Maoz Tzur

19/12/2011 0 Por Max Stroh Kaufman

MAOZ TZUR

 

Traducción:

Fortaleza roca de salvación, a Ti es adecuado alabar. Establece la casa de mi plegaria, y allí un sacrificio de agradecimiento ofrendaremos.
Para el momento que establezcas el degüello del opresor que ladra, Entonces completaré con una canción sálmica la inauguración del altar

De males sacióse mi alma, con la angustia mi fuerza se agotó, mi vida amargaron con dureza, en la esclavitud del reinado becérrico (Egipto).
Y con Su mano la grande, saco a la atesorada (Israel), El ejército del faraón y toda su descendencia bajaron como una piedra en el abismo (Mar rojo).

Al palacio de Su santidad me trajo y también allí no estuve tranquila y vino el hostigado (Nebujadnetzar) y me exilió porque extraños  serví. Y un vino envenenado (idólatra) vertí, por poco casi desaparecí, El fin de babilonia (fue con) Zerubabel al fin de setenta (años) fui salvada.

Cortar la estatura del ciprés procuró, el Agagueo hijo del Medateo, y se hizo para él como trampa y tropiezo y su orgullo fue cesado. La cabeza del Yemineo  alzaste y el enemigo su nombre borraste
La cuantiosidad de sus hijos y sus pertenencias sobre el árbol colgaste.

Griegos se reunieron sobre (contra) mí, entonces en los días de los Jashmoneos  y derrumbaron las murallas de mis torres, e impurificaron todos los aceites;
y de lo que quedó de las botellas se hizo un milagro a los rosales  y los hijos entendedores, ocho días, establecieron cántico y alegrías.

Descubre el brazo de Tu santidad y acerca el fin de la salvación, venga la venganza de Tus siervos de aquella nación la malvada;
porque se prolongó la hora y no hay fin a los días de la maldad, desplaza al Rojo, en la sombra de la oscuridad, levanta para nosotros los pastores que son siete.

 

Difícilmente  podríamos imaginarnos festejando Janucá, sin la melodía del Maoz Tzur, poema al cual, no se le conoce su fecha de composición; algunos lo ubican probablemente en el siglo 8 de la Era común, mientras que otros, en el S. 13;  dicho poema no sólo toca uno de los puntos más álgidos de nuestra milenaria historia, sino también nuestra esperanza en ver reconstruidos a Jerusalém y al Bet HaMikdash.

Algunos de nuestros sabios clasifican este poema dentro de la estratificación de los piyutim, y se ha encontrado que la letra inicial de cada estrofa, forma un acróstico con la palabra Mordejái (Mem, Reish, Dalet, Kaf, Yud).

 

Es común que, la mayoría de los judíos contemporáneos conozcan muy poco acerca de su historia,  pero gracias a nuestros abuelos y bisabuelos,  hemos recibido una tradición llena de heroísmo y voluntad férrea, es que la que nos permite contar con un conocimiento tal, que nos inspira para poder ser dignos descendientes de todos nuestros antepasados, que de forma anónima, sobrellevaron una gran cantidad de dificultades que permitieron la supervivencia de nuestra nación, y que gracias a aquellos personajes anónimos y también gracias a su tenacidad y su fortaleza, ha permitido que a pesar de estar dispersos en el seno de muchas naciones, sobrevivir un duro exilio de más de 2.000 años, y que también, por la voluntad de algunos hoy, en nuestros días, volvemos a tener un estado independiente.

 

El poema de Maoz Tzur nos narra, entre sus seis estrofas, cuatro eventos distintos sufridos por el pueblo judío, cuatro exilios, cuatro veces residiendo en la diáspora, que el mismo libro de Bereshit profetiza, de la siguiente manera:

