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PorMax Stroh Kaufman

Januca: ocho noches, ocho milagros

Januca: ocho noches, ocho milagros

Tercera noche, tercer milagro

En la tercera noche de januca veremos una historia de lucha contra el cáncer.

“Miriam es una niña de 14 años que fue  a consultar al hospital por sus síntomas: tenía fatiga, fiebre y  calambres: Cuando fue evaluada, se pensó que no eran más que el virus que había afectado a toda la ciudad, le dijo el médico.

Los resultados mostraron que el conteo de glóbulos blancos era alto, demasiado alto, por lo que fue remitida a la clínica de oncología a la mañana siguiente.

Mientras Miriam atravesaba el pabellón de oncología, vio rostros delgados y calvas, esperando una nueva prueba de laboratorio. Se le informó que sería muy doloroso

Entonces, en el pabellón, el técnico realizó una dolorosa prueba de médula ósea. Envió los resultados al laboratorio, y también tomó una pequeña muestra para examinar por sí mismo bajo un microscopio. Y luego dio el golpe.

Aproximadamente media hora más tarde llegó el diagnóstico: era leucemia. Leucemia mieloide crónica

El médico vino y le dijo “Comenzaremos la quimioterapia”.

Pero Miriam y sus padres no podían entender: quimioterapia. . . con eso fueron tratados los pacientes de cáncer. “¿La leucemia es cancerosa?”, Preguntaron.

El doctor asintió.

Miriam salió corriendo de la habitación. Sus padres intentaron detenerla, abrazarla, abrazarla, consolarla, pero ella se apartó. “

Miriam dijo: Tengo cáncer “.

Pero no sucumbiría. Un instinto primordial se hizo cargo:

“Entonces, ¿qué vamos a hacer con esto?”, Preguntó ella.

Lentamente, claramente, el doctor nos dio todos los hechos. La leucemia mieloide crónica es un cáncer de los glóbulos blancos, nos dijo. Raramente afecta a los niños; El médico también dijo que consultaría con otros especialistas y diseñaría un plan de tratamiento experimental.

Su sugerencia es que Miriam necesitaría un trasplante de médula ósea en algún momento,

Entonces se volverán a encontrar a la mañana siguiente, para comenzar la quimioterapia.

La quimioterapia fue dura.

Pero lo peor sucedió, la quimioterapia no ayudó.

Los médicos cambiaron las drogas, enmendaron los planes de tratamiento, pero su cuerpo no respondió.

Los médicos cambiaron de marcha y comenzaron a prepararse para un trasplante de médula ósea. Era su única esperanza.

Aún así, ella nunca pensó, no voy a sobrevivir a esto. Solo pensé, tengo que superar esto. Después de todo, tengo 14 años. Yo tenía planes. Tengo que graduarme de la escuela secundaria, ir al seminario, casarme.

En un momento, cuestioné la decisión de mis padres. Conocía a personas que ocultaban incluso problemas médicos menores. Hacerlos públicos fue algo revolucionario, iconoclasta. ¿Por qué lo hicieron?

Sus padres hablaron con el rabi local y ellos contactaron a una fundación judía que cuida a niños con cáncer, el próximo verano la niña fue a Camp Simja, donde Miriam conoció a niños que habían sido sometidos a quimioterapia, cirugía, trasplantes y compañeros de lucha.

Allí, como la familia, cantaron, bailaron, tocaron y vivieron una vida feliz, y debido a que su estado se estaba deteriorando rápidamente.

Ella tuvo que ser llevada al Hospital Infantil para recibir su trasplante de médula ósea.

En el momento en que recibió la médula ósea por vía intravenosa, ella preguntó. “¿Cómo sabe la médula ósea a dónde ir?” Imaginé las células que circulaban por mi sistema, sin encontrar el camino hacia el interior de mi hueso.

“Simplemente lo hacen”, respondió el médico.

Cinco semanas después del trasplante, el médico realizó nuevas pruebas.

Cuando vino con los últimos resultados de sangre, dijo: Los recuentos sanguíneos estaban en un nivel seguro. podrías regresar a casa de forma segura.

Los próximos nueve meses, Miriam entró en el hogar en el estado de aislamiento de la enfermedad y la recuperación,

No hubo signos de enfermedad durante mucho tiempo y Miriam pudo graduarse en la escuela, fue al seminario y, mucho tiempo después, conoció al hombre con el que quería casarse.

Después de un período de vacaciones, ella tenía una cita de rutina. El oncólogo de turno se hizo un análisis de sangre y ella regresó con la cara pálida. Mientras miraba su rostro, algo dentro de ella se congeló. Empezó a temblar.

El cáncer, me dijo, había regresado.

¡No! ¡No! Estaba a punto de comprometerme. Estaba esperando para entrar en mi futuro. ¿Cómo? ¿Cómo pudo haber sucedido? ¿Por qué Dios está haciendome esto? ¿Qué quería Él de mí?

