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PorMax Stroh Kaufman

Haftará Vayigash

Haftará Vayigash: Yejezquél / Ezequiel 37:15 – 37:28

 

No acabamos de celebrar el milagro de las luces de Janucá, con todas sus maravillas, la inauguración del templo, la reunificación del reino para la práctica del judaísmo, cuando nos vemos “enfrentados “a leer la parashá de Vayigásh, y su respectiva haftará, que dice así:

(Texto completo de la Haftará)

Y vino la palabra del Eterno a mí, diciendo: Y tú, hijo de hombre, toma para ti un pedazo de palo y escribe sobre él: “Para Yehudá y para los hijos de Israel, sus compañeros”. Luego toma otro trozo de palo y escribe sobre él: “Para Yoséf, del cual desciende Efráim, y para toda la casa de Israel, sus compañeros”. Y júntalos uno con otro para que se tornen uno solo en tu mano. Y cuando te hablaren los hijos de tu pueblo diciendo.’ “ciertamente nos dirás lo que quieres decir con esto”, diles: Así dice el Eterno: He aquí que voy a tomar el reino de la tribu de Yoséf que está en mano de Efráim, y las tribus de Israel sus compañeros, y los juntaré al reino de la tribu de Yehúda, y de ellos haré un solo reino, y vendrán a ser uno mismo en mi mano. Y los palos en que escribieres estarán en tu mano, delante de sus ojos. Y les dirás: Así dice el Eterno: He aquí que Yo tomaré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde se han ido, y los recogeré de todas partes y los introduciré a su propia tierra. Y haré de ellos una sola nación en la tierra, sobre los montes de Israel, y un solo rey habrá para todos ellos; y nunca más serán dos naciones ni se dividirán en dos reinos. Ni se contaminarán más con sus ídolos ni con sus abominaciones, ni con ninguna de sus transgresiones, sino que Yo los salvaré de entre todas sus moradas en donde han pecado, y los purificaré; así ellos serán mi pueblo, y Yo seré su Elohim. Y mi siervo David será rey sobre ellos; y todos ellos tendrán un solo pastor; y andarán en mis juicios, y guardarán mis estatutos y los cumplirán. Y habitarán en la tierra que di a mi siervo Yaakov, en donde habitaron vuestros padres, y habitarán en ella así ellos como sus hijos, y los hijos de sus hijos, para siempre; Y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre. Y celebraré con ellos un pacto de paz, una alianza eterna; y los estableceré en su tierra y los multiplicaré, y pondré mi Santuario en medio de ellos para siempre. Y estará mi morada con ellos, y Yo seré su Elohim y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las naciones que Yo soy el Eterno que santifica a Israel, cuando estuviere mi Santuario en medio de ellos para siempre.

(Traducción en fonética)

Vayehi devar Adonai elai lemor. Veatá ben adam kaj lejá etz ejád ujtov alav li Yehudá velibnéi Israel javeráv ulekáj étz ejad ujetov aláv le Yoséf étz Efráim vejol beit Israel javerav. Vekaráv otám ejad el ejad lejá leétz ejad vehayú laajadím beyadéja. Vekaasher yomerú eléija benéi améja lemor hálo taguíd lánu ma éle laj. Daber aléhem ko amar Adonai Elohim híne ani lokéaj et étz Yoséf asher beyád Efráim veshivtéi Israel javeráv venatáti otám aláv et étz Yehudá vaasitím leétz ejad vehayú ejad beyadí. Vehayú haetzím asher tijtóv aléihem beyadéja leeinéihem. Vedaber aléihem ko amar Adonai Elohim híne aní lokéaj et benéi Israel mibéin hagoím asher halejú sham vekibátzti otám misavív vehevéti otám el admatám. Veasíti otám legói ejad baáretz beharéi Israel umélej ejad yiyé lejulám lemélej veló yihyú od lishnéi goím veló yejatzú od lishtéi mamlajót od. Veló yitameú od beguiluléihem ubeshikut´zeihem ubejol pishéihem vehoshatí otám mikól moshvotéihem asher jateú bahém vetihárti otám vehayú li leám vaaní eheyé lahém le Elohim. Veavdí David mélej aléihem veroé ejad yiyé lejulám ubemishpatái yelejú vejukotái yishmerú veasú otám. Veyashvú al haáretz asher natáti leavdí le Yaakov asher yashvú ba abotéijem veyashvú aléiha hemá ubenéihem ubnéi bnéihem ad olám veDavid avedí nasí lahém leolám. Vejaráti lahém berít shalom berít olám yiyé otám unetatím vehirbeíti otám venatáti et mikdashí betojám leolám. Vehayá mishkaní aléihem vehaíiti lahém le Elohim vehemá yiyú li leám. Veyadéu hagoím ki aní Adonai mekadésh et Israel bihiót mikdashí betojám leolám.

La haftará a discutir está fuertemente relacionada con la futura reunificación del pueblo de Israel, como nación; el mensaje que trae Ezequiel, en este momento, es el de la restauración de la nación otra vez a su tierra después de un cautiverio; en esta profecía, el recibe  las instrucciones del Eterno, para tomar, en su mano, dos pedazos de madera, con los nombres de los reinos de Yehudá y para los hijos de Israel, que los representa, como Yoséf y como descendientes de Efráim.

Hashem le dice, “Tráelos, que yo los uniré en tus manos.” Aunque El Eterno, garantizó, incondicionalmente, que la dinastía del Rey David no se perdería, esto no incluía la fragmentación, tal como sucedió con Yeravam ben Nevat

La idea de la unificación, del modo como describe la profecía, dará al pueblo una sensación de seguridad.

 

Yejezkel / Ezequiel continua la profecía diciendo, en el nombre de Adonai,   ” y los purificaré; así ellos serán mi pueblo, y Yo seré su Elohim. … y pondré mi Santuario en medio de ellos para siempre. ” Predicción con la que el pueblo judío anhela la llegada de la era mesiánica, en la cual se constituirá, en UNA SOLA ENTIDAD, ETERNA, ARMONIOSA E INSEPARABLE, CON HASHEM.

¿Qué  pide a cambio El Eterno para poder revelarse a su pueblo y al mundo en general? ¿Qué necesita para mostrar su dominio absoluto sobre todas las cosas?

Sin lugar a dudas, la total cooperación y la perfecta armonía del pueblo judío, de cada cual para su hermano, su prójimo; es decir, del uno con el otro. Es, en ese momento cuando el pueblo judío estará más unido que nunca, y entonces El Todopoderoso se unirá con Su Pueblo, formando una identidad única e inseparable que será reconocida en el mundo y en el universo entero.

Las bases de esta unidad están asentadas en la parashá de que se relaciona con esta haftará: Yoséf se encarga de desarrollar un mecanismo en el cual hace caer en cuenta en sus hermanos de todas las cosas que habían hecho, los convence acerca de sus malos juicios y sus malas acciones, les hace borrar sus dudas y esto permite que sean removidos todos los pensamientos de odio, celos, y venganza que pudiera existir en ellos, permitiendo la reunificación de la Casa de Israel, a través de los dos grandes poderes en dicha casa: Yoséf y Yehudá… ellos se abrazan y se reúne nuevamente, la casa de Yaakov, bajo un solo estandarte.

Desafortunadamente, pocos años después, el descendiente de Yoséf, Yeravám, y el descendiente de Yehudá, Rejavám [2], crearán una situación de disputa irrevocable, que generará que cada uno  de ellos establezca su propio liderazgo, y así, la nación se divida nuevamente, para que se genere, la profecía que estamos hablando, que revela Yejezquel / Ezequiel, para un futuro venidero.

Del mismo modo como, la reunión y el reencuentro entre Yoséf y Yehudá producen en Yaakov (después de 22 años) el “reavivamiento de su espíritu” (Bereshit 45:27)[3] es el modo como Hashém, nuestro Creador, Nuestro Padre, generará una experiencia futura en el pueblo de Israel, en cada uno de sus integrantes, en la cual, las diez tribus perdidas de Israel, terminarán con un largo y oscuro exilio de muchísimos años, durante los cuales no tuvieron un contacto, ni directo ni apropiado con el Eterno, y el pueblo de Israel se constituirá en UNO SOLO, POR TODA LA ETERNIDAD, CON SU SHEJINÁ, tal como está escrito que “El espíritu de Israel será restaurado por siempre”.

Que sea la luz de este Janucá que está por concluir, la que nos permita ver pronto, en nuestros días, esta unificación por la cual permanentemente elevamos nuestras oraciones al Todopoderoso y que nos permita reunir todos los méritos necesarios para que SU DIVINA PRESENCIA descanse entre nosotros, POR SIEMPRE Y PARA SIEMPRE, como nos lo tiene prometido.

 

 

JAG JANUCÁ SAMEAJ – SHAVUA TOV

 

Redactado el 28 de Kislev de 5772 – 24 de diciembre de 2011 por 321judaísmo.com

Tiene derechos de autoría intelectual pero se permite su reproducción por cualquier medio, físico y/o electrónico, siempre y cuando se consideren unos conceptos básicos:

1.- No debe ser distribuido con fines lucrativos.

2.- No debe ser alterada la palabra de la Torá.

3.- Cite siempre la fuente.

4.- No lo imprima a menos de que sea estrictamente necesario, y se daña (destiñe, decolora, alguna de las hojas se rompe, etc.) no lo destruya por motivos de preservación del medio ambiente ni por motivos halájicos: entiérrelo.

