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PorMax Stroh Kaufman

A qué le tenemos miedo?

¿A qué le tenemos Miedo?

 

Primero definimos que es miedo.

El miedo según el diccionario de la Real Academia Española, es la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”.

Hay varias formas de miedo y algunas definiciones:

Ansiedad: es, un sentimiento desagradable que se anticipa ante un daño, una amenaza o desgracia presente o futura.

Aprensión: Escrúpulo, recelo de hacer o decir algo que se teme que sea perjudicial o inoportuno.

Fobia: es un estado neurótico de miedo exagerado y mal encaminado

Pánico: es el miedo o terror sin fundamento, colectivo y descontrolado

Paranoia: es un estado mental que se caracteriza por la presencia de delirios autorreferentes.

Pavor: miedo intenso

Preocupación: Estado de desasosiego, inquietud o temor producido ante una situación difícil, un problema, etc

Susto: un miedo breve y súbito, procedente de una causa pequeña

Temor: es el miedo a algo que se piensa que ya ha sucedido


Desde el punto de vista biológico, el miedo es un mecanismo de supervivencia, que le permite a un individuo, responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia; sólo en ese sentido, es normal y beneficioso para el individuo y para su especie.

 

Al detectar, mediante un “sistema de alarma” alguna amenaza, las estructuras que corresponden al sistema límbico, las que se encargan de regular emociones, alimentación, lucha, escape y evitación del dolor, y la búsqueda del placer, son las primeras en intervenir, y se encarga de controlar las respuestas mediante las acciones de “huir o pelear”..

Es la amígdala, ubicada en este centro, y actúa a partir de cualquier percepción burda, como puede ser una sombra, un movimiento extraño, un ruido, la que hace que a la persona o animal, se aliste para huir o pelear.

Otras funciones corporales también se activan: hay un aumento en la presión arterial, la frecuencia cardíaca y respiratoria, los niveles de adrenalina intensifican el metabolismo celular, e incrementan los niveles de glucosa en la sangre, se aumenta la coagulación sanguínea, se dilatan las pupilas, se abren los poros sudoríparos, se aumenta la actividad mental, e incluso pueden afectarse los esfínteres corporales, preparando el cuerpo para lo que venga: la huida o la pelea.

Todo lo anteriormente descrito depende de varias sustancias químicas que intervienen en el proceso del miedo, algunas de ellas son: la dopamina, la vasopresina (u hormona antidiurética) y la oxitocina: en general, mientras más dopamina hay en la amígdala, más

miedo o estrés se provoca en las personas afectadas por el miedo: el etanol, por otro lado, es una de las sustancias que “disminuyen el miedo.

Sin embargo, los receptores NMDA, son los que se encargan de “dejar marcada una huella” en las células cerebrales, y de allí es de donde pueden venir los “miedos injustificados, el pavor y las fobias”.

El miedo puede ser saludable, cuando una persona procede con cautela frente a un estímulo y de este modo evita una calamidad; también puede ser dañino, mórbido o prejudicial, cuando acaba con la esperanza, y debilita la resistencia emocional.

La palabra miedo en hebreo es “irá”… en la parashá que repasamos recientemente, nos encontramos con “no tengáis miedo” en dos ocasiones: la primera como al tirú (en hebreo) y la segunda como al tiraúm. (1)

Algunas veces, deseamos abrirnos paso a través de las cosas que queremos cambiar, pero tenemos miedo; por ejemplo, miedo al rechazo, pero debemos aprender que el miedo, como nos enseñan algunos de nuestros sabios, es un Ingrediente de la Sabiduría, porque el miedo es lo que nos va a ayudar a hacer lo que creemos que es correcto, y no lo que la sociedad piensa que es correcto, como la decisión que tomó el pueblo de Israel de ir a la conquista de Canaán…

Además de ello, los cabalistas nos enseñan algo que es esencialmente muy simple: el miedo, en cualquier nivel que lo sintamos y en cualquier forma que tome, es una indicación de la existencia de una desconexión entre nosotros y el Creador.

Si lo miramos desde un punto de vista para nada espiritual, los seres humanos necesitamos de la energía del miedo; o sino, miremos cómo las personas ricas materialmente inevitablemente buscan algo arriesgado para ocupar su tiempo, porque si no lo hacen, sienten que su vida es muy aburrida.

