¿EXISTE EL PECADO EN EL JUDAISMO?

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¿EXISTE EL PECADO EN EL JUDAISMO?

Cuando uno es judío y vive fuera del Estado de Israel, siempre se va a encontrar “rodeado de otras naciones, mundo gentil o goím”… Esto es una causa de muchas preguntas como la que tenemos como iniciación de este reflexión… ¿Existe el pecado en el judaísmo?

Es un poco difícil convencer a esas “naciones occidentales” que el judaísmo ha sido la base de todas sus creencias, y de igual manera, es muy difícil convencer a muchos judíos que han asimilado cosas de “las naciones” como el mismo concepto del pecado: la diferencia está en que las “naciones occidentales”  inician cualquier conversación al respecto a lo que ellos han aprendido, a través de las generaciones y que  la iglesia católica ha titulado como “El pecado original” cometido por Adán (Adám);  para empezar a explicar si hay o no pecado en el judaísmo, es importante iniciar desde el punto de vista del significado de la palabra misma:

Pecado  s. m.

Dice el Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.

  Falta cometida con conciencia contra la ley de Dios o de algún precepto de la doctrina, en algunas religiones.

— pecado original En algunas religiones, estado de culpa que, desde Adán y Eva (que desobedecieron a Dios y comieron la fruta del árbol prohibido), es inherente a la condición humana y del que la persona es liberada mediante el sacramento del bautismo.

  Acto que se aparta de lo que es recto y justo.

 fam. Acción o cosa lamentable, especialmente cuando se considera un despilfarro: es un pecado utilizar este vino tan exquisito para cocinar.

La siguiente pregunta es: ¿Cuántos pecados hay o cómo se clasifican los pecados?

Acudiendo a “fuentes modernas” como Wikipedia® encontramos que los pecados se clasifican en:

  • Pecado original
  • Pecado venial
  • Pecado mortal
  • Pecado contra la sociedad: los cuales son: el asesinato, la sodomía, oprimir viudas y huérfanos, y el defraudar de su jornal al trabajador; es decir, este pecado es el cometido contra la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona.
  • Pecado capital: los cuales son: la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza.
  • Pecado imperdonable: se comete en contra del Espíritu Santo.

Recordemos los conceptos básicos del judaísmo, desde el origen del ser humano, Adam, y lo que nos dice la Torá: Bereshit / Génesis 1:26-27: Y dijo El Eterno: Hagamos un hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y que señoree en los peces del mar, y en las aves de los cielos, y en los animales, y en toda la tierra, y en todo el reptil que anda arrastrándose sobre la tierra, Y creó Adonai al hombre a su imagen, a imagen de Adonai lo creó, varón y hembra los creó.

Vayomer Elohim naasé adám betzalméinu kidemutéinu veyirdú bidegat hayám uveóf hashamáim uvabehemá ubejól haáretz ubejól haremés haromés al haáretz. Vayivrá Elohim et haadám betzalmó betzélem Elohim bará otó zajár unekevá bará otám.

Si se sigue la lectura, en forma cuidadosa y en su idioma original, el hebreo, cuando Adám es “descubierto” por lo que hizo, recibe una reprimenda por El Eterno, pero en ningún momento se mencionan las palabras hebreas jet, avón o pesha (palabras que son traducidas como pecado), para señalar a los dos primeros “humanos” (Adam y Java) como pecadores.

Lo que se describe es que es reprendido y/o castigado, tal como se lee en Bereshit

3:22-24 Y dijo el Eterno: He aquí que el hombre se ha tornado como uno de nosotros, para conocer el bien y el mal. Y ahora él quizá extienda su mano y tome también del árbol de la vida y coma, y viva para siempre. Y lo echó el Eterno del jardín de Edén para que cultivase la tierra de donde había sido sacado. Y expulso al hombre y colocó al oriente del jardín de Edén a los querubines, y la hoja (llameante) de la espada que se revolvía, para guardar el camino del árbol de la vida.

