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PorMax Stroh Kaufman

¿Por qué nos quejamos?

¿Se ha puesto a pensar cuantas veces al día se queja usted?

 

En cualquier momento de nuestras vidas, siempre estamos pensando en que todo nos parece caro, todo está lejos, todo es malo, llueve mucho, todo es frío, todo es maluco; añoramos una casa mejor, un auto mejor, un puesto más alto, más dinero, lo que tiene el vecino es mejor; nuestro armario está lleno  de “no se que ponerme”…

 

Y ¿qué decir del resto?: No vale la pena vivir, se acabaron los amigos, renegamos de la familia, los compañeros de trabajo, del clima, del ambiente, del calor, del frío, de los vecinos; juzgamos, blasfemamos del prójimo: hacemos cosas incoherentes que en nada agradan a nuestro Padre Celestial.

Por favor: ¡Haga un paréntesis en su vida y reflexione!

¡De gracias al Eterno por lo que tiene!; aprécielo; viva cada día como si fuera el último. Usted tiene techo, salud, comida, buenos vecinos. Valore sus logros y las cosas que hoy tiene.

¿Problemas? ¡Claro que los tiene!

¡Todos los tenemos! 

Pero si usted hace una rápida pero profunda evaluación de lo que ha sido su vida y mira hacia ese sitio del pasado, recordará cuanto añoraba lo que  HaKadosh Baruj Hu le permite disfrutar hoy… Observe con actitud de agradecimiento ese camino recorrido; con ilusión y esperanza por el camino que le falta por seguir…

Diga: ¡Adonai: Yo en ti confío! ¡Y observe el cambio!

 

Editado para 321judaismo.com el 01 de Noviembre de 2011 – 04 de MarJeshvan de 5772

 

PorMax Stroh Kaufman

El matrimonio en el judaísmo

El matrimonio en la historia y en el judaísmo: Primera entrega.

Como cualquier tema que tenemos que estudiar, nuestro primer objetivo es dar una definición general de lo que significa este hecho:
La definición más común que encontramos acerca del matrimonio, nos dice así: “El matrimonio es una institución social que crea un vínculo conyugal entre sus miembros. Este lazo es reconocido socialmente, ya sea por medio de disposiciones jurídicas o por la vía de los usos y costumbres”.
Etimológicamente la palabra matrimonio proviene de “matris munium” que significa oficio de madre porque tiene relación con concebir y educar a los hijos, papel que han asumido las mujeres desde el inicio de la humanidad.
En nuestro mundo occidental, el matrimonio está basado casi en su totalidad, en las leyes del derecho romano: ¿Que encontramos al respecto ? Vemos que para el derecho romano, el matrimonio o iustae nuptiae, es una situación de hecho, que tiene efectos jurídicos importantes para ambas partes, que se origina a partir de una situación de convivencia en la cual dos personas de distinto sexo, sostienen la intención continua de vivir juntos: esto, a su vez genera un hecho jurídico que se formaliza como un contrato y éste, por sí sólo, exige que los contratantes sean capaces de consentir y que el consentimiento que ellos dan, sea serio y no simulado, y que el matrimonio va a persistir gracias a la voluntad de los cónyuges, porque ellos llevan consigo la obligación de vivir en una sociedad indivisible.
El derecho romano reconoce unas pautas a partir de las cuales el matrimonio puede ser declarado válido o inválido: el primero de ellos, y tal vez el más importante, se basa en que uno de los fines del matrimonio es la procreación y la perpetuación de la especie, se hacía necesario que los contrayentes tuviesen la madurez sexual suficiente para contraer las nupcias: eso quiere decir que en la Antigua Roma, se exigía que el hombre y la mujer fueran mayores de 14 y 12 años respectivamente. Estipularon que no podían hacerlo aquellos que estuvieran castrados, quienes tuvieran un vínculo matrimonial no disuelto, que una viuda o una divorciada no podía volver a contraer nupcias antes de que pasara un año de concluido esta situación, con el fin de que no hubiera problemas de paternidad, en caso de demencia, por no poderse hacer responsable de sus actos, en caso de parentesco lineal o colateral hasta tercer grado, con una mujer adúltera flagrante, y también limitó, en algunos casos, los matrimonios entre diferentes clases sociales y entre diferentes religiones, especialmente aquellas que no prestaban atención a la figura del emperador, que en algún momento llego a tener equivalencia a los Dioses en su poderío. También permitió que se contrajera el matrimonio entre personas ausentes, manifestando su intención de hacerlo, mediante carta o mensaje, con la condición de que la mujer entre a vivir en la casa del marido, y generó el hecho de que la mujer asumiera, inmediatamente, la posición social del marido y la dignidad de éste.
Otras cosas que se obtienen del derecho romano son: el marido está obligado a defender de la mujer, en el caso en que fuera ofendida; la infidelidad, constituye el adulterio, lo cual es causa directa de divorcio, siendo la mujer la directa y única responsable de dicho comportamiento; también es importante resaltar que los cónyuges no pueden ejercer el uno contra el otro acciones que conlleven pena infamante, y las sustracciones entre ellos son consideradas como hurto.
Roma también impuso una ceremonia que se fue difundiendo por el mundo occidental y variando en algunos puntos, de acuerdo con la región; dicha ceremonia, en pocas palabras era así:
En vísperas del día de la boda, la novia hacia una dedicación de todas las cosas que había tenido en su infancia a lo que ellos equiparan como dioses domésticos; cambiaba sus vestimentas hacia una túnica especial, blanca, que le cubría hasta los pies; en la cintura se colocaba un cinturón atado con un nudo especial para esa ocasión, el cual debía ser desatado por el esposo cuando ocurriera el divorcio. Su peinado era especial, dividido en seis trenzas las cuales eran atadas con cinta de lana y su cabeza estaba cubierta con un velo anaranjado , y sobre él, una corona elaborada con hojas de diversas especies aromáticas; los zapatos tenían que ser del mismo color que el del velo.
Al día siguiente, la casa de la novia era decorada con ramas de árboles provistas de hojas y flores.
La novia era asesorada por una matrona que simbolizaba a la esposa ideal y era la que se encargaba de juntar las manos de los novios, para darles un tipo de bendición; posteriormente, se celebraba la cena nupcial en la casa de la novia. En el banquete participaban los familiares y las amistades, prolongándose el evento hasta el atardecer y allí se producía una simulación del secuestro de la novia por parte del novio: esta se refugiaba en los brazos de su madre, mientras el novio fingía que se la quitaba, acompañando el acto con lamentos y lágrimas fingidas.
Luego, inicia el cortejo, en este, la esposa es guiada a la casa de su esposo a través de un sendero iluminado con antorchas, mientras que ella era acompañada por tres niños: dos de ellos, iban tomados de la mano al lado de la novia, mientras que el tercero iba delante con una antorcha de espino, que había sido encendida anteriormente en la casa de la esposa. Se consideraba que los restos de esta antorcha tenían la capacidad de otorgar longevidad, por eso eran distribuidos entre los participantes. Los niños o la novia cargaban una rueca y un huso, símbolos de la vida doméstica (la principal actividad esperada de una mujer casada era encargarse de la ropa de su familia, principalmente lavándola).
Las personas que venían acompañando el certamen, solían alabar a una deidad protectora del matrimonio, mientras que recitaban versos, y arrojaban nueces a los niños quienes las recogían y se las comían.
El novio, al recibir a la novia en su casa, le ofrecía fuego y agua. Con aceite de oliva y la grasa animal se realizaba un ritual que consistía en untarlo en las puertas de la casa. Luego la novia era conducida dentro de la habitación por los compañeros o por su marido, para que nadie tropezara al entrar a la nueva casa, lo que era interpretado como un signo negativo. La matrona se encargaba de conducirla a la cama de matrimonio, donde se daba por terminada la unión. El novio podía entrar, en ese momento.
Al día siguiente, la esposa, se vestía con una especie de vestido-capa, y se realizaba una ofrenda a los dioses domésticos. Ese mismo día se celebraba un nuevo banquete, el cual estaba reservado únicamente para los familiares de los recién casados.
Cuando miramos lo que puede significar el matrimonio en el judaísmo podemos empezar con una anécdota del Talmud: se encuentra en estas escrituras, un evento que relaciona al Rabino Yosi Ben Jalaffa que era alumno del rabino Akiva con una matrona romana:

-¿Qué ha hecho tu Creador desde que terminó de crear el mundo? –Pregunto la mujer
-Ha unido parejas –respondió rabino Yosi
-¡eso no es muy difícil! –Dijo la mujer – ¡yo también lo puedo hacer!
-puedes creer que es simple, pero es tan difícil como la apertura del Mar Rojo –respondió el rabí
La matrona romana se propuso probar sus dichos con un experimento, tomó mil esclavos y mil esclavas, los ordeno en filas, los separo en parejas y los unió en matrimonio. En cuanto amaneció se presentaron ante ella los nuevos matrimonios, unos con la cabeza rota, otros con los ojos picados, otro con pierna rota y le exigían que su matrimonio fuera anulado.
La matrona dio la razón al rabino.
También encontramos en el Talmud, una frase que dice: “Quien no tiene una esposa vive sin regocijo, sin gloria, sin felicidad (Yevamot 62b), de ahí que se conceptualiza que la condición perfecta del hombre es estar casado, como lo dicela Torá en Bereshit 2:18… No es bueno que el hombre esté solo…Lo tov heyót haadám levadó…; por lo tanto, el camino de la vida, tanto para el hombre como para la mujer, será mejor si lo transcurren en pareja.
Otra cita que apoya lo ya dicho nos dice:”Ningún hombre sin esposa, ni tampoco ninguna mujer sin esposo, ni ninguno de los dos sin El Todopoderoso”. (Bereshit Raba 8:9, Talmud)
También en otros libros, encontramos datos muy interesantes acerca del matrimonio: está escrito en el libro Zohar, (Kedoshim 81: 1): “Cuando un hombre contrae enlace con una mujer, y se unen, en ese momento ya no son más dos personas, sino que se transforman en una, tanto en el aspecto físico o corporal, como en el espiritual, que es el alma”, es decir, que con ello, estamos reforzando el punto anterior.
Otra frase que encontramos dice: “un hombre que no contrajo enlace aún, se asemeja a un cuerpo que ha sido partido en dos, pues su mujer representa la mitad de su cuerpo”. y continuando con el “texto básico” o Torá, encontramos algo más que nos refuerza la necesidad de “estar acompañado” con las siguientes palabras: Bereshit 2: 24: “El hombre dejará a su padre y madre, se apegará a su mujer y serán una sola carne”.

Al ken yaazoóv ish et abib veét imó vedavák beishtó vehayú lebasár ejád.
Con la actual tendencia de los matrimonios y uniones entre individuos del mismo sexo suele salir a flote una pregunta: ¿Qué dice la Torá al respecto? Encontramos que el individuo, recién cuando se une en matrimonio llega a alcanzar el nivel de persona completa, como versa: Bereshit 5: 2: “Macho y hembra los Creó, y llamó a ellos: hombre”.

Zajár unekevá beraám vayebaréj otám vayikrá et shemám Adám beyóm hibareám.

Es importante resaltar que la fuente de todas las cosas, La Torá, utiliza muy claramente el término “Los Creó”: ello está en plural, de la misma manera como está escrito, “los llamó a ellos”, dando a entender varias cosas: la primera, que mientras están separados son dos individualidades, pero tras la unión, el conjunto es llamado “hombre”, en singular). Es decir, cuando el varón y la mujer están unidos, se convierten en “un hombre”; la segunda, tanto o más importante que la primera, utiliza los términos “varón y hembra”. El tercer aspecto, también está claramente detallado en la Torá que dice en Vayickrá 18:22 así: Ni con varón te acostarás del modo que uno se acueste con mujer; es abominación.

Veét zajár lo tishkáv mishkevéi ishá toéva hi.
Enseña el Zohar que cada alma contiene características “masculinas” y “femeninas”. Cuando llega el momento en que un alma determinada debe descender al mundo físico, ésta se separa y sus características se vuelven una “entidad dual”, una parte masculina y la otra femenina. Este es el gran significado del matrimonio y de la unión marital: volver a juntar las “dos mitades” de un alma (ver Zohar 3, 283b). Dos mitades que fueron creadas por El Eterno como una sola entidad: Bereshit /Génesis 1:27 Y creó Elohim al hombre a su imagen, a imagen de Elohim lo creó; varón y hembra los creó.

“Vayibrá Elohim et adám betzalmò betzélem Elohim bará otó zajár venekebá bará otó”.
Más adelante, en la Torá, encontramos una razón específica para la unión marital: ella nos dice: Bereshit 1:28 Y los bendijo Elohim, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

“Vaybaréj otám Elohim vayomar lahém Elohim: Prú urbú umilú et haáretz vejibshú urdú bidgát hayám ubeáf hashamáimubjól jayá haroméshet al haáretz”.
Kohelet 9:9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

“Rehé jaím im ishá asher ahavta kol yemei jayei helveja asher natán lejá tajat hashemesh kol yemei hevleja ki hu helkeja bajaím ubaamaljá asher atá amel tájat ha shemesh”
El matrimonio en el judaísmo es rico en conceptos y significados; conlleva un espíritu especial, y a la vez se constituye en un gran desafío; es considerado como un día en el que se “vuelve a nacer”, con la pureza y la inocencia de un bebé acompañadas del poder crítico y la madurez de personas adultas. El Eterno borra los eventuales errores pasados de los novios y ellos renacen a una nueva vida liberados de la sombra del pecado. Hay parejas que acostumbran ayunar el día de su boda, desde la mañana hasta después de la ceremonia nupcial, y hay quienes basados en una costumbre ancestral, solicitan a los novios una bendición y una oración por la salud de algún enfermo o por el éxito que alguien requiera; todo ello se relaciona con el hálito de pureza que los rodea, y que les permite estar en una dimensión especial de santidad.
El matrimonio en el judaísmo es considerado como un aspecto de vital importancia para el hombre no sólo en el plano físico de su existencia, sino también en el plano emocional. Por naturaleza el hombre es un ser social; no puede vivir en soledad. Sin la compañía de otro ser humano sufre intensamente de soledad y es incapaz de funcionar a su mayor capacidad. El matrimonio no sólo disipa esta soledad proporcionando compañía, sino que crea la posibilidad de tener la más cercana relación emocional que puede existir entre seres humanos, el amor entre esposo y esposa.
El matrimonio en el judaísmo es tan importante que pensadores como el Jazón Ish dijo: “Ser soltero por sí mismo es algo no-judío”
El hombre fue creado para servir al Eterno y para acercarse a la Presencia Divina; cuando el hombre lucha hacia esos objetivos, cumple con los propósitos de su creación y obtiene una recompensa sin fin en el Mundo Venidero: y ¿Cómo lo hace? Guiando su camino con el propósito de alcanzar unas metas específicas, y gracias a ello, obtiene el éxito necesario: en esta lucha, hay obstáculo que vencer: la mala inclinación, también conocida como el yétzer hará el cual se encargará de que el hombre se concentre cosas como en sus propios deseos físicos, en el poder y en el prestigio; aunque el hombre alcanzara metas de prosperidad, poder y éxito, muy probablemente estará desviado de los objetivos reales que El Eterno ha dispuesto para él y por consiguiente, son muy distintos a los objetivos para los cuales fue creado; con ello entendemos que el yétzer hará lo que busca es mantener al hombre fuera de la felicidad y el éxito que El Todopoderoso intentó concederle; una de las maneras como se evita esto es a través del matrimonio. ¿Por qué? Porque le permite cambiar la necesidad de la gratificación carnal y el egoísmo por un objetivo espiritual de desinterés; el matrimonio controla el deseo por el sexo, convirtiéndolo en un medio de expresión de amor a la esposa.
¿Acaso la Torá apoya esto? Si, tal como vemos en el siguiente aspecto que nos registra el libro de SHEMOT 21:10 “Si tomara para él otra mujer, no disminuirá su alimento ni su vestido ni su deber conyugal”

Im ajértet yikáj lo sheerá ksutá veonatá lo yigrá.


También Devarim 24:5 Cuando un hombre tomare una nueva mujer (aun viuda), no servirá en el ejército ni le será impuesto cargo alguno; libre quedará para cuidar de su casa por un año, y alegrará a la mujer que ha tomado.
Ki yikáj ish ishá jadashá lo yetzé batzavá veló yaavór aláv lejól davár nakí yiheyé lebeitó shaná eját vesimáj et ishtó asher lakáj.
Tal afirmación la confirma el Kohelet y Shir HaShirím con las siguientes frases:
Kohelet 9:9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

“Rehé jaím im ishá asher ahavta kol yemei jayei helveja asher natán lejá tajat hashemesh kol yemei hevleja ki hu helkeja bajaím ubaamaljá asher atá amel tajat ha sehemesh”
Shir haShirím 1:4 Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; Nos gozaremos y alegraremos en ti; Nos acordaremos de tus amores más que del vino; Con razón te aman.
“Mashjení, ajareja narutzá. Hebiani hamelej jadarav naguila ve nismejá baj; nazkirá dodeja miyain; meisharim ahebuja.”
Shir haShirim 2:16 “Pertenezco a mi amado

, y él es mío” “Dodi li vaaní lo”.

