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PorMax Stroh Kaufman

Lo Correcto y lo Incorrecto

Lo correcto y lo incorrecto

Lo Correcto y lo Incorrecto

Isaac acababa de llegar de Beér Lahai Roi, él estaba viviendo en el sur. Se fue a orar en el campo al atardecer. . . (Bereshit 24:62-63)

Hay muchas maneras de medir el éxito de uno en la vida, pero uno de los más importante de todo, explica la Torá, es la cualidad espiritual de las generaciones uno deja atrás.

Y aunque “generaciones” puede incluso significar las obras de uno,

De hecho, Rashi menciona en parashá de la semana pasada que:

Cualquier persona que cría un hijo justo, es como si él no muere. (Rashi, Bereshit 18:19)

Una razón obvia de esto es, porque un hijo justo, llora la pérdida de su padre como corresponde, diciendo Kadish y realiza actos por mérito y desempeño digno en nombre del padre fallecido durante todos los 11 meses después de la muerte.

Esto sirve para aumentar el mérito de los padres, algo que por lo general sólo se puede hacer cuando una persona está viva. Por lo tanto, a causa del hijo, es como si el padre no murió.

Incluso después de los 11 meses se hayan cumplido, si el hijo recuerda a sus padres en los días que se recita el Yizkor, y en el día del aniversario de su fallecimiento (yahrzeit) al igual que cuando ayuna en honor del padre fallecido, y continúa esto, año tras año, sus méritos continúan y se pueden aumentar por este actuar del hijo.

Y, por supuesto, no hay mayor testimonio de la grandeza espiritual de los padres que las acciones cotidianas de su hijo…

No sólo El Todopoderoso piensa de esta manera, puesto que los seres humanos también lo hacen, a menudo atribuyen las acciones buenas o malas de un hijo, a su padre, como por ejemplo cuando alguien pregunta por un muchacho y la respuesta es, “El es hijo de fulano de tal”.

Lo más interesante es que, en muchas familias, hay mucha diversidad. Dentro de una misma familia puede haber hijos justos, y los que no lo son.

Una familia puede tener tanto  “ovejas negras” al igual que buenos hijos, y esto no siempre es obvio ni para la gente, ni para los padres.

Ser una persona justa se convierte en un concepto relativo, por lo que hay que disponer de muchos elementos para tener en cuenta al juzgar la grandeza espiritual de otro individuo.

Recordamos entonces que, en el judaísmo, la recompensa es una función del esfuerzo, y no de su resultado (Pirkei Avot 5:22), porque como dice el Talmud, los resultados están siempre dependientes de las decisiones celestiales, excepto para aquellos quienes se dedican con esfuerzo, para conseguir metas (Brajot 34b).

Algunas personas crecen con poca o ninguna preocupación acerca del dinero: para ellos hacer una donación equivalente a unos miles de dólares puede ser algo muy fácil de hacer…

Hay otros a los cuales sus gastos han estado muy ajustados a sus limitados ingresos, para los cuales unas pocas monedas de caridad, puede ser muy significativo y muy difícil de realizar: sin embargo, cuando ellos dan tzedaká, ¿cuál de los dos actos de caridad es más resaltado por las personas?

Y ¿Cuál de los dos actos de caridad recibe mayor atención por parte del Todopoderoso?
Y, ¿qué tal si hablamos de un estudiante X que para mantener sus calificaciones en niveles de excelencia tiene que hacer muy poco esfuerzo para lograrlo mientras que en estudiante Y, dedica mucho tiempo con el mismo objetivo porque le cuesta trabajo incluso recordar el material recientemente estudiado?

¿Cuál de los dos estudiantes se ve más favorecido por el sistema? ¿Cuál de los dos va a ser más apreciado por el Todopoderoso?

Entonces, ¿que significa educar correctamente a un hijo?

Si el talento, que usualmente brinda el Todopoderoso, difiere de una persona a otra, como lo hacen las circunstancias en las que cada ser humano nace, entonces, ¿qué tanta opción tiene un padre promedio para que sus hijos sean correctos en su actuar?

Porque nos gustaría educar a nuestros hijos para que sea felices y ello los lleve a ser adultos felices y esto les aumente las probabilidades de ser ciudadanos correctos, y, para ello, hay muchas cosas que están en contra nuestra y que pueden estar fuera de nuestro control.

Y, sin embargo, vemos, buena gente, como Jizkiá HaMélej, que venía de padres malos y gente mala, y aquellos como Menashe, su hijo, que descendía de padres rectos.