Vayomer Adonai Elohim hen haadám hayá keajád miménu ladáat tov vará veatá pen yishláj yadó velakáj gam meÉtz haJaím veajál vajái leolám. Vayeshaljéhu Adonai Elohím migan Edén laavód et haadamá asher lukáj mishám. Vayegarésh et haAdám vayashkén mikédem legan Edén et hakruvím veét lahát hajérev hamithapéjet lishmor et dérej etz hajaím.

Continuando con nuestro análisis,  debemos de entender que, para comprender una transgresión, uno debe entender al transgresor.

¿Quién era Adám, cuyo “pecado” jugó un rol tan fundamental en la historia y en el destino del hombre?

Nuestros sabios nos enseñan, a través de los libros del Talmud que, “Adám era un ser que se extendía desde la tierra hasta el firmamento… desde un extremo al otro de la tierra” (Talmud – Jaguigá 12a).

Esta declaración que han hecho los diferentes estudiosos de la Torá, tiene una dimensión profundamente espiritual. Ellos aclaran que, no había faceta alguna de la creación, desde la más mundana hasta la más sublime, que Adám no abarcara. Nada se ocultaba de él. Más aún, nadie jamás ha comprendido cómo cada una de sus acciones podía determinar el curso de la creación. Los ángeles sabían que, en última instancia, no eran ellos quienes lo controlaban, sino que él los controlaba a ellos, pues la Providencia Divina hizo que el funcionamiento de la tierra dependiera de las acciones del hombre.

Es tan absoluta y difícil de comprender la grandeza de Adám, porque nuestra capacidad cerebral es, limitada, y por ello, no nos permite llegar a conocer nada acerca de su impresionante naturaleza. Sin embargo, la mejor forma de que intentemos lograr entenderlo, es que borremos de nuestras mentes el mito de “las manzanas en el Jardín del Edén”.

El mundo de Adám era muy diferente del que tenemos nosotros hoy en día. Él labraba y plantaba sin herramientas: era consciente, en su vida cotidiana, de que trabajaba el Jardín del Edén a través del cumplimiento de los mandamientos positivos y lo protegía por medio de evitar la transgresión.

Nosotros, también,  sabemos y somos conscientes de esto, pero sólo en un sentido abstracto. Sabemos que nuestras acciones cuentan, pero como parte de un mundo físico de causa y efecto, nos encontramos notando y sintiendo la eficacia de medicinas y cirujanos, de topadoras y albañiles, de bombas y de físicos. Para lo anterior, el Talmud dice: “No es la serpiente venenosa la que mata, sino que la transgresión mata” (Talmud Berajot 33a). La serpiente, la bala, el automóvil que se da a la fuga, la enfermedad, no son sino los mensajeros que ejecutan un decreto sellado por la contravención humana. No son ellos la causa de muerte…son los efectos físicos de las cosas las que traen efectos espirituales y viceversa, lo cual es muy difícil de entender para la mayoría de nosotros: esto que sucede es explicable porque es la voluntad de El Eterno: Él es quien dirige todas las acciones de cada uno de nosotros y es a Él a quien le debemos rendir cuentas. Los grandes creyentes judíos sabían que esto era así, y lo confirman mediante la siguiente frase:

“Bendito es el hombre que confía en Adonai  y que hace de Adonai  la fuente de su confianza” (Yeremia / Jeremías 17:7).

Barúj haguéver asher yiftáj baAdonai vehayá Adonai mibatjó

Esto nos demuestra que cuanto más uno confía en El Eterno, más Adonai justifica su confianza con el resultado de que su confianza en Él continúe creciendo. Nuestros más grandes personajes no tuvieron dificultad en abandonarse a su suerte por servir al Eterno, sin saber de dónde provendría el desayuno del día siguiente. Esto lo vemos, como por ejemplo cuando la Torá fue entregada: ella fue dada sólo a la generación que comía el maná. Esta generación  aprendió, que podían vivir en un desierto yermo sin temor, en la segura confianza de que la promesa que Adonai era su garantía del sustento para los siguientes días. Solamente después de desarrollar una fe semejante, fue Israel digno de recibir La Torá, y todos sabemos que La Torá es la sabiduría de Adonai; el sabio de Torá une su propia mente con la inteligencia del Creador, al grado de llegar a saber que, si se interesa sólo por sus necesidades en este mundo, no podrá escapar a los señuelos que la vida le ofrece, y por consiguiente no podrá ascender a un nivel más elevado.

