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PorMax Stroh Kaufman

El impacto del judaísmo en la civilización – Quinta parte

El impacto del judaísmo en la civilización – Quinta parte

Continuación

5.3 CRISTÓBAL COLÓN

En los años previos a la firma del Decreto de la Alhambra hay en España una gran presión tanto de políticas internas como externas y los Reyes Católicos no se escapan de ello como dirigentes: el sólo hecho de que los judíos eran dueños de grandes riquezas y poseedores de altos cargos, permitió el surgimiento de  odio a los ojos del pueblo y de la jerarquía católica, que consideraba a los judíos como los responsables de la crucifixión de Jesucristo y además eran practicantes de ritos satánicos.

En algunas ciudades, los judíos eran acusados de envenenar los pozos, secuestrar niños para beber su sangre o de querer, en contubernio con la nobleza, convertir a la población al judaísmo.

Esto, en algunos casos, ocasionó violentas persecuciones antisemitas, intrusiones y matanzas en las juderías, e incluso expulsión de las ciudades.

Para muchos es conocido el origen judío de ambos reyes y la presencia de muchos funcionarios tanto conversos como judíos a su alrededor.

El rey Fernando era biznieto de Paloma de Toledo: la Reina tenía entre su consorte a cuatro secretarios allegados, de origen converso: Fray Antonio de Marchena, astrónomo del Instituto de Santa María de la Rábida (de la corriente franciscana, su hermano fue condenado a la hoguera por “judío renegado”).

La Marquesa de Moya, su amiga íntima; Fray Hernando de Talavera, su confesor;   y, el cronista, Hernando del Pulgar.

Es por ello que vemos que existían motivos muy especiales para que los judíos de Castilla y Aragón proporcionaran grandes fondos y grandes regalos con la finalidad que esta boda se efectuara .

Con este trasfondo aparece Cristóbal Colón, capaz de crear uno de los logros más grandes de la humanidad,  demasiado influyente en la civilización occidental, hombre de orígenes desconocidos para muchos, misterioso, cuyo apellido figura con muchas variantes, tales como Coullon, Colomb, Colombo entre los judíos de España, Francia

En este país encontramos a Joseph Colon ben Solomon Trabotto, también conocido como el Maharik, nacido en. 1420, en Chambéry, ejerce su cargo como rabino en ciudades como rabino en Pieve de Sacco, y en Mestre, en el territorio Veneciano, en  Boloña and Mantua y fallece en el año 1480) en Italia:

En este último país los Colombo provienen de Colon de Piamonte y a su vez de Colonia en el Rin, con datos de una extensa colonia de origen judío que data de muchos años antes de Jesús Cristo, y por el lado de su madre, el apellido Fontanarosa proviene de la familia hebrea Ponti Rossi; su esposa y su amante son consideradas como de origen converso; sus características físicas son descritas como hombre rubio, pecoso, de ojos claros, rubicundo: comportamiento mercantilista, con afán de lucro y mesiánico;

Algunos historiadores explican que el uso de la palabra genovés era un sinónimo de judío, de la misma forma como los portugueses también eran identificados como judíos y, conocedor del idioma castellano por provenir de familia sefardita que tuvo que huir de España en el año de 1391;

También está documentado el uso de símbolos en sus cartas a su hijo Diego compatibles con las palabras en hebreo “Baruj HaShem” o bendito sea Su Nombre, conocedor de los textos bíblicos, citando frecuentemente el Libro de los Profetas en sus cartas, y haciéndose llamar “servidor del mismo Dios que crió a David”, deja entrever  sus raíces judías, que son aprovechadas por los conversos de España para financiar su campaña y estimular a los Reyes, a apoyar dicho proyecto.

Se cree que la octava parte del costo de los viajes lo proporcionó Gabriel Sánchez, tesorero mayor del Reino De Aragón, cuyo padre y suegro fueron quemados en la hoguera por judaizantes y herejes.

