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PorMax Stroh Kaufman

Cuentos jasidicos

CUENTOS JASIDICOS CORTOS

OCTAVA ENTREGA

 

1.- Rabí Elimelej de Lizensk dijo una vez:

– Estoy seguro de obtener mi parte en el Mundo que Vendrá.

Cuando me encuentre ante el Tribunal Celestial se me preguntará: “¿Aprendiste como era tu deber?”: A lo que contestaré: “No”.

Se me preguntará también: ” ¿Oraste como era tu deber ¿”. Mi respuesta será también: “No”.

La tercera pregunta dirá: ” ¿Hiciste el bien, como era tu deber?”. Y responderé por tercera vez: “No”. Entonces se fallará a mi favor por haber dicho la verdad.

 

2.- Un rabino le contaba la siguiente anécdota a sus discípulos quienes buscaban saber cuál sería el mejor camino para estar conectado con El Eterno y el les dijo:

Una vez un joven emprendió un viaje para encontrar un trabajo en un oficio lucrativo.

En el camino, se encontró con un platero exitoso sentado junto a un caldero hirviente. De vez en cuando él miraba dentro del caldero y ajustaba el fuego.

El joven le preguntó: “Señor, he oído que si uno no calienta la plata lo suficiente, quedará llena de escoria, pero con una temperatura demasiada alta o durante demasiado tiempo, la plata se estropeará. Por favor, dígame si puede: ¿Cómo sabe usted lo correcto?”

El platero se rió y dijo: “Hijo mío, sé que mi creación esta perfecta cuando puedo mirar y ver claramente mi propio reflejo”.

Si estoy en el caldero de este mundo, puedo saber que el Platero me aprecia y se asegurará que tenga exactamente lo que necesito para que algún día refleje Su Rostro.

 

3.- Ocurrió una vez que el Rabino Akiva vio un hombre desnudo, negro como el carbón, llevando sobre su cabeza una carga con un peso equivalente al que deberían llevar diez hombres, y corría con el mismo, tan rápido como un caballo.

Viéndole, rabi Akiva le dijo que se detenga, y así ocurrió.

Luego le preguntó: “

¿Por qué estas realizando un trabajo tan duro? Si eres un esclavo trabajando para un amo que te exige tanto, te haré libre. Si se debe a que eres pobre te haré rico”, a lo cual el hombre replicó:

“Por favor no me detenga, no sea que mis supervisores se enojen conmigo”.

Entonces rabi Akiva inquirió: “¿Qué es esto; cuál es tu ocupación?”, a lo que el hombre respondió:

“Soy un hombre que ha fallecido (Dibuk). Cada día me envían a cortar madera para luego quemarme con ella”

Entonces el Rabino le pregunto: “Hijo mío, ¿cuál era tu oficio cuando viniste a este mundo?”.

El hombre explicó lo siguiente: “Yo era un recaudador de impuestos de los ciudadanos prominentes; me comportaba con favoritismo hacia los ricos y con mala voluntad hacia los pobres”.

Rabi Akiva preguntó entonces: “¿Has escuchado de tus supervisores si tienes alguna posibilidad de remediar tu situación?”, a lo cual él respondió “Por favor le pido que no me detenga, no sea que los responsables de mi castigo se enfaden conmigo.

Les he oído decir que no hay remedio.

No obstante hay algo que si pude escuchar de ellos: “Si este pobre hombre tuviera un hijo que se pusiera de pie en la congregación y dijera Barjú et Adonai” Hamevoraj “Bendigan a Hashem El Bendito”, y la congregación le respondiera “Bendito es Hashem que Es Bendecido eternamente” y si el dijera “Yitgadal” y ellos respondieran “Amén” y “Yehé shemé rabá mebaráj” de inmediato sería liberado de su castigo.

No obstante esta persona no fue sobrevivida por un hijo.

