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PorMax Stroh Kaufman

La Ley del Talión

Ley del Talión: revisión

En algún momento habremos escuchado acerca de la Ley del Talión:

¿Qué es?

¿A qué se refiere?

La ley del Talión, conocida también como el Código de Hammurabi, es una antigua ley que habla de castigar a un agresor (de cualquier índole) causándole un daño semejante al por el producido.

Esta ley o código, se conoce de Babilonia desde aproximadamente el Siglo 17 Antes de la Era Común y su forma más común de expresar ha sido “ojo por ojo, diente por diente.”

La Ley del Talión fue difundida más adelante, por la la Torá o también conocida como Viejo Testamento, aproximadamente en el siglo 5 Antes de la Era Común, bajo esos términos, en los siguientes textos:

Éxodo / Shemot 21: 23-25

Levítico / Vayicrá 24: 18-24

Deuteronomio / Devarim 19:19-21

También aparece en los textos del Nuevo Testamento, Marcos 5:38-39

La Ley del Talión se encuentra “institucionalizada” también en el cánon del derecho germánico, donde, parcialmente modificada, se conoce como Ley de Sangre o Blutrache

Dicha ley también está en el derecho visigodo, con el nombre de Blutrache y como Wergeld, cuando se refiere a una “compensación” económica

En el islam, y más específicamente en el Corán, la ley de “ojo por ojo” se interpreta de diferentes maneras: musawa, que quiere decir “hacer algo igual a otra cosa” en algunas ocasiones interpretado como “represalia” y en otras como “justa retribución”

Por otro lado, el Islam también considera “las penas de Beccaria”  donde el castigo debe ser “un poco superior” al crimen cometido, como por ejemplo cuando dice: “En cuanto al ladrón y a la ladrona, cortádles la mano a ambos en retribución por lo que han hecho, como castigo disuasivo ordenado por Allâh: pues Allâh es poderoso, sabio.” (Qur’án, surat 5, Al-Ma’ida, ayat 38)

En la milenaria práctica hindú, no hay rastros de ley del Talión. Existe la Ley del Karma en donde no por matar se acaba asesinado, ni quien roba es finalmente robado. Esta ley es el hilo conductor que preside las causas y los efectos del mundo visible e invisible. Karma no es premio ni castigo, pero expresa que todo, en algún momento, tiende a reunirse naturalmente, por atracción recíproca.

La acción, pero sobre todo la conexión interna o psicológica con el mundo y sus imperativos, irán conduciendo el flujo de nuestra vida hacia un cierto destino.

El objetivo de la ley del Karma no es castigar, sino promover la evolución del espíritu a través de la experimentación personal de las acciones que uno mismo genera.

Es como, un pensamiento benévolo se mantiene como una fuerza activa y positiva, mientras que uno malintencionado puede llegar a convertirse en una verdadera fuerza destructiva.

Relacionando este aspecto con el judaísmo, está escrito que “con la vara que midas serás medido”: si un hombre hace un mal la compensación o compensación de la ley es que sea hecho lo mismo que hizo, si el hombre hace un bien, la compensación de la ley es que le sea hecho lo mismo que hizo.

 

El Taoísmo tiene una forma de pensar semejante al budismo, donde el hombre debe armonizarse con la naturaleza y el cosmos, y así todo tendrá una causa y efecto y se verifica en la siguiente anécdota:

El caballo de un campesino se escapó. Ante la conmiseración de su vecino, el campesino le dijo: «¿Quién sabe si es bueno o malo?».

Y tuvo razón, porque al día siguiente el caballo regresó acompañado de caballos salvajes con los cuales había trabado amistad.

El vecino reapareció, esta vez para felicitarlo por el regalo caído del cielo, pero el campesino repitió: «¿Quién sabe si es bueno o malo?».

Y otra vez tuvo razón, porque al día siguiente su hijo trató de montar uno de los caballos salvajes y se cayó, rompiéndose una pierna.

El vecino volvió a mostrar su pesar, y recibió nuevamente la anterior pregunta: «¿Quién sabe si es bueno o malo?».

Y el campesino tuvo razón una cuarta vez, porque al día siguiente aparecieron unos soldados para reclutar al hijo, pero lo eximieron por encontrarse herido.