Otros patrocinadores de la campaña de Colón fueron Luis de Santángel quien concedió un préstamo equivalente a cinco millones de maravedíes, sin intereses; también intervinieron Juan Cabrera (cuyo abuelo murió en la prisión del Tribunal de la Inquisición) y Fray Diego de Deza, de la corte real de la Reina, con lo que se soporta la teoría de que ella financió la campaña.

La historia nos enseña que la Reina tomó interés en el proyecto después de la insistencia que tuvieron el Cardenal de España, Pedro González de Mendoza y a Luis de la Cerda, Duque de Medinaceli, ambos de sangre judía y que tuvieron que defenderse de las acusaciones del Tribunal.

Juan Colonia, secretario del Reino de Aragón y judío por línea materna, firmó la Capitulación de Santa Fe y la Carta de Privilegios de 1492, donde quedaron estipulados las condiciones económicas a las que tenía derecho Colón.

Para realizar el viaje, Cristóbal Colón, en primer lugar, nunca se apoyo de sacerdotes católicos en la misión, y lo acompañaron personajes como Rodrigo Sánchez de Segovia, veedor real de la armada y pariente de Gabriel Sánchez, tesorero real; también Luis Torres de Murcia, de quien se dice falleció en la histórica toma de la Fortaleza de la Natividad en la Isla la Española, por parte de la población local: Maestre Bernal, médico y boticario; Rodrigo de Triana; Diego de Arana, pariente de su segunda esposa, Efraím Benveniste de Calahorra, los cirujanos Marco y Juan Sánchez de Córdoba, todos de origen converso.

Llevó consigo traductores de hebreo porque esperaba encontrar quienes hablaran este idioma y suponen algunos historiadores, que las primeras palabras dirigidas a los nativos fueron en hebreo.

En los viajes sucesivos, muchos de los denominados marranos, benéi anusím y cristianos nuevos, se desplazaron a los nuevos territorios, con el fin de huir de las presiones a las cuales se encontraban sometidos, por el estilo conflictivo de vida de la España local.

El Edicto de Alhambra que obligaba a los judíos a salir de España el 31 de julio de 1492 fue postergado por los reyes hasta el 2 de agosto: situación que aprovechó Cristóbal Colón para “acuartelar” a su tripulación desde el día anterior, sin informarles que iban a zarpar a buscar los territorios de la India, y porque conocía que “después de cierta hora, la milicia urbana, la Santa Hermandad y los familiares de la Inquisición saldrán a averiguar si ya no hay más judíos en España”.

Continuará en la sexta parte del impacto del judaísmo en la civilización

07 de Noviembre de 2010 – 30 de Jeshvan de 5771

PorMax Stroh Kaufman

El impacto del judaísmo en la civilización – Cuarta parte

El impacto del judaísmo en la civilización – Cuarta parte

Continuación

5.2 Los judíos en España

Algunos asocian el país de Tarsis, mencionado en los libros de Isaías, Jeremías, Ezequiel, Primero de los Reyes y Jonás, con la antigua civilización de Tartessos o, al menos, con algún lugar de la Península Ibérica.

Si esta identificación fuese correcta, el contacto de los judíos con la Península Ibérica se remontaría a la época de Salomón.

Parece claro, en cualquier caso, que el reino de Israel mantuvo relaciones comerciales con un lugar llamado Tarsis.

En Ezequiel 27:12 así se dice: “Tarsis comerciaba contigo por la abundancia de todas tus riquezas, con plata, hierro, estaño y plomo a cambio de tus mercaderías.”

También se hace referencia a este comercio en 1Reyes 10:22, donde se dice que “una vez cada tres años la flota de Tarsis venía y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales”.                                                                                                          

Y es asimismo el país lejano al que Jonás quiere ir para escapar de Dios (Jonás 1:3),

Lo que aproxima a las citas anteriores es el conocimiento que se tiene de la existencia de comunidades judías en territorio español desde tiempos remotos, el hallazgo de evidencias arqueológicas lo confirman.