Bereshit 14:1-9 Y aconteció en los días de Amrafel, rey de Shinar, Arioj, rey de Elasar, Kedorlaómer, rey de Elam, y Tidal, rey de Goyim, (que) hicieron guerra contra Bera, rey de Sodoma, y contra Birshá, rey de Gomorra, y Shinab, rey de Admá, y Sheméber rey de Tzvoim, y el rey de Bela, que es Tzóar.  Todos éstos se juntaron en el valle de Siddim, que está en el Mar Salado. Doce años sirvieron a Kedorlaómer y trece años se rebelaron. Y en el decimocuarto año de la rebeldía vino Kedorlaómer, y los reyes que con él estaban, e hirieron a los refaítas en Ashterot-Carnáim, y a los zuzitas en Ham, y a los emitas en Shavé-Kiriatáim, y a los coritas en su monte de Seír, hasta el (valle de) Parán, que está junto al desierto. Y volvieron, y vinieron a En (valle de o fuente de) Mishpat, que es Cadesh, e hirieron (a los habitantes de) todos los campos de los amalekitas, y también al emoreo, que habitaba en Jatzasón-Tamar. Y salió el rey de Sodoma, y el rey de Gomorra, y el rey de Admá, y el rey Tzevoim, y el rey de Bela, que es Tzóar, y ordenaron batalla entre ellos en el valle de Siddim contra Kedorlaómer, rey de Elam, y Tidal, rey de Goyim, y Amrafel, rey de Shinar, y Arioj, rey de Elasar; cuatro reyes contra los cinco. 

Vayehi biméi Amrafel mélej Shinár Ariój mélej Elasar Kedarlaómer mélej Eilám veTidál mélej Goím. Asu miljamá et Bera mélej Sdom veét Birshá mélej Amorá Shináv mélej Ademá veSheméver mélej Tzvoím umélej Bela hiTzoár. Kol éle javerú el Émek haSidím hu Yam haMélaj. Shtem esré shaná avdú et Kedarlaómer ushlósh esré shaná maradú. Uveárba esré shaná ba Kedarlaómer vehamelajím asher itó vayakú et Refaím beAshterót Karnaím veét  haZuzím beHam veét haEimím beShavé Kiriatáim. Veét haJorí beharerám Seyir ad Eíl Parán asher al hamidbár. Vayashúvu vayavóu el Ein Mishpat hi Kadésh vayakú et kol sedé haAmalekí vegám et haEmori hayoshév beJatzetzón Tamár. Vayetzé mélej Sdom umélej Amorá umélej Ademá umélej Tzvoím umélej Bela hi Tzóar vayaárju itám miljamá beÉmek haSidím. Et Kedarlaómer mélej Eilám veTidál mélej Goím veAmrafél mélej Shinár veAriój mélej Elasar arbaá melajím et hajamishá.

 Una vez que Abraham había vuelto de la tierra de Egipto (adonde había ido a raíz de la hambruna que prevalecía en la tierra de Canaán), surgió una nueva situación inédita en la tierra que a él se le había prometido: una invasión de cuatro reyes que ocuparon y dominaron cinco ciudades-estado muy prósperas (y acaudaladas) en el valle del Jordán.

Abraham debió luchar, en ese entonces, contra cuatro reyes, y el nombre de cada uno de ellos hace alusión a uno de las cuatro monarquías que inscribirían nuestros exilios.  El último de ellos, rey de “Goim” (naciones), sugiere el escenario actual en el que muchas naciones están sucesivamente contaminadas por el odio inicial de Esav/ Edom/ Roma.

 

14:11 -16 Y tomaron (los cuatro reyes) todos los bienes de Sodoma y Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron. Y tomaron a Lot, hijo del hermano de Abraham, y sus bienes, y se fueron; pues él estaba en Sodoma. Y vino el que se escapó, y anunció a Abraham el hebreo, que moraba en las encinas de Mamré el emoreo, hermano de Eshcol y hermano de Aner; y ellos eran gente que había contraído un pacto con Abraham. Y oyó Abraham que tomaron cautivo (al hijo de) su hermano, y armó a los adiestrados nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los persiguió hasta Dan. Y se dividieron (para caer) sobre ellos de noche, él y sus siervos, y los hirieron, y los persiguieron hasta Jová, que está a la izquierda de Damasco. Y recuperó todos los bienes; y también a Lot, hijo de su hermano, y sus bienes recuperó, y también a las mujeres y al pueblo.  