 

 


[1] ¿Cómo es posible que un descendiente de Yoséf pudiera transformarse en un personaje malvado? ¿Cómo se explica que Yeravám hiciera cosas como bloquear, con sus ejércitos,  el paso hacia Jerusalém para evitar las peregrinaciones hacia esta ciudad? Dicen nuestros sabios que un tzadik se queda con las cosas buenas que tiene y se deshace de las malas, mientras que un rashá, escoge las malas, y se revela ante las buenas.

[2] Hijo del Rey Shlómo / Salomón

[3] Y le hablaron todas las palabras de Yoséf que les había dicho; y cuando vio los carros que Yoséf había enviado para llevarle, revivió el espíritu de Yaakov, su padre.
Vayedabrú eláv et kol dibréi Yoséf asher dibér aléihem vayar et haagalót asher shaláj Yoseéf lasét otoó vatejí rúaj Yaakov abihém.

PorMax Stroh Kaufman

Vayigash

Haftará Vayigash: Yejezquél / Ezequiel 37:15 – 37:28

 

No acabamos de celebrar el milagro de las luces de Janucá, con todas sus maravillas, la inaguración del templo, la reunificación del reino para la práctica del judaísmo, cuando nos vemos “enfrentados “a leer la parashá de Vayigásh, y su respectiva haftará, que dice así:

Y vino la palabra del Eterno a mí, diciendo: Y tú, hijo de hombre, toma para ti un pedazo de palo y escribe sobre él: “Para Yehudá y para los hijos de Israel, sus compañeros”. Luego toma otro trozo de palo y escribe sobre él: “Para Yoséf, del cual desciende Efráim, y para toda la casa de Israel, sus compañeros”. Y júntalos uno con otro para que se tornen uno solo en tu mano. Y cuando te hablaren los hijos de tu pueblo diciendo.’ “ciertamente nos dirás lo que quieres decir con esto”, diles: Así dice el Eterno: He aquí que voy a tomar el reino de la tribu de Yoséf que está en mano de Efráim, y las tribus de Israel sus compañeros, y los juntaré al reino de la tribu de Yehúda, y de ellos haré un solo reino, y vendrán a ser uno mismo en mi mano. Y los palos en que escribieres estarán en tu mano, delante de sus ojos. Y les dirás: Así dice el Eterno: He aquí que Yo tomaré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde se han ido, y los recogeré de todas partes y los introduciré a su propia tierra. Y haré de ellos una sola nación en la tierra, sobre los montes de Israel, y un solo rey habrá para todos ellos; y nunca más serán dos naciones ni se dividirán en dos reinos. Ni se contaminarán más con sus ídolos ni con sus abominaciones, ni con ninguna de sus transgresiones, sino que Yo los salvaré de entre todas sus moradas en donde han pecado, y los purificaré; así ellos serán mi pueblo, y Yo seré su Elohim. Y mi siervo David será rey sobre ellos; y todos ellos tendrán un solo pastor; y andarán en mis juicios, y guardarán mis estatutos y los cumplirán. Y habitarán en la tierra que di a mi siervo Yaakov, en donde habitaron vuestros padres, y habitarán en ella así ellos como sus hijos, y los hijos de sus hijos, para siempre; Y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre. Y celebraré con ellos un pacto de paz, una alianza eterna; y los estableceré en su tierra y los multiplicaré, y pondré mi Santuario en medio de ellos para siempre. Y estará mi morada con ellos, y Yo seré su Elohim y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las naciones que Yo soy el Eterno que santifica a Israel, cuando estuviere mi Santuario en medio de ellos para siempre.

Vayehi devar Adonai elai lemor. Veatá ben adam kaj lejá etz ejád ujtov alav li Yehudá velibnéi Israel javeráv ulekáj étz ejad ujetov aláv le Yoséf étz Efráim vejol beit Israel javerav. Vekaráv otám ejad el ejad lejá leétz ejad vehayú laajadím beyadéja. Vekaasher yomerú eléija benéi améja lemor hálo taguíd lánu ma éle laj. Daber aléhem ko amar Adonai Elohim híne ani lokéaj et étz Yoséf asher beyád Efráim veshivtéi Israel javeráv venatáti otám aláv et étz Yehudá vaasitím leétz ejad vehayú ejad beyadí. Vehayú haetzím asher tijtóv aléihem beyadéja leeinéihem. Vedaber aléihem ko amar Adonai Elohim híne aní lokéaj et benéi Israel mibéin hagoím asher halejú sham vekibátzti otám misavív vehevéti otám el admatám. Veasíti otám legói ejad baáretz beharéi Israel umélej ejad yiyé lejulám lemélej veló yihyú od lishnéi goím veló yejatzú od lishtéi mamlajót od. Veló yitameú od beguiluléihem ubeshikut´zeihem ubejol pishéihem vehoshatí otám mikól moshvotéihem asher jateú bahém vetihárti otám vehayú li leám vaaní eheyé lahém le Elohim. Veavdí David mélej aléihem veroé ejad yiyé lejulám ubemishpatái yelejú vejukotái yishmerú veasú otám. Veyashvú al haáretz asher natáti leavdí le Yaakov asher yashvú ba abotéijem veyashvú aléiha hemá ubenéihem ubnéi bnéihem ad olám veDavid avedí nasí lahém leolám. Vejaráti lahém berít shalom berít olám yiyé otám unetatím vehirbeíti otám venatáti et mikdashí betojám leolám. Vehayá mishkaní aléihem vehaíiti lahém le Elohim vehemá yiyú li leám. Veyadéu hagoím ki aní Adonai mekadésh et Israel bihiót mikdashí betojám leolám.

La haftará a discutir está fuertemente relacionada con la futura reunificación del pueblo de Israel, como nación; el mensaje que trae Yejequél / Ezequiel, en este momento, es el de la restauración de la nación otra vez a su tierra después de un cautiverio; en esta profecía, el recibe  las instrucciones del Eterno, para tomar, en su mano, dos pedazos de madera, con los nombres de los reinos de Yehudá y para los hijos de Israel, que los representa, como Yoséf y como descendientes de Efráim.

Hashem le dice, “Tráelos, que yo los uniré en tus manos.” Aunque El Eterno, garantizo, incondicionalmente, que la dinastía del Rey David no se perdería, esto no incluía la fragmentación, tal como sucedió con Yeravam ben Nevat, un descendiente de la tribu de Yoséf,  quien condujo una importante rebelión frente a la dinastía de Yehudá, ganando control sobre la nación judía, logrando nombrarse como primer rey de las diez tribus del norte, y Yejezquel / Ezequiel fue quien profetizó que ambos reinos se transformarían en una unidad indivisible, profecía que se produce en momentos en que el pueblo que oscilaba entre un falso optimismo y una completa desconfianza, provocados dichos sentimientos, por la reciente destrucción de la nación judía y por una promesa que podrían reconstruir a Jerusalém, lo que les disminuyó notablemente, la fe en la posibilidad de una restauración.

La idea de la unificación, del modo como describe la profecía, dará al pueblo una sensación de seguridad absoluta.

 

Yejezkel / Ezequiel continua la profecía diciendo, en el nombre de Adonai,   ” y los purificaré; así ellos serán mi pueblo, y Yo seré su Elohim. … y pondré mi Santuario en medio de ellos para siempre. ” Predicción con la que el pueblo judío anhela la llegada de la era mesiánica, en la cual se constituirá, en UNA SOLA ENTIDAD, ETERNA, ARMONIOSA E INSEPARABLE, CON HASHEM.

¿Qué  pide a cambio El Eterno para poder revelarse a su pueblo y al mundo en general? ¿Qué necesita para mostrar su dominio absoluto sobre todas las cosas?

Sin lugar a dudas, la total cooperación y la perfecta armonía del pueblo judío, de cada cual para su hermano, su prójimo; es decir, del uno con el otro. Es, en ese momento cuando el pueblo judío estará más unido que nunca, y entonces El Todopoderoso se unirá con Su Pueblo, formando una identidad única e inseparable que será reconocida en el mundo y en el universo entero.

Las bases de esta unidad están asentadas en la parashá de que se relaciona con esta haftará: Yoséf se encarga de desarrollar un mecanismo en el cual hace caer en cuenta en sus hermanos de todas las cosas que habían hecho, los convence acerca de sus malos juicios y sus malas acciones, les hace borrar sus dudas y esto permite que sean removidos todos los pensamientos de odio, celos, y venganza que pudiera existir en ellos, permitiendo la reunificación de la Casa de Israel, a través de los dos grandes poderes en dicha casa: Yoséf y Yehudá… ellos se abrazan y se reúne nuevamente, la casa de Yaakov, bajo un solo estandarte.

Desafortunadamente, pocos años después, el descendiente de Yoséf, Yeravám, y el descendiente de Yehudá, Rejavám, crearán una situación de disputa irrevocable, que generará que cada uno  de ellos establezca su propio liderazgo, y así, la nación se divida nuevamente, para que se genere, la profecía que estamos hablando, que revela Ezequiel, para un futuro venidero.

Del mismo modo como, la reunión y el reencuentro entre Yoséf y Yehudá producen en Yaakov (después de 22 años) el “reavivamiento de su espíritu” (Bereshit 45:27) es el modo como Hashém, nuestro Creador, Nuestro Padre, generará una experiencia futura en el pueblo de Israel, en cada uno de sus integrantes, en la cual, las diez tribus perdidas de Israel, terminarán con un largo y oscuro exilio de muchísimos años, durante los cuales no tuvieron un contacto, ni directo ni apropiado con el Eterno, y el pueblo de Israel se constituirá en UNO SOLO, POR TODA LA ETERNIDAD, CON SU SHEJINÁ, tal como está escrito que “El espíritu de Israel será restaurado por siempre”.