Tomemos como ejemplo la idea de que hay cámaras ocultas que nos monitorean, a cada instante, nuestro progreso a través de la vida (como los “reality show”).

Todo el mundo te está mirando. La gente nos aplaude cuando tenemos éxito y nos abuchean cuando fallamos:

¿Cuál sería nuestro propósito?

Que todo el tiempo nos estén felicitando y aplaudiendo…

 

Entonces, aprovecha el poder que nos da el miedo, para hacer frente a todos tus “no puedo”, tal como lo haríamos en este “reality show” y recuerda que, quien nos está observando, todo el tiempo, es Nuestro Creador, El Todopoderoso, Hakadosh Baruj Hu.

Una vez que hayas elaborado una lista de aquellos “no puedo” y que te van a ayudar a no ser abucheado por quien te está observando, lograrás tus objetivos: puede que el proceso no nos guste mucho, pero todo proceso de esfuerzo extremo siempre dará los frutos de nuestra labor: nos reconecta con nuestro creador, como hemos anotado previamente, y estaremos recibiendo de Él, todos los aplausos, méritos y premios que El Creador tiene para con nosotros.

El Zóhar aclara esta verdad: si un individuo está completamente conectado al Creador, él o ella nunca experimentará temor.

¿Miedo? Si, es necesario, pero no para tenerle miedo.

 

(1) Números /BaMidbar 14:9 Pero tan sólo no os rebeléis contra el Eterno ni temáis al pueblo de la tierra, porque no son más que pan para nosotros; su amparo se ha retirado de ellos, mientras que el Eterno está con nosotros. No los temáis.

Aj beAdonai al timrodú veatém al tirú et am haáretz ki lajmenú hem sar tzilám mealéihem veAdonai itánu al tiraúm.

PorMax Stroh Kaufman

Honestidad: Leyenda del Talmud

Honestidad: Leyenda del Talmud

 

Honestidad: ¿Que dice el judaísmo al respecto?

Revisemos el concepto, con la siguiente leyenda del Talmud

Hace muchos años, cuando el Templo de Jerusalém estaba en pie, vivían allí dos tenderos llamados Rabí Elazar ben Tzadok y Aba Shaul ben Botnit.

Los dos hombres eran vecinos y amigos y se conocían de toda la vida. Pero además de ser amigos, compartían un rasgo de carácter maravilloso y raro – una honestidad absoluta y estricta.

Está relatado en el Talmud que como favor a sus prójimos judíos, estos dos hombres preparaban reservas de vino y aceite antes de cada fiesta para que los vecinos de Jerusalém tuvieran lo que necesitaban para celebrarlas apropiadamente.

Decenas de miles de judíos venían a Jerusalém para las fiestas y se les daba la bienvenida en casas a lo largo de la ciudad.

Con tantos invitados, no era ninguna maravilla que sus corteses anfitriones a veces quedaran sin aceite o vino durante una fiesta.

Siempre que eso pasaba, podían ir a lo de Rabí Elazar o Aba Shaul y tomar lo que necesitaban.

 

 

Claro, ningún dinero se puede usar en las fiestas, pero no faltaba de esas dos necesidades para preparar las comidas festivas.

Incluso durante los días del intermedio de las fiestas de peregrinación de Sucot y Pesaj, los dos generosos comerciantes preparaban de antemano y dejaban disponible su mercadería a aquéllos en la necesidad, para poder pasar su tiempo estudiando Torá.

No sólo practicaban estos hechos de gran bondad, sino incluso en los días laborables eran excelentes en su adhesión a la Mitzvá de la honestidad.

Cuando terminaban de colocar los volúmenes de uno de sus recipientes en el recipiente de un cliente, dejaban el suyo encima del recipiente cliente y permitían que las jarras gotearan en el receptáculo del comprador.

Sólo entonces estaban seguros que le habían dado todo lo que le pertenecía.

A pesar de sus esfuerzos, los dos rabinos temían que un poco de aceite y vino se había aferrado a los bordes de los jarros.

¿Qué hacían?

Cada uno tenía un recipiente especial en el que volcaba las últimas gotas. Durante muchos años, llenaron trescientos barriles de aceite y trescientos barriles de vino.