Podemos añadir que, el matrimonio obliga a la persona a detener su constante preocupación por sus propios progresos y se preocupa, en cambio, por las necesidades de su esposa e hijos. En lo que aprende a preocuparse por los intereses del otro, los deseos del hombre por la codicia y el poder son lentamente templados. Como resultado de ello su personalidad se dirige fuera de su egoísmo natural hacia el beneficio del otro. Ésta es la llave para el crecimiento espiritual.
Veamos otro aspecto relacionado con la actividad sexual del matrimonio: dado que “el concepto básico” del matrimonio es “fructificad y multiplicaos” (Prú urvú), la Torá es muy clara en decir quienes se pueden casar y cuando tener relaciones: respecto al primer punto, encontramos en el libro de Vayickrá, en 18:7-17, las siguientes indicaciones:
La desnudez (de la mujer) de tu padre, y la desnudez de tu madre no descubrirás; es tu madre, no descubrirás su desnudez. La desnudez de la mujer de tu padre (aun después de muerto éste) no descubrirás; desnudez de tu padre es ella. La desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o nacida fuera, su desnudez no descubrirás. La desnudez de la hija de tu hijo o hija de tu hija, la desnudez de éstas no descubrirás, porque son tu misma desnudez. La desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada por tu padre, tu hermana es; la desnudez de ella no descubrirás. La desnudez de la hermana de tu padre no descubrirás; pariente cercana de tu padre es. La desnudez de la hermana de tu madre no descubrirás, porque pariente cercana de tu madre es. La desnudez del hermano de tu padre no descubrirás (esto es), no te llegarás a su mujer; tía tuya es. La desnudez de tu nuera no descubrirás; mujer de tu hijo es, no descubrirás su desnudez. La desnudez de la mujer de tu hermano no descubrirás; la desnudez de tu hermano es. La desnudez de una mujer y de su hija no descubrirás; ni tomarás la hija de su hijo ni la hija de su hija para descubrir su desnudez; parientes próximas son, acción mala es. Y a una mujer juntamente con su hermana no tomarás para que le sea rival, descubriendo tú la desnudez de ésta además de la de aquélla, durante su vida. Y a una mujer en la impureza de su menstruación, no te llegarás para descubrir su desnudez. Y con la mujer de tu prójimo no te acostarás para dar semen, contaminándote con ella.
Ervát abíja veervát iméja lo tegalé iméja hi lo tegalé ervatá. Ervát éshet abíja lo tegalé ervát abíja hi. Ervát ajotjá bat abíja o bat iméja molédet bait o molédet jutz lo tegalé ervatán. Ervát bat binjá o bat bitjá lo tegalé ervatán ki ervatjá héna. Ervát bat éshet abíja molédet abíja ajotjá hi lo tegalé ervatá. Ervát ajót abíja lo tegalé sher abíja hi. Ervát ají abíja lo tegalé el ishtó lo tikráv dodatjá hi. Ervát kalatjá lo tegalé éshet binjá hi lo tegalé ervatá. Ervát éshet ajíja lo tegalé ervát ajíja hi. Ervát ishá ubitá lo tegalé et bat bená veét bat bitá lo tikáj legalót ervatá shaára hénah zimá hi. Veishá el ajotá lo tikáj litzrór legalót ervatá aléyha bejayeyhá. Veél ishá benidát tumatá lo tikráv legalot ervatá. Veél éshet amitéja lo titén shjovtéja lezará letomá ba.


¿Cuál es la edad legal para el matrimonio en el judaísmo?
En el libro “El judaísmo uno y diverso” encontramos que la edad, según el tratado Abot 5:21 es de 18 años para el hombre, basado en el hecho de que en el libro de Bereshit aparece la palabra Adam 18 veces.
¿Existe algún registro acerca de la necesidad de un “contrato matrimonial”?


La costumbre judía nos cuenta acerca de un documento llamado Ketubá el cual es un documento en el cual están delineadas las responsabilidades que el marido asume para con su esposa; el objetivo de la misma, es proteger la dignidad de la esposa judía.
Si revisamos la historia, hay tres registros, aunque no muy claros, de contratos matrimoniales: el primero de ellos, el de la civilización Sumeria, donde la familia era la unidad básica de la sociedad, se encuentra la inscripción de un contrato en una tablilla, con lo que se oficializaba y concluía la ceremonia matrimonial; el segundo de ellos, en el antiguo Imperio Romano, donde también se describe la firma de las “tabulae nuptiales” delante de 10 testigos; y el tercero, los egiptólogos quienes también documentan que, en la época Ptoloméica ya existían contratos matrimoniales para proteger los derechos de los contrayentes en el caso que se disolviera el matrimonio.
El posible origen de la Ketubá en la Torá se encuentra en los versículos 22:15-16 del libro de Shemot con palabras que dicen: “Si alguno sedujese a una virgen que no estuviere comprometida y se acostase con ella, ciertamente pagará la dote y la tomará sin tardanza por mujer; mas si el padre rehusara absolutamente dársela a él, pagará el dinero correspondiente a la dote de las vírgenes”.

Vejí yefaté ish betulá asher lo orasá veshajáv imá mahór yimeharéna lo leishá; Im maén yemaén avíha letitá lo késef yishkól kemohár habetulot.


También se nos enseña que en el libro de Bereshit, se encuentran dos citas relacionadas con el origen de la ketubá: La primera de ellas, 31:15 Ciertamente extrañas fuimos consideradas por él, porque nos vendió y se ha comido por completo nuestra plata.
Halo nojriót nejshávnu lo ki mejaránu vayojál gam ajól et kaspéinu.


La segunda de ella en Bereshit 48:9 que dice: Y respondió Yoséf a su padre: Son mis hijos, los que me ha dado Adonai aquí. Y él dijo: Tráemelos, por favor, para que los bendiga.
Vayomer Yosef el abib banái hem asher natán li Elohim bazé vayomar kajém na elái vaabarajém.


Las palabras del Rabino Yekutiel Yehuda Halberstam más conocido como el Klausenberger, explicó que al decir Yoséf las palabras Bazé, le estaba mostrando una ketubá.
¿Describe la Torá algún tipo de ceremonia para el casamiento?
En el antiguo Israel las bodas no iban acompañadas de ninguna ceremonia, sin embargo, se celebraban con gran regocijo. El día de la boda, la novia se arreglaba con esmero en su propia casa. Primero se bañaba y se untaba con aceite perfumado, como está escrito en Rut 3:3 que dice: “Báñate y perfúmate, y ponte tu mejor ropa. Baja luego a la era, pero no dejes que él se dé cuenta de que estás allí hasta que haya terminado de comer y beber”. Veamos lo que encontramos en Yejezkel 23:40-43: este dice: “Y por si fuera poco, mandaron traer gente de muy lejos. Cuando esa gente llegó, ellas se bañaron, se pintaron los ojos y se adornaron con joyas; luego se sentaron en un diván lujoso, frente a una mesa donde previamente habían colocado el incienso y el aceite que me pertenecen. Podía escucharse el bullicio de una multitud: eran los sabeos, que venían del desierto. Adornaron a las mujeres poniéndoles brazaletes en los brazos y hermosas coronas sobre la cabeza”
A veces, la mujer era ayudada por sirvientas, se ponía de gala, con las mejores joyas y usualmente con un vestido blanco espléndidamente bordado, dependiendo de su condición social, tal como encontramos en Yeremia 2:32; que dice “¿Acaso una joven se olvida de sus joyas, o una novia de su atavío?” o también en Tehilim 45:13-14. “La princesa es todo esplendor, luciendo en su alcoba brocados de oro. Vestida de finos bordados es conducida ante el rey, seguida por sus damas de compañía.” También hay una referencia en Yeshaia 49:18, que dice: “Alza tus ojos, y mira a tu alrededor; todos se reúnen y vienen hacia ti. Tan cierto como que yo vivo, afirma el Señor, a todos ellos los usarás como adorno, los lucirás en tu vestido de novia”. Y otra más también el Yesháia 61:10 que dice: “Soy semejante a un novio que luce su diadema, o una novia adornada con sus joyas”.
La novia también se cubría con una especie de velo, que se extendía de la cabeza a los pies, con lo que se podría explicar el por qué Labán pudo engañar fácilmente a Yaakov, de manera que este no se dio cuenta de que se le daba a Lea en lugar de a Rajel, y para reforzar ello, vemos como Rivka se puso una mantilla cuando se dirigía al encuentro de Itzjak. Bereshit 24:65 “Y dijo al siervo: ¿Quién es este hombre que viene por el campo hacia nosotros? Y dijo el siervo: El es mi señor. Y tomó el velo, y se cubrió”.
Vatomer el haéved mi haísh halazé haholéj basadé likratéinu vayomer haéved hu adoní vatikáj hatzaíf vatitkás.


