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PorMax Stroh Kaufman

Honestidad en el judaísmo

Honestidad en el judaísmo

La honestidad, para la gran mayoría de las personas, es la virtud que se tiene para describir la realidad exactamente como es, de decir la verdad.

En esta época, tan convulsionada, tan confusa es muy complicado hablar de la honestidad y de verla en la lista de virtudes humanas importantes.

 

En hebreo, encontramos 6 acepciones (palabras) que involucran el concepto de honestidad:

Ellas son:

Yosher y su derivado Yeshrut (1) (integridad)

Kenut (sinceridad)

Haguinut (justicia)

Tom Lev (Buenas intenciones)

Temimut (inocencia)

Emet (verdad – verdadero)

 

De las anteriores, para el judaísmo, la verdad, emet, es más que solo una virtud.

Es uno de los tres principios fundamentales, junto con la justicia y la paz, sobre los que se sostiene el mundo.

En las palabras del Talmud, “La firma del Santo, bendito sea Él, es la verdad”.

Y sobre esto nos dejaron nuestros sabios el siguiente concepto:

Las letras de la palabra emet son la primera letra (alef), la letra del medio (mem) y la última (sav), lo que demuestra que la verdad es omnipresente; recorre toda la gama de la A a la Z. Las letras del sheker (mentira) en cambio, son tres letras consecutivas al final del alfabeto, indicándonos que la falsedad está marginada.

Referencias?

El Talmud acerca de la honestidad y la verdad, nos relata la historia de una comunidad inmortal, un pueblo legendario que no conocía la muerte.

Esto fue porque nadie allí alguna vez mintió. Esta idílica existencia llegó a un abrupto final, sin embargo, cuando un joven, ansioso por proteger la privacidad de su padre, le dijo a un visitante que su padre no estaba en casa.

Un comentario inofensivo y bien intencionado, común a todos nosotros.

Una mentira piadosa (2), tal vez, pero una mentira, sin embargo, y una que arruinó para siempre la vida eterna de esa aldea legendaria.

 

El judaísmo quizás le da mayor valor al comportamiento de una persona y cómo una persona logra sus posesiones, que a la misma pobreza o riqueza (material)

Un judío no puede sostenerse a sí mismo ni adquirir riqueza por medios injustos o inmorales, porque en la Torá encuentra múltiples recomendaciones, como por ejemplo, no alterar pesas ni medidas, colocar tropiezos a los demás, no devolver las cosas prestadas a tiempo, el pago (también a tiempo) de los honorarios, evitar el lashón haRa, etc.

 

Una de las muchas explicaciones a esto la obtenemos de Zejaria / Zacarías 8:16-17 que dice así:

“Estas son las cosas que debes hacer: habla la verdad cada uno con su prójimo; verdad y juicio de paz juzgarás en tus ciudades. Y que nadie piense mal de su prójimo en tu corazón, ni ames falso juramento, porque todo esto es lo que aborrezco, dice el Señor.”

Enseñanza

Encontramos una enseñanza acerca del poder de la honestidad que dice así:

Un judío que fue acusado y confirmado de ser un ladrón se acerca donde su rabino el día siguiente después de Yom Kipur y le dice:

Rabino: quiero que me de unas indicaciones acerca de cómo comportarme, desde el punto de vista judío: no quiero nada complicado: algo que sea muy fácil de seguir y que no me impida seguir robando puesto que es mi modo de sobrevivir.

Algo que “me de crédito en el más allá”

El rabino se sonrió y le dijo:

Hijo mío, Lo más sencillo que yo te puedo recomendar es, que seas honesto: vas a decir la verdad y sólo la verdad; siempre, y en todas las circunstancias.

Esa noche, mientras estaba al acecho, se encontró con un conocido, llamado Barel, quien le preguntó: ¿A dónde vas tan tarde en la noche?

Y el ladrón le iba a contestar “a visitar un amigo” cuando recordó su juramento.

Bien, Barel, para ser honesto, voy a hacer un trabajo en un vecindario aquí cerca.

Barel frunció el ceño y siguió su camino.

El ladrón iba a continuar con su proceder cuando de pronto pensó:

“Tengo que irme a casa”

“No puedo hacer este trabajo”

Tengo dos personas que atestiguarían en mi contra.

Muy pronto, este hombre abandonó la vida criminal que llevaba y se transformó en un miembro más de la sociedad en la que vivía.

Y todo por la honestidad (y la verdad)

 

¡Qué tan distinto sería el mundo si lograra un cambio tan sencillo como este, de la honestidad (y lo que ella arrastra consigo, como la integridad, la rectitud, sinceridad, buenas intenciones, justicia, etc)

 

13 de Abril de 2018 – 28 de Nisan de 5778

Redactado y recopilado por Dr. Max Stroh Kaufman para 321judaismo.com

 

  1. Aquí se observa la raíz de la palabra Yashar (Yod – Shin – Resh) que significa recto (tanto en dirección como en comportamiento)
  2. Ver nuestro artículo sobre mentiras piadosas
PorMax Stroh Kaufman

Hablando de honestidad, parábola jasídica.

