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PorMax Stroh Kaufman

Conversion al judaismo – Preguntas y respuestas

Conversion: preguntas y respuestas

Pregunta de uno de nuestros lectores: ¿Puede un joven convertirse al judaísmo sin el consentimiento de los padres?

Hay que tener en cuenta como primer aspecto para resolver esta inquietud es que, el judaísmo no es un movimiento proselitista, porque sobreentiende que no hace falta ser judío para merecer la gracia del Todopoderoso y un lugar en el Mundo Venidero (Olam HaBá)…

Sin embargo, encontramos en el judaísmo, que siempre estará abierta la posibilidad de convertirse, para llegar a ser judío.

El proceso para ello, recibe el nombre hebreo de “Guiur” (Conversión) el cual es, en términos generales, es muy simple.

Consiste de cuatro pasos básicos:

  • 1) Circuncidarse (en el caso de un hombre) con el cumplimiento de las oraciones que son exigidas en el proceso de la conversión y las cuales confirman su adhesión al pacto:
  • 2) Sumergirse en una Mikve (baño ritual) ;
  • 3) Cumplir con un período de estudio (1) y
  • 4) Aceptar el cumplimiento de la Torá en su totalidad; estos pasos tienen que ser realizados o verificados ante y por un tribunal rabínico válido. Para poder llegar a estos pasos, se requiere de un periodo de estudio, indeterminado de tiempo, donde la mayoría de los tribunales rabínicos están de acuerdo que, el período mínimo, debe de ser de un año, en la forma más intensiva posible, para que así logre comprometerse sinceramente a observar la ley judía.

También hay que tener en cuenta que el judaísmo no es un negocio y al judaísmo no le interesa que la gente se convierta únicamente por interés, porque, se ve, con mucha frecuencia, que los matrimonios mixtos o intercongregacionales, buscan “el afán de la plata,” sobre todo, porque todos los judíos son ricos o simplemente por complacer a los papas del novio/novia judíos;

Tampoco le interesa que él o la conversa puedan viajar a Israel con los mismos derechos del nacional, ni para el que se emociona con la bandera de Israel, canciones hebreas, ropas negras y trenzas en las sienes.

igualmente, el judaísmo no está interesado en tener miembros de una comunidad que se han convertido, solo porque es “moda”: recordemos que, El Eterno, no discrimina negativamente por su origen, ni por raza, ni mucho menos por la nacionalidad; sino que retribuye con Justicia y Misericordia a cada persona de acuerdo a sus actos y no se necesita, como mencionamos previamente, de ser judío para recibir lo que el Todopoderoso tiene para cada uno de sus hijos.

Hagamos una analogía de lo que sería el proceso de conversión al judaísmo:

Un ciudadano nacido en cualquiera de los países de América Latina, ama profundamente a “la Nación del Norte (E.U.A)”, admira su desarrollo científico e intelectual, le agrada su estilo de vida, en sus sueños y en sus más grandes anhelos está el viajar a los EUA y radicarse allá, trabajar y vivir y volverse un “ciudadano americano,”

Lo primero que necesita es, aprender inglés y sus costumbres:

Lo segundo, es viajar, para radicarse en alguna de las ciudades de ese país: dependiente de la forma de ingreso a esa nación (legal o ilegal) tendrá que esperar algún tiempo para aplicar a la solicitud y obtener la respuesta…

En el momento en que esta llegue, deberá pasar por un examen, ante una entidad estatal, que le examinará los conocimientos históricos y políticos que tiene sobre dicha nación, le verificará que tiene ingresos suficientes para que no dependa de la “caridad” y le intentará hacerse arrepentir de la toma de la decisión al informarle que su comportamiento tiene que ser mucho más digno que el del ciudadano corriente, que el nacional, porque tendrá “muchos ojos observándolo” para que no incurra en ningún tipo de delito…

El judaísmo le da al converso un “estatus” de neonato (2) y le asegura que tiene que ser mucho más diligente en la práctica de las mitzov que el nacido en el judaísmo: mientras que un judío de nacimiento es judío a pesar de todo lo que piense, hable o haga, y la misma Torá lo determina, los rabinos te preguntan ‘¿Quién te obliga a convertirte en judío?´ ¡Es preferible que no se convierta y que siga cumpliendo con su misión en la vida como no judío, a que se convierta en judío y caiga en infracción!

 

Repasemos entonces: hay judíos de nacimiento, y judíos por opción.

El primero fue quien por condiciones determinadas por la halajá, recibió todos los derechos, en forma automática, porque nació de una madre judía; el segundo, se convirtió según la ley judía.

Los dos tienen un alma judía (3), pero uno la recibió a través de los medios biológicos; el otro, por los medios legales, pero dos cosas debemos recordar:

  • La primera, que literalmente, todos nosotros descendemos de conversos, desde el punto de vista que nuestros antepasados estuvieron de pie hace más de tres mil años en el Monte Sinaí, haciendo la misma aceptación de la Torá que hoy en día hace un converso.