Un anillo fenicio del siglo VII a. C., hallado en Cádiz con inscripciones paleo-hebraicas, una ánfora, en la que aparecen dos símbolos hebreos del siglo I, encontrada en Ibiza, también existe un sarcófago en Almería con signos Hebreos del siglo I d.C.

La presencia hebrea en el actual territorio español tuvo cierto incremento durante las Guerras Púnicas, 218-202 antes de la era común, durante las cuales Roma se apoderó de la Península Ibérica (Hispania), y se sabe con precisión que el incremento de la población judía se dio varios siglos después a raíz de la conquista de Judea por el general romano Tito.                                               

Se calcula que en España se asentaron, durante las primeras décadas de la Diáspora, alrededor de 80.000 personas procedentes de Palestina.

Con la caída del Imperio Romano y la invasión de la península por tribus germánicas, como los visigodos, suevos y vándalos, sobreviene una época de dificultad para los hebreos que en ella vivían.

Atraviesan toda España desde los tiempos de los romanos.

Al sobrevenir la acepción del Cristianismo como religión de los reinos bárbaros, y la instauración de la Iglesia Católica en España bajo el reinado de Recaredo, año 587 después de la era común, las comunidades judías pasan a ser dominadas completamente y se inicia una época de persecución, aislamiento y rechazo.

Es en esta época donde comienzan a fraguarse las primeras aljamas y juderías de las ciudades españolas donde hubo grandes asentamientos hebreos.  (Las aljamas eran las entidades autónomas en las que se agrupaban las comunidades judías de las diferentes localidades.

Tenían sus propios magistrados, y se regían por sus propias normas jurídicas, basadas en la Halajá. La institución de la aljama se trasladaría después a la España cristiana, y permanecería vigente hasta el momento de la expulsión)                                         

Una de las ciudades españolas a las que se le atribuye ser fundada por judíos  fue Toledo, que proviene de la palabra (y porción bíblica) Toledót o Toldot, que significa generaciones. Además de la anterior, los judíos desarrollaron prósperas comunidades en la mayor parte de las ciudades españolas.

Destacan las comunidades de las ciudades de Burgos, Sevilla, Córdoba, Jaén, Ávila, Granada, León, Segovia, Soria y Calahorra.

En la Corona de Aragón, las comunidades de Zaragoza, Gerona, Barcelona, Tarragona, Valencia, Vitoria y Palma de Mallorca se encuentran entre las más prominentes.

Algunas poblaciones, como Lucena, Hervás, Ribadavia, Ocaña y Guadalajara, se encontraban habitadas principalmente por judíos. De hecho, Lucena estuvo habitada exclusivamente por judíos durante siglos en la Edad Media.

La comunidad judía española, durante esta época, fue la más grande, mejor organizada y más avanzada culturalmente gracias a las grandes libertades de que gozaba.

Numerosos judíos de diversos países de Europa y de los dominios árabes se trasladaron a España, integrándose en la comunidad existente, y enriqueciéndola en todos los sentidos.

Muchos de estos judíos adoptaron el idioma árabe y se desempeñaron en puestos de gobierno o en actividades comerciales y financieras.

Esto facilitó enormemente la incorporación de la población judía a la cultura morisca, principalmente en el sur de España, donde los judíos ocuparon puestos importantes y llegaron a amasar considerables fortunas.                                                                                                                        

Por lo tanto, es bajo el dominio del Islam cuando la cultura hebrea en la península alcanza su máximo esplendor. Protegidos, tanto por reyes cristianos como musulmanes, los judíos cultivan con éxito las artes y las ciencias, destacando claramente en Medicina, astronomía y matemáticas.

Además, los estudios religiosos y la filosofía son quizás la más grande aportación.

Algunos nombres destacan en tales áreas.