Después de un nuevo análisis de sangre, el oncólogo no tenía esperanzas. La única opción, me dijo, fue otro trasplante de médula ósea.

Miriam tenía miedo, pensando que su cuerpo no era lo suficientemente fuerte como para tomar otro trasplante. La radiación y la quimioterapia la matarían.

Su novio buscó médicos, opiniones, información, pruebas, drogas experimentales. Estaba decidido a encontrar algún rayo de esperanza, algún tratamiento nuevo, algo, cualquier cosa.

Vino con el nombre de un medicamento nuevo, imatinib, una innovadora quimioterapia dirigida a la proteína anormal específica que se encuentra en las células de CML.

La droga no curaría el cáncer, pero inhibiría el crecimiento de las células cancerosas y me permitiría llevar una vida normal, dijo.

La droga hizo su trabajo. Su condición se estabilizó. Un año después, se casó, bajo la jupa.

Después de dos años, decidieron tener un bebé. Miriam fue a una organización de fertilidad pero descubrieron que nada podían hacer.

Ahora su esposo repitió la historia. Visitó a los especialistas más eminentes en el campo; Gastaron decenas de miles de dólares en tratamientos. Nada.

Mientras tanto, Miriam regresó a la escuela. Ella completó un BA en artes  y luego pasó a estudiar psicología y trabajo social.

Dos años más tarde, Miriam programó otra cita con su especialista en fertilidad. “Estoy feliz, estoy satisfecha”, le dijo, “pero quiero saber si algo ha cambiado”.

El médico realizó pruebas, y entregó los resultados con un movimiento de cabeza. “Vete a casa, Miriam”, me dijo. “Hay casi cero posibilidades de que tengas un hijo”.

“Mi médico acaba de extinguir mi esperanza”, pensó Miriam.

Sin embargo ella dijo. “No voy a perder la esperanza. Ahora vamos a ver un milagro “.

Un año después, nuestro incrédulo doctor confirmó: Vas a ser madre.

Surgieron preguntas, una ráfaga de preguntas, dudas, temores y euforia. Y por encima de todo, resonó la voz de mi especialista en fertilidad. “Este es el milagro de Di-s”.

Durante los primeros cinco meses del embarazo, su análisis de sangre se mantuvieron estables, y los médicos acordaron vacilantemente que podría quedarse fuera de Gleevec. Miriam pasó tiempo cultivando un huerto, sintiendo la tierra entre sus dedos, oliendo el aroma fresco y observando cómo las plantas se desarrollan y crecen.

El proceso reflejaba lo que estaba sucediendo en su cuerpo, lo hacía real y vivo, y me conectaba con el proceso cósmico de nacimiento.

Cuando ella estaba embarazada de cinco meses, ella recayó. ella necesitaba volver a la quimioterapia, pero me resistí, ¿qué harían las poderosas drogas para la frágil vida que crecía dentro de mí? En sus propias palabras, ella le habló a Dios, pidiendo un milagro.

Dos semanas más tarde, nuevos análisis de sangre y el nivel de células cancerosas se redujo. Durante el resto del embarazo, el nivel de células cancerosas vacilaron, pero logró evitar la quimioterapia.

Cinco semanas antes de mi fecha de parto, Miriam rompió aguas. Ninguno de sus parientes podría ayudarla, pero ella, que se encuentra una partera, y ella tuvo un parto en el hogar sin intervención médica.

Después de más de ocho años de espera, sostenía a un bebé en sus brazos. Una mujer

El nombre elegido para el bebé fue Jana, la madre del bíblico Samuel, fue la mujer que nos enseñó a llorar cuando rezamos.

. El cáncer y la quimioterapia se han convertido en parte de la vida de Miriam, pero ella finalmente aprendió a vivir con ella.

Hay momentos en que, por supuesto, Miriam se siente llorosa y ansiosa.

Especialmente porque su cuerpo se volvió inmune a Gleevec, porque había estado tomando este medicamento durante más de una década.

Afortunadamente, se desarrollaron drogas hermanas que combaten las células cancerosas.

Vivir con cáncer es vivir con incertidumbre, pero cada persona que camina por esta tierra vive a la sombra de la muerte; algunos lo conocen más que otros.

Por supuesto, todo el mundo tiene miedo, especialmente sobre la condición de Miriam, pero la vida le enseñó sobre su ritmo natural: la ansiedad y la tristeza son invariablemente seguidas por la alegría y la esperanza. Ahora ella está diciendo: mi vida sigue el plan de Dios, y cualquier agenda que pueda soñar es risible.

Lo más importante, dijo Miriam, he aprendido a apreciar los milagros de Dios, en mi vida

15 de diciembre de 2017 – 27 de Kislev de 5778

 

PorMax Stroh Kaufman

Januca: Ocho noches, Ocho milagros

Januca: Ocho noches, Ocho milagros

Segunda noche, segundo milagro

Un joven que pagaba sus estudios trabajando de vendedor ambulante, sentía hambre pero no tenía dinero para almorzar.