 


Vayikjú et kol rejush Sedom vaAmorá veét kol ojlám vayeléju. Vayikjú et Lot veét rejushá ben ají Abraham vayelejú vehú yoshév biSdom. Vayavó hapalít vayaguéd le Abraham haIvrí vehú shojén beelonéi Mámre haEmorí ají Eshkol vaají Aner vehém baaléi brit Abraham. Vayishmá Abraham ki nishbá ajiv vayarék et janijav yelidéi beitó shmoná asár ushlósh meót vayirdóf ad Dán. Vayejalék aléihem laila hu vaávadav vayakém vayirdefém ad Jová asher mismol le Damasék. Vayashév et kol harejúsh vegam et Lot ajív urejushó heshív vegám et hanashím veét haám.

 

En lo que nos enseñan nuestros sabios acerca de la profecía que El Eterno transmitió en el Pacto entre las Partes con Abraham, encontramos que Abraham sintió los futuros exilios de sus descendientes: un (1) temor (2) gran (3) oscuridad (4) cayeron sobre él” (Bereshit 15:12 Vayehi hashémesh lavó vetardemá naflá al Abraham vehíne eimá jashejá gdolá nofélet aláv.).  Con estas palabras se le estaba indicando que, los imperios que dominarían a los judíos serían progresivamente más y más crueles que sus predecesores.

 

De las interpretaciones de Rambán, vemos que, también Yaakov, veía los ángeles como los representantes de los imperios que luego subyugarían a Israel,  subiendo cierta  cantidad de peldaños en su sueño profético al emprender su salida de Israel (su diáspora personal) hacia la casa de su tío.

 

Bereshit 28:12: Y soñó; y he aquí una escalera que estaba apoyada en la tierra; y su extremo superior llegaba al cielo; y he aquí que los ángeles de Adonai subían y bajaban por ella;
Vayajalóm vehíne sulám mutzáv artzá veroshó maguía hashamaimá vehíne malajéi Elohim olím veyordím bo.

 

Los cuatro exilios que hemos atravesado y que hemos sobrevivido gracias a la profecía, y que nos cuenta el poema son:

 

 Babilonia

Luego de un período aproximado de 850 años de vida ininterrumpida en la tierra de Israel a partir de la conquista de Yehoshúa bin Nun (el sucesor de Moshé), los judíos sufrieron su primer exilio, en varias etapas: La primera de ellas, cuando diez de las tribus de Israel fueron deportadas, algunas con rumbo desconocido,  y la segunda de ellas fue la deportación realizada por el emperador asirio Sanjeriv conquistador de casi todas las ciudades del reino del sur excepto Jerusalém, gracias a un milagro que el Eterno le realiza al rey Jizkiyáhu  por haber restituido el estudio de la Torá y haber erradicado todo vestigio de idolatría, en su época.

Posteriormente el rey Nevujadnetzar (Nabucodonosor de Babilonia – los caldeos), conquistó la tierra de Israel, realizó una tercera etapa, desterrando a Babilonia solamente a los jóvenes más sabios, que representaban el futuro intelectual y moral del pueblo, pensando que de esa manera, despojaría a los judíos de su liderazgo constituido por esta élite quienes, pensaba, se asimilarían rápidamente al estilo y forma de vida de Babilonia.  Nos cuentan nuestros sabios, a través de muchas historias que, estos jóvenes, prefirieron ofrendar su vida antes que perder su adhesión a las leyes de la Torá. Entre los más conocidos estuvieron Jananiá, Mishael y Azariá que no probaron bocado alguno en la corte de Nevujadnetzar, y lo desafiaron públicamente negándose a arrodillarse ante la imagen que había erigido.

Otro muy famoso, en otro período, es el profeta Daniel que interpretó los sueños a Nevujadnetzar.  Cuando fue decretado que no se debía orar a ninguna adoración, siguió rezando con las ventanas abiertas hacia Jerusalém, lo que le costó ser arrojado a la fosa de los leones salvándose milagrosamente gracias a la ayuda de Adonai.

Por estos momentos contamos todavía con un fuerte lazo espiritual, en el cual, los judíos prometieron recordar siempre a su patria, con las siguientes declaraciones: Si me olvidare de ti, oh Jerusalém, mi diestra sea olvidada. Mi lengua se pegue a mi paladar, si no ensalzare a Jerusalém como preferente asunto de mi alegría. (Tehilim/ Salmos 137:5-6).