El rabino cordobés Moshé ibn Maimón, más conocido con el sobrenombre de Maimónides, se distingue sobre los demás por sus aportes al campo de la Medicina, y sobre todo en la filosofía.

Sus obras, como la Guía de perplejos y los comentarios a la Teshuvot, ejercieron influencia considerable sobre algunos de los doctores de la iglesia, principalmente sobre Tomás de Aquino.

De Salomón Yehudá Ibn Gabirol recibimos el libro llamado,  La fuente de la vida o mekor jaím, nombre original hebreo, fue traducida al  latín como Fons Vitae, y este se convirtió en uno de los libros bases del franciscanismo, importante referencia posterior para el mundo católico y cristiano.

En el campo de la matemática, se les atribuye a los judíos la introducción y aplicación de la notación numeral indo arábiga a Europa Occidental.

Azraquel de Sevilla realiza un estudio exhaustivo sobre la Teoría de Ecuaciones de Diofanto de Alejandría, mientras que Abenezra de Calahorra escribe sobre las peculiaridades de los dígitos (1-9) en su Sefer ha-Eshad, redacta un tratado de aritmética en su Sefer ha-Mispad y elabora unas tablas astronómicas.

Años antes de la Reconquista, el converso Juan de Sevilla tradujo del árabe un volumen del álgebra de Mohammed al-Khwarismi que fue posteriormente usado por matemáticos como Nicolo di Tartaglia, Girolamo Cardano o Viète.        

En la arquitectura se destaca el estilo morisco con el que se construye la Sinagoga del Tránsito (o de Samuel Ha-Leví) en la ciudad de Toledo, exponente máximo de la arquitectura judía de ésta época, al igual que la de la ciudad de Córdoba.

Alfonso “el sabio” en el siglo 13, reunió a los astrónomos más importantes de la época para estudiar los movimientos planetarios: corrigieron las tablas de Tolomeo y prepararon las “Tablas Alfonsinas,” redactadas por Isaac ben Sid, que tuvieron validez hasta la época de Copérnico.

En resumen, en el plano cultural, los judíos fueron los transmisores de los conocimientos árabes.

Gracias a ello, en cortes como la de Alfonso X, junto con colaboradores árabes, se pudo llevar a cabo la enorme obra de recopilación, traducción y divulgación de todo el saber humano de la época.

Hay que resaltar que mientras los judíos llamados sefaradíes, se hicieron destacar mayores aportes a las ciencias del conocimiento, el grupo de los judíos ashkenazíes realizaron grandes aportes a la espiritualidad y sobre las escrituras: por ejemplo, El libro de comentarios de Rashi, los Tosafot, y el Sefer HaIashar (El “Libro de la Rectitud”).por Rabeinu Tam: quizás la obra halájica más completa de los judíos de su tiempo, el Sefer Mitzvot Gadol (Sema”g por sus abreviaturas), escrito por Moshé de Coucy; el Sefer Zejirá, que describe los sufrimientos del pueblo judío de la época, escrita por el Rabino Efráim de Bonn; el Sefer Jasidim y las “Tzavaot” escritas por Yehuda haJasid, el “Tashbetz”, escrita por el Rabi Meir de Rothemburg, conocido como Maharam; el Shulján Aruj en el siglo 16 de la era común,

Los siglos 10 a 15 de la era común fueron de cambios radicales en la península ibérica: grandes avances de la ciencia, el surgimiento de España como el imperio más poderoso de la época a pesar de las guerras y conflictos tanto externos (por ejemplo, las cruzadas) como internos, y que estos ocasionaron frecuentes persecuciones  a los judíos añadido a la necesidad judía de retornar a Jerusalém, de la que podemos citar como ejemplo más significativo, el hecho que en 1141 el español Yehúda Haleví hizo un pronunciamiento para que los judíos regresen a  Israel, ejemplo que fue repetido un siglo después por el rabino español Najmánides: en su caso, emigrando a Jerusalém y creando un vínculo constante con esta ciudad, con el que aseguró la presencia de judíos en la región; la renovación de la creencia en Asfareth,

