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PorMax Stroh Kaufman

Parasha Ajarei Mot – Kedoshim

Parasha Ajarei Mot – Kedoshim

 

Ajarei Mot – Kedoshim es la parasha que leemos esta semana.

Si se hace la traducción literal, sin espacios, guiones, comillas, etc. estaríamos diciendo “Después de muertos seremos santos”

Muchas personas se preguntarán:

1.- ¿Después de muertos seremos santos?

2.- ¿Por qué seremos santos?

3.- ¿Por qué después de muertos?

4.- No es acaso mejor ser santo ahora?

 

Ser kedoshim – santos, puede llegar a ser, para muchos (por no decir todos), es una tarea imposible,

¿Por qué? Porque ser santos, en el sentido más elevado, implica ser “igual al Eterno”

Nos preguntamos entonces ¿Es acaso posible que nosotros podamos asemejarnos a Él?

Si de Él está dicho: “¿Quién como Tú, oh Eterno, entre los dioses? ¿Quién como Tú, majestuoso en santidad, temible en hazañas dignas de alabanza, hacedor de maravillas?” (Shemot / Éxodo 15:11).

Tomemos como ejemplo esta otra expresión extraída del Tanaj, que nos hace “imposible” ser santos y que dice así: “¿A quién, pues, Me haréis semejante, para que Yo sea su igual?, dice el Santo.” (Yeshaiá(hu)  / Isaías 40:25).

 

Empecemos a responder las preguntas.

El hombre, a pesar de ser finito, si puede ser santo, ahora en vida, de una manera, que para la mayoría va a ser difícil. pero que arranca de una condición:

El hombre fue creado a imagen y semejanza de HaShem.  

Aprovechando la moda y el concepto actual que los coach le quieren dar al emprendimiento en cualquiera de sus fases, esto ya es el primer paso hacia un camino, en nuestro caso de santidad.

El segundo aspecto a resaltar, que lo da esta parasha, es que existe un “manual de instrucciones” llamada Torá (y Tanaj) que hace más fácil el transitar hacia la santidad.

En esta parashá hay unas instrucciones precisas como por ejemplo, las tres prohibiciones que hay acerca de tomar o retener el dinero de otro, o la prohibición del falso juramento, entre otros, que apoyan el llegar al estado de kedoshim (antes de morir incluso)

 

Recordemos que cada persona posee un alma diferente,lo cual hace que cada persona tenga que recorrer “un camino diferente”.

Pero, el principio de la fe y la actitud o intención (kavaná) con la que tome el camino, es lo que lo va a conducir hacia la santidad, estando en vida.

. En otras palabras, estas dos herramientas contenidas en el “manual de instrucciones” son parte fundamental para asegurar la santificación.

 

Hay quienes dirán: “La perfecta santificación no es alcanzable en esta vida “ y por ello la santidad se adquiere “ajarei mot” : después de muertos; pero, todos sabemos que la santidad es un trabajo de desarrollo gradual.

La santidad se lleva a cabo bajo muchos obstáculos, de ahí las frecuentes advertencias a la vigilancia, la oración y la perseverancia, como las contenidas en este “manual de instrucciones” que hemos mencionado para este segundo paso.

Nos adherimos al pensamiento de Ramban (Najmánides) cuando dice que esta parashá lo que busca es dejarnos una enseñanza general de cómo evadir los excesos.  

De cómo nos tenemos que separar de cosas que no están explícitamente prohibidas, cosas que van en contra del espíritu de la ley judía a pesar de que ellas están dentro de la ley y llama a quien incurre en este pecado un “menuval birshut haTorá” – un lascivo con el permiso de la Torá”. y que  nos pide que seamos santos – que nos separemos.

 

“Cuanto más santo es un hombre, más humilde, y más sensible se torna”

 

¿Qué es en realidad lo que se nos está reclamando en nuestra parashá?

 

Amar a nuestro prójimo,como a nosotros mismos

Esto lo dijo Hilel y lo aseguró en sus propias palabras al decir que “el resto de la Torá es complemento”

Esto es la parte fundamental que trae Divinidad al mundo,

Y hagamos lo que hagamos, esto es lo mejor que está en nuestras manos, lo más fácil y a la vez lo más difícil para hacer; con la finalidad de perfeccionarnos y mejorar el mundo en el cual vivimos.