El novio se vestía también con su mejor atavío y frecuentemente con una prenda hermosa para la cabeza y una guirnalda encima; partía de su casa al anochecer y se dirigía a la casa de los padres de la novia, acompañado por sus amigos. Desde allí, la procesión, acompañada de músicos, cantores y, normalmente, de personas que llevaban lámparas, se dirigía hacia la casa del novio o la casa de su padre; dicha procesión y jolgorio son descritos, con posterioridad en el TaNaj, cuando con profetas como Yeremia anuncian el castigo que recibirá Israel, en épocas futuras; veamos 16:9 “Porque así dice el Todopoderoso: Voy a poner fin en este lugar a toda expresión de alegría y de regocijo, y al cántico del novio y de la novia. Esto sucederá en sus propios días, y ustedes lo verán.”
Nuevamente nos preguntamos, ¿Cuál es la mejor edad para contraer matrimonio?
Dentro del judaísmo, los varones y las mujeres, una vez han cumplido con la BarMitzva y la Bat Mitzva respectivamente, han alcanzado la madurez personal y frente a su comunidad, aunque para las mujeres, hay un lapso de transición de seis meses y un día en el cual la mujer es considerada naará, “joven mujer”, hasta que pasa a ser llamada bogueret, “madura”; a partir de este momento, los jóvenes pasan a ser considerados, según la halajá o ley judía, responsables de sus actos: esta madurez, es la que ha permitido, en muchas comunidades, que se pueda celebrar el matrimonio, con todas las variaciones que pueden existir entre los ritos ashkenazi y sefaradí; sin embargo, a partir de lo que se encuentra en los libros de Shemot y Devarim, donde se señala la mayoría de edad para entrar al ejército como 20 años, algunos consideran esta edad como la óptima para el matrimonio: sin embargo, como ya se anotó previamente, como Adam aparece 18 veces descrito en el libro de Bereshit, algunos eruditos consideran esa edad para casarse, aunque la Torá menciona edades diversas, como la de Itzjak.

Algunos consejos para “triunfar en el matrimonio”
Diez mandamientos del marido
1. Nunca critiques a tu esposa, pase lo que pase. En un ambiente sin críticas, ella florecerá emocionalmente, y hará todo lo que tenga a su alcance para complacerte, hasta que verdaderamente no tendrás ninguna razón para criticar.
2. Nunca hagas un comentario negativo sobre sus padres o su familia. Llama por teléfono a tus suegros una vez por semana. Si desarrollas una buena relación con ellos, tu esposa siempre lo apreciará.
3. Nunca di “no” a tu esposa; si ella te pide algo que no puedes permitirte, dile que lo conseguirás para ella tan pronto como tengas los medios para hacerlo.
4. Dedica un mínimo de 30 minutos por día a escuchar a tu esposa – no conversar con ella, sólo escucharla. Muéstrale que su vida es importante para ti. A ser posible, deberías consagrar una hora entera por día para una seria comunicación entre los dos (¡sentarse frente a la TV con una cerveza y papas fritas, no se considera un tiempo de comunicación de calidad!).
5. Haz de tu esposa la prioridad en tu vida, sobre todo lo demás.
6. Estén los dos de acuerdo en elegir un aceptable tercero, como un consejero en el cual ustedes confían, para ayudarles a resolver sus diferencias.
7. Nunca des una palabra ofensiva sobre tu esposa a ninguna persona.
8. Si tu esposa está molesta contigo, no te enojes tu también; ella es simplemente tu espejo y te está reflejando. Es también, por lo general, un signo que el Todopoderoso está molesto contigo. En vez de discutir con ella, haz un examen de conciencia, repara tu conducta, y verás como las cosas se transforman para bien.
9. Siempre sonríe, e intenta en todo lo posible hablarle siempre suavemente. Nada pone a una esposa nerviosa como un marido enojado.
10. Cuanto más desarrolles tu Emuná (la firme y autentica fe en el Creador, como se enseña explícitamente en el libro “En el Jardín de la Fe”) y tu confianza en el Todopoderoso, más se desarrollará tu fuerza interior. No hay nada que las mujeres amen tanto, como que sus maridos tengan la fuerza interior en la cual puedan apoyarse. Ellas odian que sus maridos sean débiles emocionalmente y se apoyen en ellas. La Emuná te hace fuerte.

10 reglas del matrimonio perfecto.
1. Concentra tu atención en “dar” más que en “recibir”. Cuando tu meta sea brindarle placer a tu pareja, siempre encontrarás oportunidades para alcanzar tu objetivo. Como consecuencia de eso tú también ganarás, pues las personas tienden a corresponder un comportamiento positivo.
2. Sé cuidadoso en mantener silencio cuando tu cónyuge te insulte. Ignorando los desaires y los insultos, evitarás muchas discusiones innecesarias. El momento de disgusto pasará rápidamente.
3. Renuncia a las expectativas irreales. Las personas entran al matrimonio con muchas expectativas que no son conscientemente expresadas. Al renunciar a las expectativas irreales, evitarás frustración y enojo. No esperes que tu cónyuge sea perfecto y no hagas comparaciones.
4. Evita etiquetar aquellas cosas que te disgustan con el nombre de “horrible”. Intenta encontrar una perspectiva positiva a las cosas.
5. Piensa de qué manera puedes motivar a tu pareja a que haga lo que tú quieres que ella haga. Si tu primera estrategia no es efectiva, continua probando con otras estrategias. Recuerda que una alabanza sutil es una motivación poderosa.
6. Sé consciente de que la respuesta que realmente obtendrás estará acorde a la intencionalidad de tu mensaje. Clarifica tus metas. Si tu método de comunicación no te ayuda a lograr tu objetivo, cambia tu enfoque. Fijando tu pensamiento en el objetivo principal, el cual es tener un matrimonio feliz, no te desviarás.
7. Ten predisposición a transigir. Ten voluntad para hacer algo que no harías a cambio de un comportamiento similar de tu pareja.
8. No culpes o condenes a tu pareja por los errores que comete. Planea el mejor método para evitar que estos errores vuelvan a ocurrir, sin despertar resentimiento o dañar los sentimientos de tu pareja.
9. Vive el presente. Lo que haya salido mal en el pasado, ya pasó. Enfoca tu pensamiento en mejorar la situación en el presente.
10. Constantemente pregúntate: ¿Qué puedo yo hacer para tener una atmósfera feliz en la casa?

Continuará…
Artículo terminado de elaborar el 28 de febrero de 2011 – 24 de Adar 1 de 5771

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PorMax Stroh Kaufman

¿De quien es Israel?

El moderno Estado de Israel, anteriormente conocida como Palestina, ¿A quien pertenece?

Todas las naciones del mundo y, a su vez, cada persona en particular, han tenido mucho que ver con la vida del actual Estado de Israel: un territorio que ha sido conocido con los nombres previos de Siria Palestina en la época de los romanos, Canaán en la época de los patriarcas de la Biblia y Palestina bajo los mandatoz Turco y Británico: muchas preguntas han surgido después de la declaración de las Naciones Unidas en aquel 14 de Mayo de 1948 en el que se creó un estado palestino y un estado judío, en el territorio conocido como Palestina, en ese entonces bajo el dominio Británico, y la pregunta que muchos se hacen hoy en día es, ¿A quien pertenece Israel? Es por ello que decidimos, hoy presentar una de las muchas reflexiones que se han formulado al respecto, tomando las palabras de uno de los analistas más famosos en la historia del pueblo y la nación judía: Rashi, muchísimos años antes de que esta decisión se llevara a cabo, el escribió el siguiente comentario:

Si las naciones del mundo dicen que ustedes son ladrones porque conquistaron la tierra de Israel, tierra de siete naciones, díganles:  “Toda la tierra es del Eterno; Él la creó, y Él se la da al que es recto ante Sus ojos: Por su voluntad Él le dió esas tierras a ellos y por Su Voluntad, Él le quitó sus tierras (Israel) y Nos la dio a nosotros”

Rashi en Bereshit / Génesis 1:1

 

Publicado por 321 judaismo.com el 26 de octubre de 2011

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Los diez mandamientos y el Matrimonio

En la parashá vaetjanán, encontramos una advertencia que nos hace Moshé respecto a la conservación de los mandatos y estatutos recibidos en el Monte Sinaí, cuando nos fue entregada la Torá: hace un énfasis en los 10 mandamientos de la siguiente manera: (Devarim 4:13)

Y El os anunció su pacto, el cual os ordenó observar, o sea los diez mandamientos; y los escribió sobre dos tablas de piedra. Vayagued lajém et britó asher tzivá etjém laasót aséret hadevarím vayijtevém al shnéi lujot avaním.

Los diez mandamientos, para muchos, al igual que las 613 mitzvot, podrían estar desactualizadas, pero, si las analizamos profundamente, podríamos aplicarlos a cada aspecto de nuestras vidas: en este momento vamos a hacer un análisis de cómo, los diez mandamientos, podrían aplicarse, uno a uno, en el matrimonio.

El concepto de matrimonio, para el judaísmo, no se aplica únicamente a la idea de la relación hombre-mujer. Nuestra relación con el Creador es considerada un casamiento y nuestro aniversario de boda es Shavuot, el día en el que recibimos la Torá. Así como al matrimonio hay que renovarlo día a día, también cada año revivimos la entrega de la Torá y nuestro casamiento con Adonai.

Hombres, mujeres y niños recibieron la Torá en el Monte Sinai, el monte más pequeño y humilde de todos los montes. Estábamos debajo del monte como si éste fuese el palio nupcial, la “Jupá”. El momento en el que recibimos la Torá representó el contrato matrimonial, la Ketubá. Simbolizó nuestro amor, compromiso, respeto y responsabilidad de nuestra relación con El Eterno.