En primer lugar basándose en el concepto del Libro de Deuteronomio 30:13 que dice: “Y ella (la Biblia) no está al otro lado del mar para que digas ¿quién pasará por nosotros el mar, para que nos la traiga y nos la haga oír a fin de que lo cumplamos?:

En segundo lugar, donde el pensador español Ibn Ezra, nacido en el año 1092 de la era común, decía que al otro lado del mar expresa lejanía: algo remoto y lejano de Israel, a través de un Mar Grande que nadie puede atravesarse y,

En tercer lugar, la necesidad que tenían los judíos españoles de encontrar a las 10 tribus perdidas para que les brindaran un apoyo que “pedían a gritos” y por último la aparición de Cristóbal Colón, conocedor de los textos del Antiguo Testamento (Tanáj), extrajo de los profetas Esdras e Isaías, la siguiente frase: “Si se reúnen las naves para mí, con los navíos de Tarsis a la cabeza, para traer de lejos a tus hijos, con su oro y su plata, para el nombre de Adonai Tu Dios, para el santo de Israel para que te glorifique” ;con ello pone en marcha el gran proyecto que terminará con el Descubrimiento de América, fuertemente apoyado por los judíos conversos

En el año de 1478, el Papa Sixto V aprobó el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio en la Península Ibérica y en sus posesiones del Mediterráneo.

Como primer Inquisidor General, se nombró al dominico Tomás de Torquemada, confesor personal de la reina de Castilla y hombre fundamental en la expulsión de los judíos de España, en el año de 1492.

El 31 de marzo de 1492 por los reyes recién llamados Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, se firma El Decreto de la Alhambra o Edicto de Granada, el cual obligaba a todos los judíos de la España católica a convertirse esa religión o ser expulsados, con término el 31 de julio de 1492.

Por motivos logísticos se extendió este plazo hasta el 2 de agosto a las doce de la noche. Fernando el Católico también firmó otro documento semejante para el reino de Aragón.

Un cronista de la época, Andrés Bernáldez, describía así la salida de los judíos de la ciudad de Zaragoza:

Salieron de las tierras de sus nacimientos chicos y grandes, viejos y niños, a pie y caballeros en asnos y otras bestias y en carretas, y continuaron sus viajes cada uno a los puertos que habían de ir, e iban por los caminos y campos por donde iban con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, otros muriendo, otros naciendo, otros enfermando, que no había cristiano que no hubiese dolor de ellos y siempre por donde iban los convidaban al bautismo, y algunos con la cuita se convertían y quedaban, pero muy pocos, y los rabinos los iban esforzando y hacían cantar a las mujeres y mancebos y tañer panderos y adufos para alegrar la gente, y así salieron de Castilla.

La gran mayoría de los estos judíos provenientes de la península Ibérica, serían recibidos en el Imperio otomano, que a la sazón estaba en su máximo apogeo.

El sultán Bayaceto II permitió el establecimiento de los judíos en todos los dominios de su imperio, enviando navíos de la flota otomana a los puertos españoles y recibiendo a algunos de ellos personalmente en los muelles de Estambul, como consta una pintura del ilustrador Mevlut Aky?ld?z.

Es famosa su frase: “Gönderenler kaybeder, ben kazan?r?m”, que traduce: aquellos que les mandan pierden, yo gano.

Estos judíos se establecieron cuatro comunidades en el Imperio otomano, mucho más grandes que cualquiera de las de España, siendo las dos mayores la de Salónica y la de Estambul, mientras que la de Esmirna, en Turquía, y la de Safed, en Israel, fueron las de menor tamaño.