Nuestros antepasados pasaron por una forma de conversión, por lo que nosotros, sus descendientes, somos irreversiblemente judíos…

  • La segunda cosa es que, hoy en día se requiere de una aceptación por un Bet Din para que confirme este estatus: sin embargo, es el comportamiento real y honesto lo que determina la “real conversión” como le correspondió, en su momento, a Abraham Avinu, y a Ruth la Moabita.

Muchos se preguntan y esto es parte también de la pregunta de nuestro lector, es, si la edad se constituye en un factor limitante para realizar la conversión.

Hay que recordar a que edad Abraham Avinu realizó su circuncisión, y ello nos demuestra que no hay edad límite; sin embargo, si el asunto se trata de menores de edad civil, los padres, son los que han de dar la autorización correspondiente:

¿Cuál es esa minoría de edad civil?

Antes de la Bar/Bat Mitva: si no hay padres, porque fallecieron, el menor de edad, dicen algunos estudiosos de la halajá que, por el hecho de tener que rezar el kadish,  adquiere un estatus religioso equivalente a la mayoría de edad, y por ello puede tomar la decisión de convertirse.

Por supuesto que tiene que haber un rabino que oriente a este menor de edad, en los pasos que va a asumir, en algunos casos, buscarle una fuente de financiación para que costee los gastos que la conversión implica, y llevar al joven a la Bar/Bat Mitva y en el caso del hombre, verificar que se realice una circuncisión quirúrgica y posterior a ello, la verificación de “la gota de sangre”.

Hoy en día existe, en todo el mundo, un movimiento judío general que busca a los llamados benei anusim, benei Efraim o Efraimitas, judíos sefarditas, o descendientes de las tribus perdidas, para reintegrarlos a la vida judía: sin embargo, sigue  dominando el concepto que se requiere de un tribunal rabínico para garantizar la “transparencia” del proceso: mientras menos ortodoxo sea el tribunal, menores serán las exigencias pero, no hay garantía absoluta que su conversión sea garantizada o aceptada internacionalmente y, especialmente, en el estado de Israel:

La decisión de buscar un tribunal ortodoxo, para realizar la conversión, depende de cada individuo, de dónde se sienta más a gusto, y dónde sepa que va a ser aceptado.

Inclusive, existe la comunidad judía Karaíta, que es la que no está de acuerdo con la Torá Oral (Torá she BealPé), que también realiza procesos de conversión.

Todo depende del individuo.

 

 

 

(1)    El movimiento conservador (masortí) internacional sugiere además la lectura de algunos libros como estos:

  • Abrazando el judaísmo, por Simcha Kling, revisada por Carl M. Perkins (Asamblea Rabínica, 1999). Libro del rabino Kling es un texto utilizado por muchos conversos judíos conservadores.
  • Su gente, mi gente: Encontrar Aceptación y cumplimiento como un Judio por elección, por Lena Romanoff con Lisa Hostein (Jewish Publication Society, 1990). Esta es una herramienta fácil de leer manual escrito por un converso de otros conversos.
  • Elegir el judaísmo, por Lydia Kukoff (UAHC Press, 1981). Este libro, además de un converso, analiza la conversión desde una perspectiva judía de la reforma.
  • Convertirse en un Judio, por Maurice Lamm (Jonathan David, 1991). El rabino Lamm presenta la conversión desde un punto de vista judío ortodoxo.
  • El libro de la creencia judía, por Louis Jacobs (Behrman House, 1984). Rabino Jacobs explica claramente las ideas básicas del pensamiento judío.
  • El libro de la práctica judía, por Louis Jacobs (Behrman House, 1987). En este volumen complementario, el Rabino Jacobs describe muchas de las prácticas religiosas judías centrales.

(2)    el Talmud (Ievamot 48b) utiliza al hablar de ‘conversos´ (auténticos): ‘Guer shenitgaiér kekatán shenolád dami´. Quiere decir: Un converso que se convirtió está considerado como un bebé recién nacido

(3)    Nuestros sabios explican el concepto del alma judía de la siguiente manera: Un converso auténtico es una persona que, aunque haya nacido de un vientre no judío, nació con una Neshamá, un alma judía.

Es esa Neshamá, la que le empuja a ‘convertirse´.

O sea, en cierta manera, podemos decir que nació (destinado o con una predisposición a convertirse en) ‘converso´.

Por ese motivo es que se le compara con un ‘bebé recién nacido´. Un bebé recién nacido, hace nueve meses que existe.

La diferencia entre el momento antes de nacer y después de nacer es que antes de nacer no es un ser independiente.

Del mismo modo, un ‘converso´ antes de pasar por el proceso de conversión se considera como un judío en estado ‘embrionario´ y no tiene las responsabilidades de un judío.