Un día, decidieron traerlos al Templo Santo.

Después de todo, no los consideraban de su propiedad, y tampoco podían darlo a los clientes.

Decidieron consagrarlo. Se reunieron con los tesoreros del Beit HaMikdash.

“¿Qué han traído?” preguntaron.

“Hemos traído trescientos barriles de vino y trescientos barriles de aceite para el uso en el Templo.

Nos ha tardado muchos años juntarlo, del goteo de los lados de nuestros jarros.

No quisimos beneficiarnos con algo que no nos pertenece, y tampoco podíamos darlo a nuestros clientes.”

“No era necesario guardar esos pequeños sobrantes,” comentaron los tesoreros.

“Sus clientes entienden que las gotas se adhieren a los lados de sus jarros, y saben que habrá un poco de pérdida.”

“No obstante,” los hombres continuaron “No queremos nada que no es legítimamente nuestro”

“Ya que desean guardar esta alta norma, aceptaremos su ofrenda.

El aceite y el vino se usarán para el bien de la comunidad.

Los venderemos y de las ganancias excavaremos pozos de agua para los peregrinos en las fiestas.

Los residentes de la ciudad también podrán usarlos.

Así que, incluso sus propios clientes, se beneficiarán con su ofrenda, y ustedes estarán tranquilos.”

Los dos comerciantes dejaron el Templo Sagrado con sus corazones llenos de alegría, sabiendo que nunca cedieron de sus costumbres de honestidad estricta y bondad.

18 de Noviembre de 2017 – 29 de Jeshvan de 5778

 

PorMax Stroh Kaufman

Es malo despertarse en la noche?

¿Es malo despertarse en la mitad de la noche?

 

Cuando nos vamos a acostar a dormir, y teniendo en cuenta que durante el sueño experimentamos de alguna manera los aspectos de la muerte, solemos rezar  el siguiente segmento de una oración: “En tu mano encomiendo mi alma; Me has redimido, oh Eterno, Señor de la verdad “. (beyadéja afkíd rují. Padíta otí Adonai, El Emet) – Tehilim / Salmo 31:6

Con esta “pequeña pero significativa frase” depositamos, con absoluta confianza, nuestra alma en la “mano” del Todopoderoso, pidiendo por nuestra redención (a corto y largo plazo).

Con este tipo de “depósito que hicimos” nos estamos conectando con la fuente de la vida quien es la que nos protege: es decir, con lo que los sabios asocian como “el árbol de la vida”… porque parte de nuestra vida se va, en ese momento, en el dormir. (dormir es 1/60 de la muerte)

El despertar, nos conecta nuevamente con toda la energía que nuestras almas necesitan, a lo que el Zohar dice que, al despertarse a mitad de la noche, se establece una nueva (re)conexión con el árbol de la vida y ello es lo que nos brinda la capacidad de despertarnos, en cualquier momento.

Esta capacidad que tenemos (algunos por lo menos), de despertar en cualquier momento, y que nos fue dada a nosotros, y sobre la cual pareciera que no tenemos ningún tipo de control, es la que nos está indicando, según el Zohar, que debemos dedicar ese tiempo, para un estudio durante la noche.

¿Cuanto tiempo? Cada uno de nosotros coloca su tiempo límite, a conciencia.

Hacer esto, nos permitirá llevar nuestra alma, al más alto nivel de espiritualidad.

Nos preguntamos entonces: ¿Es malo despertarse en la mitad de la noche?

No lo parece…

Autor: Rabi Mordechai Solomon – Editor 321judaismo.com

05 de Junio de 2016 – 28 de Iyar de 5776

PorMax Stroh Kaufman

Autoestima y judaísmo

Autoestima

 

La autoestima es “la evaluación que hace el individuo, que generalmente mantiene respecto de sí mismo, y expresa una actitud de aprobación o desaprobación e indica el grado en que el individuo se considera capaz, importante, con éxito y valioso”

El término autoestima es la traducción del término inglés self-esteem, que inicialmente se introdujo en el ámbito de la sicología y en el de la personalidad;

Denota la íntima valoración que una persona hace de sí misma.

