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PorMax Stroh Kaufman

La música en el judaísmo

La música en el judaísmo

 

La música en el judaismo ha sido parte de la vida, judía, desde tiempos bíblicos, y sigue siendo parte integral de las experiencias religiosas y culturales judías.

El término música tiene su origen del latín “musica”que a su vez deriva del término griego “mousike” y que hacen referencia a la forma de cómo el ser humano ha aprendido a combinar sonidos (que pueden variar en duración, intensidad, timbre) con silencios.

La música mezcla los conceptos anotados y los organiza, según la cultura de donde provengan sus raíces básicas, transformándolos en algo que se conoce como “un arte”, colocándole una métrica, un ritmo, una armonía y una melodía entre muchas cosas más.

Una de las cualidades de la música es que permite expresar y modificar los sentimientos: dolor, alegría, miedo, serenidad, etc…

Esta facultad de provocar infinitos estados de ánimo, pueden hacerse sin necesidad de que actúe la voluntad.

Mezclando sonidos y silencios, en base a lo descrito, logra o permite canalizar y liberar malas energias o sentimientos y a través de ello un individuo también se puede liberar de enfermedad o disfuncionalidad física o social, porque se rehabilita y reeduca emocional, intelectual y motrizmente.

La música ha acompañado al ser humano,desde el principio de su existencia, teniendo en cuenta que sus primeras experiencias fueron las de intentar imitar los sonidos que existían en la naturaleza y sonidos provenientes de la parte interna del ser humano, como el latido del corazón.

Esto puede ser documentado con hallazgos por ejemplo, de flautas de 37 mil años de edad y probablemente aún más antiguas, teniendo en cuenta que los sistemas de lecto-escritura pueden tener sólo 35000 años

 

La música desde la perspectiva judía

La Música en el judaísmo

 

El judaísmo no ha sido la excepción a lo descrito previamente:

Encontramos que, en el momento del nacimiento de Israel como nación, el Éxodo de Egipto, la Torá nos dice que Moshé dirigió al pueblo de Israel en una canción de alabanza divina.

También está la “canción del mar (Shirat haYam) cantada por las mujeres luego de haber atravesado el Mar de los Juncos.

 

Y el rabino del Reino Unido, Jonathan Sacks, se expresó alguna vez de la siguiente manera: “La música en el judaismo es el pulso de la espiritualidad judía: la canción muestra los biorritmos del alma judía”.

 

Y los primeros instrumentos mencionados en la Torá son el violín (kinor), evidentemente una lira similar a la kithara, y la ugab, posiblemente una flauta vertical.

Otros instrumentos, más ceremoniales que de valor musical, incluían la hasosra, una trompeta y el shofar, un cuerno de carnero, el menos musical de todos y el único que aún se usa.

 

Cuando se estableció el reino de Israel, la música se desarrolló sistemáticamente. Aparecen nuevos instrumentos eran el nevel, un arpa; el halil, posiblemente un oboe doble; el asor, que es un instrumento de 10 cuerdas probablemente como un salterio; y el magrefa, un instrumento de sonido potente, utilizado para señalar el comienzo del servicio.

 

Tehillim eran las canciones del templo.

 

Para 1905, por ejemplo, un cantor llamado Abraham Zvi Idelsohn llegó a Jerusalém desde Sudáfrica y comenzó a grabar canciones, aplicando en ellas las nuevas técnicas de musicología académica disponibles en ese entonces, recuperando lo que suponía, los judíos de Yemen conservaban como un equivalente a la música del templo.

 

En los tiempos de  Ezra y Nehemías se encuentran evidencias acerca de la existencia de un coro levítico, a veces con un director que también cantaba en la medida que dirigía, al igual que se documentan cantos similares, fuera del Templo, pero sin acompañamiento instrumental.

 

Después de la destrucción de Jerusalém bajo el gobierno romano en el año 70 de la Era Común, se pierde la música instrumental porque, los dispersados, dejaron de tocar instrumentos como un acto de luto. .

En el Templo, mucho antes de que los Cinco Libros de Moshé, los Profetas y las Escrituras fueran escritos y codificados, ellos se transmitían oralmente.

Se debe a que se había desarrollado un sistema de signos, mnemotécnicos, para el canto tradicional, y después de la Dispersión, esto se convirtió en la base para el desarrollo de un sistema de notación.

 

Lo anterior permitió que ciertas variedades de música judía hayan sobrevivido durante siglos o incluso milenios y que hoy en día sean reconocibles tanto en Israel como en toda la Diáspora.