El Eterno, en Su Torá, cuando nos manifiesta: que esta es la forma con la tendemos hacia la kedushá, la santidad, la consagración, mientras estamos en vida

 

¿Y cuando estamos muertos (ajarei mot) qué sucede?

 

Lo primero que tenemos que tener en cuenta, de acuerdo con las enseñanzas de nuestros sabios es que, cuando “partimos de este mundo” es decir, después de que finalizamos con nuestra “vida física” debemos rendir cuentas

Estas cuentas, y nuestras malas acciones son las que frenan nuestra entrada al Mundo venidero (Olam HaBa)

Pero nuestras buenas acciones son las que dejan enseñanzas en las generaciones que nos sobreviven y son ellas  las que nos convierten en santos (kedoshim)

No somos hipócritas recordando sólo lo bueno de las personas que ya no están con nosotros…

Lo que hacemos es, por ejemplo, perpetuar la paz entre el hombre y el hombre, entre el hombre y la naturaleza, mantenemos la dimensión de lo sagrado que es la vida humana y confirmamos lo escrito en la Torá que nos recuerda que cada uno de nosotros está llamado a convertirse…

Convertirse en un sacerdote y toda el pueblo de Israel a su vez se transformará en “un reino de sacerdotes, un pueblo santo”

A su vez también cumpliremos con lo escrito en la parashá

“Sed santos porque santo soy yo, Adonai, vuestro Elohim” (Levítico / Vayikra 19:2)

 

24 de Abril de 2018 – 09 de Iyar de 5778

Recopilado por Dr. Max Stroh kaufman para 321judaismo.com

PorMax Stroh Kaufman

Tu BiShvat 5775

Tu BiShvat 5775

Tu Bishvat 5775: Explicación acerca del Tu BiShvat 5775, ¿Qué hacemos en este TuBiShvat 5775? ¿Qué tiene de especial este TuBishvat 5775? Leamos.

Este año, Tu BiShvat, año nuevo de los árboles, que se celebrará de acuerdo con el calendario gregoriano, el próximo 4 de febrero del 2015, tiene una característica muy especial: se encuentra en el año de Shemita; pero, nuestra historia comienza con el versículo del libro de Devarim / Deuteronomio que dice: Cuando sitiares alguna ciudad por muchos días, peleando contra ella para tomarla, no destruirás sus árboles alzando contra ellos el hacha, porque de ellos podrás comer; por tanto no los cortarás, pues ¿es acaso el árbol del campo hombre para que sufra las consecuencias del sitio…
Ki tatzur el ir yamím rabím lehilajém aléiha letofsá lo tashjít et etzá lindóaj aláv garzén ki miménu tojél veotó lo tijrót ki haadám etz hasadé lavó mipanéija bamatzór.

¿Por qué la comparación?

Porque nos han enseñado nuestros sabios que, para sobrevivir, un árbol y un hombre, necesitan de los cuatro elementos básicos de la naturaleza: tierra, agua, aire y fuego (representado por el sol), y al igual que los árboles, los hombres tienen raíces (fundamentos), ramas, hojas y frutos (hijos y obras)

¿Dónde se habla de los árboles del campo?

Ezequiel / Yejezquel 17:24: Y sabrán todos los árboles del campo que yo, El Eterno, abatí el árbol elevado y levanté el árbol bajo, hice secar el árbol verde e hice reverdecer el árbol seco. Yo, Jehová, lo he dicho, y lo haré.

Ezequiel / Yejezquel 31:15 Así ha dicho Adonai, el Señor: El día que descendió al seól, hice guardar luto, y que se cubriera por él el abismo. Detuve sus ríos, y las muchas aguas fueron detenidas. Por él cubrí de tinieblas el Líbano, y todos los árboles del campo se desmayaron.

Ezequiel / Yejezquel 34:27 El árbol del campo dará su fruto y la tierra dará su fruto. Estarán en su tierra con seguridad, y sabrán que yo soy Jehová, cuando rompa las coyundas de su yugo y los libre de mano de los que se sirven de ellos.

Yoel / Joel 1:19 A ti, Jehová, clamaré; porque el fuego consumió los pastos del desierto, la llama abrasó los árboles del campo.