Decidió vencer la vergüenza que le daba mendigar y pedir algo de comer en la próxima puerta que tocase.

No obstante, perdió su nervio cuando una hermosa joven le abrió la puerta. En lugar de pedir comida pidió solo un vaso de agua.

 

Ella, sin embargo, se apiadó de él y le trajo un vaso de leche. El se lo tomó tímidamente y preguntó, -¿Cuanto le debo?

 

-No me debe nada, respondió ella. -Mi madre nos enseñó a nunca aceptar pago por hacer un favor.

 

-Entonces le agradezco de corazón, respondió el joven.

 

Aquel joven llamado Howard Kelly se fue de aquella casa, no solo sintiéndose fortalecido en su cuerpo sino también en su fe en Dios y en la humanidad. Antes del incidente estaba pensando en rendirse y renunciar.

 

Muchos años mas tarde aquella joven, ya mayor, se enfermo gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados.

Finalmente la enviaron al hospital de una gran ciudad donde practicaba un famoso especialista en aquella enfermedad.

 

Cuando el médico se dio cuenta del nombre de su nueva paciente y del pueblo de procedencia, inmediatamente se levantó y fue a verla.

La reconoció inmediatamente. Volvió a su oficina resuelto a hacer todo lo posible para salvar su vida. La lucha fue larga pero la señora se salvó.

 

Por su parte la señora andaba muy preocupada sabiendo que el precio de su estancia en el hospital sería astronómico. Sin que ella supiese, el doctor envió órdenes que le pasaran a el la cuenta final.

Después de examinarla escribió un mensaje al pie de la cuenta antes de que fuese enviada a la señora.

 

Ella abrió aquella cuenta con gran temor, pensando que pasaría el resto de sus días pagándola. Finalmente miró y cual fue su asombró cuando leyó al pie de la lista de enormes cifras:

 

Todo Pagado por completo con un vaso de leche.

Firmado: Dr. Howard Kelly.

PorMax Stroh Kaufman

Januca 8 noches – 8 milagros

Januca 8 noches – 8 milagros

Primera noche, primer milagro

 

En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada.

Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.

 

Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas.

Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio.

Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron urgente al hospital del condado.

 

En su cama, el niño horriblemente quemado y semi inconsciente, oía al médico que hablaba con su madre.

Le decía que seguramente su hijo moriría que era lo mejor que podía pasar, en realidad -, pues el fuego había destruido la parte inferior de su cuerpo.

 

Pero el valiente niño no quería morir. Decidió que sobreviviría.

 

De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió.

 

Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y al médico hablando despacito.

Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus piernas.

 

Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido.

 

Caminaría. Pero desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida.

Finalmente, le dieron de alta.

 

Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control, nada.

 

No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca.

 

Cuando no estaba en la cama, estaba confinado una silla de ruedas.

Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco.

 

Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas.

 

Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco.

Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar.

 

Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas.

 

Por fin, gracias a las oraciones fervientes de su madre y sus masajes diarios, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad,  primero de pararse, luego caminar tambaleándose y finalmente caminar solo y después correr.

 

Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr.

Más adelante, en la universidad, formó parte del equipo de carrera sobre pista.

 

Y aun después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía esperanzas de sobrevivir, que nunca caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, Glenn Cunningham, llegó a ser el atleta estadounidense que ¡corrió el kilómetro más veloz el mundo!

Jag Januca Sameaj

15 de diciembre de 2017 – 27 de Kislev de 5778

 

PorMax Stroh Kaufman

Januca Ocho noches ocho milagros

Januca 8 noches – 8 milagros

Milagros en el judaismo

En nuestras vidas cotidianas, eventos que pueden ser estadísticamente “imposibles” a menudo los llamamos milagros.

Por ejemplo, cuando 3 compañeros de clase se encuentran accidentalmente décadas después de haber dejado la escuela en un país diferente, pueden considerar esto como “milagroso”.

Con el ejemplo anterior, vemos como, los eventos que se consideran “imposibles” no son en absoluto imposibles; tienen una probabilidad matemática, como lo tiene la de ganarse una lotería, o que un rayo le impacte a la misma persona, dos veces en su vida.

¿Cuándo un acto es un milagro, y cuándo no lo es?

Esto suele ser un momento muy personalizado, de acuerdo con cada individuo

Solo para ello, utilizaremos dos historias. la primera, una enseñanza de nuestros sabios:

 

Los sabios enseñaron: Hubo un incidente en el que murió la esposa de un hombre muy pobre, y ella le dejó un hijo para amamantar, y él no tenía dinero para pagar el salario de una nodriza. Y se realizó un milagro en su nombre, y desarrolló senos como los dos senos de una mujer, y cuidó y amamantó a su hijo. Rav Yosef dijo: Venga y vea cuán grande es esta persona que un milagro de esa magnitud fue realizado en su nombre  Abaye le dijo: Por el contrario, cuán deshonrosa es esta persona que el orden de la creación fue alterado en su nombre..

