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feb 06 2012

Una revisión sobre Devora / Débora

Haftará: Jueces / Shoftím 4:4 – 5:31

Tanto en el mundo moderno como en las épocas antiguas, vemos con frecuencia que las mujeres han estado relegadas a un segundo y tal vez un tercer plano en diferentes niveles de actuación de la sociedad: uno de ellas posiciones se ve reflejada en la posibilidad de ejercer cargos públicos: en nuestra parashá y más específicamente la haftará,  nos damos cuenta como dos mujeres tuvieron un papel protagónico en la resolución de conflictos, tanto internos como externos del pueblo judío, y su actuación lleva, como está expresado al final de la lectura de la haftará, a cuarenta años de tranquilidad de Israel.

 

En especial nos referimos a Devora (Débora)  quien actúa como juez bíblico, en un cargo que se requiere una cierta dureza, a pesar que las “mujeres son de naturaleza compasiva”, especialmente en una época, la de los Jueces, que se caracteriza por ser caótica y desordenada, momento en el cual las tribus aún no terminan en constituirse en una nación.

 

Históricamente vemos cómo casi todo el territorio de esta nación que se estaba conformando había sucumbido a la fuerza de los cananeos. Jabín, quien era el rey de éstos, dominaba a Israel por medio de sus fuerzas armadas; contaba con un general, Sisrá conocido literalmente, con el sobrenombre del “pacificador” o del “silenciador”. y  un potente ejército, en el cual se destacaban sus novecientos carros herrados, contra los cuales, casi que cualquier esfuerzo militar era un fracaso y, por ello, la gente de Israel tenía que pagarle  tributos. Sólo aquellos que habitaban en las regiones montañosas seguían en  libertad, gracias a que aquellos carros no se adaptaban al terreno montañoso y eso les permitía mantener un movimiento de resistencia.

 

Desde el punto de vista de actitud y de obediencia al Eterno y a sus mandamientos y las instrucciones recibidas poco tiempo atrás en el Sinaí, el pueblo judío había  “tomado a las hijas de la población cananea entre los que vivían, por mujeres, y habían dado sus propias hijas a sus hijos (de los cananeos), y servían a sus dioses: es decir, habían olvidado su camino y propósito, por lo tanto, luego de 20 años, surge una mujer, que recibe un “llamado” o advertencia por parte del Eterno, que haría enderezar el camino de los hijos e Israel: esta mujer es Débora; mujer gloriosa, sostenida por el Espíritu de Hashem, que se caracterizaba por su astucia,  y porque tenía el don de la profecía y del canto; Débora, quien vivía debajo de una palmera, entre Rama y Bethel, en tierra de Efraím, les recordaba a sus compatriotas en las montañas la historia de la liberación de Egipto, el paso por el Sinaí, y les profetizaba días mejores en el futuro. Como juez, administraba justicia y les daba consejos. Su reputación era sólida y les inspiraba confianza.

 

La haftará comienza diciendo: “En aquel tiempo gobernaba a Israel Débora, profetisa, mujer de Lapidot, que en hebreo se leería como éshet lapidot  traduciéndolo  literalmente como, mujer de llamaradas,  tenía una sólida reputación y gracias a sus “palabras llameantes” inspiró a los hombres, los llenó de coraje y valentía, permitiendo el movimiento de resistencia que conocemos a través de esta historia, convirtiéndose en un equivalente a la conocida Juana de Arco de su época, permitiendo que una nación resquebrajada, desintegrada espiritual y políticamente, renaciera y se recobrara como ninguna otra nación del planeta lo haya hecho, afirmando también el concepto que el Eterno tiene sobre Su Nación, la cual es capaz de restaurarse, siempre y cuando acepte y comprenda que sólo bajo Sus Mandamientos va a obtener, todas las bendiciones prometidas. .