Yeshaia / Isaías 55:12 Porque con alegría saldréis y con paz regresaréis. Los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.

¿Por qué nuestra historia comienza con la relación de la Shemita?

Porque muchísimos siglos atrás, Tu BiShvat era solamente una fecha de impuestos, en la que se regulaba el diezmo y otras obligaciones agrícolas, como los Bikurim (primeros frutos), Orla (mandamiento bíblico de no consumir los frutos de un árbol antes de los 3 años de edad, donde el fruto se conocía como árbol o fruto incircunciso), Maaser (diezmo (1)(2)) y Teruma (ofrendas)

En aquella época, los agricultores distribuían la fruta diezmada a los pobres, donde los seguidores de la escuela de Hillel, diezmaban el 15 del mes de Shevat, mientras que los seguidores de Shamai, lo hacían el día primero, del mismo mes.

Sucedió que, después de la destrucción de los dos templos y del posterior exilio de la mayoría del pueblo judío de la tierra de Israel, el diezmo dejó de ser un mandamiento, ya que que la mayoría de los judíos estaban viviendo en la diáspora, donde la mayoría de las leyes agrícolas no se podían aplicar, razón por la cual Tu BiShvat dejó de conmemorarse.

Después de la Inquisición española, prominentes rabinos comenzaron a asentarse en Israel, especialmente en la ciudad de Tzfat, la cual fue establecida como el centro místico del mundo judío; a partir de ese momento, comenzaron a recordar la celebración del Tu BiShvat comiendo y bendiciendo las frutas producidas en esa tierra, para simbolizar la relación que tiene el ser humano, con Su Creador y, establecieron, de este modo, lo que se conocería como el Seder de Tu BiShvat.

Las diferentes olas de inmigración hacia la tierra de Israel, conocidas con el nombre de Aliyót, tuvieron como uno de sus objetivos primordiales, la de reforestar la tierra, de acuerdo con las tradiciones escritas en la Torá (3) hasta llegar el momento en que la institución conocida como Keren Kayemet LeIsrael se apropió de esta costumbre, existen cálculos aproximados en los que se estipula que más de un millón de israelíes participan en las actividades de plantación de árboles que son organizadas cada año en Tu BiShvat.

Este año, el 5775, que inició el 25 de septiembre de 2014 y termina el 13 de septiembre del 2015, es un año de Shemita, en el cual, todas las consideraciones rabínicas, y talmúdicas, nos hacen pensar en un Tu BiShvat mucho más especial, donde se puede evidenciar que la providencia del Todopoderoso para con su pueblo no tiene límite puesto que está escrito:

Vayickrá / Levítico 25:3-5 Seis años sembrarás tu campo, y seis años podarás tu viña y recogerás su producto; y en el año séptimo, año de descanso será para la tierra; sábado en nombre del Eterno; tu campo no sembrarás, y tu viña no podarás. Lo crecido por sí mismo después de la siega no segarás, y las uvas separadas para ti de tu viña no vendimiarás; año de descanso será para la tierra

Shesh shanim tizrá sadéja veshésh shanim tizmór karméja veasáfta et tevuatá. Uvashaná hasehviít Shabat Shabatón yihyé laáretz Shabat laAdonai sadéja lo tizrá vejarméja lo tizmór. Et sefiáj ketzirjá lo tiktzór veét inevéi neziréja lo tivtzór shnat Shabatón yihyé laáretz

Uno podría preguntarse entonces: ¿Cómo voy a celebrar? ¿Qué voy a comer?

Está escrito

Vayickrá / Levítico 25:20-21 Y si dijereis: ¿Qué comeremos en el séptimo año, en vista de que no hemos de sembrar, ni hemos de recoger (para casa) lo que la tierra produzca para nosotros? Yo enviaré mi bendición para vosotros en el sexto año, de modo que la tierra produzca fruto suficiente para los tres años; y sembraréis en el octavo año, y seguiréis comiendo los frutos añejos hasta el noveno año, es decir, hasta que salga el producto del octavo seguiréis comiendo de lo añejo.