Que sea la luz de este Janucá que está por concluir, la que nos permita ver pronto, en nuestros días, esta unificación por la cual permanentemente elevamos nuestras oraciones al Todopoderoso y que nos permita reunir todos los méritos necesarios para que SU DIVINA PRESENCIA descanse entre nosotros, POR SIEMPRE Y PARA SIEMPRE, como nos lo tiene prometido.

 

 

JAG JANUCÁ SAMEAJ – SHAVUA TOV

 

Redactado el 28 de Kislev de 5772 – 24 de diciembre de 2011 por 321judaísmo.com

Tiene derechos de autoría intelectual pero se permite su reproducción por cualquier medio, físico y/o electrónico, siempre y cuando se consideren unos conceptos básicos:

1.- No debe ser distribuido con fines lucrativos.

2.- No debe ser alterada la palabra de la Torá

3.- Cite la fuente.

4.- Si el material llegara a ser impreso, y se daña (destiñe, decolora, alguna de las hojas se rompe, etc.) no lo destruya por motivos de preservación del medio ambiente ni por motivos halájicos: entiérrelo.

 

 


¿Cómo es posible que un descendiente de Yosef pudiera transformarse en un personaje malvado? ¿Cómo se explica que Yeravám hiciera cosas como bloquear, con sus ejércitos,  el paso hacia Jerusalém para evitar las peregrinaciones hacia esta ciudad? Dicen nuestros sabios que un tzadik se queda con las cosas buenas que tiene y se deshace de las malas, mientras que un rashá, escoge las malas, y se revela ante las buenas.

Hijo del Rey Shlómo / Salomón

Y le hablaron todas las palabras de Yoséf que les había dicho; y cuando vio los carros que Yoséf había enviado para llevarle, revivió el espíritu de Yaakov, su padre.
Vayedabrú eláv et kol dibréi Yoséf asher dibér aléihem vayar et haagalót asher shaláj Yoseéf lasét otoó vatejí rúaj Yaakov abihém.

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La Unicidad del Eterno. Parashá Vaetjanán

“Hashem es el Adonai, en el Cielo, arriba, y sobre la Tierra, abajo, no hay más”… (Devarim 4:39)

En la parashá de esta semana leemos el mandato que sintetiza el principio de la Unidad de Adonai (Devarim / Deuteronomio 4:39): “Y sabrás hoy, y lo llevarás hacia tu corazón, que Hashem es el Adonai en el Cielo, arriba, y sobre la Tierra, abajo, no hay más”

Realize it today and ponder it in your heart: God is the Supreme Being in heaven above and on the earth beneath – there is no other. Veyadáta haióm vahashevotá el lebavéja ki Adonai hu haElohim bashamáim mimaál veál haáretz mitájat éin od.

Con lo allí anotado mas lo que encontramos pocos renglones después, en la parashá, vemos cómo Moshé enseñó a los Hijos de Israel, la mitzvá de reconocer y creer en la Unicidad de El Eterno mediante la siguiente oración: “Shemá Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad /Oye Israel, Adonai es nuestro, Adonai es Uno”.

Aquí existe un reconocimiento de que Adonai es uno, pero, está subdividido en tres aspectos, como lo indica la oración:

1) “En el Cielo” 2) “sobre la Tierra” 3) “no hay más”.

Encontramos una parte que probablemente no le vemos razón y es la frase “no hay más” ¿Qué significado tiene esta expresión?

Al respecto encontramos una explicación en el Midrash que dice: “Incluso en el espacio del mundo”. Se pregunta sobre esto (Shaar HaIjud VehaEmuná cap.1): ¿Cuál es la necesidad de detallar tanto? ¿Acaso se le ocurriría a alguien que hay un Adonai adicional?

Al analizar, encontramos en las enseñanzas del jasidismo la siguiente explicación1: Este versículo tiene como objetivo primordial no sólo negar la existencia de otra divinidad, sino la de esclarecernos que no hay existencia alguna fuera de El Todopoderoso. El Altísimo es la única y absoluta existencia que hay- tanto en el Cielo, como en la Tierra y también incluido allí, el espacio. ¿Por qué?

Porque la percepción del mundo y sus criaturas (luego de haber sido creados por Adonai) como poseedores de una existencia independiente, es una fantasía, producto de nuestra imposibilidad de ver la fuerza Divina que sostiene a toda la existencia. Si pudiéramos ver la verdad, veríamos que todo es Adonai y que Adonai es todo. La creación no posee existencia ni sostén propios puesto que fue creada de la nada. Por ende, toda su existencia – literalmente, cada instante- proviene de la fuerza Divina que la sostiene y llena2 . Por lo tanto, la verdad es que “no hay más fuera de Él” (Devarim / Deuteronomio 4:353).

¿Dudas? Jas veshalom, debemos estar seguros de absolutamente nada ni nadie tiene la capacidad de esconderse debajo de la tierra, en las aguas subterráneas o en el espacio; sin embargo, se nos entregó un mandato especial para que nos excluya a esta posibilidad; es por ello que, la advertencia es muy enfática, y en el contexto de toda la oración del Shemá Israel, se incluyen los términos de “y sabrás… y lo llevarás a tu corazón”, para recordar este concepto básico y fundamental. Esto lo podemos confirmar también con

1 Tania III, versión castellana Kehot Sudamericana, pág. 15 y cap.6 pág. 66

2 Cap. 2 en adelante (Tania III, versión castellana, pág. 21

3 A ti te fue mostrado esto para que supieses que el Eterno, El es, y no hay otro fuera de Él.

You are the ones who have been shown, so that you will know that God is the Supreme Being, and there is none besides Him. Atá horéta ladaát ki Adonai hu haElohim éin od milevadó.

las palabras de Rambam, en el Sefer HaMitzvot (Mitzvat Asé #2),donde describe que el verso del Shemá Israel se constituye en la fuente única de la creencia de la Unicidad de Adonai.

La oración del Shemá Israel, es la plegaria judía más famosa: se reza por la mañana y en la noche; también se lo recita antes de irse a dormir; es uno de los primeros textos judaicos que se le enseña al niño, y también es pronunciado cuando una persona finalmente, deja este mundo. Esta plegaria litúrgica consiste en 3 fragmentos extraídos de los libros del Deutoronomio, considerados como una reminiscencia del éxodo de Egipto, en donde se pueden encontrar sutiles referencias a los Diez Mandamientos. Cuando la revisamos más minuciosamente, encontramos una “orden” a través de las palabras “Veahávta et Adonai Eloheija” 4(Y amarás Hashem, tu Adonai), El Sifri da una explicación al respecto, diciendo que no sólo debemos estar de acuerdo con Su Unicidad, sino que, nuestra obligación es hacer que El Todopoderoso sea amado por otros, del mismo modo que lo hizo el Patriarca, Abraham. Esto lo confirma el Baal HaTurim, que señala que, las letras de “veahavta” son las mismas letras que la palabra “haavot”, (Patriarcas). Abraham, con sus actos de bondad, propagó la palabra de El Eterno. La gente que veía a Abraham, percibía que era un individuo con cualidades similares a las de Adonai, un individuo que a través de su conexión con Hashem logró transformar su esencia.

Toda persona debería preguntarse: ¿Estoy realmente cumpliendo con la misión de reconocer a Adonai como el Uno? ¿Le estoy transmitiendo a los demás, la misma impresión? ¿La gente que me rodea, en el trabajo, en la calle, en mi sinagoga y en casa tiene la impresión que soy una persona que se transformó a través de su conexión con El Eterno? ¿Estamos nosotros cumpliendo cabalmente la mitzvá de “veahávta”, causando que Adonai sea amado por otros?

Rashi nos enseña que, con esta oración creamos una clara referencia destinada a que el mundo entero reconozca a Adonai, de la siguiente forma: Adonai, quien es actualmente nuestro, finalmente se convertirá en Uno, el Señor de todas las naciones, del mismo modo como lo expresó el profeta Zajaria: “Aquel día Hashem será uno y Su nombre será Uno.” (14:9).Vehayá Adonai lemèlej al kol haáretz, bayóm hahú yihyé Adonai ejád, ushmó ejád.

En el Talmud encontramos una parábola, que nos deja una gran lección acerca de la importancia de esta oración: el tratado de Berajot, 61b relata cómo los romanos atraparon a Rabi Akiva enseñando Torá, lo que era una infracción, en esa época era punible con la pena de muerte. La muerte tortuosa que decretaron a Rabi Akiva consistía en desgarrarle la piel de su cuerpo usando peines de acero. Cuando los romanos comenzaron a lastimarlo con los peines, Rabi Akiva comenzó su servicio… El comenzó a recitar el Shema Israel. Su neshama (alma) salió de su cuerpo y dejó este mundo cuando pronunció la palabra “Ejad”. Para Rabi Akiva, mientras estaba siendo torturado para morir, no había contradicciones. Hashem era Ejad. Es decir, aprendemos que un judío debe llegar a situaciones como el mismo sacrificio de su vida antes que negar la unicidad de Adonai, pues dicha negación es equivalente a practicar la idolatría.