Dejo a su mujer embarazada, pero no sabe si ella tuvo un hijo. En cualquier caso, si lo tuvo, ¿quién lo educaría?”… ya que no tenía ni un amigo en el mundo.

Fue en ese momento cuando Rabi Akiva tomó su decisión: Averiguaría si la esposa del hombre había dado a luz a un hijo, y si así fuera, le educaría en Torá y le pondría en pie frente a la congregación.

Volviéndose al hombre le pregunto:

-“¿Cómo te llamas?”,
– y el hombre respondió “Akiva”.
– “¿Y cuál es el nombre de tu esposa?”
– “Shushvina”
– “¿Y el nombre de tu ciudad?”
– “Ludkia”

De inmediato y con gran angustia, Akiva fue a la ciudad y comenzó averiguar sobre este hombre.

Tan pronto llegó a esta ciudad de Ludkia y comenzó sus averiguaciones, se encontró con las siguiente respuesta: “…Que los huesos de ese hombre vil sean destrozados”,

Y al preguntar sobre su esposa, recibió como respuesta “… ¡Que su memoria sea borrada!”; luego preguntó por el hijo y le respondieron que no estaba circuncidado; que ni siquiera se habían tomado la molestia de realizar la ceremonia de circuncisión en el.

Entonces rabi Akiva buscó al niño, le circuncidó y le sentó frente a él, aunque el mismo no aprendía Torá.

Con decisión, Rabi Akiva ayunó 40 días en su beneficio, hasta que una voz Celestial vino y le dijo: “Akiva, ¡ve y enséñale! Entonces fue y le enseñó Torá, el recitado de la Shemá, Shemoné Esré y Birkát HaMazón.

Luego le llevó ante la congregación, y en el momento oportuno el niño dijo: “Barjú et Hashem hamevoraj” a lo que la congregación respondió: Baruj Hashem hamevoraj leolám vaéd” y “Yehé shemé rabá mevaraj”.

Fue en ese preciso instante en el que el hombre fallecido fue liberado inmediatamente de su tormento, y vino enseguida a Rabi Akiva en un sueño, y le dijo “Sea la voluntad de El Eterno que consigas la felicidad en el paraíso, porque me has salvado de los tormentos del Gehinom”

Entonces Rabi Akiva abrió su boca y dijo: “Oh, Adonai, Tu Nombre es Eterno; Oh, Adonai Tu recuerdo es para todas las generaciones…”

 

4.- Un jasid le dijo el rabino de Lublin que estaba siendo atormentado por malos deseos, por lo cual había caído en un estado de gran abatimiento y preocupación.

El rabino le dijo:”Guárdate de ese desaliento, sobre todo, y por lo que es peor, este es más dañino que el mismo pecado. Cuando la inclinación a hacer el mal despierta deseos de una persona, éste, no debe estar preocupado por verse consumiéndose en el pecado, pero si en la desesperación que le produce a través de sus pecados. ”

 

5.- Después de la muerte del Maguid sus discípulos se reunían y hablaban sobre las cosas que había hecho. Cuando le tocó el turno a Rabí Shneur, éste les preguntó:

“¿sabéis por qué nuestro maestro iba hacia el estanque todos los días antes del alba y permanecía allí por breves momentos antes de regresar a su casa?”

Ellos no le supieron contestar. Rabí Zalman continuó: “Estaba aprendiendo en canto con el cual las ranas alaban a Adonai. Lleva largo tiempo aprender ese canto”.

Rabí Pinjas dijo: “en cada uno hay algo precioso que no existe en nadie más. Por eso se dijo: “no menosprecies a nadie”

 

 

6.- Un abatido y triste jasid llegó a su rabino y le dijo: “Rebe, estoy en serios problemas financieros.”

“Y, ¿cuál es el problema?”

“Rebe, perdí mi trabajo. He perdido todos los trabajos que he tenido.”

“¿Y por qué has estado perdiéndolos?”