Vejí tomrú ma nojál bashaná hasheviít hen lo nizrá veló neesóf et tevuaténu. Vetzivití et birjatí lajém bashaná hashishít veasát et hatvuá lishlósh hashanim. Uzratém et hashaná hashminít vaajáltem min hatvuá yashán ad hashaná hatshiít ad bo tevuataá tojlú yashán

Duante este año y para esta festividad, estamos obligados a concentrarnos más en nuestro nivel y misión espiritual en nuestras vidas, y mucho menos en la consecución de nuestros objetivos materiales… concentrarnos más en el porqué de nuestras necesidades y menos en qué necesitamos… Más en nuestra fe en El Todopoderoso, y menos en nuestros talentos, habilidades trucos y engaños.

Feliz fiesta.

 

  • Traed todo el diezmo al granero, para que haya alimento en Mi Casa. Probadme en esto, dice el Eterno de los ejércitos, (y veréis) si no os abro las ventanas del cielo y os derramo una bendición, para que haya (cosecha) más que suficiente. (Malají 3:10).
  • Hay 3 tipos de Maaser: El rishón 0 diezmo primero; el sheni o segundo diezmo y el aní o diezmo del pobre
  • Y cuando entrareis en la tierra y hubiereis plantado todo género de árboles de comer, consideraréis su fruto como incircunciso: por tres años os será como incircunciso; no se comerá. Y el cuarto año todo su fruto será consagrado al Eterno con loores. Y en el año quinto comeréis de su fruto, para acrecentar su producto; Yo soy el Eterno, vuestro Dios.

09 de enero de 2015 – 18 de Tevet de 5775

PorMax Stroh Kaufman

Estudiar la Tora

La importancia de estudiar la Tora

El pueblo judío es conocido por ser muy brillante:

¿Cuál podría ser la causa de esto?

Que el pueblo judío ha sido un pueblo de libros, especialmente aquellos que tienen que ver con la sabiduría,  durante un período mayor a 4000 años, lo cual podría convertirse en una cantidad incalculable de libros leídos.

Pero, ¿De qué clase de sabiduría podríamos estar hablando?

De aquella sabiduría y conocimientos básicos del cómo es, cuándo es, qué hacer, con quién estar, dónde estar, etc.

Para ello existen miles y millones de aportes, entregados al pueblo judío a través de leyendas, ejemplos, parábolas e incluso, historias de la vida real, los cuales si se recogieran en textos, podríamos armar una extensa biblioteca (1) que está siempre a la disposición de  cada uno de nosotros y que siempre ha estado allí, a nuestro lado, esperando que dispongamos de ella.

Muchos podrían pensar que, al hablar de una extensión innumerable de textos, jamás seríamos capaces de terminarlos, pero, sólo uno, es el principio básico y fundamental de todos ellos, es la Torá.

La palabra Tora tiene en su etiología la palabra or, orá, que significan luz.

¿Qué importancia tiene esto? Que sus enseñanzas brillan y han brillado a través de los tiempos, mostrándonos e indicándonos cuál debe ser nuestro sendero y nuestra forma de ser y actuar.

Estudiar la Torá, se constituye entonces en una gran mitzvá si entendemos el concepto anterior y, es tal vez, la mitzvá más grande que tenemos en nuestras vidas…

¿Cuándo es el mejor momento para estudiar la Tora?

Dicen nuestros sabios a través de la siguiente reflexión: “Debes enseñarla a tus hijos y hablarles con palabras claras cuando estés en tu casa, cuando vas por la calle, cuando te acuestas y cuando te levantas” frase que sale de la misma Torá, en el libro de Deuteronomio…

Otra reflexión que tenemos parte de las palabras del Sifrí que nos dicen: Y las enseñarás diligentemente a tus hijos, porque  estos son tus alumnos”.

Un judío debería estar siempre estudiando la Torá: en una jornada que podríamos catalogar como 24/7/365; por supuesto que hay que descansar, dormir, comer, entre otras cosas, para poder estar activo y con energías, para sentirse revitalizado y dedicarse, “de lleno” a este, considerado como su propósito principal.

Lo que sobre de tiempo, debería estar dedicado a la oración.

Esto es lo que permite a cada judío establecer una conexión directa con El Todopoderoso quien se encargará de entregarnos el complemento que falta para adquirir y manejar la sabiduría que la Torá enseña.