Babilonia- Persia – Asiria

El nieto de Nevujadnetzar, Beltshatzar, realizó una pomposa fiesta cuando se cumplían 70 años desde el establecimiento del imperio de Babel, creyendo que el hecho de que los judíos seguían sometidos, significaba que El Eterno los había abandonado y que ya no serían redimidos.  Para demostrar su creencia en que el Bet haMikdash ya no volvería a construirse, sacó los utensilios sagrados del botín de Jerusalém y los utilizó para su fiesta.

En medio de esa celebración, apareció una mano misteriosa que escribió sobre la pared (en cuatro palabras enigmáticas que sólo el profeta Daniel pudo descifrar) que el reino de Beltshatzar estaba destinado a sucumbir.

Efectivamente, de inmediato, el reino de Babel cayó a manos de los persas.

Koresh (Ciro) permitió a los judíos volver al reino de Yehudá y construir su Bet HaMikdash. Algunos judíos lo hicieron en compañía de Sheshbatzar, quien pertenecía a la estirpe del rey David y con él un grupo de distinguidas personalidades que se asentaron entre las ruinas de la ciudad y comenzaron a reconstruir la ciudad de Jerusalém; otros lo hicieron junto a Zerubavel ben Shaltiel, pero, desafortunadamente, la mayoría se quedó en Babel y en las otras provincias que componían el imperio persa de entonces.

Dadas las acusaciones de los vecinos samaritanos, quienes eran los nuevos pobladores que se habían instalado en Israel durante su ausencia, no se les permitió participar de la construcción del Bet HaMikdash ,  “hasta nuevo aviso”.

Fue durante este exilio que sucedió el milagro de Purim, y gracias a este milagro, no debemos de olvidarnos del protagonismo que le corresponde a Mordejai, en dicha historia.

Más tarde, los persas permitieron que se continúe con la edificación del Bet haMikdash, gracias a lo que se conoció como la “declaración de Siró” que permitió se concluyera dicha construcción, bajo la guía de personajes como Ezrá haSofer, quien organizó un cambio religioso y social cuya principal finalidad era que el pueblo de Israel, que se encuentra en Jerusalém y Iehudá, retorne a los preceptos y a la religión; además,  Nejemiá, con declaraciones como: “Ven y construyamos las murallas de Jerusalém”; gracias a su carisma él supo cómo atraer los corazones del pueblo y teniendo éxito en su cometido.

Estos eventos permitieron la formación de la Gran Asamblea (Anshei Kneset haGdolá), que también tuvo entre sus filas a los últimos profetas de Israel: Zejariá, Jagai y Malají.

En aquella época fue cuando se concluyó el TaNa”J.

Ezrá haSofer fue, asimismo, el primer Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) del nuevo Bet haMikdash.

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La dispersión griega.

Al fallecer Ezrá haSofer, fue sucedido por uno de los últimos miembros de aquella magna asamblea: Shimón haTzadik.

En aquella época, Alejandro Magno derrotaba a los persas y daba permiso a la constitución del enorme imperio griego.  Gracias a la deferencia y admiración de Alejandro Magno por Shimón haTzadik, los judíos de Israel no sufrieron las consecuencias de las guerras y se les permitió mantener sus creencias y seguir viviendo de acuerdo a sus leyes y costumbres (de la Torá), limitando su ocupación del país a la obligación de pagar los tributos monetarios para engrosar las arcas del imperio.

Esto ocurrió durante todo el período en que Judea estuvo sometida al gobierno de los Ptolomeos y luego a manos de los Seléucidas (al morir Alejandro, su imperio se dividió entre sus generales, que instalaron sus imperios en Alejandría y en Antioquía.

 

Con el tiempo, una parte del pueblo adoptó el estilo de vida helenista, lo cual le permitió a Antíoco Epífanes soñar con que los judíos se acoplarían finalmente a su cultura.  Los primeros intentos de hacerlo no fueron violentos.  Pero hubo quienes se resistieron, y debieron abandonar las ciudades y vivir en los pueblos.  Ahora, seguir obedeciendo las leyes de la Torá pasó a estar penado con la muerte.

Esto provocó la rebelión y triunfo de los Jashmonaim que celebramos en Janucá.

 

Diáspora Edomita (Esav) – Romana

Si bien le debemos el agradecimiento a la familia de los Jashmonaim por su Irat Shamaim y arrojo, el final de los Macabeos,  fue funesto.