Otra de las cosas que aprendemos de la plegaria Shemá, está relacionada con la frase central en la primera línea del Shemá es “Adonai es Uno”. Nos enseña el Talmud acerca de una costumbre acerca de “alargar” la manera en la que uno dice “Uno”: “Ejad”. (Onomásticamente sería Ejaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaadddddddddd). Quien alarga la palabra “Ejad”, entonces sus días y años también se alargarán. Las enseñanzas jasídicas explican, que “alargar”, significa pensar y meditar el significado interno del mundo.

4 Traducción:

Oye, Israel, Adonai es nuestro, Adonai es Uno.

[en voz baja] Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre jamás.

Amarás a Adonai con todo tu corazón, con toda tu alma con toda tu fuerza. Y estas palabras que Yo te ordeno hoy estarán sobre tu corazón. Las enseñarás a fondo a tus hijos, y hablarás de ellas al estar sentado en tu casa y al andar por el camino, al acostarte y al levantarte. Las atarás como señal sobre tu mano y serán por recordatorio entre tus ojos. Las escribirás sobre las jambas de tu casa y en tus portones.

 

De la palabra Ejad aprendemos cuando descomponemos sus letras: Alef – es 1: El es el Único y el Todo del Mundo, Que da vida a todas las criaturas, es todo lugar y momento. Jet- es 8: Los 7 cielos y la Tierra. Dalet – es 4: Los cuatro puntos cardinales del mundo.

Esta unicidad que nos está indicando la palabra Ejad, es también una subdivisión que existe, simbólicamente, también en la vida de todo hombre. Cada persona es única, con características únicas: también hay un “cielo” en cada una de las personas, que corresponde a su alma Divina.

 

Hay una “tierra” representada por el cuerpo material, el cual es el recipiente propio para la luz del alma. Y también hay un “espacio del mundo”, equivalente a los cuatro puntos cardinales, que corresponden a todos los actos del hombre en el transcurso del día. Aprendemos de la Torá y sus libros complementarios que, hay que “introducir” a Adonai no sólo en el “cielo”- en la vida del alma, y no sólo “en la Tierra”- en el cuerpo material, sino también en el espacio del mundo- en todos los actos y emprendimientos del hombre. Todo debe estar al servicio y ser un medio para la Santidad Divina, y debe servir para preparar al mundo entero, en todos sus componentes, a ser un recipiente para la revelación de la verdad Divina absoluta, tal como se revelará en la verdadera y completa redención en la pronta venida del Mashíaj salvador de Israel.

Para complementar lo anterior, hay que nombrar un pasaje muy especifico en los libros llamados del Nuevo Testamento, muy utilizado por otras creencias independientes del judaísmo y que suelen decir que “el Antiguo Testamento es palabra vieja porque hay un nuevo pacto y por ende una nueva Israel”, en el que se le pregunta a Jesús (Yeshúa, Ieshu, etc.)¿Cuál es el primer mandamiento de todos? El les respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; Adonai es nuestro, Adonai uno es. Y amarás al Eterno con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todo lo que tú tienes. Este es el principal mandamiento.”

 

A través de lo anterior, nos damos cuenta que la Torá nos está mostrando, con esta oración, que no hay nada en sus escrituras que nos debe avergonzar. Cualquier mandamiento, incluso el más difícil de comprenderse, cuando es hecho con fe, honradez, y compromiso, hará de nosotros, una luz en las naciones y, como está escrito, reconocer Su Unicidad, permitirá Su revelación y la Completa redención.

 

Artículo terminado de elaborar el 13 de agosto de 2011 – 13 de MenajemAv de 5771

MATERIAL ELABORADO POR GRUPO EDITORIAL 321JUDAISMO.COM

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PARASHA SHEMINI – HAFTARA CASTIGO INJUSTO

Nuestra parashá tiene el siguiente aspecto:

Nadav y Avihu, los hijos de Aharón tomaron sus sartenes de incienso y encendieron fuego en ellos para ofrecer un fuego no autorizado delante del Eterno el cual, Él no había autorizado, por lo que vino un fuego que los consumió y ellos murieron delante de Adonai.  (Vayikrá 10:1-2)                                                                                                                

  The sons of Aaron, Nadav and Avihu, each took his fire-pan, they put fire in the them and placed them. A fire came forth from before HASHEM an alien fire that He had not commanded them. A fire came forth from before HASHEM and consumed them, and they died before HASHEM.                                                                                                

  Vayikjú benei Aharón Nadav vaAvihu ish majtató vayitnú bahén esh vayasímu aléiha ketóret vayakribú lifnéi Adonai esh zará asher lo tzivá otám. Vatetzé esh milifnéi Adonai vatojál otám vayamútu lifnéi Adonai.

En la haftará tenemos esta situación:

Más cuando llegaron a la era de Najón, extendió Uzzá la mano al arca de El Eterno y la asió, porque los bueyes se desmandaron. Y se encendió la ira del Eterno contra Uzzá y le hirió allí Adonai por el yerro, de modo que murió allí junto al arca de El Eterno.(2 Shmuel 6:6-7)

And when they came to Nakhon’s threshing floor, Uzzah reached out toward’s God’s ark, and caught hold of it; because the oxen had stumbled. Then God’s anger burned against Uzzah; and God smote him there for his error, and he died there by God’s ark.

Vayavóu ad Goren Najón vayishláj Uzá el aron haElohim vayojéz bo ki shamtú habakár. Vayijár af Adonai beUzá vayakéhu sham haElohim al hashál vayamót sham im arón haElohim

Ambas situaciones han sido relacionadas como “un castigo injusto”

¿Qué cosa terrible había Nadav, Avihú, y Uzzá, hecho que eran dignos de morir?

Estamos completamente seguros que El Eterno, permanentemente, sondea nuestros corazones y conoce todos nuestros pensamientos; por consiguiente, sabe de qué manera vamos a reaccionar ante una situación determinada: sin embargo, volvemos a hacer la pregunta: ¿Qué tan malo fue lo que ellos hicieron?

Una de las opiniones al respecto es la que el Sefat Emet escribió en algún momento: “Puedes aprender de esto, que Nadav y Avihú fueron gigantes espirituales del mundo, y sus intenciones se basaban en los secretos más profundos de la Torá. Aún así, debido a que a ellos no se mandó a hacer esta mitzvá, por ello fueron castigados.

Uzías, por el contrario, sin ser tan grande espiritualmente, tuvo la mejor de las intenciones al tratar de estabilizar el Arca, y, sin embargo, es eliminado, en forma instantánea por Adonai, porque había tocado el Arca. Con ello genera en David una especie de  sentimiento de culpa y con una terrible preocupación, se pregunta: ¿Cómo podría yo permitir que el Arca del Eterno venga hacia mí? (6:9) Temiendo que si el simple acto de tocar el Arca condujo a la muerte de Uzías, traerla hacia la capital lo llevaría hacia su propia destrucción. Por ese motivo, David dejó el Arca, durante tres meses, en la casa de Obed-Edóm, el Jitíta. Después de esos tres meses se nos dice que “El Eterno lo bendijo (Obed-Edom) y a toda su familia (6:12), por lo cual David decide, en una segunda oportunidad, tratar de llevar el Arca a Jerusalém. David se encarga de tomar precauciones adicionales, ofreciendo sacrificios después de cada seis pasos.

En esta misma haftará, otra persona que resulta “injustamente castigada” es Mijal, una de las esposas de David y la hija de Shaúl, predecesor de David como rey y rival por un largo período de tiempo, quien al ver  el desfile de los israelíes danzando con David a la cabeza, y ella, con sarcasmo, dice: “El Rey David realmente se ha honrado a sí mismo, el día de hoy; se ha exhibido a sí mismo ante todas las esclavas como un verdadero cabeza hueca” (6:20). La respuesta de David fue retórica al decir que él estaba danzando en honor al Elohim que lo escogió a él y no a Shaúl, para ser rey. Mientras tanto, Mijal fue “maldecida” a la esterilidad por sus comentarios viperinos.

Nos enseñan nuestros sabios que, el camino al Guehinóm está pavimentado de buenas intenciones, y muchos han pagado con “precios muy altos” las buenas intenciones, cuando aparentemente no estaban indicadas

La Torá nos ordena reprender a nuestro prójimo cuando no se comporta como corresponde, como un medio para manifestarle amor y preocupación por su bien. Si dicha reprensión está relacionada con  nuestros hijos, ella es absolutamente necesaria puesto que ellos dependen totalmente de nosotros: esto lo podemos comprobar con la siguiente frase:  “Al que ama El Eterno lo reprenderá” …  “como un padre que se deleita con su hijo”.  Porque un padre, aunque su hijo no oiga su reprimenda, de todas formas no lo abandona, sino que le impone castigos hasta que deje el mal camino. Debido a su amor, que es el más grande de todos, también su corazón sufre por su maldad, y desea enmendarlo, por eso le reprocha para mejorarlo. Y la afirmación de que es por amor, es que tras haberle castigado, desea complacerlo y lo consuela para apaciguarlo.

Rambam también dijo: “El que reprende (castiga) a su prójimo… que le hable suavemente y en un lenguaje tierno, y que le avise que le habla por su bien, para acercarlo al mundo venidero”.

El Gaón de Vilna también dijo: “con palabras tiernas, con palabras aleccionadoras que se asienten en el corazón”.

