Cuentos jasidicos

Cuentos jasidicos

08/01/2012 0 Por Max Stroh Kaufman

Cuarta entrega – Cuentos jasídicos

 

1.- En una noche de Janucá, el rabino Najúm de Rizhin llegaba a la casa de estudio y observó cómo sus discípulos estaban jugando un partido de damas en lugar de estar concentrados estudiando; cuando los estudiantes se percataron de la presencia del rabino, sintieron vergüenza, y suspendieron el juego.

Sin embargo, el rabino muy amablemente les preguntó:

¿Conocen ustedes las reglas del juego? En vista de que ninguno de sus discípulos contestó la pregunta, él les dijo:

Hay tres reglas básicas: la primera, hacer un  movimiento a la vez;

la segunda, es que cualquier movimiento debe ser realizado hacia adelante, y nunca hacia atrás;

y la tercera es, cuando hayan llegado a la última línea y sean ascendidos, podrán moverse, libremente, a su voluntad.

Son las reglas básicas de la vida.

 

2.- Un jasid estaba fervorosamente orando, y muy feliz cuando decía las palabras: soy conocedor del lugar donde vengo y del lugar donde iré, uno lleno de gusanos y lombrices.

Su vecino le dice: Tu, tonto, ¿Cómo puedes estar feliz de saber a qué lugar vas a parar?

El jasid le contesta: ¿Y qué pasa con lo que hay en la mitad de los dos?

 

3.-  Un discípulo de un tzadik le preguntó a su maestro: ¿Cómo es posible que en una época la gente pudo haber visto al Eterno, cara a cara, y ahora no contamos con este tipo de personas?

Le contesta el Tzadik: “Porque hoy en día nadie puede inclinarse tan profundamente como antes”

 

4.- En algún momento, Eyzick, el hijo del rabino Yekel, quien siempre había vivido en condiciones de extrema pobreza, en la ciudad de Cracovia, tuvo un sueño durante tres noches consecutivas en las que se le manifestaba que, en la ciudad de Praga, debajo de la estructura conocida como “Puente Negro”, había enterrado un tesoro, por lo cual se dirigió hacia dicha ciudad, con el fin de rescatar el tesoro.

Al llegar al puente, se encontró que estaba militarmente custodiado durante el día y la noche, lo que le impediría cavar.

Durante varios días estuvo rondando el puente hasta que su actitud despertó sospechas de los soldados; el capitán se dirigió hacia él y le interrogó acerca de su comportamiento, por lo cual, él le contó su sueño.

Cuando el capitán oyó su historia, se rió y le dijo: “tonto” ¡Eso pasa cuando se cree en los sueños!,

Hacer un viaje tan largo para nada: Yo también tuve un sueño que me decía que en la ciudad de Cracovia vive un rabino Eyzick a quien tenía que encontrar para cavar bajo su estufa donde encontraría un tesoro…

Si yo creyera en sueños quien sabe cuántas casas judías de los muchos Eyzick que viven allá hubiera tenido que derrumbar para encontrar un tesoro, bajo su estufa, y probablemente no encontraría nada.

Entonces el rabino se incorporó, se devolvió a su casa, cavó bajo la estufa donde efectivamente encontró un tesoro que le sirvió para construir no sólo su casa, sino también una casa de estudio.

 

5.- Cierta vez, un hombre le dijo al Rabino Uri que sabía todo el Zohar de memoria.

Éste replicó: yo soy incapaz de retener en mi mente un número tan grande de ideas, puesto que una sola ocupa mi pensamiento durante mil días.
El maguid de Koznitz agregó:

“La diferencia entre una gran mente y una mente pequeña es que una mente grande es capaz de concentrarse durante largo tiempo en torno a una sola idea, llevándola a la perfección, mientras que una mente pequeña es un campo de batalla entre los relámpagos de los pensamientos.”

6.- ¿Cuál es la morada de Adonai?

Con esta interrogación sorprendió el rabí de Kotzk a un grupo de eruditos que lo visitaban en cierta oportunidad. Ellos rieron: “¡Vaya una pregunta! ¿Acaso su gloria no llena el mundo entero?”

Entonces el rabí respondió a su propia cuestión:

“El Eterno mora donde el hombre le permite entrar”.

 

7.- Había una vez un hombre muy tonto.

Cuando se levantaba por las mañanas le costaba tanto trabajo encontrar su ropa que por las noches llegaba a preguntarse si valdría la pena acostarse pensando en los problemas que tendría al despertar.

Una noche, finalmente hizo un gran esfuerzo, tomó un papel y un lápiz y mientras se desvestía anotó exactamente los lugares donde guardaba su ropa.

A la mañana siguiente, muy satisfecho de sí mismo, tomó el pedacito de papel y leyó: gorro: allí estaba, se lo puso, ropa interior, allí estaba y se la puso también, y así continúo hasta que termino de vestirse.

Todo está muy bien, pero ahora, ¿dónde estoy yo mismo? Se preguntó con gran consternación. ¿Dónde estoy? Buscó y buscó, pero la búsqueda fue en vano. No pudo encontrarse a sí mismo y lo mismo nos pasa a todos.

 

Articulo publicado por 321judaismo..com

13 de tevet de 5772 – 08 de Enero de 2012

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