Hablando de honestidad, parábola jasídica.

Veamos una parábola muy común utilizada en las Yeshivot …

Dos amigos se encuentran camino al Beit Hakneset, muy temprano en la mañana.
-¡Hola Shimon! ¿Cómo estás? ¿Todo va bien?
-¡Moishe, que gusto verte! ¡Buen día!
Y mientras siguen juntos su camino se entabla una extraña conversación:
-Dime, Shimon, ¿me permites hacerte una pregunta?
-Claro, ¡Por supuesto!
-¿Tú sabes para que vino cada persona a este mundo?
-¿Qué clase de pregunta es esa? Me extraña…
-Sí, sí. Te pido que me respondas. Para qué vino el hombre al mundo?
-Para estudiar Torá… para cumplir Mitzvot… para hacer favores…
-Y, ¿Qué ganamos con eso?
-¡Me extraña de ti Moishe! ¿Acaso te estás alejando del camino?
-No, para nada, pero quiero saber tu opinión.
-Cumpliendo la voluntad de Adonai, recibiremos pago por eso en el mundo verdadero.
-¡Es correcto! Bueno, nos vemos.


Dice Moishe, dando así por concluida la conversación, y ambos amigos se separan pensativos dirigiéndose cada uno a sus respectivos lugares de Tefilá.

Al final del día, nuevamente se encuentran Moishe y Shimon, a la salida del Beit Hakneset, luego de la Tefilá de Arbit.
-Hola Shimon, ¿Recuerdas lo que hablamos esta mañana? pregunta Moishe, ¿recuerdas cual fue mi pregunta?
-¿Otra vez con eso? ¿Es que te has vuelto loco? ¿Hay algún problema te este generado estas dudas? ¿Tienes o quieres contarme algo?
-Este no es simplemente un problema… ¡es una realidad!
-¿Podrías ser más claro y explicarme de que me estás hablando?
-¿Recuerdas mi pregunta de esta mañana?

Resulta que después de nuestra conversación te seguí, y observé tus acto durante todo el día sin que te dieras cuenta: en primer lugar, entraste al Beit Hakneset a la mitad de un Minian, y te fuiste antes que termine la Tefilá, se ve que justo hoy tenías algo urgente que hacer… corriste al negocio.

Ya allí me pareció escuchar palabras desagradables saliendo de tu boca, pero seguramente entendí mal.

Luego te equivocaste al pesar la mercadería que le vendiste a ese señor canoso, tan agradable, y luego con el vuelto de aquella anciana…

Al mediodía, cuando saliste a almorzar, sin darte cuenta, justo miraste para otro lado cuando un pobre te estaba pidiendo algunas monedas…

Y cuando llegaste a tu casa, no tenías en tu cara una expresión muy feliz al ver a tu familia.

Y hace un rato, en el Shiur de Torá de la noche, te vi cabeceando, seguramente tenias una pregunta de Guemará y fuiste a preguntar al Shamaim cual era la respuesta…

No coincide esto con tus respuestas de esta mañana… Por eso te vuelvo a preguntar…

Hablando de honestidad…

20 de noviembre de 2017 -02 de Kislev de 5778

PorMax Stroh Kaufman

Honestidad: Leyenda del Talmud

Honestidad: Leyenda del Talmud

 

Honestidad: ¿Que dice el judaísmo al respecto?

Revisemos el concepto, con la siguiente leyenda del Talmud

Hace muchos años, cuando el Templo de Jerusalém estaba en pie, vivían allí dos tenderos llamados Rabí Elazar ben Tzadok y Aba Shaul ben Botnit.

Los dos hombres eran vecinos y amigos y se conocían de toda la vida. Pero además de ser amigos, compartían un rasgo de carácter maravilloso y raro – una honestidad absoluta y estricta.

Está relatado en el Talmud que como favor a sus prójimos judíos, estos dos hombres preparaban reservas de vino y aceite antes de cada fiesta para que los vecinos de Jerusalém tuvieran lo que necesitaban para celebrarlas apropiadamente.

Decenas de miles de judíos venían a Jerusalém para las fiestas y se les daba la bienvenida en casas a lo largo de la ciudad.

Con tantos invitados, no era ninguna maravilla que sus corteses anfitriones a veces quedaran sin aceite o vino durante una fiesta.

Siempre que eso pasaba, podían ir a lo de Rabí Elazar o Aba Shaul y tomar lo que necesitaban.