 

Tampoco en la milenaria práctica del confusionismo, aparece la Ley del Talión: el concepto es el de la rectificación, que se logra mediante el estudio y la introspección.

Ambos, le dan al hombre la capacidad ver qué hay de bueno dentro de sí y desarrollarlo. Cuando esto sucede, la rectificación de las cosas se logra y no requiere de castigos ajenos.

Con el correr del tiempo, la ley de talión cayó en desuso, principalmente porque se volvió inaplicable en muchos casos: se tornó obsoleta gracias a las diferentes formas de organización social que se fueron creando en los pueblos y naciones; por ejemplo, el judaísmo, después de la destrucción del Segundo Templo y la aparición de la época Talmúdica, esto ayudó a que ella quedara atrás.

Por ejemplo, legislaron para que existiera un pago, es decir, una indemnización económica en caso de mutilación o daño físico.

Para ello, establecieron una escala de retribución en función del dolor físico ocasionado, la pérdida económica (en los casos en que no podían seguir trabajando), el costo de los medicamentos y curaciones, y del estigma que les producía la pérdida de un miembro.

En el cristianismo se reemplazó por el concepto de Al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra […] amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen”

Vemos como entonces, el tiempo, fue el encargado que se crearan nuevos sistemas para impartir justicia.

En lo sucesivo nadie pudo tomar la justicia por sí mismo. Debió acudir al juez a que la haga. Y así se superó progresivamente una práctica que conducía, por medio de la represalia, a los peores extremos, en la mayoría de las naciones del mundo.

Recopilado para 321judaismo.com por Dr. Max Stroh K
Tiene derechos de autoría intelectual por el trabajo de recopilación e investigación. Puede ser reproducido en cualquier forma física o electrónica citando la fuente.

25 de Agosto de 2017 – 3 de Elul de 5777

PorMax Stroh Kaufman

Chisme y lepra

EL CHISME: LA  LEPRA DEL S. 21.

Parashá tzaria.

Muy probablemente, en algún momento de nuestras vidas, hemos escuchado o hemos utilizad la frase: “las palabras se las lleva el viento”  y por ello nos surgen unas preguntas: la primera podría ser:

¿Quién fue la primera persona que dijo que a las palabras se las lleva el viento?

¿Por qué esta frase es tan popular? ¿Qué tiene que ver con esta parashá?

Empecemos a contestarla: en primer lugar, su origen se desconoce;

En segundo lugar podríamos decir que la popularidad es por no prestar la debida atención a la enseñanza  contenida en la parashá que estamos tratando hoy, y…

En tercer lugar, la aflicción llamada Tzaráat que ha sido mal  traducida como lepra,  no se refiere a la enfermedad de Hansen, la cual es una infección producida por la bacteria micobacterium leprae, enfermedad muy bien documentada en el Oriente Medio desde tiempos antiguos.

La lepra o tzaráat en hebreo era una infección en la piel, la ropa y los objetos personales, que aparecía como consecuencia de una condición espiritual pecaminosa, y esta es la razón por la que era tratada por el sacerdote; el tzaráat era una plaga enviada a los hijos de Israel como respuesta a la desobediencia.

En los tiempos del Templo, cuando una persona chismeaba (chismoseaba) sobre su prójimo (y también a través de otras variadas enfermedades sociales como la avaricia y la vanidad), un día encontraba una mancha verde o roja que se esparcía en la pared de su casa; para averiguar qué sucedía, tenía que llamar al Cohén para que determinara que tipo de mancha era, y que se debía hacer con ella; incluso, si el Cohén no tenía idea, él consultaba con los expertos y luego determinaba de qué tipo era.

El veredicto final se determinaba con la palabra del Cohén, para enfatizar el poder de la palabra hablada. Entonces, lo que se define en esta parashá, es todo lo relativo a la aparición de la enfermedad de la piel llamada tzaraat, y los procedimientos para su purificación.

Entonces, podemos entender que hay dos tipos de palabra: “la buena y la mala”: la mala, que es a lo que nos vamos a referir, es aquella conocida con los términos  de lashón hará, y está formado, básicamente, por el mal hablar, los chismes, que se hacen acerca de otra persona.