Por las “obligaciones” que nos impone la vida, sin embargo nuestros sabios han sugerido que se ajuste un horario por la mañana y un horario por la noche,  o, que al menos se tenga de una oportunidad de asistir a una escuela de enseñanza que haya en la localidad, sea una Yeshivá, o la sinagoga local con un compañero de estudios.

¿Quién debe estudiar la Tora?

¿Quién? El hombre rico, el hombre pobre, el que está sano y el que está enfermo; el joven y el viejo, el inteligente y el no tanto;  La Tora es la mejor herencia personal que tiene cada judío.

¿Qué y por donde estudiar?

Dicen también nuestros sabios a través de otra reflexión encontrada en el libro de Ética de los Padres o Pirke Avot, No es tu trabajo completar con la meta, pero no eres libre ni estás absuelto para no intentarlo”.

La forma quizás más práctica de empezar con el estudio es comenzar a través de las situaciones que más pueden impactar en la vida cotidiana, como el Shabat y las celebraciones; ellas podrían constituirse en el “trampolín” que nos lanza a querer estar cada vez más empapados de lo que la Torá implica en nosotros y en nuestro estilo de vida.

Esto es lo que podría empezar a generar un impacto, que nos genere un método de estudio y luego, permitiendo un pequeño instante de conexión espiritual, va a impactar, de modo definitivo, en nuestro ser y en nuestro interés por estar más “lleno de luz”

Debemos estar seguros, plenamente convencidos de que estudiar la Torá es una gran mitzvá, puesto que  gracias la observancia de la misma, el Santo, Bendito sea, nos prometió vida eterna.

Por esta razón decimos en las bendiciones antes de estudiar Torá: “Y la vida eterna que Él ha puesto en nosotros”.

Recordemos que debemos siempre permitir ese instante para estudiar la Torá, que como se explica previamente, es la luz que va a guiar nuestro sendero y no seamos solo lectores de Biblia, cuyo nombre está implícito la palabra Babel, que en hebreo traduce “confusión”.

Recordemos también las palabras de Rabí Yojanán ben Zakai (2) ,por intermedio de las enseñanzas que recibió de Hilel y Shamai y que fueron consignadas en el libro Ética de nuestros Padres, Pirké Avot: “Si has estudiado mucha Torá, no te enorgullezcas, ya que ese es el propósito por el que has sido creado”

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(1) Cuando hacemos la comparación con las bibliotecas “de antaño” con libros físicos y no memorias, discos duros, racks, espacio en la nube etc.

(2)     Discípulo predilecto de Hilel, vivió entre los años -37 a 83 de la Era Común.

 

Publicado 24 de Shevat de 5772 – 18 de Febrero de 2012

 

PorMax Stroh Kaufman

Cuentos jasídicos

Cuentos jasídicos

Séptima entrega.

1.-  Enseñaron nuestros maestros: El hombre debe ser siempre amable, como Hillel, y no irritable, como Shammay. En una ocasión dos amigos hicieron una apuesta, diciendo: “El que haga enojar a Hillel recibirá del otro cuatrocientos zuz”  (El zuz es una moneda judía cuyo valor equivalía a un denario).

Dijo uno:

– Yo lo conseguiré.

Aquel día era víspera de sábado e Hillel se estaba lavando la cabeza. Se paró el hombre a la puerta de su casa y se puso a decir:

– ¿Dónde está Hillel?, ¿dónde está Hillel?   (Le llamó por su nombre, sin anteponerle el título de Rabbí(.

Hillel se envolvió en un manto y salió a su encuentro, diciendo:

– ¿Qué deseas, hijo mío?

– Tengo que preguntarte una cosa, respondió, y estoy impaciente porque me respondas.

– Pregunta, hijo mío, pregunta.

– ¿Por qué los babilonios no tienen la cabeza redonda?    ( Hillel era de origen babilonio)

– Hijo mío, le respondió Hillel, has hecho una pregunta muy importante: es porque no tienen comadronas hábiles.

Pasado un rato regresó el hombre:

– ¿Dónde está Hillel?, ¿dónde está Hillel?

Hillel se puso el manto y salió a su encuentro:

– ¿Qué deseas, hijo mío?

Respondió:

– Tengo que hacerte una pregunta, y estoy impaciente porque me respondas.

–  Pregunta, hijo mío, pregunta.

– ¿Por qué los tadmoritas tienen los ojos pitañosos?