“Bueno, cualquier trabajo que tomo, me parece que mi corazón no está realmente en él.”

El rabino miró fijamente a su discípulo. “Tú eres un estudiante sobresaliente de la Torá. Trabajas bien con la gente. ¿Por qué no te conviertes en un rabino?”

El jasid hizo una mueca. “Rebe, siempre he anhelado ser un rabino. Pero los rabinos interpretan la Ley para las personas. Sus juicios pueden afectar el destino del alma de una persona. No puedo ser un rabino. ¡Me temo que podría cometer un error!”

El rabino miró a los ojos del jasid y le preguntó. “Entonces, ¿quién debe convertirse en un rabino? ¿Alguien que no tiene miedo de cometer un error?”

 

7.- Se cuenta que la Verdad estaba paseando casi desnuda por la ciudad. Al recorrer las calles notó que ninguna persona quería dejarla entrar en su casa, todos la miraban con recelo y huían de ella con angustia.

Al día siguiente la Verdad, desconcertada, vagaba sin rumbo fijo, con mucha tristeza y exasperación. De pronto, vio a lo lejos una gran multitud.

Se acercó para ver que pasó y, de pronto, se dio cuenta de que se trataba. El Cuento, tan famoso, tan entretenido y tan querido por toda la gente, se había transformado en el centro de atracción de grandes y chicos.

Cómo no iba a serlo, si siempre tenía puestas hermosas vestimentas multicolores, adornadas con joyas valiosas. Todos los ojos lo miraban, todos los corazones latían fuertemente al verlo y escucharlo. Mirarlo no más, daba la sensación de un viaje entre la fantasía y la realidad; todo el mundo estaba fascinado y cautivado por él.

Luego, la Verdad se alejó lentamente de aquel lugar. El Cuento. al notarlo, se apresuró en alcanzarla. “¡Espera! ¿Qué sucede conti­go?” -preguntó a la Verdad. “¿Por qué estás tan triste, tan deprimida y desanimada? ¿Por qué andas tan cabizbaja por los caminos?”

La Verdad, con los ojos llenos de lágrimas y con un tono quebrantado, le contestó así: “Mis cosas andan muy mal. Parece que ya soy demasiado vieja, muy entrada en años, y ahora ya nadie quiere conocerme.”

Y una vez más, le habló el Cuento: “No se trata de tu edad.

Esta no es la razón por la cual no te quieran. Yo soy tan viejo como tú y cuando esté más viejo todavía, seguirán queriéndome, y aún más. Voy a revelarte los secretos de los hombres.

Ellos quieren y les gusta mucho todo aquello que está decorado o, al menos, bien vestido. Yo voy a prestarte algunas de mis ropas multicolores y joyas lindas; ya verás que así van a quererte todos los hombres”.

La Verdad secó sus lágrimas, aceptó el consejo y la ayuda ofrecida del Cuento y desde este momento no se separaron nunca más, y ambos fueron muy queridos por toda la gente.

 

Publicado por 321judaísmo.com

10 de Adar de 5772 – 04 de marzo de 2012

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PorMax Stroh Kaufman

Cuentos jasidicos

Sexta entrada

  1. 1.       Un hombre viajó a Chelm en busca de la ayuda del Rabino Ben Kaddish, santo entre los santos rabinos del siglo 19 y acaso el más cargante de la época medieval.
    —Rabí —preguntó el hombre—, ¿dónde puedo hallar la paz?
    El sabio lo miró atentamente y respondió:
    — ¡Ea, mira detrás de ti!
    El hombre se volvió y el rabí Ben Kaddish lo golpeó en la nuca con una palmatoria. En seguida, conteniendo apenas la risa y acomodándose el solideo, le dijo:
    — ¿Cómo ves? ¿Te hace falta más paz?
  2. 2.       Un hombre que no podía casar a su hija visitó al rabí Shimmel de Cracovia.
    —Mi corazón se agobia —le dijo al reverendo— porque Dios me ha dado una hija fea.
    — ¿Qué tan fea? —preguntó el vidente.
    —Puesta en una bandeja junto a un arenque, no se notaría la diferencia.
    El vidente de Cracovia pensó durante un rato largo y al final preguntó:
    — ¿Qué tipo de arenque?
    El hombre, sorprendido por el interrogatorio, pensó lo más rápido que pudo y respondió:
    —Eh… ¡Bismarck!
    —Cuánto lo siento —concluyó el rabí—. Si fuera fresco, ella habría tenido mejores oportunidades.