Para prevenirnos, veamos lo que nos dice el Midrash Tehilím 12:4:
“Dijo Rabí Shimón bar Yojai: ‘Las malas lenguas matan a tres personas, al que habla, al que escucha, y a la persona sobre la cual se habla.’”

Otra explicación de que tzaráat tiene que ver con el poder de la palabra, nos la enseñan nuestros sabios, al decirnos  que la palabra tzaráat es un acrónimo de “el que emana maldad”, (motzi-ra), el charlatán. Por lo tanto, la enfermedad se origina de las malas palabras que decimos de los demás (aunque sean ciertas).

Lashón Hará es la fuente de muchas enfermedades sociales. Ha causado la disolución de numerosas amistades, el término de incontables matrimonios y ha generado un sufrimiento inconmensurable. Odio, celos y disputas se esparcen por medio del Lashón Hará, tal como las enfermedades se esparcen a través de la suciedad y los gérmenes.

El hablar Lashón Hará también ha dado como resultado que las personas pierdan sus ingresos y no es una exageración decir que ha conducido a muchos a la muerte.

La maldad del Lashón Hará es universalmente reconocida, y para detener el efecto del lashón hará, es necesario desarrollar una actitud positiva sobre los otros.

Si la actitud básica de una persona es negativa, entonces no importa cuán fuerte él trate de controlarlo. Finalmente va a emerger. Una casa llena de paja, no importa lo bien sellada que esté, va a tener paja saliendo por sus rendijas.

Un relato que encontramos en las enseñanzas de nuestros sabios se encuentra en Vaikrá Rabá 33:1, que nos dice: “Raban Gamliel ordenó a su siervo Tobi que le trajera lo mejor que hubiera en el mercado.

El esclavo le trajo una lengua. Al día siguiente el maestro le ordenó que trajera lo peor que encontrara en el mercado. Nuevamente Tobi le trajo una lengua.
Cuando se le pidió explicación, el sabio siervo dijo: “No hay cosa mejor que una buena lengua, y nada peor que una mala lengua””.

Como prueba, recordemos a Miriam, la hermana de Moshé y Aarón, que mencionó algo acerca del color de piel de Tzipora, la esposa de Moshé, que era negra.

Y enseguida, Miriam quedó enferma de esta enfermedad y debió ser separada de todo el pueblo y pasar a vivir fuera de los límites del campamento hasta que fuera purificada.

Al cabo de unos días, Sin embargo, se requirió que Moshé reacciona presurosamente y la perdonara, rezando al Eterno la oración: “El na refa na la – “¡Oh Elohim, sánala, por favor!

A los pocos días Miriam retornó, curada, y aprendiendo que, aquel que se entretiene con el lashón hará -habladuría, murmuraciones, chismes-, pone su vida y salud en riesgo.

¿Cómo era evaluada la tzaráat?: el Cohén ordenaba vaciar el contenido de la casa, para prevenir que se impurificaran con el veredicto del Cohén.

Si el Cohén veía un brote impuro, la casa era sellada por una semana.

Si la mancha se esparce, el Cohén decreta que se quiten las piedras contaminadas y se vuelva a empastar la pared. Si continúa expandiéndose, se debe demoler la casa.

Luego el Cohén reprochaba al chismoso por su discurso negativo. Si el chisme persistía, el siguiente nivel de mancha aparecía en su vestimenta que eventualmente debía ser quemada.

Nuevamente el Cohén reprochaba al chismoso y si él persistía, la mancha aparecía en su cuerpo.

La Torá describe con vívidos detalles las variadas formas de Tzaraat en el cuerpo –El brote es blanco de variados matices (comparados con la nieve y la lana), puede aparecer sobre una herida o quemadura que ya sanó o en la cabeza (sobre el pelo, barba o sobre la calvicie).

De este modo, la Torá describe tres tipos de tzaraat – Seét, sapájat y bahéret: a ellas, el Midrash Rabá las compara con tres poderes que han oprimido al pueblo judío – Babilonia, Media (donde vivió Amán), y Grecia, respectivamente.

La persona afectada con Tzaraat era puesta en cuarentena por una semana para ver si se esparcía. Sorpresivamente, si cubría el cuerpo completo, él estaba puro, pero si aparecía una pequeña área no contaminada, estaba impuro. Se ofrecen varias razones para esta paradoja.