Las dos frases anteriores nos están indicando que cualquier tipo de reprensión o castigo debe hacerse evitando el enojo, pero a vista de cualquier ser humano, esta no pareciera ser la actitud que tomo El Eterno contra estos tres hombres: no parece haber serenidad…ni tampoco alguna intención de buscar que quienes cometieron las faltas, caigan en cuenta de lo que hicieron y corrijan su error; parece más la actitud de “etiquetar” a las personas con palabras como “irresponsable”, “haragán” o “terco”, lo cual buscaría en ellos una respuesta de posible rechazo; también podríamos tomarlo como la actitud del padre que, encolerizado, pregunta: “¿por qué hiciste…?” o “¿por qué no hiciste…?” “¡Por qué no tuviste más cuidado!”, que también podrían generar rencor en quien recibe el castigo.

Sin embargo bueno es que revisemos las  palabras del RAN (Rab Nisim ben Reubén):

Es sabido que quien desea corregir a una persona que pecó de algún modo, puede encarrilarlo de dos maneras. La primera, que le marque su falta y lo reprenda por ella. La segunda es demostrarle que él puede lograr un nivel mayor de superación, y que a pesar de todo lo que transgredió es querido y aceptado ante quien él desee acercarse.

Por lo tanto, debemos pensar que El Eterno, como buen padre, lo que buscaba era la corrección de alguien que ama, tal como se anotó con anterioridad.

Entonces, un hombre que es castigado, con justicia o no, está pasando una prueba de fe, y debe conducirse según las “Tres Reglas de la Fe”:

1.-  Creerá que el castigo es porque “Así es como El Creador quiere”, y de por sí, no culpará a nadie; no a sí mismo: no a su cónyuge, no de sus vecinos ni de ninguna otra persona que se haya visto involucrado en el incidente por el cual recibió su castigo. porque, según las Leyes del Creador, todo es verdaderamente justo.

2.-  Creerá que “Todo es para bien”, dejando de lado su razonamiento, debe ignorar lo que su mente entiende y determina que lo que le pasa no es bueno. Él debe alegrarse y agradecer al Creador porque le obligó a pasar por una situación determinada,  y que seguramente se oculta, en este acontecimiento una salvación que es para su bien eterno.

3.- Creerá que cada cosa tiene una causa y finalidad, que no hay tribulaciones sin transgresiones;  que la situación que le ocasionó el castigo es sólo la vara del Creador que le fue enviada para estimularlo a arrepentirse por alguna falla o pecado y,  aunque existiera alguna causa natural por la que se originó el castigo, esta es sólo una causa desencadenada desde lo Alto según lo que le fue decretado en el Tribunal Celestial. Por esto, examinará sus actos y buscará el motivo de lo que le ocurre.

Esto es, pues, el resultado que experimenta un hombre al cual no le falta la fe, y que NO se comporta según el principio de “Con mi propia fuerza y el poder de mi mano” (Veamárta bilbavéja kojí veótzem yadí asá li et-hajayíl hazé).- (Devarim / Deuteronomio 8:17).

Y que sabe aceptar los mandatos de El Eterno y no considera que “ningún castigo es injusto”.

 

 

 

Terminado de redactar el 05 de Julio de 2011 – 03 de Tamuz de 5771

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Parashá Balak

Una y otra vez, cada año, regresamos a una parashá “extraña” en la cual, tal vez es la segunda y ultima vez que un animal habla con una persona: el animal le habló: “¡¿Acaso no soy yo tu asna, en la que has cabalgado desde que existes hasta este día? …?!”

Vatomer haatón el Bilám hálo anojí atonéja asher rajávta alái meodjá ad hayóm hazé hahaskén hiskánti laasót lejá?  

Bilám debió consentir que el animal tenía razón.

Las posiciones de nuestros sabios nos dicen, basándose en 1 Reyes 4:34 o 1 Reyes 5:14 según la versión que se consulte, que Shlómo, gracias a su enorme sabiduría,  hablaba con los animales, como dice: “También enseñó acerca de las bestias y las aves, los reptiles y los peces”.

Esto es algo que a cualquiera le haría “enloquecer”; sin embargo, y asombrosamente, la ciencia nos ha demostrado, con diferentes estudios, que no solo el ser humano es el único capaza de hablar: la ballena jorobada tiene una de las expresiones de comunicación más complejas del reino animal. Investigadores dirigidos por un científico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT han confirmado matemáticamente que el lenguaje de estas ballenas posee su propia sintaxis, y que está compuesto por unidades de sonido que a su vez generan “frases”. Éstas, además, pueden combinarse para formar cantos que llegan a durar hasta varias horas, y esto gracias a que los mamíferos marinos tienen gran limitación en los sentidos de la vista y el olfato, lo cual hace que sean más dependientes del sonido, y este canto del que estamos hablando, le sirve, por ejemplo al macho, para atraer a las ballena hembra, con fines reproductivos.

Los científicos continúan sus estudios con otros animales como los loros y  la capacidad que ellos tienen de relacionarse. Se sabía que utilizaban su siringe, órgano vocal de las aves que se encuentra situado entre la tráquea y los bronquios. Pero también se conoce que su lengua, a través de pequeños movimientos, puede dar forma al aire y diferenciar sonidos, de una forma muy similar a la del hombre.

Los delfines también nos invitan a reflexionar acerca de los misteriosos caminos de la Naturaleza. La ciencia ha demostrado que  en estos animales  hay algo que han llamado “zonas silenciosas” en la corteza cerebral (el neocórtex), que no aparecen en ningún otro animal a excepción del hombre; se supone que estos animales tienen un alto grado de inteligencia gracias a su enorme cerebro, y ello permite la presencia de un sistema de comunicación inteligente: esto lo hacen de dos formas: la primera, a través de un sistema de expresión propiamente verbal, mediante la emisión de unos silbidos a través de sus espiráculos nasales. Este tiene lugar casi siempre en el agua, aunque en presencia de seres humanos pueden emitir sonidos a través del aire. El otro se basa en una serie de chasquidos que configuran un sistema de comunicación semejante al radar o sonar de un barco.
Los silbidos emitidos por los delfines resultan ininteligibles para el hombre debido a que su tono y su frecuencia son diez veces más altos que los de los lenguajes humanos.

Revisando los aspectos que tienen que ver con la comunicación humana, encontramos que difiere de la animal en siete aspectos que los lingüistas han formulado: 1) posee dos sistemas gramaticales independientes aunque interrelacionados (el oral y el gestual); 2) siempre comunica cosas nuevas; 3) distingue entre el contenido y la forma que toma el contenido; 4) lo que se habla es intercambiable con lo que se escucha; 5) se emplea con fines especiales (detrás de lo que se comunica hay una intención); 6) lo que se comunica puede referirse tanto al pasado como al futuro, y 7) los niños aprenden el lenguaje de los adultos, es decir, se transmite de generación en generación. Sin embargo, muchas investigaciones en diferentes especies de animales, han demostrado que muchas de estas características no son exclusivas de los seres humanos. Lo especial de los seres humanos es que relacionan una serie limitada de unidades gramaticales y de signos separados para formar un conjunto infinito de oraciones que bien pudieran no haber sido oídas, emitidas, leídas, escritas o pensadas con anterioridad.

También se sospecha, porque aún la ciencia no ha dado su veredicto final, es que fue en la era de Neandertal cuando se inició el lenguaje, pero hasta la aparición del Homo sapiens no se dio una evolución lingüística significativa. Así pues, el lenguaje humano puede contar, aproximadamente, con 30.000 ó 40.000 años de existencia, sin importar si tuvo un origen único o fueron “varios idiomas” los que se generaron simultáneamente.

¿Qué aprendemos nosotros de nuestros sabios acerca del lenguaje, hablar, comunicarnos?

Maimónides, uno de los que más datos ha aportado al respecto nos dice que hay, para el ser humano, cinco categorías del habla.

(1) Obligatoriedad: el discurso que la Torá nos obliga a pronunciar. El principal ejemplo de ello es el estudio de Torá. (Maimónides no menciona la oración. Supongo que esto es porque la oración no se considera “discurso” per se, pero es más de una actividad interna, meditación.)

(2) Digno de elogio: el discurso de que no es ordenado por la Torá, sino que responde a un objetivo positivo. Esto incluiría los complementos, que permiten alabar a la gente buena y cualidades, y también denigrar las malas cualidades. También están incluidas las palabras que inspiran, que tocan el alma de los oyentes y que incita a los que escuchan, a elevarse, a ser mejores,  caen bajo esta categoría.

(3) admisible: el discurso que se refiere a nuestras empresas y nuestras necesidades básicas – alimentos, ropa, etc. Uno es considerado digno de elogio si se reduce al mínimo su intervención en esta categoría.

(4) Indeseable: palabras vacías, con las que el oyente es muy poca la ganancia que va a obtener. Esto incluye la mayor parte de lo que escuchamos en las noticias. Los comentaristas pueden hablar y dar  ejemplos o, también discutir la forma  cómo alguien se convirtió en una persona rica o como muere, su estilo de vida, la ropa que usa, etc. También hechos tan banales y de tan poca importancia, como por ejemplo, la forma como una pared fue construida, porque y si tiene o no alguna utilidad.
(5) Prohibido: lo que la Torá prohíbe explícitamente – la maldición, los falsos testimonios, chismes (ya sea verdadera o falsa), lenguaje vulgar, etc.

De lo anterior se obtiene la conclusión que lo que quiera que hablemos, en forma de discurso o conversación oral, escrita o representativa, debe ser conciso y al grano. Siempre debemos tener cuidado de que nuestras palabras sean las más adecuadas y que sean elegidas cuidadosamente.  Hablar demasiado es contraproducente en casi todas las áreas. Incluso en relación con el estudio de Torá del Talmud: de este mismo se deriva que, hay que enseñar a sus alumnos del modo más conciso como sea posible (Pesajim 3b). Y del mismo modo, la Mishná mencionada concluye: “El que habla en exceso provoca el pecado.”