3.       Había una vez un judío cortesano. Vivía en un gran castillo, lleno de habitaciones, grandes jardines y mucho lujo. Sin embargo, este hombre, como muchos otros, tenía un problema: no se sentía feliz.

A pesar de ser el cortesano del rey y tener mucha fortuna y gran prestigio sentía que le faltaba algo. Nunca estaba contento con lo que tenía.

En el castillo trabajaba un hombre que siempre estaba alegre; realizaba sus tareas con placer y en su rostro se dibujaba una eterna sonrisa.

Al encontrarse con él, el cortesano se preguntaba siempre cómo podía ser que un hombre así, tan pobre y con un trabajo tan humilde, se sienta feliz.

Un buen día, comentó el asunto con uno de sus consejeros: -“No entiendo cómo este obrero puede sentirse feliz.

No lo he visto nunca enojado, en su cara siempre hay dibujada una sonrisa.” “Lo que sucede, mi señor, es que este hombre no ha ingresado al “círculo del 99″: es por esto que él es feliz”, contestó el consejero.

“¿Y qué es el “círculo del 99”? – preguntó el cortesano. muy extrañado.

“Se lo voy a demostrar.” – dijo el consejero con firmeza. –

“Hoy a la noche, cuando el obrero llegue a su casa, dejaremos en su puerta una bolsa con 99 monedas de oro. El resto lo comprobará Usted por su cuenta.”

Y así sucedió. Por la noche, cuando el sirviente se encontraba en su humilde casa, feliz., con su esposa y sus hijos, el cortesano y el consejero golpearon en la puerta del pobre hombre y dejaron en el suelo la bolsa con las 99 monedas.

Rápidamente se escondieron detrás de un árbol y observaron todo lo que sucedía en la casa. El hombre abrió la puerta, miró hacia un lado y hacia el otro, pero no  vio a nadie.

Sin embargo, encontró en el suelo una bolsa que parecía no pertenecer a nadie. La recogió del suelo y la llevó a su casa. Junto a su mujer y a sus hijos comenzó a abrirla, muy extra­ñado por lo que estaba sucediendo.

Al ver el contenido, comenzó a llorar de alegría, ¡una bolsa con monedas de oro! ¡Qué bien le venía este regalo! A partir de ese momento no tendrá más preocupaciones, sus hijos podrán vestir y comer como los ricos, y su mujer se comprará las mejores ropas. Irán de paseo todos los días, y serán aún más felices. Pero en ese momento decidió contar las monedas, para saber cuán grande era su fortuna. Y comenzó con la cuenta: una, dos noventa y ocho, noventa y nueve…

El hombre se puso furioso,  no podía creer lo que estaba pasando. “¡Me robaron una moneda!”, – comenzó a gritar. – “¡No hay justicia en este mundo! ¡Alguien se llevó mi moneda!”

Y fue en ese instante cuando el hombre entró en el “círculo del 99” La expresión de su cara cambió, la eterna sonrisa se transformó en una mueca de bronca y odio, y la sensación de felicidad desapareció para siempre.

En el trabajo, el pobre hombre ya no sonreía ni era amable con la gente, hasta con el cortesano se mostraba hostil.