Para nosotros, que estamos envueltos en nuestra ética de trabajo y, como mínimo en una semana de 40 horas de trabajo, a veces arduo, la fe es un beneficio adicional que nos podemos permitir sólo luego de haber conseguido una falsa seguridad. ¿Cómo la adquirimos? Generalmente después de que alguien nos cuenta una inspiradora historia sobre la fe perfecta de un gran tzadik, y es en aquel momento en el que volvemos a hacer un concentrado esfuerzo de fe. Adám, por su parte, no tuvo quien le “contara cuentos;” sólo sabía que su servicio a  Adonai, era el factor determinante de su éxito.

Sin embargo, nuestra historia parece no tener un “final feliz” porque todos sabemos de que finalmente Adám fue expulsado del Jardín del Edén, por haber transgredido una orden, por haberse revelado o por haberse equivocado: es entonces cuando aparece el “defecto” de no asumir la responsabilidad de los actos que es quizás, nuestro más grande fracaso, desde tiempos inmemorables.  Adám exclamo: “La mujer que me diste me hizo comer del árbol” y esta actitud, de buscar alguien a quien comprometer para salvar nuestra responsabilidad y que conocemos como “chivo expiatorio”, es la culpable de muchas de las cosas que nos suceden: esta actitud de no reconocer nuestra responsabilidad es la que continúa invadiéndonos hoy en día: buscamos culpar a todo el mundo menos a nosotros mismos. La familia, el hogar, el ambiente, y la escuela son señalados y, mientras tanto, nos vemos a nosotros mismos como pobres víctimas. La Torá, como sabiduría de Adonai señala que, como tenemos libertad de elección, somos capaces de ser responsables de nuestras vidas y es allí donde cometemos errores, que muchos podrían catalogar como “pecados”

Para el judaísmo, el errar es parte del ser humano (I Melajim / I Reyes 8:46),                            Ya que no hay ser humano que no peque, si tu pueblo peca contra ti, y tú te enojas con ellos y los entregas al enemigo para que se los lleven cautivos a otro país, lejano o cercano,

Ki yejetú lejá ki éin adám asher lo yejéta veanáfta bam unetatám lifnéi oiyév  veshavú shobéihem el éretz haoiyév rejoká o krová.

Como la idea de esta reflexión nace a base de las preguntas que nos suelen hacer a los judíos las personas que tienen otras creencias, es bueno que revisemos el concepto arriba mencionado, en los textos del Nuevo Testamento:

Romanos 3:10-18 (reina Valera 1960)  les enseña:   «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda,  nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado,  a una se han corrompido.  No hay nadie que haga lo bueno;  ¡no hay uno solo! Su garganta es un sepulcro abierto;  con su lengua profieren engaños. ¡Veneno de víbora hay en sus labios! Llena está su boca de maldiciones y de amargura. Veloces son sus pies para ir a derramar sangre; dejan ruina y miseria en sus caminos, y no conocen la senda de la paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos.»

O  esta otra: “Todos han pecado y no son adecuados para la gloria de Dios”, en Romanos 3:23, Versión Revisada Estándar.

Y aquí hay una tercera posición, ya más relacionada con el concepto de “pecado”: en el libro 1 Juan 3:4 dice: Todo el que comete pecado quebranta la ley; de hecho, el pecado es transgresión de la ley.

Otra concepción en el judaísmo es el concepto que tienen los Sabios del Talmud: para ellos,  el pecado es, por sobre todo, un acto de estupidez. “Una persona peca exclusivamente si un hálito de estupidez penetró en ella”.