 

Fue una mujer tan influyente en su pueblo, que llamó a un personaje: Barak, que traduce relámpago o rayo, y le dice: ¡Levántate, porque éste es el día en que el Eterno ha entregado a Sisrá en tu mano! Ciertamente el ángel del Eterno salió delante de ti (para que obtengas triunfo)…

 

Barák, entonces llevó a cabo el ataque, bajo las instrucciones de Débora, y se produjo la victoria en la región de Tabor; el Eterno, viendo que Su Pueblo, estaba “siguiendo Su Voluntad” envió una tormenta de truenos y relámpagos que ayudó a desbaratar  las filas enemigas, y los carros acabaron atascados y arrastrados  por las turbulentas aguas del Kishón(1). La derrota de Sisrá, fue completa, desde el punto de vista militar, pero no termina allí sino, cuando interviene la segunda mujer de esta historia, Yaél quien lo asesina mientras descansaba en su tienda, como nos relata la haftará: Extendió la mano izquierda al clavo, y su mano derecha al martillo de obreros, y martilló a Sisrá, le golpeó la cabeza, le hirió y le traspasó la sien.

 

Este hecho fue alabado por Débora, gracias a su sensibilidad en el “Cántico de Débora” (2); en el que está escrito: Aquel día cantó Débora con Barák hijo de Avinoám, diciendo:

“Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, por haberse ofrecido el pueblo voluntariamente, ¡Bendecid al Señor!   “Oíd, oh reyes; escuchad, oh gobernantes: Yo cantaré al Señor; cantaré salmos al Señor, Dios de Israel.

En este caso la inspiración de ella le permitió elaborar una bendición que dice: ¡Bendita sobre todas las mujeres sea Yaél, mujer de Jéber el keneo; sobre las mujeres moradoras en tiendas, sea ella bendita!

 

Volvemos a ver cómo era Débora: era poderosa porque estaba acompañada por la Voluntad del Eterno,  de quien recibía su inspiración y el fuego de su corazón, haciendo honor al título que en hebreo se le da: éshet lapidot: mujer de llamaradas, y que le permite nombrarse y levantarse como la Madre de Israel, como dice: Quedaron abandonadas las aldeas en Israel; quedaron abandonadas hasta que yo, Débora, me levanté. ¡Me levanté como madre en Israel!

 

Pero el papel protagónico de las mujeres hoy en día se ve apagado y disminuido en la mayoría de los casos, por parte, de algunos conceptos que han relegado a la mujer a un segundo plano, empezando por el de la iglesia católica que ubica a la mujer, sumisa a su  marido y, parcialmente por el judaísmo gracias a normas de halajá que algunos tosafistas adoptaron diciendo cosas como que, la norma  establece que,  todo quien es juez puede ser testigo, por un lado y que la mujer no puede ser testigo en la mayoría de los casos, por lo tanto se desprende que la mujer no puede ser juez, por lo que está escrito: “Y ella juzgaba a Israel”  – no aprendemos de esto que la mujer es apta para juzgar  sino que ella les enseñaba las leyes o tal vez la habían aceptado sobre ellos porque tenía inspiración divina” (Tosafot Guitin 88b)

 

También se basaron en el juicio escrito de “Coloca sobre ti un rey”, expresada en el Deuteronomio / Devarim 17: 15, convirtiendo esto en una prohibición o una limitación para la mujer: Rey y no Reina, a lo que el el Rambám (Najmánides) dijo:

“No se coloca a una mujer como monarca, porque está escrito: “Coloca sobre ti un rey” – rey y no reina, y asimismo para todos los puestos ejecutivos en Israel (ministro de guerra, comandante militar de 50 y ni siquiera de 10…), para esas funciones no se nombra sino a varón”

 

Por consiguiente, los tosafistas, a pesar que no hubo nombramiento oficial, continuaron enseñando lo siguiente:

 

  1. Que Débora no juzgaba sino que enseñaba las  leyes… tal vez para que otros juzguen.
  2. Que Débora era aceptada por voluntad del pueblo, idea reforzada por el versículo “Y los hijos de Israel acudían a ella para juicio.” O sea que lo hacían por voluntad propia. Es importante notar que el párrafo en cuestión utiliza la expresión hebrea “Kiblú Aléihem”, aceptaron sobre ellos, figura que desde el punto de vista legal implica que dos personas pueden, por voluntad propia, aceptar como juez incluso a personas que no son aptas, conforme a las normas, para ellos, como lo sería en este caso una mujer, pero también un pariente.