Un buen día, el cortesano le preguntó qué le ocurría, ¿por qué andaba siempre con esa expresión tan triste en su cara? “Y qué crees tú, ¿qué debo andar siempre contento?” – dijo casi gruñendo. “Yo no soy tu bufón. Hago mi trabajo, y por eso me pagan, pero nadie puede obligarme a estar alegre.”

Frente a esta contestación tan agresiva, el cortesano se ofendió mucho y pronto comprendió lo que significaba pertenecer al “círculo del 99”.

Ese pobre obrero vivió el resto de su vida creyendo que le faltaba una moneda para ser feliz. Y él, el cortesano con tantos recursos y tanto prestigio, vivía de la misma manera, creyendo que siempre le faltaría algo para sentirse completamente feliz.

4.       Había una vez un muchacho, bien alto, muy buen mozo. Rico, muy exigente y mañoso con la comida. Su madre estaba desespera­da, pues le compraban y preparaban las comidas más exquisitas en la casa, pero no le gustaba nada.

Una noche fue a comer a un restaurante, quería saber si existía allí algo que le gustara. Se sentó, ordenó varios platos, los probó pero ninguno le agradó. Los puso a un lado y gritó: “¡¿Aquí, acaso, no saben cocinar?!”

Entonces, se le acercó un camarero y le dijo: “Si quieres comer bien, yo te ayudaré. Sólo espera que termine mi trabajo y me acompañarás. Mi madre cocina muy, muy bien.

Te aseguro que nunca comerás con tanto agrado como en nuestra casa.”

El muchacho que siempre estaba listo para probar nuevas comidas, aceptó la invitación con muchas ganas.

Esperó al mozo hasta que éste terminara su trabajo. Una vez ya fuera, el muchacho le preguntó al mozo en dónde vivía y él le contestó que muy cerca del lugar donde estaban.

Empezaron a caminar, a caminar y a caminar, escalaron ce­rros, bajaron llanuras. Después de algún tiempo, el muchacho preguntó: “¿Estamos muy lejos todavía?”

El mozo contestó que estaban por llegar. Continuaron caminando y, luego de dos horas o más. llegaron a la casa de la mamá del mozo. Subieron cuatro pisos y. finalmente. el muchacho que estaba muy cansado, pudo sentarse al lado de la mesa.

El mozo llamó a su madre y le dijo: “Por favor trae un poco de la salsa que sólo tú puedes preparar.” “Con gusto,.. – dijo la mamá y se fue a la cocina y trajo una buena cantidad de salsa.

El muchacho se acercó al plato y comió la salsa sin dejar ni una gota. Llamó a la mamá, agradeció la comida y le dijo: “Señora, en toda mi vida, nunca, comí una salsa tan sabrosa como la suya. ¿Podría servirme un poco más?”

El mozo se echó a reír y le respondió al muchacho: – “La salsa es la misma que tú comiste en el restaurante, pero tú nunca te habías sentado a la mesa tan cansado y con tantas ganas de comer como ahora.”

5.       Baal Shem Tov, era muy conocido dentro de su comunidad, porque sabían que era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que el Señor de las alturas escuchaba sus palabras cuando él hablaba.

En ese pueblo había una tradición muy especial:

Todos aquellos que tenían un deseo insatisfecho o necesitaban algo que les resultaba difícil de conseguir, se dirigían a ver al rabino.

Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez por año, en un día especial que él elegía. Y los llevaba a todos juntos, a un lugar muy especial; único; en el medio del bosque, que él conocía.

Y ya en ese lugar, Baal Sem Tov armaba un fuego muy particular con ramas y hojas, y de una forma muy hermosa, y en -tonaba una oración tan silenciosa; como si fuera para poder oírla el mismo.

A Adonai le gustaban esas palabras que Baal Sem Tov pronunciaba.

Tanto se fascinaba con el fuego que armaba de esa forma tan particular, tanto quería esa reunión de gente; en ese lugar del bosque… que era imposible resistir el pedido de Baal Sem Tov y concedía todos los deseos de aquellos que allí se habían reunido.