Por lo tanto APRENDEMOS que el pecado, es un error, una torpeza, un intento de rebelión contra el Eterno: así lo demuestran las palabras pecado y errar, las cuales comparten la misma raíz, tal como lo vemos a continuación:

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Y gracias a  los conceptos repasados, entendemos que la persona que es sujeta a la perfección, es porque ha recibido la Torá (tal como está escrito en Mishlei / Proverbios 4:2-27), y por eso, recibe las instrucciones para evitar extraviarse y para construir encima y a pesar del fracaso.

El judío, a través de la historia, siempre ha recibido indicaciones para actuar de acuerdo con las instrucciones de la Torá y la guía de Adonai, como vemos en Yeremiá / Jeremías 35:15, que dice:

Y envié a ustedes todos mis siervos loa profetas, desde temprano, para decirles: vuelvan ahora cada uno de su mal camino y enmienden sus obras y no vayan tras dioses ajenos para servirles, y vivirán en la tierra que les di a ustedes y a sus padres: pero no inclinaron sus oídos ni me escucharon.

Vaeshláj aléjem et kol avdéi haneviím, hashejem vehashaloaj lemór shvú na ish midarjó haraá veheitíbu maaleléijem veál teljú ajaréi elohim ajeirím leavdám ushvú el adamá asher natáti lajém veleabotéijem veló hitítem et oznéijem veló shamatém elái.

El pueblo judío tiene ordenado ser “nación de sacerdotes: nación santa”; si realmente lo somos,  ¿Por qué no estamos todo el tiempo en el interior de una sinagoga orando? ¿Por qué no estamos en las escuelas de estudio hoy conocidas como Yeshivá? Porque el propósito de cada judío es traer santidad dentro de lo mundano y descubrir la sabiduría divina y espiritual allí, creando un verdadero valor en el mundo. Por ello, nuestra actitud como judíos es evitar todo acto “pecaminoso” que profane el Nombre del Eterno; que profane su creación. En otras palabras: judío = representante del Todopoderoso en este mundo. Judío que actúa sospechosamente es quien da una impresión pobre de Adonai.

Es por ello que tenemos que recordar que, para los libros del Nuevo Testamento, se encuentran las frases en Romanos 6:12- 20 en donde se recuerda como se debe evitar el pecado y como se debe actuar, dependiente del Eterno, para poder transformarse en “herramientas de justicia “

Cuentan las anécdotas que en una reunión de shabat entre el Rabino Abraham Jaim y el Moré Shaye en donde hablan del judío y su capacidad para salir de la impureza y ser parte importante en el mundo: CONCLUYEN los siguientes aspectos:

1.- Lo que el yétzer hará (el mal instinto) intenta lograr es que el judío pierda el ánimo para llevar a cabo su función en este mundo, convenciéndolo de que no valore el potencial que El Eterno le otorgó.

2.- Que cada judío tiene su propio bereishit,  el cual señala un brit esh, ´pacto de fuego´, que se refiere a la llama de esperanza que todo judío posee dentro de sí, y que le otorga fuerzas para seguir luchando.

3.- Que cuando recitamos el rezo: al tashlijenu leét zikná (no nos abandones en nuestra vejez), no nos referimos a la vejez física sino a la del alma, cuando ya habremos perdido el ánimo para seguir luchando y progresando.

4.- Que el pueblo judío es un yéled shaashuím (niño preferido de Adonai), pues el Creador le otorga frescura y renovación, para que él pueda sortear todas las situaciones que deba atravesar en el mundo”.

5.- Que cada judío debe tratar de mejorar y progresar en todos los aspectos: en sus valores humanos, en las relaciones con sus semejantes, en la pureza de su fe, en la confianza en el Todopoderoso, en el cumplimiento de las mitzvot, en el estudio de la Torá, en el rezo… en fin, en todo. Para lograrlo, debemos luchar contra el yétzer hará, que trata de convencernos de que todo da lo mismo, de que todo es anticuado y rutinario, y dichoso es aquel que se aprovecha de cada instante para mejorar, para renovarnos y de ser capaces de retornar hacia Él”.