Varias enseñanzas podemos obtener al respecto:

La primera, nos dice que, hagamos lo que hagamos, o digamos lo que tengamos que decir, : “El Eterno conduce a la persona por la senda que desea transitar – le advierte una y otra vez, pero si insiste, no le impide el paso aun si esto terminará en la auto-destrucción” (Makot 10).

La segunda, a través de las palabras del Rey David en el Salmo 34 , nos enseña a cuidar lo que digamos y nos enseña: “¿Quién es el hombre que desea la vida, ama días para ver bien? (Mi consejo es) Guarda tu lengua del mal y tus labios de engaño, etc”

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Leer fonéticamente

La tercera, nos la recuerdan las palabras del profeta Mija, 6:5: “Mi pueblo: recuerda qué intención tuvo Balak… y qué respondió a él Bilám… para que reconozcas la Bondad de Adonai”.   Es decir, mientras más apegados estemos a la Torá, más protección del Eterno tendremos.

Terminemos nuestra enseñanza con la siguiente parábola:

Había una vez un hombre sabio cuyo burro nunca comía de la cosecha de otras personas. Éste servía completamente a su amo, porque el hombre se había convertido en alguien tan elevado que incluso el burro se elevó con él.

Lo que tú hagas o digas, afecta a todos los que te rodean. Cuando creces, tus hijos, tu cónyuge, e incluso tus mascotas crecen contigo. Lo contrario también es cierto. Cuando tú caes, los afectas a todos.

 

Terminado de redactar el 02 de Tamuz de 5771 – 04 de Julio de 2011

 

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Parashá Behar

“PORQUE TODA LA TIERRA QUE TU ESTAS VIENDO A TI TE LA DARÉ Y A TU DESCENDENCIA POR LA ETERNIDAD” (Génesis / Bereshit 13:15)

En esta semana se leen las parashiot Behar y Bejukotai, con las cuales se concluye la lectura del sefer Vayickrá / Levítico.

Sobre el texto de Vayickrá 25:23 encontramos una advertencia que está relacionada con las porciones ancestrales de los israelitas quienes se dividieron y se organizaron en tribus y especifica que  la Tierra de Israel no puede ser vendida para siempre.

Con dicha prohibición, ningún judío puede escaparse de una perspectiva que ocurre en cualquier otra nación del mundo: la tierra nunca será verdaderamente suya.

Es por eso que nos encontramos estipuladas en esta parashá las leyes de redención de la tierra y de las personas como son las leyes de  shemitá, y el yovel, a través de las cuales, todas las transacciones, incluyendo la tenencia de esclavos, vuelve a su estado y propietario original. (25:4 y 25:10): Esta es una condición divina que no tiene ninguna otra regulación.

Esto significa que la misma nación judía no tiene jurisdicción total sobre la tierra; simplemente no es de ellos sin importar deseos, sentimientos e incluso contratos.

Como le fue prometido a Abraham, El Eterno le dio esa tierra como hogar para el pueblo judío; sin embargo, como Amo del Universo,  cada porción de la tierra es suya, como lo encontramos en Vayickra 25:23 que dice “La tierra me pertenece”

Esta posición es un argumento que utilizan las naciones gentiles para acusar a unos invasores, quienes llegaron de un área desértica inhóspita y salvaje, pero la misma Torá certifica la posición del Eterno al aseverar con las siguientes palabras, lo que se encuentra en el libro de Bereshit: “El universo es suyo y El da la tierra a quien El desea”

La nación judía podría mantenerse mucho más cerca del Amo del Universo a través de una correcta relación con esta tierra.

Es el lugar más exaltado del planeta donde el Templo se levanta, una tierra llena de una dimensión extra de la Providencia Divina donde los ojos de Adonai descansan desde el principio hasta el fin de cada año (Devarim /Deuteronomio 11:12) En esta tierra hay mayor propensión a estar más cerca del Creador.

Para muchos suele ser un gran motivo de preocupación el hecho de que la tierra no pueda ser vendida en forma permanente, porque en lugar de ser propietario se convierte en un Tenedor, alquilando una tierra que en últimas pertenece a Elohim.

Esto es realmente un hecho comprobable puesto que está escrito “Extranjeros y residentes con el” (25:23)

Para ser merecedor del derecho a residencia en esa tierra, es imperativo que sus habitantes se conduzcan de una manera apropiada. Se requiere de una porción de santidad, espiritualidad y divinidad.

Quien quiera que tenga y logre esas tres cosas, su vida tendrá un nivel superior, será exaltado, y en ese caso, hay una relación especial de simbolismo con la tierra y, a través de ese suelo sagrado, pueden incrementar su relación con el Eterno.

Sólo a través del pago de sus obligaciones, llamados vida en la Torá y las Mitzvot, es como la voluntad del Rey de Reyes permite que estos territorios que están atribuidos a su propiedad, continúen recibiendo el nombre que tienen; sólo así puede ser llamada “Eretz Israel, la tierra para y de los hijos de Israel”.

En caso contrario, y como se ha visto a través del curso histórico de esa región, los habitantes han sido forzados al exilio.

Es en la parashá de Bejukotái que nos encontramos con la palabra tojajá que se refiere a lo que podríamos llamar “castigos escalofriantes” como resultado de no vivir de acuerdo a las condiciones t responsabilidades que implica ser “El Pueblo Escogido”, pero también nos cuenta acerca de las promesas de prosperidad al seguir los mandamientos de Adonai.

La tierra de Israel, al igual que el cuerpo humano, es nuestra custodia.

Sin duda, ambas entidades corporales tienen que ser llenadas y embebidas de santidad. Tener miedo o no sentirse a gusto porque todo es un estadio que no es permanente debería generar un impulso en el compromiso a servir al Eterno porque absolutamente todo, incluyendo la nación, es suyo.

Tampoco se trata de vender o renunciar a la parte de la tierra que nos corresponde, porque a pesar que la haftará que corresponde a esta semana de Yeremia 33:15 dice que “Aún se comprarán casas, heredades y viñas en esta tierra”, sino que la idea sea de establecer y desarrollar una relación eterna con el Creador.

Y que nunca y por ningún motivo se pierda la fe en El.

DERECHOS DE AUTORÍA INTELECTUAL © – Dr. MAX   STROH   K.   06/05/10 – 22 de Iyar de 5770

ESTUDIO DE LA PARASHÁ DE LA SEMANA: PUEDE SER REPRODUCIDO POR CUALQUIER MEDIO FÍSICO O ELECTRÓNICO BAJO LAS SIGUIENTES CONDICIONES:

1.        NO TENGA FINES LUCRATIVOS

2.        SE RESPETE LA PALABRA DE LA TORÁ Y NO SE MODIFIQUE EL TEXTO.

3.        SE CITE LA FUENTE

4.        SI EL TEXTO UNA VEZ IMPRESO SE DAÑA, NO LO ROMPA, NO LO DESTRUYA: ENTIERRELO, POR RAZONES DE HALAJA Y DE CONSERVACION DEL MEDIO AMBIENTE.

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PARASHÁ – VAYICKRÁ – Ofrendas y sacrificios

PARASHÁ – VAYICKRÁ – Ofrendas y sacrificios. (Periodo de estudio12-03-2011>19-03-2011)

La Parashá de esta semana nos presenta una larga y detallada descripción de las ofrendas de animales que se hacían en el Templo – la incineración de los miembros del animal, el salpicado de la sangre, la obtención de la carne, etc. El hombre moderno, a primera vista, podría encontrar esta noción pagana y primitiva. ¡Seguro suena bastante diferente de la cálida vida espiritual que imaginamos que nuestros ancestros practicaban!

La pregunta se torna aún más difícil cuando consideramos la postura del judaísmo con respecto al cuidado y preocupación por los animales. Además de la prohibición Bíblica contra provocarle daño o sufrimiento a un animal (“Tzar Baalei Jaim”), existe además una lista entera de Mitzvot diseñadas para proteger a los animales, incluyendo: aliviar la carga de un burro cuando es muy pesada, darle al animal un día de descanso en Shabat, no amordazar a un animal mientras trabaja en el campo (esto es, no prevenir que coma lo que ven sus ojos), y muchas otras más.

El sacrificio era considerado como un medio básico por el cual los israelitas se comunicaban con Adonai; era el instrumento por el cual las gracias eran ofrecidas, las peticiones hechas y el perdón buscado. El dar regalos era formal y ritualizado; lo mismo lo era en el caso de las relaciones entre Adonai y los hijos de Israel.

De todas maneras, repetimos que la porción de la Torá que analizamos la presente semana nos detalla sobre el ritual de los sacrificios que iban a llevarse a cabo en el santuario recientemente inaugurado en el desierto: “Adonai llamó a Moshé y le habló así desde la Tienda del Encuentro: Habla a los israelitas y diles: Cuando alguno de vosotros presente a Adonai una ofrenda, podréis hacer vuestras ofrendas de ganado, mayor o menor” (1:1-2). Y a partir de este momento en adelante, el texto nos refuerza en cuales son los distintos tipos de sacrificios a realizar, como ser: los holocaustos (capítulo 1), la oblación (capítulo 2), el sacrificio de comunión (caítulo 3), el sacrificio por el pecado (4:1-5:13) y el sacrifico de reparación ( 14-26).