La segunda. una leyenda

Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque, un Sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del Sabio.

El poderoso se dirigió al Sabio diciendo: – Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que inclusive puedes hacer milagros.

– Soy una persona vieja y cansada… ¿Cómo crees que yo podría hacer milagros? Respondió.

– Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos… esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso.

– ¿Te referías a eso?… Tú lo has dicho, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso… no un viejo como yo.

Esos milagros los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo.

– Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tú haces… muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios.

Ante la insistencia de aquél hombre poderoso, el Sabio aceptó mostrarle tres milagros.

Y así, con la mirada serena y sin hacer ningún movimiento le preguntó: – ¿Esta mañana volvió a salir el sol? – Sí, claro que sí.

– Pues ahí tienes un milagro… el milagro de la luz.

– No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra… mira, hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas.

– ¿Quieres un verdadero milagro?

¿No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?

– ¡Si! Fue varón y es mi primogénito.

– Ahí tienes el segundo milagro… el milagro de la vida.

– Sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro.

– ¿Acaso no estamos en época de cosecha?, ¿no hay trigo y sorgo donde hace unos meses solo había tierra?

– Sí, igual que todos los años. – Pues ahí tienes el tercer milagro.

– Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero…

Sus palabras fueron cortadas por el Sabio, quien convencido de la obstinación de aquel hombre y seguro de no poder hacerle comprender la maravilla que existe en todo aquello que le había mostrado señaló:

– Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por ti… Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer.

Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba.

El Sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda.

Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el Sabio y su alumno, el Sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomó al conejo, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado:

– Maestro te he visto hacer milagros como este casi todos los días,

¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?,

¿por qué lo haces ahora que no puede verlo?

– Lo que él buscaba no era un milagro, sino un espectáculo.

Le mostré tres milagros y no pudo verlos.

Para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno… No puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día.

 

En janucá, celebramos el milagro que, una pequeña botella de aceite, con capacidad para encender las luminarias durante 1 día, las enciende por 8 días.

Haremos una revisión de ocho milagros, uno para cada noche, esperemos sea de su agrado

Comite editorial 321judaismo.com

15 de Diciembre de 2017 – 27 de Kislev de 5778

PorMax Stroh Kaufman

Los Shedim

Los Shedim

Los “demonios (shedim)” al servicio de Hashem

 

Cuenta El Midrash que el emperador Dakletainus (Diocleciano) fue originalmente porquero en Tiberias.

Una vez estaba vigilando a sus cerdos cerca del Beit Hamidrash del Rabino lehuda Hanassi. Al pasar por allí, los estudiantes judíos salieron y comenzaron a golpearlo.

Más adelante, Dakletainus se convirtió en emperador romano y recordó bien lo que los muchachos judíos le habían hecho.

Se alojó en la ciudad de Pamajas (cerca del río Jordán) y un viernes por la tarde, cerca del anochecer envió las siguientes cartas a Tiberias: ‘Decreto que todos los rabinos y líderes de la ciudad de Tiberias aparezcan ante mí el domingo por la mañana’.

Deliberadamente despachó las cartas no antes del viernes por la tarde antes del anochecer, en conocimiento que los judíos no viajarían en Shabat y que la noche después de Shabat no les daría el tiempo necesario para llegar a Pamaias.

Así, era imposible que se presentaran el domingo por la mañana y tendría un pretexto para castigarlos.

El rabino Shmuel bar Najman fue a lavarse al río para Shabat y se encontró con el Rabino lehuda Hanassi quien estaba parado en la entrada del Beit Hamidrash.-

¿Por qué pareces perturbado y tienes la cara pálida?- le preguntó.

-Recibí una orden para aparecer delante del emperador- contestó el Rabino Iehuda Hanassí, contándole lo que había sucedido.

-Ven, lávate en honor al Shabat- le dijo Shmuel. -Tu Creador seguramente hará un milagro por ti.

Mientras estaban en el baño, el demonio (shed) del baño se apareció ante él, riéndose y bailando.

El Rabino Iehuda Hanassi quiso gritarle, pero el rabino Shmuel dijo -Déjalo solo. A veces viene para que Hashem realice milagros a través de él.

Shmuel reprendió al demonio -Tú estás riendo y bailando mientras que el Rabino Iehuda está angustiado.

-No te preocupes- contestó el demonio. -Puedes comer tu comida de Shabat con felicidad y paz.

Tu amo, Hashem, realizará los milagros por ti.

Te colocaré delante del emperador el domingo por la mañana. Siendo Motzaei Shabat, después de concluir sus plegarias, el demonio los elevó y los cargó en el aire hacia las puertas de la ciudad de Pamaias.

Los colocó frente a las puertas de la ciudad y los esclavos corrieron inmediatamente hacia el emperador diciendo-Los judíos llegaron frente a la puerta.

-Cierren las puertas- ordenó el emperador.

El demonio elevó a los Rabinos lehuda y Shmuel y los cargó por encima de las puertas a la ciudad.