Cuando el rabino murió, los que con él se reuníanse dieron cuenta de que nadie sabía las palabras que Baal Sem Tov decía. Cuando allí, todos reunidos iban a pedir algo…

Siguiendo la tradición que Baal Sem Tov había instituido, una vez por año; todos aquellos que tenían necesidades y deseos no cumplidos, se reunían en ese mismo lugar del bosque, prendían el fuego, de la forma en que habían aprendido del viejo sabio… y, como no conocían las palabras, cantaban canciones, recitaban un salmo, o contaban algunas de sus cosas en ese mismo lugar alrededor del fuego.

Pero resulta que ya no sabían las palabras que utilizaba el Baal para encender el fuego.

sin embargo, El Eterno disfrutaba tanto del fuego encendido, gustaba tanto de ese lugar en el bosque… y de esa gente allí reunida… que aunque nadie decía las palabras exactas; igual concedía los deseos a todos aquellos, allí reunidos.

El tiempo fue pasando, y la sabiduría se fue perdiendo de generación en generación

Y he aquí; que nos encontramos todos nosotros.

–Que no sabemos cuál es el lugar en el bosque.

–Que no sabemos cuáles son las palabras…

–Que ni siquiera sabemos cómo encender el fuego, a la manera que el Viejo Rabino: Baal She Tov lo sabía hacer…

Pero sin embargo, algo que si sabemos:

Que al Eterno le agrada tanto este cuento; que tanto, es lo que le gusta esta historia… Que sólo basta que alguien la cuente; y alguien la escuche… para que El se dé por complacido, satisfaga cualquier necesidad y conceda cualquier deseo a todos aquellos que leemos este hermoso cuento, a todos aquellos que escuchamos estas hermosas palabras, y a todos aquellos que estemos compartiendo este momento!…

¡Que se cumplan nuestros y vuestros deseos!

(De esta manera nos damos cuenta que siempre hay una gran necesidad; a veces de contar; otras de escuchar; y muchas veces de compartir)

6.       Había una vez un hombre muy rico, cuya fortuna muchos decían que no se podía calcular.

En algún momento decidió que quería beneficiar a otros en su situación, gracias a su bienestar. Hizo un anuncio de que quien quisiera que se le prestara dinero, podría llegar a él sin ningún inconveniente.

Esto fue aceptado por muchas personas que aceptaron esta oferta y, por consiguiente, prestó grandes sumas de dinero.

Este millonario armó un libro especial en el cual registró cada uno de los préstamos que había realizado después de su anuncio.

Sucedió entonces, en algún momento, algo que captó mucho su atención: al estar revisando sus libros, se pudo dar cuenta que había prestado una gran suma de dinero pero que ninguno de aquellos a quienes les había prestado, se tomaba el esfuerzo de pagarle, lo cual le preocupaba y empezó a retractarse de lo que había hecho.

Había un hombre que recibió un préstamo de este millonario, con el cual decidió empezar un negocio. Desafortunadamente para este hombre, su negocio fracasó y lo llevó a la quiebra, no teniendo entonces recursos para pagar su deuda.

Porque era una persona honesta, se sentía muy angustiado y preocupado porque no tenía como devolver el dinero prestado. Después de mucho pensarlo, decidió visitar a su benefactor, para confesarle que había sucedido.

Llegó donde el rico y comenzó a explicarle cómo había prestado el dinero y que había llegado el plazo para cancelar la deuda, sin embargo, había perdido el dinero y no tenía ya más.

Sin embargo, el millonario le interrumpió con una risa: Estás tan preocupado por esa  cantidad que te he prestado, la cual te parece muy grande, pero para mí significa muy poco, con respecto a todo el dinero que he prestado: no sabes cuánto dinero me deben, y lo tuyo, es muy poco en comparación.