Repasemos la manera cómo El Eterno ordenó a Israel traer tres animales para ofrendar en cada una de las tres festividades de peregrinaje: Pesaj, Shavuot y Sucot:

1. El holocausto, llamado “holocausto de presentación” (“Holat reiiá”), como está escrito (Devarim 16: 16): “Tres veces al año verá todo varón la faz de Adonai tu Elohim en el lugar que eligiere… y no verás mi faz sin nada”.

2. Sacrificio pacífico, llamado “sacrificio pacífico festivo” (“shalmei jaguigá”), y sobre el mismo está escrito (Shemot 12: 14): “Festejarán a él festividad para Hashem”. Estos dos sacrificios son obligatorios.

3. Sacrificios pacíficos llamados “sacrificios pacíficos de alegría” (“shalmei simjá”), para cumplir con lo que versa (Devarim 27: 7): “Acercarás sacrificios pacíficos, y comerás allí, y te alegrarás delante de Adonai, tu Elohim”. Estos no son obligatorios cuando hay carne de otros sacrificios.

Todos los sacrificios de animales que eran acercados por individuos particulares, ya sea obligatorios o donaciones voluntarias (excepto del primogénito y el diezmo en Pesaj), requieren apoyo de manos sobre el animal. Esto es por lo que está escrito (Vayickrá 3: 2): “Apoyará su mano sobre la cabeza de su sacrificio”, es decir, el dueño del sacrificio debe apoyarse con sus dos manos sobre la cabeza del animal, mientras está con vida, con todas sus fuerzas (Tal como dice en la Mishná menajot 9: 7 – 8; Rambam en las leyes de la hechura de los sacrificios: 3: 6; 13).

La fe de Israel veía la institución del sacrificio como un componente esencial y legítimo de la adoración divina: el sacrificio era entonces, el instrumento por el cual las gracias eran ofrecidas, las peticiones hechas y el perdón buscado. Esto era una práctica bastante natural en el Antiguo Oriente; pero, como el término hebreo para la palabra sacrificio es korbán, significa “acercar”, es de allí, que se entiende que el término sacrificio o korbán es  una de todas  aquellas cosas que acercan al fiel a Adonai.

De acuerdo a la tradición rabínica, Adám habría sido el primero en introducir la práctica del sacrificio; sin embargo, Caín y Abel fueron los primeros que sintieron la necesidad de acercarse a Adonai por medio de sacrificios y ofrendas, tal como está escrito: “Fue Hebel pastor de ovejas y Caín labrador. Pasó algún tiempo, y Caín hizo a Adonai una oblación de los frutos del suelo. También Hebel hizo una oblación de los primogénitos de su rebaño, y de la grasa de los mismos…” (Bereshit 4:3-4). A partir de aquí comenzó un ritual de sacrificios que habría de continuarse con Noáj (8:20) y los Patriarcas (Abraham [15:9-11]; Yaakov [31:54]).

A pesar de la conexión que tienen  los sacrificios con la piedad hacia Israel, el Jumásh no da razón alguna para explicar el significado de la práctica. Se puede suponer, según las regulaciones, que lo importante de este procedimiento  era la idea que el piadoso debía renunciar a algo de valor, por ejemplo, el primogénito del rebaño o el primer puñado de granos recolectados con la esperanza de lograr el favor divino.

Según esta interpretación, el hombre, al renunciar a algo de mucho valor, manifiesta que pertenece al Eterno, que en su mano está el alma de todo viviente y el espíritu de todos los humanos, tal como lo vemos en al vida de Abraham: el pasó por nueve pruebas y su corazón fue hallado fiel al Señor; sin embargo, debía pasar por la prueba más dura. Por mandato divino debía ofrendar a su hijo único, al cual estaba ligado con todas las fibras de su corazón y cuya vida le era más cara que la suya propia. Después que reveló su íntegra disposición y su firme obediencia, recibió el llamado de cuidar la vida de su hijo y he aquí que se le apareció de pronto un carnero, al que ofrendó en lugar de su hijo; con este hecho quedó establecida la idea, que la vida que ofrendamos a Adoani mediante el sacrificio de un animal, simboliza la obediencia, el entregamiento íntegros y, la subordinación al Eterno, tal como está escrito“pues ahora conozco que tú eres temeroso de Adonai, ya que no Me has negado ni a tu hijo único”.

Otra opinión, la del filósofo Maimónides, nos enseña que los sacrificios habían sido instituidos para alejar a los israelitas de las prácticas idolátricas, porque, como la inmolación de bueyes era objeto de abominación para casi todos los idólatras, entonces se nos prescribió sacrificar preferentemente estas tres especies de cuadrúpedos: “Puede ofrecer ganado mayor o ganado menor (Levítico 1:2), a fin de acercarse a Adonai mediante ese mismo acto, considerado por aquéllos como la mayor de las iniquidades, y buscar en él el perdón de los pecados. Así se procuraba sanar las ideas corrompidas, enfermedades del alma humana, mediante el extremo opuesto, tal como está escrito en su libro La Guía de los Perplejos.

Los profetas no se opusieron a los sacrificios como tal, sino que criticaron las falsificaciones del ritual y su carencia de sentimientos interiores (Oshea 6:6; Mija 6:5-8; Yeremía 6:20; Zajária 7:4-6). Como decía el salmista: “Pues no te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo aceptas. El sacrificio a Adonai es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, OH Adonai, no lo desprecias” (Tehilim 51:18-19. también 40:7; 50:7-15; 69:31-32).

Lo que encontramos en los libros de la torá y el Tanaj acerca de la posición de los profetas, es que condenaban el ritual de sacrificio como vano e hipócrita, en los casos que éste no estuviera acompañado por una sincera disposición del corazón. Como decía profeta Amós en el nombre de Adonai: “Yo detesto, desprecio vuestras fiestas, no me gusta el olor de vuestras reuniones solemnes. Si me ofrecéis holocaustos… no me complazco en vuestras oblaciones, ni miro a vuestros sacrificios de comunión de novillos cebados. ¡Aparta de mi lado la multitud de tus canciones, no quiero oír la salmodia de tus arpas! ¡Que fluya, sí, el juicio como agua y la justicia como arroyo perenne! ¿Acaso sacrificios y oblaciones en el desierto me ofrecisteis, durante cuarenta años, casa de Israel?” (5:21-25; y también 4:4; Isaías 1:11-16).

Veamos lo que encontramos en las palabras del sabio jerosolimitano Jesús hijo de Sirá (circa 180 a.e.c.), que aun siendo un fervoroso ritualista, sugirió que la justicia y la caridad podrían incluso suplir el rito del sacrificio: “Observar la ley es hacer muchas ofrendas, atender a los mandamientos es hacer sacrificios de comunión. Devolver favor es hacer oblación de flor de harina, hacer limosna es ofrecer sacrificios de alabanza. Apartarse del mal es complacer al Señor, sacrificio de expiación apartarse de la injusticia. No te presentes ante el Eterno con las manos vacías, pues todo esto es lo que prescribe el mandamiento. La ofrenda del justo unge el altar, su buen olor sube ante el Altísimo. El sacrificio del justo es aceptado, su memorial no se olvidará” (Kohelet 35:1-6).

En algún momento de la historia del pueblo judío, los sacrificios comienzan a adquirir un sentido más espiritual y empiezan a ser reemplazados por cosas como la comida comunitaria, y empieza dibujarse en la literatura profética y formulada en el texto del Sirácida, el cual llegó a su pleno estado de maduración durante la época greco-romana. Un ejemplo en este sentido habría sido la usanza de la comida comunitaria practicada por la secta de los esenios. Según el relato del historiador Flavio Josefo[1], después de la ceremonia de purificación, estos piadosos se congregaban “en una sala particular donde no puede entrar ninguna persona profana; ni ellos mismos pueden penetrar en ese comedor sin estar puros, como si fuera un recinto sagrado”. Y a continuación, el historiador describe, de la siguiente manera, la comida: “Se sientan sin hacer ruido y el panadero sirve a cada uno un pan y el cocinero un plato con una sola comida. El sacerdote pronuncia una oración antes de comer, y nadie puede probar bocado antes de que haya concluido la oración. Después de la comida[2] el sacerdote repite el rezo. Todos dan gracias a Adonai, dispensador del alimento que hace vivir, al principio y al final de la comida”

Los manuscritos del Mar Muerto también nos ofrecen evidencia acerca de la comida comunitaria y de su papel central en la vida de la agrupación, llamada en los documentos “Adat haYájad”. Según leemos en la Regla de la Comunidad[3]: “Comerán juntos, juntos bendecirán y juntos tomarán consejo […] Y cuando preparen la mesa para comer, o el mosto para beber, el Sacerdote extenderá su mano el primero para bendecir las primicias del pan y del mosto” Nota: Ciertos hallazgos en Khirbet Qumrán, ruinas ubicadas en la costa noroccidental del Mar Muerto a 25 Km. al este de Jerusalém, apoyarían el relato de Josefo y las referencias de los manuscritos. Los arqueólogos excavaron una sala grande, de 22 metros de largo y 4,5 metros de ancho, orientada en dirección este-oeste, la cual habría hechos las veces de lugar de asamblea y de comedor, y una prueba de la función de esta habitación sería el hallazgo realizado en una pequeña sala contigua a ésta, en la que se hallaron más de mil utensilios para comer: jarras, grandes cuencos, tetéras, platos y pequeños cuencos para servir la comida.