La razón de la supervivencia de esta música es que, es mucho más fácil recordar largas historias si a ellas se le ponen melodías.

Tipos de musica en el judaísmo y su evolución

Una muestra de ello son los piyutim (piyyutim en fonética inglesa) que empiezan a aparecer alrededor del siglo 4 ó 5 de la era común.

No está del todo claro si surgieron simplemente como expresiones naturales de sentimientos religiosos o como una respuesta deliberadamente disfrazada a las persecuciones.

En cualquier caso, los piyutim sirvieron para un propósito especial cuando, por ejemplo, un decreto del emperador bizantino Justiniano I (Año 553) prohibió los estudios talmúdicos y la enseñanza de la Biblia.

Debido a que la liturgia en sí no fue proscrita, los piyutim fueron utilizados para inculcar preceptos fundamentales como la observancia del shabat y las festividades religiosas y para exhortar a la congregación a amar la Torá, creer en HaShem y depositar su esperanza y confianza en la providencia permanente del Eterno…

Estos poemas religiosos también sirvieron como un recordatorio de tiempos pasados cuando HaShem demostró que no había abandonado a su pueblo elegido.

 

Los piyutim alcanzaron su máximo esplendor, en la Edad Media, en España, donde adquiere el proceso de rima.

 

Recalcamos que los Piyutim han tenido grandes diferencias entre los que tienen origen sefardita y asquenazíes básicamente por el uso del arameo, y algunas autoridades consideraron que esto puede poner en riesgo de que el poema sea considerado defectuoso, y sea preferible no usarlo.

 

Pero incluso después de que se escribieron los textos sagrados del judaísmo, continuaron cantándose, y una notación completa surgió para ayudar al que cantaba. Los diferentes textos tienen sus propios modos únicos que se ajustan al carácter de la obra que se canta; las marcas diacríticas son meramente guías para el fraseo y el ritmo.

Es importante resaltar, considerando este aspecto, que la melodía del libro de Bereshit difiere de la del libro de Yeshaya (Isaías), la cual a su vez difiere del libro de Lamentaciones, del mismo modo que difiere del de Meguilat Ester, y así sucesivamente.

 

Recordemos que el uso de instrumentos siguió siendo prohibido durante mucho tiempo, de allí podemos extrapolar que la técnica del canto “a capella” surge de esta intención

 

En el siglo noveno de la Era Común, Aarón ben Asher de Tiberíades perfeccionó el teamím, o neginot, un sistema de signos de acento, reemplazando a todos los sistemas previos conocidos.

 

Para esta época empiezan a aparecer los Zemirot (himnos), de los cuales, quizás el más famoso o conocido es el Adom Olam (Amo del Universo)

También empieza (o se regulariza) la figura del Jazán o Cantor, al parecer entre los judíos sefardíes en primera instancia, quienes parece que tuvieron gran influencia en lo que hoy conocemos como sinagoga.

Esta figura del cantor es tiempo después, popularizada por los ashkenazíes.

Entre los ashkenazim funcionaba el “schul” que semeja más a la yeshiva actual.

La palabra Jazan proviene de la forma como los piyutim se mencionan en árabe, hizana.

El papel del Jazan, ha sido el de “a través de la música, expresar los sentimientos del judío, interpretar sus ideales, sus deseos y sus esperanzas como judío, dar expresión tonal a sus penas y dolores”.

El judío exigió que el jazán, a través de su música, lo haga olvidar su vida real, y que lo eleve en las alas de sus canciones en un fantástico paradisíaco mundo, brindándole un anticipo del tiempo mesiánico en la Jerusalém celestial “.

 

Hacia el Siglo 16 aparecen los Bakashot, originarios de España, y de la comunidad sefaradí, que se extendió gracias a la difusión cabalística de los seguidores de Isaac Luria:

Ellos consisten en una colección de súplicas, canciones y oraciones que han sido cantadas por la comunidad judía sefardí de Siria, Marruecos, Túnez, Argelia , Grecia, Yugoslavia, Egipto, Turquía, y otras congregaciones durante siglos cada semana en la mañana del Shabat desde la medianoche hasta el amanecer.

Por lo general, se recitan durante las semanas de invierno, cuando las noches son mucho más largas.

Con el tiempo, alcanza a llegar a Italia en el siglo 18, e incluso en otras comunidades sefardíes de Europa occidental, como Ámsterdam y Londres.