Pero, como veo que te sientes muy mal por ello, hay una forma como tu me puedes pagar, y tengo una propuesta para ti: toma este libro en el cual tengo registrado todas las cuentas de quienes me deben dinero. Ve donde ellos, recuérdales la deuda, y hazles sentir la necesidad de pagarla.

Si alguno de ellos te entrega, así sea una pequeña cantidad de lo que me deben, esto se convertirá en una cantidad miles de veces mayor a la cuenta que tú tienes conmigo.

 

7.–  Un rabino tenía tres estudiantes: en algún momento les formula la siguiente pregunta:

“Si tuvieras una hora de vida, ¿qué harías en esta hora que te hace falta?”

El primero de ellos quien estaba leyendo y estudiando, contestó:

“Permanecería esa hora estudiando la Torá.”

El segundo de ellos cerró sus ojos, y respondió:

“Yo permanecería esta hora disfrutando del éxtasis que provee la oración.”

El último de ellos miró fijamente al rabino y le dijo:

“Yo estaría esa hora demostrándole a mi familia cuánto los amo.”

 

El rabino, mirando a cada uno de sus discípulos, y acariciando su barba, se sonrió y les dijo:

“Cada uno de ustedes me ha dado una respuesta sabia, santa y profunda.”

 

Entonces los estudiantes se volvieron a su rabino y le preguntaron:

“¿Qué haría usted en su última hora?”

“¿Yo? Estaría haciendo lo que he estado haciendo, durante toda la vida porque la vida es sagrada.”

El rabino miró a cada uno de sus estudiantes, sacudiendo su barba y sonriendo les dijo: “Estaría haciendo lo que he estado haciendo, durante toda la vida porque la vida es sagrada.”

 

 

Recopilados por 321judaismo.com de cuentos escuchados en clases individuales y grupales varias.

Pensar antes de imprimir, por razones de cuidado del medio ambiente.

03 de Shvat 5772 – 27 de Enero de 2012

 


PorMax Stroh Kaufman

Cuentos jasidicos – Quinta entrega

Cuentos jasídicos – Quinta entrega

 

1.- Un tendero llegó, muy angustiado, al Rabino Meir de Premislan. “Rabino, estoy arruinado. ¿Sabe usted lo que está pasando al otro lado de la calle donde está mi negocio? Alguien más está abriendo una tienda igual a la mía: ¡Esto significa que voy a perder mi negocio y mi estilo de vida!”

El Rabino Meir le dijo a este hombre: “¡Siéntate! ¿Alguna vez has llevado a tu caballo a beber agua de un pozo?”

“Si, Rabino, pero, ¡No entiendo!….”

El rabino continuó con su explicación. “¿Has notado como tu caballo siempre patea el agua antes de beberla?”

“¡Por supuesto! Sin embargo, sigo sin entender”

“Muy bien, buen hombre. Te diré por qué el caballo golpea sus cascos”

El rabino se inclina hacia adelante en su asiento y le dice: “El caballo ve su reflejo en el agua. Allí él no se está viendo a sí mismo; él piensa que hay otro caballo que está al lado del pozo. El está temeroso de que no haya suficiente agua para los dos y por ello trata de evitar que el otro caballo se acerque, haciendo estas maniobras.”

Después de una pequeña pausa, continuo el rabino.

“Sin embargo, los pozos siempre tienen suficiente agua para muchos caballos; la abundancia de Adonai siempre fluye como la de los ríos”

El rabino nuevamente se recostó en su asiento, y sonrió. Por primera vez en ese día, el tender le devolvió la sonrisa.