– Hijo mío, le respondió Hillel, has hecho una pregunta muy importante: es porque viven en lugares arenosos.

Al cabo de un rato volvió el hombre, y dijo:

– ¿Dónde está Hillel?, ¿dónde está Hillel?

Hillel se puso el manto y salió a su encuentro:

– ¿Qué deseas, hijo mío?

Le dijo:

– Tengo que hacerte una pregunta, y estoy impaciente por que me respondas.

– Pregunta, hijo mío, pregunta.

– ¿Por qué tienen los africanos los pies anchos?

– Hijo mío, respondió Hillel, has hecho una pregunta muy importante: es porque viven en lugares pantanosos.

Dijo el hombre:

– ¿Tú eres el famoso Hillel?

– Sí, respondió.

– Pues ¡ojalá no haya muchos como tú en Israel!, contestó el hombre.

– ¿Por qué dices eso?, preguntó Hillel.

– Porque me has hecho perder cuatrocientos zuz.

Dijo Hillel:

– Hijo mío, sé prudente; más vale que hayas perdido cuatrocientos zuz por culpa de Hillel y que Hillel no se haya enfadado.

 

2.- En cierta lejana comarca había un país de perezosos, cuyos habitantes se pasaban la vida excavando la tierra en busca de tesoros.

Era lo único que querían hacer; pero a pesar que durante muchísimos años cavaron y cavaron, nunca hallaron nada. Por esa razón todos andaban siempre tristes y el rey se había vuelto irritable y rezongón.

Cierta vez llego a ese país un joven alegre y contento, que caminaba a los saltos y silbaba una bella canción. Los cavadores le aconsejaron que dejara de silbar, porque el rey, que siempre estaba enojado, podía condenarlo a muerte.

El joven rió y pidió que lo llevaran a presencia del rey. Los cavadores interrumpieron su tarea y, asustados y sorprendidos, lo condujeron al palacio real. En el camino le preguntaron:

– ¿Cómo te llamas?

– Oved -respondió el joven.

– ¿Por qué silbas todo el tiempo?

– Porque me siento bien y estoy contento.

– ¿Por que estas tan contento?

– Porque poseo mucho oro.

Al oir esto, sus acompanantes se regocijaron grandemente, y al llegar al palacio refirieron todo al rey. El rey pregunto a Oved:

– ¿Es verdad lo que dicen que posees mucho oro?

– Es verdad. Tengo siete bolsas repletas de oro.

El rey se entusiasmo, llamó a sus servidores y ordenó que le llevaran todo el oro. Pero Oved sonrió y le dijo:

– No se apresure, Su Alteza. Hace falta mucho tiempo para que ese oro llegue hasta aquí.

Se halla en una caverna, cuidado por un monstruo de siete cabezas. Sólo yo puedo sacarlo de alli.

Deme todos sus hombres durante un año, y con la ayuda de ellos podré liberar el oro de las garras del monstruo.

El rey no tenia alternativa, e hizo lo que Oved le habia pedido: puso a su disposición a todos sus súbditos, a quienes ordenó que cumplieran las indicaciones del joven.

Oved ordeno a la gente que fueran a buscar caballos y bueyes, que tomara azadas y arados y que roturara todas las tierras fertiles del reino.

Después de arar les ordeno que sembraran, y cuando llego el tiempo de la cosecha, llenaron setenta carros con el trigo de la mejor calidad. Durante todo ese tiempo, el rey alertaba a Oved una y otra vez:

– Si al cabo del año no me traes las siete bolsas repletas de oro, te hare matar…

Oved le explicaba: – Necesito este trigo para tapar las bocas del monstruo- y seguia silbando y cantando alegres canciones.

Durante siete dias anduvo Oved a la cabeza de la caravana de los setenta carros cargados hasta el tope, hasta que llegaron a una gran ciudad ubicada en medio de un páramo.

Cuando los mercaderes de la ciudad vieron el trigo, pagaron por el mucho dinero: siete bolsas de oro.

Pasaron otros siete dias y Oved regreso al palacio real. Al verlo, el rey le pregunto:

– ¿Has logrado vencer al monstruo?

Oved rio y le respondio: – Si, Su Alteza, lo he logrado, porque el monstruo no es otro que la pereza de sus subditos.