Cada vez que un hombre y una mujer contraen matrimonio debajo del palio nupcial, vuelven a recrear la boda que tuvo lugar debajo del Monte Sinai el día en que Hashem entregó los Diez Mandamientos. Si le damos una mirada más profunda a estos Diez Mandamientos descubriremos que no sólo nos aconsejan sobre el aspecto espiritual, sino que también nos proveen de consejos y pautas prácticas para la vida conyugal.

Veamos:

1. Yo soy el Señor, que te sacó de la Tierra de Egipto, de la Casa de los Esclavos. No Poseas otros Dioses.

No dejes lugar a duda:

Hablando de matrimonios, muchas personas que no están seguras de haberse casado con la persona correcta. Tal vez estén casados desde hace décadas, y sin embargo no están 100% seguras de haber elegido la persona correcta. Muchos están seguros de la decisión, al principio, pero luego la duda comienza a crecer sigilosamente. ¿Es que acaso tomé una decisión apurada o inmadura? ¿Es esta la persona correcta? ¿No sería más feliz con otra persona? ¿Es que acaso crecimos en direcciones opuestas desde aquel día en el que contrajimos matrimonio?

Seguramente eras inmaduro cuando te casaste, pero eso es algo positivo. Se conocieron cuando aún eran jóvenes, y sus caracteres eran aún flexibles, crecieron juntos. Cambiaron y se desarrollaron desde aquel día en el que contrajeron matrimonio, pero, si con el transcurrir del tiempo, lograron involucrarse con los cambios y crecimientos del otro, podrán decir que alcanzaron una relación en la que siempre estará viva la atracción de la pareja.

Es importante evitar que la duda te haga cometer un terrible error. La vacilación sobre la seguridad en la pareja puede matar cualquier matrimonio. Una vez que logran reconocer que esta fue la decisión que tomaron, se dan cuenta que esta es la persona con la que eligieron pasar el resto de su vida, con la que decidieron trabajar, vivir, criar hijos, pagar impuestos, resolver inconvenientes y hasta llegar a la vejez, con esta y única persona.

Este primer mandamiento comienza con la palabra “Anoji” que significa “Yo” en el idioma egipcio. La pregunta es: ¿Por qué El Todopoderoso eligió decir la primera palabra de los Diez Mandamientos en un idioma extranjero y no en hebreo, el idioma sagrado?

En aquellos tiempos, nosotros, los judíos, recién habíamos salido de Egipto. Aunque nuestra lengua madre era el hebreo nos encontrábamos muy familiarizados con el idioma egipcio. Es por esto que Adonai decidió hablar en el idioma que todos entendían, de este modo partió de una misma base para entablar la relación. Esto, encierra una lección para nosotros.

Tal vez, en algún momento de su vida, alguno de los dos miembros de la pareja pueda llegar a decir, “Oh, es tan diferente a mí”. Pero, con esfuerzo y dedicación, se puede hallar un factor en común. Tal vez debamos hablar “un idioma extranjero” para nosotros, de vez en cuando, para lograr entablar la comunicación con nuestra pareja.

El uso de la palabra “Anoji”, “Yo”, nos enseña que El Eterno puso su máxima esencia dentro de la Torá. De esto aprendemos que, asimismo, nosotros debemos poner, nuestro espíritu y corazón al servicio de nuestro matrimonio.

Quien te sacó de la tierra de Egipto

¿Por qué El Eterno constantemente nos recuerda de dónde venimos? ¿Es acaso placentero escuchar una y otra vez sobre el tiempo en el que éramos esclavos? ¿No podemos acaso, olvidarnos del pasado, y simplemente seguir adelante?

Todos poseemos un pasado. Aunque intentemos comenzar nuestro matrimonio como si el día de nuestro casamiento fuese nuestro nacimiento, la realidad es que todos arribamos con trasfondos diferentes, infancias, hábitos y expectativas distintas y hasta quizás, Jas ve shalóm, con traumas del pasado. Si poseemos algo de nuestra historia que debemos resolver, debemos hacerlo apenas lo detectamos, de nada sirve esconderlo bajo la alfombra. Lo único que logramos con esta actitud es que el problema cada vez se vuelva más grande, e inexorablemente saldrá a la luz, ya sea mañana, dentro de una semana o en diez años. Tarde o temprano saldrá a la superficie, y mejor que sea temprano, ya que realmente uno resulta lastimado con esta actitud, daña a su familia, y sigue tropezándose con todos los problemas que guardó debajo de esta alfombra.

Hasta que logramos reconocer cual es la mochila de dificultades con la que cargamos, es fácil caer en la tentación de culpar a nuestros cónyuges de nuestras inseguridades. Debemos preguntarnos primero: ¿Hay algo de lo que debo encargarme, algo que traigo de mi historia, de mi pasado?

No nos olvidemos que todos poseemos un pasado. Cada uno de nosotros viene de diferentes hogares, hemos sido educados de maneras distintas y, hasta tal vez fuimos criados en otra cultura. Aunque creamos poseer muchísimas similitudes con nuestra pareja, siempre encontraremos diferencias. A veces nos disgustamos mucho con nuestros cónyuges, esperando que hagan cosas que no hacen, asumiendo que ellos “deberían saberlo”.

En la pareja, los dos, deben siempre tener en consideración que cada uno posee un pasado.

 

2. No Poseas otros dioses

 

No mires a otros ni a otras; no compares a tu cónyuge con el similar de otra o muchas parejas.

Podemos ver muchas situaciones en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean: personas que han estado casadas por muchos años, y luego después de algún tiempo, ellos o ellas se dan cuenta que su pareja no llenaba sus expectativas, no era lo que estaban esperando. No era tan inteligente, ni amable, ni delicado, ni educado, ni sofisticado, como…

Encontrarse con situaciones en donde, por ejemplo, un hombre tiene un comportamiento respetuoso con una mujer, sabe exactamente qué ordenar para su esposa en un restaurante, porque conoce perfectamente su gusto, porque no se desespera fácilmente en situaciones que parecer ser triviales, porque posee conocimientos sobre diferentes materias que le permiten tener una variedad de temas para hablar en una reunión, pueden hacer sentir a una mujer, desilusionada con su marido.

Igualmente, la forma de vestir y maquillarse, la capacidad de compartir sonrisas y besos con todas las personas, la dulzura de la voz de una mujer, como cuida su cuerpo en un gimnasio o con cirugías, puede hacer sentir a un hombre, insatisfecho con su esposa.

Estas son cosas que no tienen razón de ser: que no los convierten a el o a ella en una buena pareja; Observar y reconocer las características positivas de nuestras parejas, mirando las cosas que realmente son trascendentes hará que éstas se acentúen y se hagan más fuertes. Focalizándonos en las virtudes de nuestros cónyuges lograremos que éstas se fortalezcan. Agradeciéndole por su paciencia para enseñarles a nuestros hijos, por ejemplo, hará que esta cualidad, se haga, cada vez, más fuerte. La idea es reconocer y reforzar todas las cualidades positivas de la persona.

La comparación sólo trae problemas. Esta es tu pareja; no es otra.

 

3. No Pronunciarás el Nombre de Adonai en Vano

 

No hables innecesariamente o sin sentido de tu pareja.

A veces, tendemos a menospreciar a nuestras parejas, hablando, a veces de una manera poco seria sobre ellos. ¿Por qué sucede esto? ¿Acaso tiene esto algún sentido o extraemos algo positivo de esta clase de comentarios?

Veamos un ejemplo: una pareja va de compras al supermercado. Mientras esperan en la caja la esposa se da cuenta que se había olvidado de comprar algo. Ella dulcemente le pide a su devoto esposo si puede volver al sector de góndolas a buscar sus cereales preferidos. Mientras ella observa como su marido va explorando las estanterías en busca de los cereales (que ella olvidó de comprar), pasando por los lácteos, congelados, frutas, verduras y artículos de limpieza, se da vuelta y le dice a la señora detrás de ella: “¡Así son los hombres!”. La pregunta es ¿Qué conseguimos con este comentario? ¿Qué sentido tiene esta condescendencia, que lo único que lograr ofender a quien comparte la vida con nosotros?

Todos necesitamos, de tanto en tanto, compartir nuestros sentimientos con alguien. Esto nos ayuda a ver que no somos los únicos que debemos lidiar con ciertos problemas, nos alivia y nos muestra que hay ciertas conductas que no son cuestiones personales que debemos tomar a pecho. Es por esto que yo siempre recomiendo que la persona debe tener un consejero (mashpia), un buen amigo, alguien con quien poder compartir sus sentimientos. Todos necesitamos abrir nuestro corazón de tanto en tanto. Es saludable compartir nuestras emociones con alguien de confianza con quien podamos discutir en forma privada aquellos sentimientos que nos aquejan.

Estas charlas y comentarios son las que “no son en vano”. Son charlas en las que hablamos de una manera respetuosa, tienen un objetivo y no son conversaciones frívolas que lo único que logran es ofender a nuestras parejas.