El Nuevo testamento vuelve a recordar las bases judías que tiene y que fueron desordenadas y confundidas por muchas maneras de pensar y lo podemos revisar en lo escrito en Efesios 2:3-4 que dice “En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios”.

“Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? «Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras.»”Yeremia / Jeremías 17:9-10.

La Torá si es muy enfática en hablar de “ciertos tipos de pecado: la primera descripción  la encontramos en Vayickrá / Levítico 4:2-27 cuando habla de los sacrificios a realizar cuando alguien transgredió o pecó inconscientemente. “Asham Talui” es ofrendado por un pecado dudoso, y el otro, cuando la persona está en dudas si pecó (inconscientemente) o no.

Vayickra  4:2-4 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno pecare por yerro contra cualquiera de los mandamientos del Eterno relativos a cosas que no deben hacerse, haciendo cualquiera de aquellas cosas, si fuere el sacerdote ungido quien así pecare, trayendo culpa sobre el pueblo, presentará por su pecado que ha cometido, un novillo joven, sin defecto, como ofrenda al Eterno por el pecado. Y traerá el novillo a la entrada de la tienda de asignación, ante’ el Eterno, y pondrá su mano sobre la cabeza del novillo; y degollará al novillo ante el Eterno.

{This is the law] if an individual commits an inadvertent sin by violating certain [specified] prohibitory commandments of God. If the anointed priest commits an [inadvertent] violation, bringing guilt to his people, the sacrifice for his violation shall be an unblemished young bull as a sin offering to God. He shall bring the bull before God to the entrance of the Communion Tent, and press his hands on the bull’s head. He shall then slaughter the bull before God.
Daber el benei Israel lemor néfesh ki tejetá vishgagá mikol mitzvot Adonai asher lo teaseiná veasá meaját mehéna. Im hakohén hamashiáj yejéta leashmát haám vehikrív al jatató asher jatá par ben bakár tamím laAdonai lejatat. Veheví et hapár el pétaj Ohel Moéd lifnéi Adonai vesamáj et yadó al rosh hapár veshaját et hapár lifnéi Adonai.

4:27-28 Y si alguna persona común del pueblo pecare por yerro, obrando contra cualquiera de los preceptos del Eterno relativo a cosas que no deben hacerse, y así se hiciere culpable; y si le fuere conocido después el pecado que ha cometido, traerá por sacrificio una cabra, hembra sin defecto, por el pecado que ha cometido.

 If a commoner commits an inadvertent violation by violating any one of certain [specified] prohibitory commandments of God, he incurs guilt. When he is made aware of the violation he has committed, he must bring an unblemished female goat for the sin he committed.

 

Veím néfesh ajat tejetá vishgagá meám haáretz baasotá aját mimitzvot Adonai asher lo teaseiná veashém. O hodá eláv jatató asher jatá veheví korbanó seirát izím tmimá nekevá al jatató asher jatá.

Y la segunda descripción la encontramos en Bamidbar / Números 8:12 que comienza diciendo que “Todo hombre cuando su esposa se desvíe”

El término que utiliza el texto para decir “se desvíe” es tisté, con las mismas letras que shtut, que implica necedad, pues el desvío del pudor, y la infidelidad, está estrechamente relacionado con la necedad y la idiotez.

La diferencia esencial que radica entre el “hombre sabio” y el “tonto”,es decir, “el temeroso del pecado” que “observa lo que se está gestando” y “aquel que camina en la oscuridad” no es tan sólo una cuestión de consideraciones de corto y largo plazo. El que teme del pecado en sí, comprende de inmediato los efectos de los actos negativos. Entiende que semejante hecho va en contra del propósito de su vida y la auténtica esencia de su ser. Sabe, que aunque verdaderamente corrija sus actos, tenga éxito en reparar el daño provocado, incluso aunque esta “experiencia penitente” lo convierta finalmente en una persona mejor, de todas formas en el momento del desliz se habrá desconectado de la quintaesencia del bien que forma el núcleo Divino de su alma.