 

A pesar de la contradicción, se resalta el papel protagónico de Débora, Yael, Ruth, Miriam, Yojeved, Sara, Rajel, Léa, Rivka,Jana, Bethshavé, Hulda, Esther, Abigail  y muchas más, en la historia del pueblo judío, cada una de ellas en sus diversos papeles: uno de ellos, como madre, capaces de entregar su vida por sus hijos, amándolos, cuidándolos, alimentándolos, protegiéndolos, formándolos y educándolos, y, por supuesto, en su papel de guía, como mujeres sabias que conocían y escuchaban  la voz de Adonai, puesto que su deseo era hacer y cumplir con su voluntad ya que en su momento histórico, conocían la influencia que podían ejercer sobre el destino del pueblo de Israel.

 

Todas estas mujeres han estado siempre dispuestas a ayudar a los necesitados, contando siempre con una palabra de aliento de parte del Eterno, la cual no salía de su propio entendimiento, sino que era gracias a su conexión permanente con El Todopoderoso, lo que las transformaba en guías, líderes, consejeras, madres espirituales, y esposas, todo basado en el concepto de ser la “ayuda idónea”

 

el Rabino Moshé Fainstein, quien es una de las autoridades halájicas más importantes del siglo 20 y 21 de la Era Común estipula que, como en el caso de Débora, gracias a la expresión hebrea “Kiblú Aléihem”, no  secontradice, en ningún momente, el espíritu de la Halajá y  ello le da a la mujer la oportunidad de expresarse, en la vida pública, como lo hizo esta profetisa, brindándole la oportunidad que conozca la capacidad de Influencia que El Eterno le ha depositado  para que pueda impactar en la vida de su casa, los que la rodean, su comunidad, y la de todo el pueblo de Israel, cumpliendo así con Su Voluntad; y no se trata de creer o aceptar que un género es superior al otro, sino que muchas veces los conflictos surgen cuando uno no hace el trabajo que El Eterno le ha delegado. Porque Adonai se encarga de tomar, por sí mismo, a uno u otro, para hacer cumplir sus propósitos y después, por no hacer o no cumplir con su voluntad, es que sucede que delante de los ojos del pueblo se va a generar confusión.

Hoy en día, hay muchas mujeres como Débora y ella, en toda su actitud, conducta y posición, se constituye en un ejemplo a seguir, tal como está escrito en el libro de proverbios:

 

Proverbios / Mishlé 31:29-31  Muchas mujeres hicieron el bien; Más tú sobrepasas a todas.  Engañosa es la gracia, y vana la hermosura;  La mujer que teme al Eterno, ésa será alabada.   Dadle del fruto de sus manos,  Y alábenla en las puertas sus hechos...

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(1)     Semejando aquí a los carros del Faraón que fueron arrastrados por los brazos del mar que se abrió para dar paso al pueblo de Israel, como leemos también en la parashá

(2)     Como lo hace también la Canción del Mar, luego del cruce del mar en el cual las mujeres judías guiadas por Miriam, enuncian la confianza absoluta en El Eterno, con su propia canción de alabanza.

 

 

06 de febrero de 2012 — 13 de Shvat de 5772

 

 

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  1. La mujer judia en la actualidad » Aprender Judaísmo - 321Judaismo.com

    [...] embargo, quiere hacer un reconocimiento, como ya lo ha hecho en varias de sus publicaciones (ver Debora), en este día y en este mes a quien la misma Torá y la Palabra del Eterno la señalo como [...]

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