Sin embargo, se documenta su establecimiento en casi todas las ciudades importantes del imperio, fundando comunidades en Sarajevo (Bosnia), Belgrado (Serbia), Monastir (República de Macedonia), Sofía y Russe (Bulgaria), Bucarest (Rumanía), Alejandría (Egipto) y Edirne, Çanakkale, Tekirda? y Bursa en la actual Turquía.

Otros, se unieron a la expedición organizada por Cristóbal Colón quien aprovechó el conocimiento existente para planificar el viaje: utilizó los Portolani, o estudios de navegación de los aragoneses en el Mediterráneo, los datos aportados por las expediciones de Marco Polo y con la ayuda de los conversos Abraham y Yehúda Cresques (conocido con el nombre de Jaime Rives, autor del “Atlas Catalán”, la obra de navegación más extensa conocida en la época): también utilizó el Astrolabio mejorado por Abraham Zacuto (profesor de la Universidad de Salamanca y autor del “Almanaque perpetuo”); también, las tablas Alfonsinas que le permitieron predecir un eclipse lunar tres días antes de que ocurriera en 1504.

Es concluyente, y lo demuestra la historia, que la expedición no hubiera sido posible sin el apoyo de los judíos y especialmente de los conversos, y sin importar lo que piensen muchos autores, la impronta judía está allí, en el hallazgo del Nuevo Continente, desconocido por el mundo de esa época.

Continuará… el impacto del judaismo en la civilización quinta parte

07 de Noviembre de 2010 – 30 de Jeshvan de 5771

PorMax Stroh Kaufman

Cristobal Colon, y su identidad judía

Cristóbal Colón, y su identidad judía

Publicado en Visión Judía 51, octubre de 2006.                         Por: Jane Bichmacher de Glasman

El 12 de octubre de 1492, el genovés Cristóbal Colón descubrió América.

La frase, tal cual nos fue enseñada desde nuestra infancia, posiblemente representa una sucesión de errores. Recientes descubrimientos revelan que el continente americano había recibido visitantes en el pasado (de origen fenicio y chino), que Colón no era italiano… ¡y que ni siquiera ése era su nombre!
El año 1492 divide en dos a la historia en general y a la judía en particular.

El viaje a las Américas coincide con la expulsión de los judíos de España.

La polémica comienza con respecto a la cercanía de estos dos eventos tan relevantes (su flota zarpó dos días después del plazo establecido por los monarcas para que los judíos abandonen el reino).

La discusión toma color, de la mano del historiador Mascarenhas Barreto, en su libro El Portugués Cristóbal Colón, Agente Secreto del Rey Don Juan II en el cual afirma que el descubridor era portugués y judío.

Colón conocía las lenguas clásicas (mantenía un diario en latín y otro en griego) y el hebreo; no escribía italiano, sino portuñol. Dominaba el antiguo testamento, además de escribir en un estilo bíblico. Un cristiano de su época, no tendría este conocimiento específico.

En una de sus cartas figuran las iniciales de Baruj Hashem, B“H (como yo escribo en todos mis escritos, debido a mi formación religiosa).
Colón vivía entre judíos, tenía amigos y maestros judíos.

Cristobal Colon, su identidad judía se revela en muchos aspectos, como los detallados a continuación:

La navegación era enseñada en academias judías, y los primeros navegadores fueron judíos y árabes. El viaje de Colón fue patrocinado por judíos entre ellos, EL RABINO ABRAHAM SACUTO, quien le regaló el sextante que utilizó para viajar y DON ISAAC ABRABANEL, CONSEJERO DE LA REINA–y no por los monarcas, como dicen. Es sabido que Colón viajó junto con muchos cristianos nuevos.

Segundo Oscar Villar Serrano, en su libro Cristóbal Colón: el secreto mejor guardado, presenta la correspondencia mantenida entre Colón y su hijo Fernando, la cual brinda contundentes pruebas acerca del origen del navegante.

Las cartas eran fechadas con letras hebreas y las despedidas eran bendiciones judías. Colón recomendaba a su hijo que delante del pueblo se comportase como mandaba la ley canónica, “más entre nosotros, tenemos que conservar nuestras costumbres” (sic).