Hay dos mecanismos en el judaísmo: el primero, la Confesión (conocida como Vidúi) y el segundo es “el camino del retorno (conocido como Teshuvá)

Para ambas situaciones, el judaísmo tiene un día especial en el cual “se recuerdan los pecados:”  este día es Yom Kipur. Aquí estamos recordando que el ser humano es una criatura imperfecta, a pesar de ser creada a Imagen y Semejanza de Adonai.

Los errores humanos son tan predecibles que El Eterno ha puesto en el calendario un día anual de perdón. No es una festividad optativa sólo para aquellos que han pecado. Yom Kipur viene cada año para cada persona. Es como si se esperara que nosotros pequemos, que siempre haya desarreglos que debemos enmendar. El Todopoderoso no está tan sorprendido por nuestros errores que permite un día de limpieza cada año. Nunca se pensó que fuéramos perfectos.

Cada Iom Kipur recibimos una nota de HaKadosh Baruj Hu que dice algo como esto:

Sé que ustedes son humanos. Los humanos no son perfectos. Yo los hice así. Y de todos modos los amo. En realidad es por eso que los amo —porque no son perfectos. Ya tenía perfección antes de crearlos. Lo que quiero de la creación es un mundo imperfecto que se esfuerce por mejorar, lleno de seres humanos que se equivocan, se levantan y avanzan. Al ser imperfectos pero sin embargo perseverantes, han cumplido el propósito de su creación. Han logrado lo único que no puedo hacer sin ustedes —han traído a un Di-s perfecto a un mundo imperfecto.

Gracias.

Puesto que ninguno de nosotros es perfecto, Yom Kipur es nuestro día. En lugar de estar deprimidos por nuestros errores, los celebramos. Cada pecado, cada desliz, cada intento fallido de vivir de acuerdo a nuestra vocación es otra oportunidad de crecer y mejorar. Fracasar en nuestra misión en si mismo parte de nuestra misión.

Yom Kipur es el día en que Adonai nos agradece que seamos humanos, y nosotros agradecemos al Eterno que no somos perfectos. Si lo fuéramos no tendríamos nada que hacer.

El resumen de dicha posición se encuentra en las siguientes palabras que repetimos, especialmente, en Yom Kipur:

ASHÁMNU: Nos hemos convertido en personas desconsoladas.

BAGÁDNU: Hemos traicionado nuestro potencial, a nuestra familia, y a Dios.

GAZÁLNU: Hemos robado.

DIBÁRNU DOFI: Hemos hablado con “dos bocas” – hemos sido hipócritas.

HEYVÍNU: Hemos hecho cosas deshonestamente.

VIHIRSHÁNU: Hemos hecho a otros pecar.

ZÁDNU: Hemos pecado intencionalmente.

JAMÁSNU: Hemos sido violentos.

TAFÁLNU SHEKER: Nos hemos insensibilizado frente a la deshonestidad.

YATZNU RA: Hemos dado malos consejos.

KIZAVNU: Hemos decepcionado a Dios, a nosotros mismo y a otros al no cumplir nuestras promesas.

LATZNU: Hemos sido despectivos.

MARADNU: Nos hemos rebelado.

NIATZNU: Hemos enfurecido a personas.

SARARNU: Nos hemos puesto a un lado.

AVINU: Fuimos víctima de nuestros impulsos.

PASHANU: Hemos destruido criterios de conducta que sabemos que son correctos, y los hemos justificado con nuestro egotismo.

TZARARNU: Hemos afligido a otros.

KISHINU OREF: Hemos sido testarudos.

RISHANU: Hemos sido malvados.

SHIJATNU: Hemos sido inmorales.

TAINU: Hemos errado.

TIATANU: Hemos engañado a otros.

 

El judaísmo no tiene pecados: tiene errores y transgresiones rebeliones, diferencias de opiniones y libre albedrío… y, como todos fuimos creados a Su imagen, nuestro potencial es ilimitado, y está en nosotros la posibilidad de remodelar, de darle nueva forma a nuestras vidas, al aceptar la responsabilidad y retornar al Creador.

 

 

Artículo terminado de elaborar el 8 de julio de 2011 – 6 de Tamuz de 5771

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