Otro ejemplo: Una pareja que llevaba un año de casados, estaban asustados porque habían escuchado rumores de que en la ciudad natal de la esposa se comentaba que ellos estaban a punto de divorciarse. El problema fue que ellos habían sido los últimos en enterarse. No había ni una pizca de verdad en este rumor, con lo que rápidamente se pudo resolver el misterio.

Ellos se encontraban viviendo en Israel, justamente después de que se casaron y ambos tenían que adaptarse a una vida completamente nueva, un idioma extranjero, y una cultura completamente distinta. Ella estaba lejos de casa y de sus afectos. Al mismo tiempo debían acostumbrarse a la nueva vida de estar casados. Esto es siempre un gran desafío, y por supuesto había momentos en los que las cosas se hacían difíciles.

Esta situación se presentó luego de que ella, telefónicamente, le comento a una amiga, que se estaba enfrentando a una situación muy difícil; le dijo que su amiga se sentía muy afligida en su matrimonio y deseaba volver a su hogar. El rumor, por consiguiente, no tardó mucho en diseminarse por toda la comunidad. Lo que realmente nadie había visto era como la joven esposa se las había arreglado, a su manera, y de hecho bastante bien para llevar adelante la vida con su nuevo esposo en Israel.

Afortunadamente esta pareja, aprendió la lección. Nuestros temas privados sólo debemos comentarlos con un objetivo claro, y a personas de confianza. Debemos ser muy cuidadosos en la elección de la persona con la cual vamos a compartir nuestras dificultades, debemos elegir el momento y lugar adecuados.

 

4. Recuerda y guarda el Shabat como un día Santo

 

Recuerda

Recordar es algo muy positivo. Crear lindos recuerdos propios y de la familia es algo muy provechoso. Momentos compartidos, una sonrisa, una nota, una foto, fiestas de cumpleaños, son todos recuerdos maravillosos para compartir. Sácalos del banco de tu memoria y recuérdalos en momentos difíciles. Dale a tus hijos recuerdos que puedan compartir. Todos poseemos lindas experiencias de alguna clase. Recolectadas, tal vez en nuestra infancia, que luego cuando llegamos a ser adultos nos dan fuerza, cuando debemos atravesar momentos difíciles. Permítete y anímate a meditar sobre los hermosos recuerdos que atesoraste a lo largo de tu vida.

Mantener los recuerdos vivos son los que permiten, en una pareja, mantener la esperanza, la emoción y la felicidad.

“Observar”

Shabat es el día en el que fortalecemos nuestro lazo con El Todopoderoso, es el día en el que nos ocupamos sólo de asuntos espirituales. Hazte tiempo para dedicar a tu matrimonio, tómate un día libre, una salida nocturna, un día sin distracciones, llamados, visitas, etc.

Veámoslo en un ejemplo: un hombre de negocios, que se encontraba siempre muy ocupado, constantemente le prometía a su esposa pasar un día junto a ella, pero nunca lograba concretarlo. Ella no tenía dudas de que su marido estaba ocupado con cosas realmente importantes. Un día ella le avisó que uno de sus más grandes donantes había llamado y estaría en la ciudad. Ella le dijo que le había hecho una cita con él en el lobby del hotel donde el contribuyente se estaba alojando. Su marido no tardó en agendar rápidamente la cita. Cuando llegó al hotel, dispuesto a dedicar dos horas sin interrupciones a su contribuyente, se encontró con una sorpresa. Su esposa lo estaba esperando en lobby. Ella le dijo “Yo soy el mayor contribuyente que posees, y necesito compartir tiempo contigo”. Debemos darnos cuenta, quién es la persona que realmente “contribuye” con nuestras vidas día a día y darle la atención y el tiempo que se merece. En última instancia nuestra relación será la que obtendrá todas las ganancias y beneficios.

 

Santifícalo, guarda el Shabat como un día Sagrado.

¿Qué es lo que puede enriquecer, fortalecer, y hacer perdurable nuestro matrimonio? Debemos reconocer que la pareja está compuesta por tres integrantes, el hombre, la mujer y, por supuesto, Adonai. La palabra “Santidad” es la palabra más importante para el judaísmo en lo que se refiere a la pareja. Debes considerar al matrimonio como la unión Santa que significa.

El matrimonio no se trata sólo de la pareja. No es sólo lo que quiere el hombre o la mujer. El matrimonio, incluye tus deseos, y los deseos de tu cónyuge pero principalmente los deseos de Adonai. ¿Y qué es lo que El espera de nosotros? Si ustedes satisfacen los deseos de El Eterno, finalmente terminarán complaciéndose ustedes mismos.

El concepto de “Kedushá” (Santidad) dentro del matrimonio es un tema que tiene que ver con los derechos y obligaciones de las personas. La persona siempre debe recordar que debajo del palio nupcial, Adonai fue invitado a participar de esta unión que es el matrimonio, y por lo tanto hizo que este casamiento se volviera legal “De acuerdo a la ley de Moshé e Israel”. Mientras respetemos y mantengamos este hecho, y lo hagamos formar parte de nuestra vida cotidiana, tendremos el mérito de que HaKadosh, Baruj Hu, bendiga nuestros hogares.

 

5. Honrarás a tu Padre y a tu Madre

 

Esta frase no requiere interpretación; debemos tomarla literalmente como está escrita. Honrar a nuestros padres y a nuestros suegros, puede a veces no resultar tarea fácil. Es por esto que es un “Mandamiento”. Pero si hacemos el esfuerzo todos saldremos ganando, nosotros y nuestros hijos.

Hay un concepto llamado “dar demasiada participación a la familia”. Esto significa que apenas nos casamos nuestros intereses y preocupaciones deben estar focalizados en nuestra pareja y no hacia nuestros padres. Sin embargo, cuando se trata de una relación sana, equilibrada, la buena comunicación y participación de la generación anterior a la nuestra puede volverse muy beneficiosa para todos los integrantes de la familia.

Para honrar a nuestros padres, cuando estos llegan a una edad avanzada, debemos aprender a darles lo que ellos necesitan, no lo que nosotros creemos que desearíamos si estuviésemos en su lugar. Debemos reconocer la edad que poseen, y respetar sus antojos.

Así como respetamos los deseos de nuestros mayores, aunque no parezcan tener sentido para nosotros, así también debemos respetar el deseo de nuestra pareja. Todas las personas somos muy diferentes. Es mucho más productivo encauzar nuestros esfuerzos en respetar la opinión del otro que en tratar de eliminarla.

 

6. No Matarás

 

El comentarista de la Torá Ibn Ezra nos explica que el mandamiento de “No matarás”, se refiere a “no matar ni con la acción ni con la lengua”. Tanto el abuso físico como el abuso verbal se encuentran completamente prohibidos.

Cuando le hablas a una persona cruelmente, estás matando su carácter y destruyendo su personalidad. En lugar de hacer que la otra persona logre hacer florecer sus aptitudes, sólo logras que se marchiten sus cualidades.

Tal vez has visto algún caso, en el que una persona talentosa, feliz y extrovertida, luego de casarse parece renunciar a toda la confianza en sí misma. (Si sospechas de alguien a quien esto le esté pasando, mantente alerta, ya que es muy posible que haya abuso verbal o físico dentro de esta pareja). Uno de los mayores regalos que nos ofrece el matrimonio es la autoconfianza que podemos alcanzar gracias a la seguridad que nuestra pareja deposita en nosotros. La actitud de la pareja puede construir, o destruir. Vivir dentro de un ambiente hostil es una manera de matar a la persona. Por el contrario vivir dentro de un entorno en donde abunda el amor, la aceptación y el apoyo, hace crecer la autoestima de la persona determinándola a ser exitosa en todos los aspectos de su vida.

Cada uno de nosotros debe hacer el esfuerzo de incentivar, y mostrar sincera apreciación por las cosas que la otra persona hace. Si robar la confianza de la otra persona es el equivalente a matar, entonces devolver esta confianza es el equivalente a dar vida. “No matarás”, no matarás su personalidad ni su habilidad de ser exitoso. Todo marido/mujer debe ser la “Hinchada” de su pareja.

 

7. Sé Fiel

 

¿Qué significa ser fiel? Significa reconocer que existen ciertos aspectos del matrimonio que deben mantenerse dentro de la intimidad de la pareja. Significa que no debemos hacer públicos temas privados; eso es traición. Ambos, tanto hombre como mujer, deben respetar el espacio reservado para la pareja y, saber que lo que sucede dentro de ella, allí debe quedar. Significa mantener la confianza.

Un hombre se encontraba en el trabajo, mientras escuchaba que sus dos compañeros hablaban de un incidente que había pasado entre un hombre y su esposa. Entretanto escuchaba como ellos se reían de lo sucedido, su cara se transformó. El enseguida pudo reconocer la historia. ¡Esto había sucedido en su casa y se encontraban hablando de él!

Se dio cuenta entonces que su esposa le había contado el hecho a una amiga, y esta le contó a su marido, y el marido a su vez le contó esta historia, sumamente privada, a su compañero de trabajo. Para él este hecho fue una falta de fidelidad total de parte de su esposa, un abuso a su confianza, y le fue casi imposible volver a confiar en ella.