 

 

Claro, ningún dinero se puede usar en las fiestas, pero no faltaba de esas dos necesidades para preparar las comidas festivas.

Incluso durante los días del intermedio de las fiestas de peregrinación de Sucot y Pesaj, los dos generosos comerciantes preparaban de antemano y dejaban disponible su mercadería a aquéllos en la necesidad, para poder pasar su tiempo estudiando Torá.

No sólo practicaban estos hechos de gran bondad, sino incluso en los días laborables eran excelentes en su adhesión a la Mitzvá de la honestidad.

Cuando terminaban de colocar los volúmenes de uno de sus recipientes en el recipiente de un cliente, dejaban el suyo encima del recipiente cliente y permitían que las jarras gotearan en el receptáculo del comprador.

Sólo entonces estaban seguros que le habían dado todo lo que le pertenecía.

A pesar de sus esfuerzos, los dos rabinos temían que un poco de aceite y vino se había aferrado a los bordes de los jarros.

¿Qué hacían?

Cada uno tenía un recipiente especial en el que volcaba las últimas gotas. Durante muchos años, llenaron trescientos barriles de aceite y trescientos barriles de vino.

Un día, decidieron traerlos al Templo Santo.

Después de todo, no los consideraban de su propiedad, y tampoco podían darlo a los clientes.

Decidieron consagrarlo. Se reunieron con los tesoreros del Beit HaMikdash.

“¿Qué han traído?” preguntaron.

“Hemos traído trescientos barriles de vino y trescientos barriles de aceite para el uso en el Templo.

Nos ha tardado muchos años juntarlo, del goteo de los lados de nuestros jarros.

No quisimos beneficiarnos con algo que no nos pertenece, y tampoco podíamos darlo a nuestros clientes.”

“No era necesario guardar esos pequeños sobrantes,” comentaron los tesoreros.

“Sus clientes entienden que las gotas se adhieren a los lados de sus jarros, y saben que habrá un poco de pérdida.”

“No obstante,” los hombres continuaron “No queremos nada que no es legítimamente nuestro”

“Ya que desean guardar esta alta norma, aceptaremos su ofrenda.

El aceite y el vino se usarán para el bien de la comunidad.

Los venderemos y de las ganancias excavaremos pozos de agua para los peregrinos en las fiestas.

Los residentes de la ciudad también podrán usarlos.

Así que, incluso sus propios clientes, se beneficiarán con su ofrenda, y ustedes estarán tranquilos.”

Los dos comerciantes dejaron el Templo Sagrado con sus corazones llenos de alegría, sabiendo que nunca cedieron de sus costumbres de honestidad estricta y bondad.

18 de Noviembre de 2017 – 29 de Jeshvan de 5778

 

PorMax Stroh Kaufman

La importancia de la toma de buenas decisiones

La importancia de la toma de buenas decisiones

¿Es importante tomar buenas decisiones?

Todos los seres humanos, permanentemente, estamos expuestos y predispuestos a tomar algún tipo de decisiones: por ejemplo, desde que abrimos los ojos tomamos la decisión de despertar o no…

Esto sucede en todo momento, durante nuestras vidas, por lo tanto, no hay cosa más importante, que decidir, porque de esta manera, es como vamos marcando la diferencia entre una cosa y otra, y, en general, se trata sólo dos decisiones básicas: por el sí y no; ¿lo bueno o malo, es conveniente o no?  ¿Lo que yo decida, me hará el bien o el mal?

Lo anterior nos recuerda que siempre, nos tenemos que enfrentar a la toma de alguna decisión, sea buena o sea mala,

Sucede que, en muchos momentos y para no poca gente, esto puede llegar a convertirse en un proceso penoso, debido al temor que poseemos, posiblemente todos los seres humanos, de decidir de una manera equivocada y fallar; es decir que, en al momento de decidir, la conducta que adoptemos nos llevará y enfrentará, con probabilidades de éxito o fracaso… y a nadie le gusta o está interesado en fracasar.

Esto es muy importante cuando se está pensando en calificar si lo que hemos hecho han sido malas o buenas decisiones.

En ocasiones, la necesidad de tomar decisiones tiene que ser rápida, sin importar si toda la información que se requiere para la toma de la decisión ha sido asimilada o no, y esto puede llegar a ser muy desconcertante.

En otras ocasiones, sucede todo lo contrario, y tenemos entonces “tiempo” para:

  • Identificar el problema o la situación
  • Analizar el problema o situación, con sus posibles alternativas
  • Evaluar las posibles alternativas y determinar las ventajas o los inconvenientes de cada alternativa
  • Selección de la mejor opción
  • Poner en práctica las medidas tomadas: esto nos permitirá reflexionar sobre si es correcta o no la decisión
  • Finalmente, evaluar el resultado.

¿Es importante tomar buenas decisiones?