 

También se cuenta que, hacia el Siglo 18 de la Era Común , algunos rabinos jasídicos, muchos de los cuales eran compositores, creían que, el hecho de transmutar melodías populares regionales de origen no judío en nigunim, cantos de oración sin palabras, era un acto místico de Tikun Olam

Esto en el sentido original del término: reparar una mundo roto y destrozado.

Esto “abre una puerta” a los músicos judíos en general, a incursionar en todos los campos musicales, hasta el momento “prohibidos a los judíos”

El mismo Wagner, en un notorio folleto de 1850, “Das Judenthum in der Musik” (“Judaísmo en la música”), describe la capacidad “infinitamente pequeña” de los judíos para escribir música.

Arnold Schoenberg, posteriormente, en el mismo siglo, demostró lo contrario y la música orquestal nunca volvería a sonar igual.

 

Según el historiador musical Abraham Zvi Idelsohn, la práctica de la transmutación musical se remonta a la música del Templo de Jerusalém, en la que “La canción vocal del Templo, como todas las canciones religiosas entre las naciones antiguas y primitivas, sacó su materia prima de la canción popular, aunque en ocasiones se introdujeron melodías extranjeras.

Estas canciones del Templo [fueron] melodías folclóricas modificadas y santificadas “.

 

Un estilo de música que no es tan litúrgica pero si muy judía, popularizada por los movimientos jasídicos es el klezmer, cuyo origen se puede remontar al Siglo de la Era común con Yakobius ben Yakobius, como el primer intérprete de este género musical.

El siglo 19 es el momento de su máxima expresión y difusión a todo el mundo.

 

El siglo 19 también es un momento importante ya que la aparición del movimiento reformista, reintroduce instrumentos musicales en la sinagoga (especialmente el órgano).

 

Hubo muchos cambios en la música judía, especialmente a partir de 1960.

 

Esto porque la música litúrgica contemporánea que se estaba componiendo aún no proporcionaba el tipo de calidez y alimento espiritual que algunos fieles querían.

A pesar de los esfuerzos por traer nueva música a la sinagoga, la música litúrgica judía no había cambiado sustancialmente en 100 años.

 

Algunos cantantes y compositores notaron esto y buscaron remedios en medio de la cultura popular de los jóvenes. Un Charles Davidson (nacido en 1929), recurrió por ejemplo, a la música rock para su servicio Selijot, y sustentó algunas de esas melodías con un ritmo de rock y el acompañamiento de piano y guitarras eléctricas.

 

Shlomo Carlebach tuvo hacia finales de los años 60, un éxito espectacular revitalizando la música con canciones Jasídicas, con textos muy cortos, para que fueran fáciles de memorizar.

Este estilo de la música contemporánea permitió,en muchos, el “retorno a la espiritualidad”

Porque la música en el judaísmo es la unión de la Neguina (melodía) y las Zemirot (canción como tal) .

Esta última es utilizada en dos formas: Kesher (Conexión) y Separación, de las fuentes externas

 

Todo para que la persona que la canta, tenga una visión relación clara y vigorosa de su relación con El Eterno .

Que pueda llegar a tener una relación amorosa con HaShem tan dulce como la miel en un panal.

Que le rece al Creador de una manera muy particular, para que lo cure de cualquier enfermedad mostrándole la amabilidad de Su resplandor.

A través de ella pueda recurrir a Adonai deseando y anhelando ver el poder Su gloria.

Y que finalmente se convierta en una súplica para la protección divina.

 

Lo anterior, sin contar lo que encontramos en una de los muchos textos o fuentes judíos como el Hajsharat Haabreijim 9 (escrito por el Rabino de Piasetzna), y descrito por el rabino Sandler:

Por lo tanto, si una persona escucha música y canciones de un músico cuya esencia es buena y pura, se conectará con ella y absorberá chispas de esa bondad y pureza en su propia esencia y ser. Se convertirá en parte de lo que es y, quizás inconscientemente, lo influenciará para mejor.

A esto se le puede sumar el siguiente concepto (Reshit Jajmá): “Las canciones cuyas letras consisten en deseo y vulgaridad hacen que el alma se separe de estar atada a la vida eterna. … Porque de hecho, algunas personas de poco valor se sienten atraídas por estas canciones bajas y destruyen sus almas.”

 

¡A cantar con emoción!

 

09 de mayo de 2018 – 24 de Iyar de 5778