El hermano de Cristóbal Colón, fue quemado en Valencia en 1943 por judaizar. Curiosamente, fue la propia iglesia la que propuso canonizar al descubridor de América por haber cristianizado a los indígenas, pero desistieron de la idea al saber que el mismo era de origen judío.

Es posible que Cristóbal Colón sea el mismo Salvador Fernandes Zarco, noble ilegítimo, natural de la villa alentejana de Cuba en Portugal, nieto de Juan Gonsalves Zarco, navegador portugués de ascendencia judía –esto explicaría los nombres con que bautizó a las islas (San Salvador y Cuba).

Descifrando la misteriosa escritura críptica de 27 signos con que Colón escribía su nombre, Barreto acredita haber develado la mística judía presente en el nombre e identidad del navegador.

Con este objetivo, el investigador utilizó el método de lectura en espejo, de acuerdo al cual el punto y la coma pueden significar, en español antiguo, Colón y en hebreo Zarco.

Para Mascarenhas Barreto, el significado en latín de la firma es: Fernandus, ensife copiae Pacis Juliae de Beja e Isabel Sciarra Camarae, mea soboles Cubae sunt que significa: Fernando, duque de Beja, e Isabel Sciarra de la Cámara, son mis padres, provenientes de Cuba.

José Rodríguez de los Santos, autor de Codex 632, comenta que la firma del navegante era contradictoria, poseía mensaje católicos en latín y a su vez mensajes en hebreo.

Leyendo la firma en forma regular, obtenemos: S S A S X M Y e Cristófenes (Cristoval en griego).
Es posible leer la frase como Santo Santo Santísimo Santo, y del centro hacia arriba interpretar: XS = cristo; MAS = Mesías; YS= Jesús. Lo que sería una firma bien católica normal.

Podemos, sin embargo, leer una firma hebrea “escondida” en el mismo texto: Sha-dai, Sha-dai, Ad-nay, Sha-dai Shemá (nombre/atributos de Dios y la profesión de la fe judía).

Asimismo, es posible interpretar XMY como shmí= mi nombre, en hebreo. Leyendo de izquierda a derecha, como en hebreo, YMX= Ymax (le-se imar) = sea borrado. YMX XMY = Ymach Shmí = ¿que mi nombre sea borrado? ¿Qué nombre?

Se lee en la línea de abajo: Xpoferens, que viene a ser Cristo, y ningún judío se llama Cristo. ¡Entonces él estaría renegando su nombre!

Más aún, usando el sistema de inversión XMY se torna XWY formando Ymah Shmo Wezicrhó (que su nombre y su memoria sean borradas). De esta forma, a través de su firma, Colón niega su identidad católica y revela su origen judío…

321judaismo.com  ——- 18 de febrero de 2013 ——– 08 de adar de 5773

PorMax Stroh Kaufman

El español y El hebreo en el día mundial del español

Día Mundial del Idioma Español

El pasado 23 de Abril se celebró el día mundial del idioma Español.

Este es un día en el cual se le rinde homenaje a una lengua, que la hablan cerca de quinientos millones de personas en el mundo.

El 23 de Abril se celebra el “Día Mundial del Idioma Español” en honor al escritor Miguel de Cervantes Saavedra, era una figura importante en la literatura del idioma español, que murió en ese mismo día en el año 1616.

Ese mismo día, un 23 de Abril, también fallecieron otros grandes personajes en la literatura universal como son Garcilaso de la Vega, William Shakespeare y Vladimir Nabokov, por lo cual, a partir del año 1995, la UNESCO, ha catalogado a esta fecha como Día Internacional del Libro.

El día mundial del idioma español se celebra desde el año 1702.