Se tiene en cuenta que existen, básicamente tres tipos de decisiones:

De riesgo; cuando el evento es conocido con posibilidades de éxito conocidas.

Por incertidumbre; para un evento conocido, pero con posibilidades de éxito desconocido.

Debido a la ignorancia; para un evento desconocido y con posibilidades desconocidas.

También sabemos que, la peor decisión que se puede tomar, es la de no tomar una decisión:

Esto ¿Por qué?  

Porque no decidirse, nos inhabilita, nos frena y no nos permite continuar: nos paraliza y hace que nos resistamos al cambio.

No podemos, en ningún momento, prescindir de la toma de decisiones: solamente porque hemos tomado la alternativa de decidir no tomar una decisión, ya esto de por sí implica de por sí, haberlo hecho.

El judaísmo nos brinda por lo menos once puntos que nos ayudarán a tomar una buena decisión, o al menos, la decisión correcta;

Cuales son estos puntos?

  • Honestidad: Nuestras tradiciones nos “obligan” a ser honestos y confiables y a corregir las falsas impresiones– Lo encontramos en Proverbios / Mishle 22:10).
  • Integridad: implica confiabilidad, acción y convicción: Salmos / Tehilim 37:37 Considera al íntegro, y mira al justo: Que la postrimería de cada uno de ellos es paz.
  • Responsabilidad personal: Las personas éticas aceptan la responsabilidad por sus acciones y decisiones y haciendo esto, dan un ejemplo a los demás. Encontramos que, en nuestras tradiciones, como está en Mishna Baba Kamma 1:12, ellas nos enseñan que cada uno de nosotros es responsable de sus actos, sea voluntaria o involuntariamente.
  • Respeto por la ley: Muy importante sin que ello implique obediencia ciega.
  • Respeto por la dignidad humana: Las bromas son poderosas herramientas de enseñanza. El silencio de uno ante el racismo puede ser visto como concurrencia. Nuestra noción del valor infinito de la vida humana se deriva del hecho de que todas las personas son creadas “a imagen y semejanza del Eterno”. Por lo tanto, cada individuo merece el respeto por el hecho de ser una creación única de lo Divino.
  • Caridad: Se nos enseña a dar caridad, a abstenernos de juicios excesivos, a contribuir directamente a los necesitados ya extender palabras amables. Tzedaká implica justicia y justicia. Isaías 1:17 dice: “Busca justicia y alivia a los oprimidos”.
  • Lealtad: Se espera que seamos leales a El Eterno, a nuestros padres, a nuestras tradiciones, y a todos aquellos con quienes se establecen relaciones de confianza.
  • Rendición de cuentas: Uno no puede apuntar o señalar con el dedo a los demás y por lo tanto evitar tomar la responsabilidad de la inacción. Nuestra tradición nos hace responsables ante El Todopoderoso y ante los demás por nuestra inacción, así como por nuestras acciones. “El judaísmo no dice: ‘Tú creerás’, sino ‘Tú lo harás'”. (Moisés Mendelssohn) “No te quedarás ocioso con la sangre de tu prójimo” (Levítico / Vayicrá 19:16).
  • Bondad: Del mismo modo como El Todopoderoso ha sido compasivo y bondadoso con nosotros, nuestro comportamiento hacia los demás debe ser igual, como está escrito en Zacarias 7:9: Así habló Adonai de los ejércitos, diciendo: Juzgad juicio verdadero, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano:
  • Pacto: Del mismo modo como existe una relación de pacto y contractual entre El Eterno y nosotros, debemos y tenemos que manifestarnos con nuestros congéneres de igual manera.
  • Tikun Olam: Nuestra tradición nos enseña que somos responsables de la reparación del universo (tikun olam), mediante nuestras acciones.

Conclusiones

El reunir todos estos aspectos, que están imbuidos en lo más íntimo de nuestras fibras, nos permite, más calmadamente, a definir el problema cuidadosamente, analizar a las personas que pueden verse afectadas por nuestras decisiones, delimitar las posibles alternativas, priorizar, y tomar las medidas que implementen la toma de (buenas) decisiones.

Hay muchas dudas, que preocupan con respecto a la toma de decisiones, especialmente las que consideramos como buenas decisiones.

En el texto de la Torá que dice (Deuteronomio / Devarim   30:19): Tomo hoy a los cielos y a la tierra por testigos contra vosotros, de que pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escogerás pues la vida para que vivas, tú y tu descendencia…

Lo que debemos hacer es: interiorizar los puntos anteriores y así veremos como las decisiones tomadas nos llevarán por el camino que más nos va a favorecer.

Eso es saber tomar buenas decisiones.

 

Recopilado por Max Stroh para 321judaismo.com

03 de Mayo de 2017 – 07 de Iyar de 5777

Puede ser reproducido por cualquier medio: físico o electrónico