Si cubre un área tan grande, debe ser muy superficial y debe estar retirándose del sistema.

Cuando se proclamaba a una persona impura por Tzaraat, él debía romper sus ropas y no cortarse el pelo. Debía ser expulsado de la comunidad y debía estar solo hasta que los síntomas se fueran.

Esto es un equivalente a lo que los sabios llaman “medida por medida”, porque al haber diseminado chismes, él puso una pared divisoria entre las personas, entonces, ahora él debe estar solo y meditar sobre las consecuencias.

Cuando el brote de Tzaraat desaparece, se llama al Cohén fuera del campamento a confirmar los hechos.

Pero, ¿por qué hay que llamar a un Cohén?

Porque es una forma como Eterno, en su misericordia infinita diseñó un sistema de retroalimentación para indicar que algo está mal y que necesita corrección, de la misma manera que, en los automóviles hay una luz que indica que el motor requiere de chequeo…  y son ellos los que se encuentran en una situación aventajada para el diagnóstico de la dimensión física de la enfermedad, porque procuran buscar una solución a este problema.

Aunque nos enseñan nuestros sabios que la tzaraat estaba confinada al Estado de Israel o a un territorio santificado, es a través de estas enseñanzas que, podemos entender ahora, como es que sucedía, en otros tiempos, cuando la persona que abusaba de su lengua, no sólo recibía una sanción de tipo moral, del modo como sucedería hoy en día (si A habló mal de mí, y B me lo cuenta, entonces dejo de hablar con A, y algunas veces también con B, por venir con cuentos…); sino que le llegaba la justa recompensa por su mala conducta.

Quedaba enfermo, y no una enfermedad silenciosa, interna y secreta, sino Tzaraat, que era macabra, muy parecida a la lepra (con la cual se confunde a menudo); aparecían en esta persona, manchones blancos, o verdes y rojos, sobre cualquier parte del cuerpo, y para que comprendamos su naturaleza especial, las manchas también solían aparecer en ropas, utensilios, viviendas, pertenencias del afectado.

Al estilo de ain tajat ain (literalmente: ojo por ojo), cuando hablamos mal y llevamos la intención de dañar a alguien, lo que nos proponemos es separarlo de la sociedad, del grupo en el cual se mueve. Si decimos, por ejemplo, Shmuel es un ladrón, entonces, ¿quién va a confiar en él? Lo alejamos de sus conocidos.
Entonces, aparece el Nega-Tzaraat y el que queda fuera es el maledicente, el que intenta echar a otro.
Guardando nuestra arma más eficaz, la lengua, guardaremos de dañarnos.

Según los jajamim, una persona o su casa, puede padecer de nega tzaraát por causa del lashón hará – la maledicencia, la calumnia, el chisme.
Este nega tzaraát, es posible traducirlo como “llaga de metzorá“. Sin embargo, hay una interpretación que nos permite aprender algo muy importante de la palabra nega.


Nega
(llaga) se escribe: nun-guimel-ain.
Y la palabra oneg (deleite) se escribe: ain-nun-guimel.
¿Qué diferencia una palabra de otra?
Donde está ubicada el “ain”.
Y ¿qué es “ain”?
Ain es ojo.
Es decir, dependiendo de en qué ponemos nuestro “ain”, padeceremos o nos deleitaremos.
Si aprendemos a valorar la mitad llena de la botella, en lugar de siempre suspirar por la mitad vacía, estaremos siempre gozando, teniendo oneg, y apartando de nosotros el nega de la habladuría.
Como enseñan nuestros sabios:

“¿Quién es rico (afortunado)? El que se complace con lo que ya tiene”.

¿Quién es entonces rico según lo revisado?

Aquel que busca que toda la llaga mala se transforme en el placer sagrado, nega ra – oneg shel kedushá. Aquel que procura que todas las aguas amargas, malas, inferiores, se conecten y se transformen en aguas superiores dulces, en agua de laTorá, para alimentarse de ella, y para vivir de ella, según sus enseñanzas, mitzvot, jukim y mishpatim.

11 de diciembre de 2012 — 27 de Kislev de 5773