Está estrechamente vinculada con otros términos afines como el autoconcepto (self-concept), la autoeficacia (self-efficacy), y la auto-confianza (self confidence) entre otros

La sumatoria de ellos, deja en cada individuo la sensación y el convencimiento de que uno es competente para vivir y merece vivir.

Es natural que cada persona haya de estimarse a sí misma.

 

¿Por qué?

Porque cada persona, en su individualidad, posee cientos de cualidades y características que llevan a este ser, a tener un conocimiento (completo) de sus potencialidades y de allí se deriva que, lo que se proponga ser y hacer, lo lleven hacia una condición que muchos llaman éxito.

Lo que cada persona piense, sepa y conozca acerca de sí misma, sea porque sus propios medios o sea por la influencia de otras personas que le conocen y piensen sobre ella, es lo que desarrolla la autoestima.

Se puede hablar de tres tipos de autoestima:

  • la material (vanidad personal, modestia, orgullo por la riqueza, temor a la pobreza, etc.). En esta podríamos incluir el autoestima corporal, donde la figura del propio cuerpo es tan importante que, si se distorsiona, puede conducir a la aparición de trastornos psicopatológicos muy graves.
  • la social (orgullo social y familiar, vanagloria, afectación, humildad, vergüenza, etc.),
  • y la espiritual (sentido de la superioridad moral o mental, pureza, sentido de inferioridad o de culpa, etc.).

Conocerse a sí mismo, es una tarea que puede ser muy complicada, pero no imposible y requiere de un análisis de todo lo que ha influido e influye sobre nosotros y es lo que nos va a identificar nuestras habilidades, la tolerancia a frustraciones, la capacidad de interactuar con los demás, nuestra respuesta a la alegría y al éxito, la rapidez en las reacciones, la permisividad, la constancia o perseverancia, el rechazo o la aceptación de compromisos,  entre miles de situaciones y de allí se genera entonces, un comportamiento, y a partir de este, la autoestima, que dirija a la persona hacia una meta específica.

 

¿Qué NO ES autoestima?

En cinco palabras, NO ES  y NO ENTRAN en la definición de autoestima los siguientes conceptos:

1.- Orgullo

2.- Soberbia

3.- Narcisismo

4.- Amor propio

5.- Vanagloria

 

El orgullo: ¿Por qué no?

Se entiende por persona orgullosa a aquella que casi siempre habla bien de sí misma y, con el tiempo, la persona se acostumbra a  estar convencida que es la mejor, la que más trabaja, la más inteligente y sacrificada, la más generosa y simpática, la que más amistades tiene y la que mejor habla, entre otras cosas.

Este proceder conduce a la persona a ser envidiosa y no sólo eso, sino que también, no reconoce que comete errores ni tampoco pide perdón por el error cometido. Termina siendo arrogante.

 

La Soberbia: ¿Por que no?

La persona soberbia suele ser susceptible, impaciente, exigente, inflexible, indiferente, fría, calculadora y defensora en exceso de lo que considera son sus derechos, con independencia de que en verdad lo sean o no. Muchas veces humilla, sin darse cuenta y cuando se percata, manifiesta que lo hace porque fue agredida o humillada.

Casi nunca se alegra, de los éxitos ajenos  y además, trata de minimizarlos o quitarles la importancia que tienen.

En su corazón no hay lugar para el perdón, la comprensión o la tolerancia.

 

El Narcisismo: ¿Por qué no?

Porque el narcisista no tiene tiempo, ni lugar ni espacio para preocuparse, ni tampoco desea ni necesita ocuparse por el respeto y la dignidad que las personas otras personas necesitan, especialmente aquellas a las que quiere y con las que se está vinculado.

 

El amor propio: ¿Por qué no?

Porque cuando la persona funda su autoestima únicamente en la estimación que de los otros recibe, no va a disfrutar nada o con muy poco de lo que hace, independientemente de cuáles sean sus resultados. Y, aunque coseche muchos éxitos, apenas sea plenamente consciente de alguno por depender de los demás.

 

La vanagloria: ¿Por qué no?

Porque quien se vanagloria, se eleva a sí mismo, hasta tal punto de creer que él es el único e irremplazable en cualquiera de las actuaciones o situaciones que se presenten y nadie màs es capaz, ni siquiera de aproximarse  a sus logros o pensamientos.

Además, sólo busca que lo alaben sin importar el juicio de los demás.