Una de las interpretaciones sugeridas para entender el significado de esta práctica, es que la comida de los esenios tenía un significado cultural para los miembros de la secta, porque ellos, en su fiera oposición al Templo, habrían concebido su vida en comunidad como una especie de “templo espiritual”, que reemplazaba al Templo real de Jerusalém, con las comidas comunitarias diarias haciendo las veces de sustituto espiritual de los sacrificios ofrecidos cotidianamente en el templo [4]

Esta práctica esenia de comer juntos, como si fueran seudo-sacerdotes ofreciendo “sacrificios espirituales” en un templo virtual (la comunidad misma), cuando todavía el Templo de Jerusalén estaba activo en el monte Sión, habría sido uno de los antecedentes de la concepción promovida por los sabios rabínicos después de la destrucción del santuario en el año 70 de la Era Común, cuando afirmaron: “Rabí Shimón dice: tres hombres que han comido en la misma mesa sin hacer alusión a la Torá es como si habrían incurrido en idolatría, pues así está dicho (Yesháia 28:8): Pues todas las mesas están llenas de impurezas, ya que no mencionan a Adonai. Pero tres hombres que han comido en la misma mesa y aluden a la Torá es como si habrían comido de la mesa de Adonai, pues así está dicho (Yejezequel 41:22): Y Él me dijo, esta es la mesa que está delante de Adonai” [5]

Y así el estudio de la Torá tomó en la cosmovisión rabínica el lugar de los sacrificios físicos, convirtiéndose en un “sacrificio espiritual” que acercaba al judío al Adonai de Israel.

Para terminar este ensayo viene a cuento esta historia jasídica, que sintetiza de manera maravillosa el largo camino sufrido por la institución del sacrificio en el judaísmo:

“Una vez, durante un shabat, estaba el Rabino Moshé de Kobryn ante el arca rezando la Oración Adicional, que reemplaza las ofrendas de los días shabat y los festivos. Cuando dijo las palabras: “Condúcenos a nuestra tierra y ahí prepararemos para ti las ofrendas que son obligatorias para nosotros”, cayó al suelo desvanecido. Después que lo revivieron con grandes dificultades, concluyó la oración.

Aquella noche Rabí Moshé volvió a hablar ante su propia mesa: “Ahí, en nuestra tierra, traeremos la ofrenda especial para este shabat, porque aquí no tenemos santuario ni servicio para los sacrificios”. Y se inflamó al decir estas palabras y gritó entonces: “ ¡Señor del mundo, nosotros, nosotros mismos nos presentaremos a ti en lugar de la ofrenda!”

Y entonces todos comprendieron por qué en la Casa de Oración había caído al suelo como si la vida lo hubiera abandonado definitivamente[6].

Con todo lo que hemos revisado, nos preguntamos: ¿Por qué entonces ofrendas de animales? Abordemos a continuación algunas nociones equivocadas que existen al respecto.

Noción Equivocada #1: ¿No es acaso cruel matar a un animal?

¿Por qué debería molestarnos esto? ¿Acaso no comemos hamburguesas, vestimos zapatos de cuero y jugamos fútbol con balones de cuero?

Entonces, si se justifica utilizar animales para obtener beneficios físicos, ¡se justifica aún más para obtener beneficios espirituales!

(Además, hay que considerar que todas las ofrendas representaban al mismo tiempo un beneficio práctico en términos físicos. La gran mayoría de los sacrificios eran comidos por seres humanos – por ejemplo: el sacrificio de Pesaj era asado y comido en el Seder, en cada mesa. Incluso en el caso de los sacrificios que eran totalmente consumidos por el fuego en el altar, el cuero del animal era utilizado por los Cohanim.

 

Noción Equivocada #2: Estas ofrendas son un ‘Sacrificio’

Como ya revisamos previamente, la palabra en hebreo Korbán, que la Torá utiliza para describir las ofrendas de animales, no significa simplemente sacrificio (en el sentido de dar algo), ni tampoco simplemente ofrenda (en el sentido de llevar regalos a los dioses). En cambio, Korbán significa “acercarse”. Es decir, ayuda a una persona a acercarse a Adonai.

En el Templo, tomábamos las partes del animal y las elevábamos en el altar de Adonai. Esto es una declaración personal, un intento por elevar nuestros recursos materiales a un nivel más alto – de dirigirlos al servicio de Adonai.

¿Para beneficio de quien?:

Noción Equivocada #3: Nosotros pensamos, “¿Qué clase de Adonai necesita de ofrendas? ¿Es esto acaso una especie de soborno para que no se enoje con nosotros?

Debemos diferenciar entre mitología griega y judaísmo. Los sacrificios paganos servían para apaciguar dioses finitos que tenían control sobre cierto aspecto limitado de la existencia. Cada uno de ellos necesitaba algo distinto y los humanos podían evitar la ira de los dioses dándoles lo que necesitaban.

En el Judaísmo las ofrendas no son para Adonai. Él no las necesita. Adonai es todopoderoso, ¡y ya posee todo! En cambio, las ofrendas son para nosotros. Nos enseñan a tomar lo físico (el cuerpo) y santificarlo.

Una de las 613 Mitzvot es que el Cohen Gadol debe mantener el Efod (delantal) constantemente apegado a su cuerpo. Rabí Shimshon Rafael Hirsch señala que en idolatría, típicamente, el delantal ceremonial era atado al ídolo. La filosofía detrás de esto era controlar al ídolo y así “colocarlo de nuestro lado”. Pero en el judaísmo, el Cohen Gadol se ataba el delantal a sí mismo, ¡porque es a nosotros mismos a quien queremos controlar!

Cada ser humano está compuesto de dos partes, una parte física y una parte espiritual. Cada una de ellas desea ser alimentada y sostenida, sin embargo, cada una consigue esto de manera muy distinta. El cuerpo desea comodidad y gratificación inmediata: comida, sueño, poder, riqueza. El alma en cambio, busca placeres eternos: sentido, amor, buenas acciones, conexión con Adonai.

Las Mitzvot de la Torá fueron diseñadas para guiarnos hacia los “placeres espirituales”. Sin embargo, cuando el cuerpo ejerce su dominio, la consecuencia lógica es la trasgresión de estas Mitzvot.

La manera de reparar este error es llevando una ofrenda. El trasgresor da un paso adelante y declara: “He cometido un error y me arrepiento del daño que esto ha causado a mi alma. Mi lado animal se ha apoderado de mí. No deseo repetir este error nuevamente. A través de este sacrificio me comprometo a que el animalismo no sea la fuerza dominante en mi vida

Y entonces, ¿Por qué la sangre?

Cuando una persona ve el animal sacrificado frente a sus ojos, piensa, “Realmente yo soy el que merece esto, pero Adonai es misericordioso y comprensivo.” Esto es una experiencia espiritual muy poderosa. ¡La sangre es real! Esto conmueve a la persona y la hace comprender la importancia de la vida.

Kirk Douglas, un legendario actor de cine, se vió involucrado en un serio accidente de helicóptero en el año 1991. El piloto y el copiloto de la nave fallecieron, pero Kirk salió con vida.

El evento lo impactó tanto espiritual como físicamente. Acostado en la cama del hospital se preguntó a sí mismo una y otra vez: ¿Por qué fui yo el que sobrevivió?

Kirk eventualmente respondió su pregunta de la siguiente manera: Sobreviví porque aún hay algo importante que debo lograr en este mundo, una contribución crucial que debo hacer. Hasta ahora he estado jugando y divirtiéndome. Pero ahora veo que en la vida hay cosas más trascendentales.

Kirk se embarcó en un programa de estudio regular de Torá y comenzó a restituir las tradiciones judías que recordaba de su juventud. Comenzó también a buscar maneras de utilizar su riqueza material para impactar al mundo. Fue una transformación que lo llevó de vuelta a sí mismo y a sus raíces, a pesar de la presión social que la fracción secular de Hollywood ejercía en su contra.

Hoy, él sigue más comprometido que nunca. Recientemente tomó sobre sus hombros la responsabilidad de construir un ‘teatro multimedia’ del otro lado del Muro Occidental – para darle a los turistas una auténtica e inspiradora experiencia judía. ¡Kirk está determinado a recuperar el tiempo perdido!

Al igual que en el Templo… la escena de la sangre, la proximidad a la muerte… el pensar “este pude haber sido yo”. Cambia la vida de uno para siempre.

¿Podrá nuestra parashá inspirarnos también a nosotros a cambiar?

 

Artículo terminado de elaborar el 05 de marzo de 2011 – 29 de Adar 1 de 5771

 

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[1] (Guerra de los Judíos II, viii, 5; en: Obras Completas de Flavio Josefo [Buenos Aires: Acervo Cultural/Editores, 1961] IV, p. 138).

[2] Sobre la comida comunitaria de los esenios, ver también Filón, Hipotéticas II, 11.11; Todo hombre bueno es libre XII, 86, 91).

 

[3] (1QS VI, 2-5; según: Texto de Qumrán [ed. F. García Martínez; Madrid: Editorial Trotta, cuarta edición, 1993] p. 56).

[4] Sectarios de Qumrán. Vida cotidiana de los esenios; A. Roitman, [Barcelona: Ediciones Martínez Roca, 2000] págs. 204-209).

[5] (Ritual de Oraciones para todo el año [traducción. M. Edery; Buenos Aires: Consejo Mundial de Sinagogas, 1965] págs. 274-275).

[6] (Martin Buber, Cuentos Jasídicos. Los maestros continuadores I [Buenos Aires: Editorial Paidós, 1978] p. 150.)