Una vez que se convierte, se transforma en un judío pleno.

 

18 de agosto de 2013 – 12 de Elul de 5773

 

PorPublicaciones

Estoy “ENFERMO” de… DEUDAS…!!!

Estoy enfermo de deudas

Hoy más que nunca, el mundo esta atravesando una situación de crisis que ha afectado a todas las personas,,,

De todas las clases sociales, en todos los rincones del globo, sin ningún tipo de distinción…

Del mismo modo como en los últimos años han aparecido enfermedades endémicas y pandémicas, la iliquidez económica se ha propagado como lo haría un virus o un microorganismo sobre el cual no se puede ejercer control, porque no hay las medidas sanitarias.

Son muchas las personas que hoy en día deben dinero.

Muchas de ellas, ante esa situación, no hacen más que encogerse de hombros y exclamar, “Esto está más allá de mi control.

Es parte de la vida.” Su manera de actuar es como si la deuda fuera un mal decreto que no puede ser rescindido.

Más y más gente está hoy endeudada. Pocas son las personas prudentes que realmente logran vivir sin deudas y según sus medios.

Las deudas, como se menciona anteriormente, no hace distinciones de sexo, edad, posición social, raza ni lugar de residencia.

El mundo actual esta diseñado para que cada vez busquemos adquirir más y mas bienes:

es decir, que seamos consumistas…

computadoras que por la vertiginosa velocidad a la que se desarrolla la tecnología “deben ser reemplazados cada año”,

juegos electrónicos cada vez más sofisticados, que los muchachos desean tener para “no quedarse atrasados en la tecnología”;…

Aparatos de comunicación, también cada vez con más accesorios hacen parte de esta explosión comercial que el medio ambiente nos “obliga a adquirir”.

También la mayoría de los padres adoptan una actitud que, deja muy claro la necesidad de adquirir más compromisos, porque “sus hijos no deben pasar por las incómodas situaciones de necesidad que ellos atravesaron”;

Los bancos necesitan del dinero y ofrecen muchas facilidades para “adquirir, adquirir y adquirir” y eso proporciona los medios para adeudarse.


Aunque parezca mentira, muchos de los que hoy en día sufren de deudas no son ni pobres, ni ociosos.

Son personas serias, responsables, y con frecuencia en el tope de la escala económica.

A menudo nos encontramos con personas que ganan enormes sueldos, y deben a su vez, enormes sumas de dinero.

Estas son personas que corren de un banco o entidad financiera a la otra, de un fondo a otro, y de una persona a otra, tratando de encontrar nuevos préstamos para pagar viejas deudas…

Tratando de hacer juegos malabares con sus finanzas.

Nunca parecen tener bastante.

Esta situación podríamos compararla con la de aquella persona que tiene una manta o cobija corta, con la cual, si se cubren la cabeza, sus pies quedan descubiertos y viceversa;

Sus finanzas no son lo suficientemente grandes para cubrir todas sus deudas.

Estas personas, entre las cuales se puede incluir a los dueños de grandes corporaciones y negocios, apenas si pueden “mantener sus cabezas encima del agua”.

Incluso aunque trabajan despiadadamente de sol a sol, no pueden escapar de la ruina financiera en la cual se hunden más y más profundamente.

¿Es que acaso no hay ninguna esperanza?

Consideremos un par de aspectos importantes:

El primero de ellos nos recuerda que los problemas financieros y las deudas han existido desde el principio de los tiempos;

La Torá nos habla de ellas, pero, el fenómeno de la gente que se “olvida” de cancelar a tiempo sus deudas, es una característica de los tiempos modernos.

El segundo de los aspectos a analizar, es la actitud de cada persona: por ejemplo, alguien que ha sacado un préstamo y considera que sus ingresos le permiten, de una manera cómoda, desembolsar la cantidad de dinero que le corresponde, no se considera a sí misma, como “endeudada”.

Por ejemplo, si un hombre tiene que sacar una hipoteca o tomar prestado el dinero para comprar una nueva casa, y puede permitirse los pagos mensuales justamente como puede permitirse pagar el alquiler cada mes, él no es considerado “endeudado.”

También, si toma prestado el dinero, pero tiene la garantía subsidiaria suficiente para cubrir la deuda, no es considerado “endeudado.”

El tercero de ellos dice que El que vive a la sombra de deudas sufre en todos niveles, pierde la tranquilidad mental, la felicidad matrimonial y la salud física y emocional.

La vida se transforma en un infierno de tensión y ansiedad.

Bajo esos conceptos, entonces, entendemos que una persona endeudada, es aquella que es incapaz de cubrir o devolver, en el tiempo y la manera acordada, el préstamo.

¿Que pasa con el judío?