Cuando el rey oyo el relato de Oved y vio las bolsas repletas de oro, exclamó asombrado:

– En verdad, el que labra su tierra se saciará de pan.

Nosotros mismo podemos extraer de anualmente de nuestra tierra siete bolsas de oro , y aún más que eso.

Por favor, Oved, quedate aqui y reina sobre mis subditos. Bajo tu reinado aprenderan a trabajar y amar el esfuerzo.

Oved se negó y agregó:

– En el mundo queda aún mucha gente que no conoce el secreto de la agricultura, y la bendición que esta puede traerle. Debo enseñarles a rotular, arar y sembrar, debo revelarles el secreto del trigo dorado que se convierte en pan.

Y volvió a andar por los caminos, feliz y contento como siempre.

 

 

3.- Durante la Segunda Guerra Mundial, la localidad de Nevel fue bombardeada: el fuego cruzado irrumpió en todo el pueblo y rápidamente se incendió.

El rabino Getzel Rubashkin envió a sus hijos, Abraham Aharón y Gabriel para que se dirigieran hacia la Yeshivá y salvaran el Sefer Torá: Los hermanos caminaban cauteolosamente entre las llamas y los restos de las edificaciones encontrándose en el camino también con cadáveres totalmente quemados y algunos desmembrados.

Al llegar a la Yeshivá se encontraron con la sorpresa que las llamas aún no habían alcanzado sus instalaciones, pero estaban peligrosamente cerca, especialmente del Arón kodesh; al llegar a su interior, se encontraron con un hombre, uno de los discípulos, totalmente inmerso en sus oraciones, como si nada estuviera pasando: Se preguntaron entonces: si está es la capacidad de concentración y enajenación en medio de las oraciones de un jasíd, ¿Cómo será la de un rabino?.

 

 

4.- Un día en que el rabí David, otro de los discípulos del Baal Shem Tov, estaba de visita en Chernobyl, acudieron a conocerlo y escucharlo unos jasidim de esa ciudad, discípulos de su cuñado, el rabí Motel.

David les preguntó quiénes eran, y cuando ellos respondieron que eran discípulos de Motel, él les preguntó:

– ¿Tienen ustedes fe absoluta en su maestro?

Los discípulos callaron, con la idea de que sería arrogante pretender la posesión de una fe total y suficiente.

Entonces rabí David les dijo:

– Muy bien, les voy a decir ahora qué es la fe. Era la tarde de un sábado, la ceremonia de clausura se había dilatado, y ya estaba bien entrada la noche.

Habíamos pronunciado la oración de gracias, y luego, sin volver a tomar asiento, la oración de la tarde, y asimismo habíamos cumplido el rito de la separación que aparta el día santo de los profanos; tras lo cual nos habíamos sentado nuevamente a la mesa para la comida de despedida.

Los que allí estábamos reunidos éramos gente muy pobre, y no teníamos una moneda en el bolsillo, de modo que a nuestra comida necesariamente debería faltarle algo. No obstante, hacia el final de la cena, el Baal Shem Tov me dijo:

– David, saca unas monedas del bolsillo para que bebamos hidromiel. Yo eché mano al bolsillo aunque sabía que nada había en él, y saqué dos florines de plata, y brindamos con hidromiel.

5.-

Se cuenta que en una ocasión, un maguid llegó a una pequeña población judía; después de dictar una serie de conferencias y charlas, visitó al rabino local, quien era que ayudaba a la población a entender y comprender las leyes de la Torá.

“He decidido que no voy a continuar con mis viajes de enseñanza,” dijo el maguid; “Voy a radicarme en esta ciudad.”

El rabino no salía de su asombro, ante la posición del maguid y le dijo: “¿Cómo puedes esperar a tener algún tipo de ingreso cuando los locales le suelen pagar muy poco al rabino? ¿Cómo puedes pensar que ese poco dinero va a ser suficiente para los dos?

El maguid le dijo: “Déjame contarte una historia. Hubo una vez un granjero que tenía en un corral a un ganso; a menudo el granjero se le olvidaba alimentar al ganso, lo cual le producía períodos de ayuno importantes.

“Un día, el granjero trajo a un gallo y lo colocó en el mismo corral. El ganso le dijo: “yo me estoy muriendo de hambre: no es posible que los dos podamos vivir aquí con tan poca cantidad de comida que yo recibo”.