El español o también llamado Castellano, que ha recibido un sinfín de aportes, provenientes del árabe (por ejemplo: almohada, álgebra, albahaca, alhelí, alcachofa, alcalde, alguacil, almanaque, alquimia, alfil, Gibraltar, Guadalquivir, azafrán, cero, cifra, etc.),

Del griego (con aportes como democracia, huérfano, escuela),

Del antiguo hebreo (porque se documenta la presencia de judíos en la Península Ibérica desde antes de la época romana y se pueden documentar palabras como alfabeto, sábado, sabático, pascua, amén, maná, bendición, paraíso, mesías, aleluya, golem, querubín, serafín, Satán, leviatán, jubileo)y también de los diferentes lenguajes provenientes de las diferentes provincias españolas de la antigüedad, el cual termina en un lenguaje que podría llamarse con el nombre de “pre-castellano” organizado por Alfonso X el sabio.

Para terminar esta inserción de palabras, podemos incluir algunas de origen indígena americanas desde la época de la conquista (por ejemplo: chocolate, papa, tomate, mandioca, maíz, cacao, etc.); o de la gauchesca y el lunfardo rioplatense (como rancho, tapera, mate, pingo, pibe, etc.), sin que esto signifique que el idioma ha dejado de enriquecerse.

Una de los aspectos que determino su expansión hacia las Américas, fue en hecho que, ya a fines del siglo 15 de la Era Común, era ampliamente conocida la existencia de una lengua llamada el “judeo-español,” esta lengua tuvo la fortuna de atravesar en carabelas el Atlántico en busca del Nuevo Mundo, a manos de Cristóbal Colón y los judíos conversos de aquella época que huyeron de el “viejo continente” hacia nuevas tierras, como consecuencia del edicto de Alambra; algunos de ellos pensaron que iban a encontrarse con las 10 tribus perdidas.

Recordemos además que, Luis de Torres, un judío converso que acompañó a Colón como intérprete en su primer viaje, sabía hebreo y se ha supuesto que en ese idioma pretendía poder comunicarse con los nativos de las tierras a las que arribaran.

En este momento todavía existían muchos lenguajes que estaban siendo unificados por el castellano: el Aragonés, el Leonés, el Navarro, el Catalán, el Toledano, el Sevillano del norte, el Sevillano del sur, el Galo-portugués, y el ya mencionado judeo-español o sefaradí.

En el mismo año de la llegada de Colón a América, en 1492, aparece la obra de Antonio de Lebrija quien publicó la primera gramática castellana. Este suceso impulsó extraordinariamente el desarrollo de esta lengua que, como mencionamos previamente, es hablada por casi 500 millones de personas.

Del judeo-español nos queda por ver su influencia en el ceceo, la confusión sonora entre las letras b y v, el uso de la “r” múltiple en palabras como rosa, rico, rojo, rabia, como si estuviéramos diciendo “rrosa, rrojo, rrabia, rrico”; también, la forma como se pronuncian palabras como  buscar, mosca, en la que se hace énfasis en la pronunciación palatina de la  s_c, ejerciendo fuerza sobre cada una de las dos letras; el mantenimiento de la f en lugar de la h en algunos lugares, y la conservación o diferenciación en algunos lugares con influencia andaluza, en donde se hace énfasis en la pronunciación de la s y la z; también el mantenimiento del grupo -mb- en palabras como bombero.

Actualmente el español es la lengua oficial de 22 países y la cuarta más hablada del mundo, después del chino, el inglés y el hindi.

La defensa del idioma en su cuidado y uso correcto induce a mantener las tradiciones culturales de un pueblo y es a los hispanohablantes a quienes nos corresponde velar por su pureza, pero al igual tenemos que saber de dónde viene, y porque tantas diferencias, para hacer de este idioma, un medio de comunicación y expresión de los sentimientos y valores de numerosas naciones del mundo.

Que viva el idioma español y muchos éxitos en este nuevo aniversario.

 

 

321judaísmo.com

321judaísmo.com – 29 de abril de 2012 – 7 de Iyar de 5772