 

8. No Robarás

 

Debemos dar crédito a nuestra pareja por las cosas que el /ella realizan. Una flor a veces, significa el comienzo de la primavera.

Dar el crédito que se merecen las acciones que realiza nuestra pareja, nos ayudará a cumplir con el precepto de no robarás, así uno de nosotros esté trabajando, elegantemente vestido, frente a una gran cantidad de personas y la otra, este en casa haciendo dormir sus hijos. Ello nos lleva al no robarás

 

9. No darás Falso Testimonio

El mandamiento que corresponde a la obligación de que la persona sea sincera nos recuerda, que debemos ser honestos y mantener una comunicación fluida y abierta dentro de nuestro matrimonio.

¡Expresémonos! Digamos las cosas que nos molestan. No es cierto decir que porque nos aman, debe nuestra pareja, saber lo que nos molesta o incomoda; ¡no es cierto! Si amas a tu pareja debes comunicarte con ella, de una manera simple y amable.

No acuses a tu pareja, comparte con ella tus sentimientos. Comienza las frases en primera persona, “me siento incómoda cuando…”. “Me preocupa que…”.

Cada vez que guardas un sentimiento dentro tuyo y no revelas lo que te está molestando agregas una hilera de ladrillos a un muro que tú construyes. Al principio puedes cruzar por encima de él las veces que deseas. Luego de un tiempo, ya necesitarás dar un pequeño salto para lograr pasar. Después, piensas, será fácil pasar este pequeño muro cada vez que lo desee. Pronto requerirás una escalera, pero aún podrás seguir cruzando. Pero a medida que los años vayan pasando irás agregando, sin darte cuenta, hileras de ladrillos a tu muro, y cuando te quieras dar cuenta el muro se habrá vuelto tan alto e impenetrable que no lograrás cruzarlo más.

 

Desafortunadamente, la comunicación se habrá bloqueado, llenándose de incontables cuestiones, algunas pequeñas, otras grandes. Cuestiones que nunca salieron a la luz. Pero con habilidad y mucho esfuerzo, este muro todavía tiene esperanzas de ser derribado, en cualquier momento de nuestras vidas. Pero piensa, cuanto más productivo y menos doloroso hubiese sido no haberlo construido nunca.

 

10. No Codiciarás

 

¿Quién podría sentir celos de su marido? Muchas mujeres, de hecho, lo padecen.

En muchas circunstancias, especialmente cuando las mujeres son las que se quedan en casa con los hijos mientras sus maridos salen a trabajar, ellas codician la libertad que sus parejas poseen. Los maridos, pueden en general ir y venir cuando lo desean, mientras que sus esposas deben encontrar niñeras, y hacer mil arreglos antes de que puedan cruzar el umbral de la puerta. Los hombres, dicen simplemente, “Adiós,

me voy”, y desaparecen con la rapidez con que pasa una brisa. A veces sucede que mientras el hombre está compenetrado y preocupado en su trabajo la mujer está en casa preparando la cena, ayudando a los niños con la tarea, bañándolos y acostándolos a dormir, y esto es lo que puede luego llevar a la mujer a sentir celos y resentimiento de su marido.

Todos los maridos deben concientizarse y tener en mente el peso con el que cargan sus esposas, y deben tratar de ayudarlas lo más que puedan. Además deben apreciar y valorar el trabajo de su mujer y comprenderla. Una simple demostración verbal de afecto por parte del marido puede alivianar increíblemente el peso con el que carga su esposa.

Toda esposa debe comprender que si se siente infeliz y resentida, lo ideal será sentarse con su esposo, o con un consejero matrimonial, y buscar la manera en la que pueda lograr encontrar satisfacción dentro del matrimonio y sentirse libre de cualquier tipo de resentimiento. Quizás lo que necesite sea estar más tiempo fuera de casa y compartir diferentes momentos con otras mujeres. Tal vez necesite trabajar más horas, o menos, o directamente dejar de trabajar por un tiempo y tratar de alivianar la presión que existe en alguna parte de su vida cotidiana. Probablemente necesite más ayuda con las cosas de la casa, o la persona que la ayuda no es lo suficientemente competente. Puede ser también que alguna amiga la esté haciendo sentir de esa manera. Tal vez la suegra ¿quién sabe? Reflexionando sobre el tema y discutiendo sobre él seguramente hallará el modo de ver sus necesidades y logrará, sin lastimar a su familia, conseguir también dejar de sentir sentimientos de celos de su marido.

Los Diez Mandamientos son aplicables a todos los ámbitos de nuestra vida. Si le damos una mirada profunda y detallada, veremos que adhiriéndonos a estas leyes, podremos transformar nuestra persona, y como consecuencia tendremos la habilidad de transformar el mundo. Cuanto más pronto seamos capaces de colmar nuestras vidas con Los Diez Mandamientos- tanto literal como figurativamente, más pronto vendrá el Mashiaj, y seremos redimidos. ¡Ojala que sea ahora!

 

Artículo terminado de elaborar el 13 de agosto de 2011 – 13 de MenajemAv de 5771

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AL PRINCIPIO Y AL FINAL

AL PRINCIPIO Y AL FINAL

AL PRINCIPIO (Bereshit, Génesis)

Al principio El Eterno creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas. Entonces Adonai dijo: “Que exista la luz”. Y la luz existió. HaKadosh Barúj Hu vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.

Al principio, El Altísimo dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas”. Y así sucedió. HaShem hizo el firmamento, y éste separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Adonai llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.

El Todopoderoso dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió. Adonai llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: “Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro”. Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.

Elohim dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió. El Eterno hizo que dos grandes astros -el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche – y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y El Santo Bendito sea, vio que esto era bueno.
Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.

El Altísimo dijo: “Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo”. El Eterno creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y El Todopoderoso vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra”. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.

Adonai dijo: “Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie”. Y así sucedió. HaShem hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie.

Y El Eterno vio que esto era bueno. El todopoderoso dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”.

Y Adonai creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Adonai, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”. Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió. El Eterno miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos.
El séptimo día, Adonai concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido. El Santo Bendito sea, bendijo el séptimo día y lo consagró, porque en él cesó de hacer la obra que había creado.

Eso fue, al principio.

AL FINAL

Al final, el hombre destruyó el cielo y la tierra. La tierra se movía y giraba y el espíritu destructor del hombre se cernía sobre la faz de las aguas. Y el hombre dijo: Que sea mío el poder sobre la tierra. Y así fue. Y el hombre vio que el poder era bueno, y así llamó sabios a los que poseían poder y a los que trataban de reprimir el poder llamó débiles. Y fue la tarde, y fue la mañana, el séptimo día.

Y el hombre dijo: Que haya una división entre todos los pueblos de la tierra. Que haya una línea divisoria, o una pared, entre aquellos que me apoyan y los que están en contra mío. Y fue la tarde, y fue la mañana, el sexto día.

Y dijo el hombre: Reunamos todos nuestros recursos en un solo lugar, y creemos instrumentos de fuerza para defenderlos: hagamos una radio que moldee las mentes de los hombres y un proyecto que controle sus cuerpos, y estandartes y símbolos de poder que capturen sus almas. Y así fue. Y fue la tarde, y fue la mañana, el quinto día.

Y el hombre habló: Que haya censura para separar la luz de la oscuridad. Y así fue. El hombre creo dos grandes centros de censura para controlar los pensamientos de los hombres, uno que dijera sólo la verdad que deseaba se escuchara en el exterior, otro que dijera sólo la verdad que se deseaba se escuchara en su casa. Y así fue. Y fue la tarde, y fue la mañana, el cuarto día.

Y el habló el hombre: Creemos armas que puedan matar a millones y cientos de millones a la distancia, y creemos bombas, y aprendamos la guerra germicida, y creemos proyectiles dirigidos. Y así fue. Y fue la tarde, y fue la mañana, el tercer día.

Y el hombre dijo: Hagamos a Adonai a nuestra semejanza. Digamos que El Eterno piensa lo que nosotros pensamos, que El Todopoderoso desea lo que nosotros deseamos, que El Altísimo ordena lo que nosotros deseamos que ordene. Y el hombre halló medios para matar mediante la fuerza atómica y la lluvia radioactiva, a los que vivían y a los que aún no habían nacido, y dijo: Hágase la voluntad de El Creador. Y así fue. Y fue la tarde, y fue la mañana, el segundo día.

Y luego, en el último día, una gran nube negra cubrió toda la faz de la tierra, y hubo un gran trueno sobre toda la faz de la tierra, y un fuerte llanto llegó desde toda la tierra, y luego el hombre, todos sus hechos, no estaban más. Y la tierra descansó en el último día, de todos los actos del hombre que el hombre en su locura había forjado. Y ya no hubo nada. No hubo tarde, no hubo mañana, no hubo día.

Autor desconocido – Extraído de Majshavot

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Estoy “ENFERMO” de… DEUDAS…!!!

