes, una parte física y una parte espiritual. Cada una de ellas desea ser alimentada y sostenida, sin embargo, cada una consigue esto de manera muy distinta. El cuerpo desea comodidad y gratificación inmediata: comida, sueño, poder, riqueza. El alma en cambio, busca placeres eternos: sentido, amor, buenas acciones, conexión con Adonai.

Las Mitzvot de la Torá fueron diseñadas para guiarnos hacia los “placeres espirituales”. Sin embargo, cuando el cuerpo ejerce su dominio, la consecuencia lógica es la trasgresión de estas Mitzvot.

La manera de reparar este error es llevando una ofrenda. El trasgresor da un paso adelante y declara: “He cometido un error y me arrepiento del daño que esto ha causado a mi alma. Mi lado animal se ha apoderado de mí. No deseo repetir este error nuevamente. A través de este sacrificio me comprometo a que el animalismo no sea la fuerza dominante en mi vida

Y entonces, ¿Por qué la sangre?

Cuando una persona ve el animal sacrificado frente a sus ojos, piensa, “Realmente yo soy el que merece esto, pero Adonai es misericordioso y comprensivo.” Esto es una experiencia espiritual muy poderosa. ¡La sangre es real! Esto conmueve a la persona y la hace comprender la importancia de la vida.

Kirk Douglas, un legendario actor de cine, se vió involucrado en un serio accidente de helicóptero en el año 1991. El piloto y el copiloto de la nave fallecieron, pero Kirk salió con vida.

El evento lo impactó tanto espiritual como físicamente. Acostado en la cama del hospital se preguntó a sí mismo una y otra vez: ¿Por qué fui yo el que sobrevivió?

Kirk eventualmente respondió su pregunta de la siguiente manera: Sobreviví porque aún hay algo importante que debo lograr en este mundo, una contribución crucial que debo hacer. Hasta ahora he estado jugando y divirtiéndome. Pero ahora veo que en la vida hay cosas más trascendentales.

Kirk se embarcó en un programa de estudio regular de Torá y comenzó a restituir las tradiciones judías que recordaba de su juventud. Comenzó también a buscar maneras de utilizar su riqueza material para impactar al mundo. Fue una transformación que lo llevó de vuelta a sí mismo y a sus raíces, a pesar de la presión social que la fracción secular de Hollywood ejercía en su contra.

Hoy, él sigue más comprometido que nunca. Recientemente tomó sobre sus hombros la responsabilidad de construir un ‘teatro multimedia’ del otro lado del Muro Occidental – para darle a los turistas una auténtica e inspiradora experiencia judía. ¡Kirk está determinado a recuperar el tiempo perdido!

Al igual que en el Templo… la escena de la sangre, la proximidad a la muerte… el pensar “este pude haber sido yo”. Cambia la vida de uno para siempre.

¿Podrá nuestra parashá inspirarnos también a nosotros a cambiar?

 

Artículo terminado de elaborar el 05 de marzo de 2011 – 29 de Adar 1 de 5771

 

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[1] (Guerra de los Judíos II, viii, 5; en: Obras Completas de Flavio Josefo [Buenos Aires: Acervo Cultural/Editores, 1961] IV, p. 138).

[2] Sobre la comida comunitaria de los esenios, ver también Filón, Hipotéticas II, 11.11; Todo hombre bueno es libre XII, 86, 91).

 

[3] (1QS VI, 2-5; según: Texto de Qumrán [ed. F. García Martínez; Madrid: Editorial Trotta, cuarta edición, 1993] p. 56).

[4] Sectarios de Qumrán. Vida cotidiana de los esenios; A. Roitman, [Barcelona: Ediciones Martínez Roca, 2000] págs. 204-209).

[5] (Ritual de Oraciones para todo el año [traducción. M. Edery; Buenos Aires: Consejo Mundial de Sinagogas, 1965] págs. 274-275).

[6] (Martin Buber, Cuentos Jasídicos. Los maestros continuadores I [Buenos Aires: Editorial Paidós, 1978] p. 150.)