 

En pocas palabras:

La autoestima, entonces, es importante para que los individuos superen las dificultades personales, conduce al progreso en la madurez y en la competencia personal.

Ella fundamenta la responsabilidad, en la medida en que los individuos se comprometen cuando tienen confianza en sí mismos y encuentran en su interior los recursos necesarios para superar las dificultades.  

 

Sobre los conceptos mencionados de la autoestima, ¿Qué dice el judaísmo?

El judaísmo, según las palabras del rabino Simcha Zissel Ziv, acerca del momento en que el amor propio no es autoestima, de la siguiente forma: “Si observamos cuidadosamente a las personas, veremos que alguien que ama la aprobación de los demás se venderá, por así decirlo, como esclavo de aquellos que lo adulan. Ni siquiera se dará cuenta de lo que le está sucediendo, por más obvio que pueda ser para un observador externo “.

 

En la Parashá Bamidbar, El Eterno ordena a Moshé a contar a su pueblo: Nos enseñan nuestros sabios que , al utilizar las palabras “keísh ejad, beleív ejád”, Hashem conversó con Moshé y le dijo:

“No solo cuentes al pueblo judío. Diles que cuentan, todos y cada uno de ellos. Llénalos de autoestima para que se sientan inspirados a vivir una existencia noble. “Nada inspira a una persona a actuar noblemente más que a un sentido de autoestima.

 

La Parashá Miketz nos muestra a un Yoséf  que de esclavo pasó a ser el Segundo en Mando en Egipto: uno de los pilares de este suceso, es la autoestima que él tenía para llegar hasta donde alcanzó a llegar.

 

El Rabino Najman dijo: “Para ser una persona de verdad, no te dejes influir ni por aprobación ni por desaprobación. Trabaja para no necesitar la aprobación de nadie y serás libre de ser quien realmente eres “.

 

Nos enseñan nuestros sabios que podemos aplicar un mecanismo conocido como Jeshbón Hanéfesh, (literalmente traducido como las cuentas del alma) en el cual, mediante el aprendizaje para conocerse a uno mismo, suele ser beneficioso siempre y cuando estemos pensando en cómo mejorar.

Este mecanismo le permitirá, a una persona, el no experimentar ira o depresión aún cuando falla. Esto es parte de la autoestima.

 

El rabino Moshe Jaim Luzzatto, en su obra, El Sendero de los Justos (Mesilat Yesharim), describe que DEBO EXAMINAR MIS TALENTOS, saber si los estoy utilizando para perfeccionarme a mí mismo y si estoy cumpliendo con mi misión, lo cual va a ser imposible, si mi autoestima es baja o inexistente.

 

Es posible además, encontrar literatura actual como: Autoestima en el Talmud, Escrito por el Rabino Yisroel Roll el cual nos dirige a esas referencias que necesitamos para mejorar el autoestima.

Conclusiones:

El judaísmo, establece claramente un camino para que  formemos y sigamos un camino apropiado hacia la autoestima genuina. Me enseña, a través de la Torá, a que en lugar de juzgarme a mí mismo en relación con los demás, debo juzgarme solo en relación con mí mismo.

Todos nuestros sabios, de alguna manera, nos dejan el siguiente mensaje para reforzar rl concepto anterior: Aprende Torá y aprende de ella profundamente. Toma su mensaje en serio, y llena tu corazón con la medida adecuada de la autoestima. La Torá te inspirará y te ayudará a vivir una vida noble y significativa.

 

Que mejor frase para apoyar el Autoestima que interiorizar : Soy creado a Imagen y Semejanza del Eterno…

O este otro: (que ya lo habíamos señalado en algún momento) en Sanhedrin 37a: bishvili nivra haolam Para mì se creó el Universo

 

Recuerda las siguiente forma de pensar: Soy una parte importante de mi realidad, de hecho, la parte más importante. Si estoy desilusionado conmigo mismo, no hay forma de que pueda vivir una vida feliz y productiva.

 

Redactado para 321judaismo.com por Dr. Max Stroh Kaufman 10 de noviembre de 2017 – 21 de Jeshvan de 5778

Bibliografía consultada: En Busca del autoestima perdido: A Polaino – Bilbao: Desclée de Brouwer, 2003