“El gallo le contestó: No te preocupes. Cuando yo tenga hambre yo puedo cantar. Con ello el granjero se recordará de lo que no ha hecho y entonces nos alimentará a los dos'”

 

6.-

Elías era un judío piadoso, que cumplía con todos los preceptos, de modo que dejó pasar dos años desde la muerte de su primera esposa antes de casarse con Raquel, la hermana menor de aquella.

Pero jamás dejaba de recordar a su primera mujer. Hablando con un amigo, le confesó una vez:

-Cuánto temo que la muerte de mi primera mujer se haya debido a su propia madre.

Tan contenta estaba la señora conmigo, que me contó una vez que rezaba pidiendo al Señor: ‘Envía a mi hija menor un marido como el que tiene la mayor’. El Señor la escuchó, y no debe haber encontrado, por el momento, otro hombre de mis características.

De modo que la hija mayor tuvo que morir para que HaShem atendiera la plegaria de su madre’.

 

7.-

Había una vez un justo, anciano, querido y respetado por todos.

Venían a él, hombres y mujeres a confesarse sobre los pecados, pedir su bendición y aprender de sus consejos. Una vez vinieron dos mujeres. Se confesó una de ellas sobre un pecado cometido y le dijo al justo:

“Ya fui a pedir perdón por parte del hombre al que le hice mal, pero a pesar de ello, mi consciencia no me da descanso.

El hombre acepto mis disculpas, pero quién sabe si El Eterno me perdonó. Fue muy grave el pecado que cometí y mi pedido es que también Adonai me perdone.”

El justo se quedo pensando. Otro se dirigió a la otra señora y le pregunto: “¿Y tú?”

Contesto: “Yo solo acompañe a mi amiga, la que se confesó hace apenas un instante.”

Le pregunto el justo:

“¿Y que deseas?”

“Recibir tu bendición”.

“Muy bien”, dijo el justo, “te doy mi bendición. Parece que no tienes necesidad de confesarte”.

Dijo la señora: “No hay cosa alguna que pese sobre mi consciencia, gracias al Eterno. Si pequé, estos pecados son solo pecados pequeños, pequeñas faltas, y no vale la pena que pierdas tu tiempo escuchándome.”

Le dijo el justo a la primera de las mujeres:

“Vi que se rindió tu corazón ante HaShem, y por ello, haz esto hija mía: Sal más allá de la verja de mi casa. Pide y trae una piedra grande y pesada cuanto puedas resistir. Pues es grande el pecado que cometiste.”

Y a la segunda dijo:

“Sal tu también y junta pequeñas piedras, pues tus pecados fueron pequeños.” Salieron ambas e hicieron lo solicitado.

Volvió una y trajo la piedra grande, y la segunda trajo una bolsa llena de piedras pequeñitas.

El anciano observó la piedra grande y las pequeñas y dijo: “Hicieron bien.

Y ahora por favor, devuelvan la piedra grande y las pequeñas que recolectaron justo en el lugar original y vuelvan a verme, entonces les diré mis palabras.”

Fueron las dos e hicieron según solicitara el anciano. La primera encontró fácilmente el lugar de donde extrajo la piedra grande y la depositó allí.

La segunda caminó y trabajó y no pudo encontrar de ninguna manera todos los exactos lugares de donde extrajo cada una de las piedras. Volvió a ver al anciano con algunas de las piedras.

Le dijo el viejo: “Ahora les diré mis palabras. Tú, la primera, depositaste la piedra grande en su lugar, pues recordaste de donde la sacaste.

Así también en cuanto a tu pecado: Recordaste tu gran pecado y torturaste por ello a tu alma. Te avergonzaste de tu pecado y quisiste arrepentirte, y no te avergonzaste en confesarte ante mí. Adonai te perdono.”

“Y tú, la dueña de las pequeñas piedras, pecaste al parecer pequeños pecados, que no pesaron sobre tu corazón y no te causaron dolor, y no te acordaste de ellos y no te arrepentiste por haberlos cometido.

No arreglaste los hechos que cometiste y tal vez les reprochaste a los demás sobre sus pecados. ¿Cómo habrá HaShem de perdonarte?”

 

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