-Los judíos están en el medio de la ciudad- los esclavos anunciaron al emperador.

-Yo ordeno- ordenó el emperador -que calienten el baño durante tres días.

Déjalos entrar, lavarse y sólo después aparecer ante mí. Pronunció estas palabras con una sonrisa, pero sus intenciones eran malas.

Ordenó que el agua sea llevada al punto de ebullición para que los judíos se quemen vivos.

Calentaron el agua por tres días y después los Rabinos lehuda y  Shmuel fueron obligados a entrar.

Sin embargo, disfrutaron de un baño placentero pues el demonio del baño vertía continuamente agua fría en los tubos, manteniendo la temperatura soportable y agradable.

Se lavaron en paz, se vistieron y regresaron con el emperador.

Este les reprochó -Si bien ustedes sabían que vuestro D–S realiza milagros para ustedes, estaban errados en profanar el honor del emperador.

Esto fue cuando, como porquero, los chicos judíos me golpearon y ninguno de los Sabios protestaron.

Ellos respondieron -Quizás despreciamos vuestro honor cuando fuiste un porquero, pero ciertamente te rendimos el debido respeto ahora que eres un emperador

-Sin embargo, en aquel momento, estabas equivocado- insistió el emperador

-Nunca desprecies a un pequeño romano o a un joven persa.

Algún día puede ascender a un cargo de poder.

 

Recopilación por Dr. Max Stroh para 321judaismo.com

Derechos de autoría intelectual por la recopilación, traducción y adaptación según aplique. Puede ser reproducido a través de cualquier medio electrónico o físico, citando al autor.

Si lo imprime, procure que sea en papel reciclado o elaborado de bagazo de caña

Una vez impreso, si por algún motivo le toca destruir el documento, las consideraciones de la halajá es que lo entierre, siempre que contenga palabras de la Torá

01 de diciembre de 2016 – 01 de Kislev de 5777

PorMax Stroh Kaufman

Milagros en el Judaísmo

Milagros en el Judaísmo

Título: El milagro

Fuente: Otros Autor: Pynchas Brener Fecha: 19/07/1991

Hablemos de milagros en el judaísmo, pero primero comencemos con una pregunta ¿Qué es un milagro? Un milagro es tal vez un acontecimiento que requiere la suspensión temporal de las leyes establecidas por la naturaleza.

Por ejemplo, consideraríamos que ha ocurrido un milagro, si un mono empezara a hablar como un ser humano. (En la Torá nos encontramos con el burro del profeta Bileam que súbitamente habla. Según Rambam – quien se destaca por ser un racionalista – este episodio ocurre únicamente en la imaginación del profeta).

El Talmud enseña que Adonai creó diez cosas en el último momento del sexto día de la creación. Una de las creaciones fue la boca del burro de Bileam que tendría la capacidad de hablar, tal como si fuera un humano.

Es posible deducir de esta enseñanza que los jajamim detestaban los milagros, porque los consideraron como una aberración de la naturaleza.

Lo extraordinario para ellos es que los burros rebuznan y que los caballos relinchan. Sería un mundo de desorden y caos si un par de caballos engendrasen un burro. Lo maravilloso del universo es el orden y la armonía que reinan en él.

Porque la posibilidad de predecir los sucesos es el resultado de una naturaleza que obedece rigurosamente las leyes que fueron establecidas desde un principio.

Es probablemente imposible demostrar la existencia o la inexistencia de los milagros, porque los sucesos pueden ser explicados de diversas maneras.

En la actualidad, por ejemplo, hablamos de la probabilidad de los hechos. ¿Saldrá mañana el sol por el oriente y se pondrá por el occidente? La posibilidad de este hecho es igual a uno, lo que en términos estadísticos equivale a la certeza. Sin embargo, es posible argumentar que este acto no es absolutamente inevitable.

Porque nuestro cálculo de probabilidades se basa en el hecho de que el sol se ha comportado de una manera determinada desde la época en que el hombre adquiere conciencia histórica o social.

Sin embargo se podría plantear, por ejemplo, la hipótesis de que la ruta pre-determinada del astro incluye ciertos cambios en su órbita cada siete millones de años.

Por lo tanto es concebible que la órbita solar obedezca a un programa que establece un comportamiento alterno cada período de unos mil millones de años. (El filósofo David Hume argumentó hace más de un siglo que causa y efecto no son más que conclusiones psicológicas humanas. Después de haber observado un cierto número de pares de eventos A y B, el hombre concluye que el evento B debe ser precedido por el evento A. Pero según Hume esta afirmación carece de fundamento científico).

Tal vez deberíamos re-definir el milagro como un acontecimiento que ocurre debido a una intervención Divina. Dado que no “entendemos” el comportamiento de la naturaleza porque desconocemos totalmente el por qué de las cosas, nos resta únicamente dar testimonio de lo que podemos observar prácticamente.

Por lo tanto, un milagro también puede ubicarse dentro del marco de lo “normalmente” observable. Un hecho recibe la nominación de milagro porque fue necesaria la intervención de Adonai para que ello ocurriese.