Estoy enfermo de deudas

Hoy más que nunca, el mundo esta atravesando una situación de crisis que ha afectado a todas las personas, de todas las clases sociales, en todos los rincones del globo, sin ningún tipo de distinción: del mismo modo como en los últimos años han aparecido enfermedades endémicas y pandémicas, la iliquidez económica se ha propagado como lo haría un virus o un microorganismo sobre el cual no se puede ejercer control, porque no hay las medidas sanitarias.

Son muchas las personas que hoy en día deben dinero. Muchas de ellas, ante esa situación, no hacen más que encogerse de hombros y exclamar, “Esto está más allá de mi control. Es parte de la vida.” Su manera de actuar es como si la deuda fuera un mal decreto que no puede ser rescindido. Más y más gente está hoy endeudada. Pocas son las personas prudentes que realmente logran vivir sin deudas y según sus medios.

Las deudas, como se menciona anteriormente, no hace distinciones de sexo, edad, posición social, raza ni lugar de residencia.

El mundo actual esta diseñado para que cada vez busquemos adquirir más y mas bienes: es decir, que seamos consumistas: computadoras que por la vertiginosa velocidad a la que se desarrolla la tecnología “deben ser reemplazados cada año”, juegos electrónicos cada vez más sofisticados, que los muchachos desean tener para “no quedarse atrasados en la tecnología”; aparatos de comunicación, también cada vez con más accesorios hacen parte de esta explosión comercial que el medio ambiente nos “obliga a adquirir”.

También la mayoría de los padres adoptan una actitud que, deja muy claro la necesidad de adquirir más compromisos, porque “sus hijos no deben pasar por las incómodas situaciones de necesidad que ellos atravesaron”; los bancos necesitan del dinero y ofrecen muchas facilidades para “adquirir, adquirir y adquirir” y eso proporciona los medios para adeudarse.

Aunque parezca mentira, muchos de los que hoy en día sufren de deudas no son ni pobres, ni ociosos. Son personas serias, responsables, y con frecuencia en el tope de la escala económica.

A menudo nos encontramos con personas que ganan enormes sueldos, y deben a su vez, enormes sumas de dinero. Estas son personas que corren de un banco o entidad financiera a la otra, de un fondo a otro, y de una persona a otra, tratando de encontrar nuevos préstamos para pagar viejas deudas, tratando de hacer juegos malabares con sus finanzas. Nunca parecen tener bastante.

Esta situación podríamos compararla con la de aquella persona que tiene una manta o cobija corta, con la cual, si se cubren la cabeza, sus pies quedan descubiertos y viceversa; sus finanzas no son lo suficientemente grandes para cubrir todas sus deudas. Estas personas, entre las cuales se puede incluir a los dueños de grandes corporaciones y negocios, apenas si pueden “mantener sus cabezas encima del agua”.

Incluso aunque trabajan despiadadamente de sol a sol, no pueden escapar de la ruina financiera en la cual se hunden más y más profundamente. ¿Es que acaso no hay ninguna esperanza?
Consideremos un par de aspectos importantes: El primero de ellos nos recuerda que los problemas financieros y las deudas han existido desde el principio de los tiempos; la Torá nos habla de ellas, pero, el fenómeno de la gente que se “olvida” de cancelar a tiempo sus deudas, es una característica de los tiempos modernos.

El segundo de los aspectos a analizar, es la actitud de cada persona: por ejemplo, alguien que ha sacado un préstamo y considera que sus ingresos le permiten, de una manera cómoda, desembolsar la cantidad de dinero que le corresponde, no se considera a sí misma, como “endeudada”.

Por ejemplo, si un hombre tiene que sacar una hipoteca o tomar prestado el dinero para comprar una nueva casa, y puede permitirse los pagos mensuales justamente como puede permitirse pagar el alquiler cada mes, él no es considerado “endeudado.” También, si toma prestado el dinero, pero tiene la garantía subsidiaria suficiente para cubrir la deuda, no es considerado “endeudado.”

El tercero de ellos dice que El que vive a la sombra de deudas sufre en todos niveles, pierde la tranquilidad mental, la felicidad matrimonial y la salud física y emocional. La vida se transforma en un infierno de tensión y ansiedad.

Bajo esos conceptos, entonces, entendemos que una persona endeudada, es aquella que es incapaz de cubrir o devolver, en el tiempo y la manera acordada, el préstamo.
El judío NO DEBÍA ENDEUDARSE, porque la Torá dice que “No prestarás a tu hermano con interés”, y porque es una grave falta no devolver el dinero prestado.

También está escrito que “si tu hermano tiene una deuda contigo, trabajará seis años y en el séptimo año condonarás la deuda” Otras dos consideraciones que la Torá tiene, dice, “devuelve el abrigo al necesitado” y “no atrases la paga al jornalero”.

Muchos deudores hoy en día no hacen ningún esfuerzo para devolver el préstamo. Viven actuando como si no les debieran nada a nadie y, la persona que “voluntariamente” les prestó el dinero, y en el caso de que el dinero fuera otorgado por una entidad financiera ellos se transforman en “villanos o ingratos” porque ¡constantemente son acosados! Esto se debe a la enorme distorsión de los valores morales que acompaña a la sociedad actual: el que presta, que quiere y necesita recuperar su dinero, deja de ser “el dueño de la situación” para convertirse en “esclavo” porque tiene que generar toda una serie de estrategias para poder recuperar su inversión y, esto, también se ve en todas las clases sociales.

El mundo entero, a lo largo de la historia de la humanidad, ha atravesado fenómenos de recesión económica, especialmente después del desarrollo del capitalismo, pero, en los últimos tiempos, el concepto de pagar, y “ponerse al día”, definitivamente ha cambiado por completo.

Si revisamos los conceptos que hay sobre las deudas, encontramos, por ejemplo que La Halajá determina que, “un prestatario es esclavo de quien le prestó dinero.”

El prestatario que no tiene los medios de reembolsar su deuda se asemeja a un esclavo, porque debe trabajar duramente para hacer lo necesario para devolver el dinero que debe.
El Shulján Arúj sostiene que el que recibió un préstamo es el subordinado del que prestó.
La Guemará también maneja conceptos semejantes a las revisiones anteriores.

El Rabino Shmuél Eliécer HaLevi Idelis, conocido como el “MaHarsha” dejó escrito, en lo que se llamó El consejo de las cuatro tierras, lo siguiente:

1. Si los Jueces del Bet Din (Tribunal Rabínico) llegan a averiguar que una persona que no reembolsa una deuda, no trabaja duramente para devolverla y aun viene con todo tipo de excusas porque no tiene los medios de pagarla, entonces, como primer paso, ¡le está prohibido entrar a la sinagoga de la comunidad mientras no reembolse su deuda!

2. 2. Si, después de eso, todavía no paga su deuda, también se le prohíbe a su esposa la entrada a la sinagoga mientras que su marido no reembolse su deuda.

3. Si las susodichas acciones no convencen al deudor a pagar sus deudas, ¡sus hijos son expulsados de la escuela!

Hoy en día podríamos considerar a los tres edictos como crueles y vengativos. Sin embargo, las intenciones de los rabinos de esa época intuyeron la necesidad de que la esposa y los hijos fueran humillados en público para tratar de hacer entender al deudor, la necesidad de cancelar su deuda: era una época donde los principios morales eran distintos a los actuales; donde los negocios y los compromisos se hacían “de palabra” y ella tenía tanto valor, que por lo general no había necesidad de efectuar contratos, porque todo podría terminar siendo resuelto en el Tribunal Rabínico. La moralidad de hoy en día está tan deteriorada que, muchas veces ni siquiera la actuación de las autoridades locales logra conciliar la deuda.

Hay una cuarta acción considerada por el documento anterior: consiste en someter a azotes al deudor, en el interior del tribunal.Muchos de los judíos todavía se siguen basando en las leyes de la Torá, actuando de acuerdo a esas instrucciones: prestan sin interés alguno a su hermano judío, sirven de fiadores, condonan la deuda en el momento apropiado, pero, la mayoría procura vivir sin la necesidad del consumo excesivo, confiando en su protector, Adonai, quien se encarga de brindarle las condiciones necesarias para la supervivencia, en la cual se incluye el subsidio que otorga el Estado de Israel a aquellas personas que viven en Yeshivot y solamente están dedicados al estudio de la Torá: otros, por las situaciones de la vida, aprendieron oficios y profesiones lucrativas y no requieren de préstamos, logrando vivir bajo el estatus de “no endeudados” como se resalta aquí: La unión intercomunitaria ha permitido que los verdaderamente necesitados, tengan también un apoyo, puesto que las enseñanzas de la Torá dejan muy claro que “siempre habrá pobres y necesitados”; pero lo más importante, viven con tranquilidad, gracias a que confían en El Altísimo, “dueño del oro y la plata y dador de toda bendición” por lo cual no se endeudan… Y no se enferman…

Enfermo de deudas fue publicado por Max Stroh para 321judaismo. com  el: 8 Nov de 2010

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