El judío NO DEBÍA ENDEUDARSE, porque la Torá dice que “No prestarás a tu hermano con interés”, y porque es una grave falta no devolver el dinero prestado.

También está escrito que “si tu hermano tiene una deuda contigo, trabajará seis años y en el séptimo año condonarás la deuda”

Otras dos consideraciones que la Torá tiene, dice, “devuelve el abrigo al necesitado” y “no atrases la paga al jornalero”.

Muchos deudores hoy en día no hacen ningún esfuerzo para devolver el préstamo.

Viven actuando como si no les debieran nada a nadie y, la persona que “voluntariamente” les prestó el dinero, y en el caso de que el dinero fuera otorgado por una entidad financiera ellos se transforman en “villanos o ingratos” porque ¡constantemente son acosados!

Esto se debe a la enorme distorsión de los valores morales que acompaña a la sociedad actual…

El que presta, que quiere y necesita recuperar su dinero, deja de ser “el dueño de la situación” para convertirse en “esclavo”

Por qué?

Porque tiene que generar toda una serie de estrategias para poder recuperar su inversión y, esto, también se ve en todas las clases sociales.

El mundo entero, a lo largo de la historia de la humanidad, ha atravesado fenómenos de recesión económica,

Especialmente después del desarrollo del capitalismo…

Pero, en los últimos tiempos, el concepto de pagar, y “ponerse al día”, definitivamente ha cambiado por completo.

Si revisamos los conceptos que hay sobre las deudas, encontramos, por ejemplo que La Halajá determina que, “un prestatario es esclavo de quien le prestó dinero.”

¿Por qué?

El prestatario que no tiene los medios de reembolsar su deuda se asemeja a un esclavo, porque debe trabajar duramente para hacer lo necesario para devolver el dinero que debe.

El Shulján Arúj sostiene que el que recibió un préstamo es el subordinado del que prestó.
La Guemará también maneja conceptos semejantes a las revisiones anteriores.

El Rabino Shmuél Eliécer HaLevi Idelis, conocido como el “MaHarsha” dejó escrito, en lo que se llamó El consejo de las cuatro tierras, lo siguiente:

1. Si los Jueces del Bet Din (Tribunal Rabínico) llegan a averiguar que una persona que no reembolsa una deuda, no trabaja duramente para devolverla y aun viene con todo tipo de excusas porque no tiene los medios de pagarla, entonces, como primer paso, ¡le está prohibido entrar a la sinagoga de la comunidad mientras no reembolse su deuda!

2. 2. Si, después de eso, todavía no paga su deuda, también se le prohíbe a su esposa la entrada a la sinagoga mientras que su marido no reembolse su deuda.

3. Si las susodichas acciones no convencen al deudor a pagar sus deudas, ¡sus hijos son expulsados de la escuela!

La situación hoy…

Hoy en día podríamos considerar a los tres edictos como crueles y vengativos.

Sin embargo, las intenciones de los rabinos de esa época intuyeron la necesidad de que la esposa y los hijos fueran humillados en público para tratar de hacer entender al deudor, la necesidad de cancelar su deuda:

Era una época donde los principios morales eran distintos a los actuales; donde los negocios y los compromisos se hacían “de palabra” y ella tenía tanto valor, que por lo general no había necesidad de efectuar contratos,

Esto porque todo podría terminar siendo resuelto en el Tribunal Rabínico.

La moralidad de hoy en día está tan deteriorada que, muchas veces ni siquiera la actuación de las autoridades locales logra conciliar la deuda.

Hay una cuarta acción considerada por el documento anterior: consiste en someter a azotes al deudor, en el interior del tribunal.

Muchos de los judíos todavía se siguen basando en las leyes de la Torá, actuando de acuerdo a esas instrucciones:

Prestan sin interés alguno a su hermano judío, sirven de fiadores, condonan la deuda en el momento apropiado,

Pero, la mayoría procura vivir sin la necesidad del consumo excesivo, confiando en su protector, Adonai, quien se encarga de brindarle las condiciones necesarias para la supervivencia, en la cual se incluye el subsidio que otorga el Estado de Israel a aquellas personas que viven en Yeshivot y solamente están dedicados al estudio de la Torá:

Otros, por las situaciones de la vida, aprendieron oficios y profesiones lucrativas y no requieren de préstamos, logrando vivir bajo el estatus de “no endeudados” como se resalta aquí:

La unión intercomunitaria ha permitido que los verdaderamente necesitados, tengan también un apoyo, puesto que las enseñanzas de la Torá dejan muy claro que “siempre habrá pobres y necesitados”;

Pero lo más importante, viven con tranquilidad, gracias a que confían en El Altísimo, “dueño del oro y la plata y dador de toda bendición” por lo cual no se endeudan…

Y no se enferman…

Enfermo de deudas fue publicado por Max Stroh para 321judaismo. com  el: 8 Nov de 2010

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