Para el hombre de fe, el planteamiento anterior produce ciertas dificultades, porque dado que Adonai es perfecto, podía haber creado un universo igualmente perfecto desde su inicio. ¿Por qué motivo se requiere periódicamente la intervención Divina? ¿Acaso se debe Su intervención a cierta falla básica en el diseño Divino?

La interrogante no se centra en la posibilidad de los milagros, sino en la problemática de su necesidad.

En efecto, existe una escuela de pensamiento teológico— el Deísmo— que sostiene que Adonai no interviene en la historia humana porque Su obra original es perfecta. Se estima que la creación es una expresión de la sabiduría y del poder infinitos de Adonai.

Por lo tanto, la naturaleza, como una creación de Adonai, también refleja la perfección. Esta teología conduce a cierto determinismo que no permite la libre elección. En esta concepción, Adonai está limitado en Su libertad. Dado que cada una de Sus acciones es perfecta, no existe posibilidad alguna de cambio, ni siquiera para El. Adonai está confinado en un retén de Su propio trazado.

En cambio, una teología que establece la responsabilidad individual por las acciones, tiene que plantear la existencia del libre albedrío, porque de otra manera, ¿qué sentido tiene el comportamiento ético en la ausencia de bejirá jofshit, la libertad de elección? Nuestra experiencia pragmática nos orienta a sostener que el hombre tiene una libertad de acción limitada, pero que si tiene cierta dosis de libertad.

Más aún, la ciencia moderna afirma que en el mundo atómico se observa cierta libertad que no se ve en el macrocosmos. Pareciera que los electrones eligen sus órbitas dando un “salto libre” desobedeciendo las aparentemente rígidas leyes físicas.

El Deísta respondería tal vez que la “libertad” humana es el producto de su imperfección. En cambio Adonai no escoge, porque la perfección es Su alternativa exclusiva.

¿Cuál es la actitud del judaísmo con referencia a los milagros? Leemos en Bereshit que en el principio vehaáretz haitá tohú vavóhu, la tierra estaba envuelta en el caos.

De acuerdo a esta descripción, el mundo también contiene cierto grado de desorden lo que da paso a la posibilidad de la elección y la libertad. El ejercicio de esta libertad es de competencia del ser humano. La imprevisibilidad de sus acciones, trae como consecuencia la intervención Divina periódica para encaminar las cosas nuevamente cuando es necesario. Y estos son los milagros.

¿Cuándo un acto es un milagro, y cuándo no lo es? ¿Es el establecimiento del Estado de Israel el resultado de un milagro? Ni los que pertenecen al Mapam (partido político Israelí de tendencia izquierdista) ni los integrantes de Neturei Karta (grupo religioso fundamentalista), están dispuestos a concederlo. ¿Se puede afirmar que hubo una intervención Divina en la Guerra de Independencia de Medinat Israel? ¿Es el holocausto nazi un anti-milagro?

Tal vez lo sea, porque Adonai se abstuvo de participar en aquel momento histórico cuando todos los creyentes clamaban por Su presencia. Está claro que no hay respuestas inmediatas o fáciles para este tema que irrumpe en los cuestionamientos básicos sobre la esencia de la divinidad y las características fundamentales del ser humano.

Cabe destacar que el judaísmo no depende de los eventos milagrosos. Al cuestionar la historicidad de ciertos episodios bíblicos que indican la intervención de Yadjá hanetuyá, “el brazo extendido de Adonai”, no nos situamos fuera de Kenéset Israel, “la comunidad de Israel”.

Por ejemplo, dudar del hecho de que la división de las aguas del Yam Suf (Mar Rojo) para permitir el paso de nuestros antepasados en su huída de Egipto, no significa romper de manera irreversible con la tradición. Porque el mensaje esencial de Yetziát Mitzráim es la libertad y no el acontecimiento milagroso que fue necesario para poder escapar de la esclavitud. Es posible argumentar que en la ausencia del hecho excepcional, el yugo hubiera tenido una duración.

Pero el éxodo era inevitable porque el pueblo judío se había enamorado de la alternativa de la libertad. Existen credos cuyos fundamentos se basan en la suspensión del proceso natural. Al cuestionar la autenticidad de estos hechos se quita la base que sustenta esa fe.

En cambio, en el judaísmo quien niega que Guideón fuera incapaz de frenar la marcha del sol y la luna en sus órbitas determinadas, no incurre en un pecado mortal.

Concluimos señalando que el judaísmo admira el orden y la armonía existentes en la naturaleza como una manifestación de la presencia Divina en el universo.

Según el Midrash, el primer patriarca Abraham afirma la existencia de un solo Adonai por la concordancia y simetría que observa en las esferas celestiales. Para nuestros jajamim, el desorden y la discordia, la excepción y la anormalidad son las que sugieren la ausencia de Adonai.