Una vez lograda la independencia del imperio griego, en lugar de ofrecer el mando a los descendientes de la tribu de Yehudá, se incrustaron en el poder. Todos murieron en forma violenta.  Algunos de sus descendientes finalmente adoptaron influencias helenistas y saduceas.  La guerra civil entre los hijos de Shlomit Alexandra trajo a Pompeyo de Roma al reinado de Yehuda, quedando convertida en una provincia romana.

Herodes, el edomita, a quien hay que reconocerle que bajo su mando se fortificó el reinado de Yehuda en muchos aspectos permitiéndole llegar a unas dimensiones semejantes a las que tuvo en  la época del rey David. Jerusalém era la capital del estado y Herodes la convirtió en una de las ciudades más grandes y bonitas del mundo.  Herodes quien estuvo casado con Mariana la Hashmonea, perteneció a las familias que fueron obligadas a convertirse al judaísmo por la fuerza.  Su gran problema fue que acabó asesinando a los últimos sobrevivientes de los Jashmonaím.

Además, ocurrió que en la ciudad de Jerusalém hubo un desequilibrio económico importante que se encargo de crear diferencias económicas y sociales entre las clases.

 

Los romanos, aprovechando la difícil situación religiosa, económica y política, fueron estableciendo progresivamente más y más su dominio sobre los judíos.  Estos estaban a la merced de quien estuviera como emperador de turno y de sus caprichos. Todo esto sumado, genera una revuelta importante en el año 66 de la Era Común, que termina casi 70 años después con eventos como la destrucción del Segundo Templo,  la caída de Masada, la revolución de Bar Kojva (Bar Koziva), el traslado de la población para que fuera vendido como esclavos y participaran en las ferias del coliseo, luchando en contra de fieras y gladiadores, la caída de Beitar  y, la DESTRUCCION TOTAL de Jerusalém según la costumbre romana, “arada con una yunta de bueyes”; El reino de Yehuda fue llamado Palaestina, y Jerusalém, Aelia Capitolina.

 

A partir de aquel momento, los judíos fueron diseminándose a lo largo y ancho del planeta sufriendo, y soportando toda clase de persecuciones, acusaciones falsas, masacres, expulsiones, conversiones forzadas, intentos de seducción para asimilarnos a otros credos, etc.

Nuestros padres sobrellevaron todas estas situaciones con Mesirut Nefesh y heroísmo.

Hasta el día de hoy, con un estado soberano pero aún con muchos problemas, consideramos que llevamos nuestro exilio como la diáspora final.

 

Resumiendo, vemos como el poema “Maoz Tzur” tiene 6 estrofas, que nos hace “obligatorio” recordarlo después del encendido de las velas de Janucá.

 

(Maoz Tzur) Que es la primera de las estrofas, la cual hace referencia a la inauguración del altar (Mizbeaj) en el desierto en la época de Moshé, que se acabó de construir el 25 de Kislev, o sea, en Janucá.

(Raót) La segunda de las estrofas nos habla del destierro de Egipto, de la opresión y de la Mano Grande de Adonai que nos redimió.

(Dvir) La tercera estrofa se refiere a Babilonia, la expulsión causada por la idolatría existente en Israel, y el posterior retorno a Israel junto a Zerubavel.

(Krot) la cuarta de las estrofas nos relata sobre lo ocurrido en Persia, y nos recuerda que, bajo el gobierno de uno de sus reyes, Hamán quiso destruir a todos los judíos, terminando luego él mismo en la horca.

(Ievanim), que es el quinto cántico, describe la hegemonía de Grecia que contaminó el Bet haMikdash, y el posterior mil agro sucedido a los Jashmonaim.

(Jasof) la última estrofa, se refiere al exilio contemporáneo del cual esperamos ser redimidos pronto en nuestros días.

Esto hace de Maoz Tzur, un poema infaltable, como la memoria de nuestros abuelos y bisabuelos la cual nos han traído grandes y emocionantes relatos acerca de nuestros antepasados, de la forma como asumieron los retos y como, en un mundo cambiante, cada vez más globalizado para que nos inspiremos, esperemos y tengamos Fe en  nuestro Creador, quien, a su vez, pronto traerá épocas mejores.

Jag Janucat Sameaj

Redactado por 321judaismo.com

22 de Kislev de 5772 – 18 de diciembre de 2011

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