Las personas felices han surgido de hogares infelices mientras que las personas miserables han salido de hogares aparentemente felices. ¿Son estas simples excepciones a la regla, o son la regla en sí?
La historia de Menashe, curiosa e interesantemente, tiene un final feliz. Después de desandar lo que su padre había recorrido, se dedicó a la adoración de ídolos por un periodo de 33 años…

Menashe retornó al camino mediante la Teshuvá, y dedicó los últimos 7 años de su vida al reinado, haciendo las cosas de una manera correcta.

Uno podría decir que es muy poco o que es muy tarde, pero ciertamente es mejor poco bien hecho que nada.
¿Por qué lo hizo?

¿Cómo puede alguien ser tan malo, y luego llegar a ser tan justo?

¿Fue algo que comió para el desayuno, o algo que recibió de su padre mientras crecía?

un algo que no fue lo suficientemente fuerte como para que impedir que fuera malo, pero a la vez lo suficientemente fuerte como para impedir que permaneciera  siendo malo por el resto de su vida?

El Talmud nos cuenta por lo menos, tres historias de personas que, en el último minuto de la vida, cambiaron todo para el bien.

Y, cada vez que esto sucedía, el Talmud concluye diciendo (más o menos): Hay quienes adquieren, su parte en el mundo venidero, después de una vida entera, y hay otros que la adquieren en un solo momento (Avodá Zará 10b, 17a, 18a).

¡En un solo momento!

¿En nombre de qué es el mérito?

¿Por qué algunos hacen teshuvá, aun en el último momento, y algunos van a la tumba con una sonrisa malévola en el rostro?

El ejemplo de esto se puede ver de otra manera: por ejemplo, un padre lucha con su hijo para enseñarlo a ser alguien con un futuro promisorio, pero constantemente se niega a ello;

Con el tiempo este hijo crece, consigue un trabajo, y un día, alguien le dice: “¡Debes estar muy orgulloso de tu hijo!”
El padre, confundido, pregunta: “¿Qué hijo?”

Quizás, pensando que lo había confundido con otra persona, o quizás otro hijo, que él sabía que se comportaba mejor.

Pero, cuando la persona le mencionó su nombre de los compañeros de trabajo, y comenzó a contar algunas historias de su conducta, y su sacrificio por los demás. ”

¿Estás seguro de que estamos hablando de la misma persona?”, Pregunta nuevamente el padre, incrédulo.
Después de que esa persona le hizo una breve descripción de su hijo, se dio cuenta que era cierto lo que le estaba hablando sobre su hijo, y  lo equivocado que había estado sobre él.

Agradeció entonces a aquella persona por el cumplido, y entendió… se dió cuenta que aquel hijo, con quien había tenido tantos roces, ahora podia estar orgulloso de él, y lloró por todas las veces que lo había juzgado erróneamente.

Al final de cada día, el mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos, es un sentido preciso del mal -y- el bien.

Esta escrito “dar” en lugar de “enseñar”, porque la enseñanza es sólo una etapa.

Los niños pueden ver todo tipo de cosas que se dan localmente, en el hogar y fuera de él: algunas buenas y otras no tan buenas, pero si ven a una familia fundada en verdades y comprometidas con ellas, ello se “pone bajo su piel”. Se convierte en parte de su conciencia, y que afectará a la forma de mirar la realidad que el resto de sus vidas.

Se convertirá en su núcleo, y no importa lo que hagan en la vida, con el tiempo saldrá a la superficie y los convertirá en mejores personas, si no lo son ya.
¡Qué tan grandes lleguen a ser nuestros hijos, o cuánto éxito logren en su vida puede depender de muchos factores que, como hemos dicho, están por lo general fuera de nuestro control!

Pero ¿Qué pasa con su sentido y su concepción del bien y del mal?

Lo que ellos reciben de nosotros, desde el hogar en el que crecen, sean ricos o pobres, tengan una vida cómoda o con sufrimiento, lo que ellos tienen, es ver cómo sus padres les enseñan a lidiar con la realidad y las oportunidades  que hay en la vida.

Esto puede hacer que un niño sea justo desde el principio, o por lo menos, les da la oportunidad de avanzar en esa dirección, y es sólo el Todopoderoso quien puede juzgar, a la hora de determinar quién es verdaderamente justo, y cuán justo es.

Quiera el Todopoderoso que este Rosh HaShana nos traiga la conciencia apropiada para crear los mecanismos que permitan conducir a nuestros hijos por el sendero de lo que es correcto, para que cuando ellos crezcan, no sólo hagan lo mismo con sus hijos, sino que nos de a nosotros, como padres, la satisfacción de haber hecho, lo correcto.

23 de septiembre de 2014  – 29 de Elul de 5774.