Pero desde otra perspectiva, nunca negaron la posibilidad de la intervención Divina en la historia y entronizaron Yetziát Mitzráim como una demostración de la existencia de un Adonai que responde y actúa frente a la injusticia humana. Nuestros sabios no basaron el judaísmo en el hecho milagroso, pero tampoco estuvieron dispuestos a “limitar” a Adonai y ubicarlo en un recinto enteramente aparte e impenetrable desde donde se le prohíbe (a Él), contacto alguno con nuestro universo material.

27 de octubre de 2014 – 03 de Jeshvan 5775

PorMax Stroh Kaufman

Milagros personales

Milagros personales

Milagros en el Judaísmo

¿Que son los milagros personales?

Para saber que son y, a que se refieren los milagros personales, puede no ser suficiente una descripción literal, que podemos encontrar en cualquier diccionario o enciclopedia de cualquier religión, sino que, a través de ejemplos, podremos lograr una visión más objetiva.

Todos hemos escuchado la historia en el judaísmo acerca de la apertura del Mar Rojo.

En el cristianismo el hecho de Jesús haber caminado sobre las aguas;

El hecho que el Buda haya ordenado a las aguas retroceder para poder caminar entre ellas y llegar a suelo seco, en el budismo.

También la fragmentación de la luna por parte de Muhamad, o el conocido milagro de la multiplicación de los panes también por este profeta.

Por último también habremos escuchado, probablemente acerca del nacimiento Lao Tse, que tomo 72 años, para los seguidores del Taoísmo

Sin embargo, nuestro tema tiene que ver con los milagros personales: aquellos que son tan pequeños que solamente los visualiza la persona que los vive, con las excepción, hoy en día, de lo que acontece a través de los medios de difusión masiva (internet, radio y televisión en los cuales miles de pastores y líderes realizan “milagros,” a diario, también a cientos de miles de fieles o personas que creen en las palabras de estos pastores.

Estos, milagros personales, privados, son, como hemos dicho, más pequeños que aquellos milagros majestuosos mencionados pero que debe cumplir con la función de enseñarnos a tener fe en El Creador.

Son muchas las formas como ellos se pueden presentar: por ejemplo niños que oran, pidiendo ayuda para encontrar algo que se les ha perdido, y lo encuentran; personas que disponen de su poco dinero en el beneficio de una persona que lo necesita y, después, le llegan los recursos necesarios para pagar su matrícula universitaria, el alquiler o de alguna forma obtener comida para su familia.

Vemos entonces que, hay milagros, los cuales, a diferencia de aquellos descritos en la Torá y en el Tanáj, vienen camuflados como aparentes coincidencias, como eventos naturales, como incidentes que “simplemente ocurrieron”, pero que en realidad son los productos de intervención celestial en los asuntos de la humanidad.

Analicemos un caso en el cual, un hombre, repentinamente decidió regresar a su casa por una nueva ruta. Mientras pasaba por un área llena de vegetación espesa, de crecimiento no modulado por el ningún hombre, escuchó el sonido inconfundible de una lucha. Una mujer estaba siendo atacada.

Este hombre, un ser común y corriente, que no gozaba de una contextura atlética, ni mucho menos se consideraba como el más valiente de las personas, tuvo temor por su propia seguridad. Sin embargo, la persistencia de los gritos de aquella mujer, le infundieron el valor para tratar de ayudarla. Corrió hacia la vegetación, agarró al asaltante y lo arrojó lejos de la mujer y pudo forcejear con él hasta que el atacante saltó y se escapó.

Sólo entonces se dio cuenta que la mujer que gritaba, era su propia hija.

Situaciones como estas y aún “más grandes” las podemos explicar desde varios puntos de vista dentro del judaísmo:

La primera de ellas a partir del versículo de la Torá que dice que:

Tú no podrás ver mi rostro, porque el hombre no puede verme y vivir Y dijo el Eterno: He aquí un lugar junto a Mí, y allí te pondrás de pie sobre la peña; y sucederá que mientras va pasando mi gloria, Yo te pondré en la hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que Yo pase. Luego apartaré mi mano para que veas mis espaldas, mas mi rostro no será visto.

Vayomer lo tujál lirót et panái ki lo yiráni haadám vajái. Vayomer Adonai híne makóm ití venitzávta al hatzúr. Vehayá baavór kvodí vesamtíja benikrát hatzúr vesakotí japí aléija ad ovrí. Vahasirotí et kapí veraíta et ajorái ufanái lo yeraú…

De esta afirmación podríamos deducir que, Sus acciones, Su voluntad, Su manera de pensar, estarán ocultos a nuestra “visión” y  por ello, nos ocurrirán milagros personales, que los catalogamos como algo que “simplemente pasó”.

Otra de las formas de verlo es, a través de una palabra que describe esta situación, la cual es PURIM,  y que, a grandes rasgos, significa “lotería:” y es así como describimos muchos de los milagros personales que nos suceden a diario, porque creemos que es gracias a nuestra suerte, nuestra pericia, nuestras habilidades o nuestros conocimientos, que nos salvamos de tragedias, eventos adversos, etc.

También hay otra palabra en hebreo: Venaafoj: ella quiere significar que hubo un vuelco radical en alguna situación, que al principio podría parecer una desagracia en pero que después de un tiempo, al hacer un análisis retrospectivo, nos damos cuenta que lo hemos atribuido a un milagro que HaShem fue capaz de ofrecernos.

Para entender esto podemos traer muchas anécdotas en las cuales, cualquiera de nosotros puede haberse visto en una situación extrema: no tener dinero para pagar una deuda, enfermarse seriamente y pensar que no se va a curar, tener una decepción y pensar que por ello es “el fin del mundo” pero, luego de algún tiempo, vemos como nada era “el fin del mundo” sino que lo que vivimos, nos enseño a moldear nuestra manera de pensar o nos condujo a otra situación de felicidad.

“Lo más increíble de los milagros es que ocurren”; escribió en alguna época, Gilbert Keith Chesterton, y que los milagros son aquellos momentos de la vida que en forma personal o colectiva encontramos, de manera contundente, la presencia de HaKadosh Baruj Hu.

Pero cuando hablamos de los milagros personales, la Torá, y el Talmud, nos enseñan a ser agradecidos con esto: por ejemplo, existe la bendición llamada “Bircat ha Gomel” que significa “Bendición de la recompensa”, la cual es una tradición muy antigua, con la cual, le damos gracias al Todopoderoso por habernos recompensado y mantenernos con vida en cada una de las situaciones en las cuales se puede ver afectada la salud, la libertad, o la supervivencia a una larga travesía.

Pero la Halajá nos da una indicación adicional: cuando vivimos o evidenciamos los milagros personales, debemos recitar la oración que dice así: “Barúj sheasá li nes bemakóm hazé

Bendito sea que me prodigó un milagro en este lugar”.

Esta es una actitud que parece simple, pero no lo es tanto, porque la halajá también le dice a nuestros hijos y nuestros nietos que complementen la bendición de la siguiente manera:

Barúj sheasá le abí (le abotái) nes bemakóm hazé

Bendito sea quien le prodigó a mi padre (mis antecesores), un milagro en este lugar”,

A diferencia de la bendición que se haría para los milagros colectivos, que diría Barúj sheasá nisím laabotéinu bamakóm hazé.

Bendito sea quien le prodigó a nuestros antepasados, un milagro en este lugar.”

Hacemos nuevamente énfasis en nuestra forma de ser, la cual hace que muchas veces pensemos que, en la época actual, si un milagro es muy raro, mucho más la posibilidad de repetir los milagros: esto debido a que, la mayoría de nosotros hemos sido educados con el concepto de que los milagros, para ser notorios, únicamente existieron en la Biblia, pero se nos olvida que los milagros personales “nos persiguen a diario,”

Ejemplo, cuando, El Todopoderoso nos permite vender nuestra casa cuando por el deterioro de la economía, nadie está comprando,

O también cuando nos reconciliamos con alguien con quien pensábamos que teníamos una situación irreconciliable,

También cuando tenemos la fortaleza psicológica para sobrepasar situaciones que pensábamos no íbamos a ser capaces de manejar, etc.

Que son situaciones muy distintas como la de quien cree que estando embriagado, puede conducir a altas velocidades sin sufrir ningún accidente; en estos casos de múltiples y repetidos milagros personales, la Halajá procura que, en una sola oración, mencionemos todos estos hechos, en forma de agradecimiento.

Y también la halajá nos sugiere que, hay lugares donde estos milagros personales ocurren con mayor frecuencia: para ello también nos indica intervenir con una pequeña oración, agradeciendo por la ocurrencia de dichos milagros, en ese (o esos) lugares, para dar un ejemplo, Bet El donde Yoséf oró por la visión que tuvo.

En general, podemos resumir, que si existen los milagros personales, no de la manera como lo hacen público los medios de comunicación masivos, pero si tenemos por escrito, a través de la Mishná, la enseñanza que debemos aprender a bendecir tanto por lo bueno como por lo malo; por ello, estamos invitados a tener una comunicación más directa con nuestro Creador, quien es el dador de todas las cosas

Para cerrar la revisión que hemos planteado acerca de los milagros personales, veamos lo que opina el Rabino Eliahu J. Klein: “Veamos cada momento de nuestra vida como un milagro inesperado.

No debemos esperar a las catástrofes para abrir nuestro corazón a Ti, Creador de toda curación.

Echemos un vistazo a todos los momentos como la celebración de la posibilidad de un milagro. A veces una oración espontánea del corazón es un milagro.

A veces escuchar a otra persona es un milagro; a veces, incluso una lágrima o una sonrisa de una persona triste es un milagro.

Permitamos que el Creador de la curación nos inspire para ver, en cualquier momento, lo largo de los días de nuestra vida, la posibilidad de que ocurran milagros: inesperados e íntimos”.

 

08 de enero de 2013 –  26 de Tevet de 5773

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