 

2.-  Cuando uno de los discípulos de Levi Itzjak de Berdichev, le preguntó ¿cuál es el camino correcto, el de la tristeza o el de la alegría? dijo: “Hay dos tipos de tristeza y de dos tipos de alegría. Cuando una persona se cierne sobre sus desgracias, cuando se encoge en un rincón y se desespera, es una mala clase de dolor, y de la cual se dice: “La Shejiná [Presencia Divina] no se detiene en un lugar de tristeza.” El segundo tipo [de dolor] es el dolor sincero de un hombre que sabe que ha fallado. Lo mismo es cierto para la alegría. Aquel que carece de sustancia interna y, en medio de placeres vacíos, ni siente eso, ni trata de llenar su falta, es un tonto. En cambio, quien es verdaderamente feliz, es como un hombre cuya casa se ??ha incendiado, que se siente una profunda necesidad en su alma y empieza a construir de nuevo. Por cada piedra que se ha puesto, es una vez más que su corazón se alegra. ”

 

3.- Ese día el gran Rabino que estaba cumpliendo con uno de sus habituales y largos viajes, acepto la invitación de una familia acomodada del pueblo, para descansar unos días y así recuperarse del cansancio.

Lo trataban espléndidamente, abrumándolo con atenciones.
Pasaron todos, una amable jornada, en la que el Rabino fue atendido a cuerpo de rey, y él por su parte, intentó transmitir lo que pudo de la sabiduría propia de los años y el estudio.

Era ya el atardecer, cuando se retiró a su cuarto para descansar.
Sentado junto a una ventana, de pronto ve como una señora casi anciana sale de la casa
cargando unos cubos vacíos en dirección al río.

Luego de un largo rato, ve volver a la misma, pero con los cubos rebosantes de agua, y agitada por un esfuerzo apto para cuerpos más jóvenes.

Se quedo meditando el Rabino, y finalmente se decidió a dormir.

Temprano por la mañana, sus anfitriones lo acompañaron para ayudarlo a higienizarse.
Al ver que no se lavaba, horrorizados y balbuceando le preguntan.
-Pero… Rabí… ¡Cómo es posible que no cumpla con la mitzvá de lavarse! …
No pudiendo decir más del asombro, guardaron silencio.

-Lo que sucede, respondió el Rabino, es que si una mitzvá sirve para hacer sufrir al prójimo, deja de ser una mitzvá; y es peor cumplirla, que dejar de hacerlo.

Si utilizo el agua, soy el responsable de dar mayor trabajo a esa pobre anciana que va a buscarla.

 

4.-   Hace muchos años en una gran ciudad vivía un judío religioso muy rico, comerciante de alfombras.

Un Shabat a la noche estaba con su familia, en la comida sabática, De repente golpearon a la puerta y entró un mensajero del conde.

-Perdonadme la interrupción-dijo el mensajero- Me ha enviado el conde pues hoy a la noche tiene una gran fiesta en el palacio y quiere obsequiar a sus invitados con alfombras. He venido para que me las despache enseguida.

-Lo siento mucho le respondió el comerciante, hoy es Shabat y tendrá que esperar hasta mañana a la noche.

¿Qué clase de respuesta es esta? dijo el mensajero riendo. ¿Cómo va a esperar el conde hasta mañana noche si es ahora cuando las necesita?

-Pues lo siento,  no puedo dárselas hoy, ya  que en Shabat está prohibido negociar, dijo el comerciante. Que el conde me perdone. El mensajero se fue y regresó al poco tiempo con una carta en su mano.

“Necesito sin falta las alfombras-escribí el conde- te pagaré el doble o el triple de su valor, pues no puedo conseguirlas en ningún lado. Pero,  si no me las das, te arrepentirás; piensa bien lo que haces. No te conviene perder un cliente como yo”

El judío leyó con detenimiento la carta y le respondió al mensajero.

-Dile al conde que hay Alguien Superior a él y al que debo obedecer, No quiero perder un cliente tan bueno, pero no puedo hacer otra cosa.

Al finalizar el sábado el comerciante recibió una notificación que se presentara  en el  palacio del conde.

Su familia estaba asustada y rogó para que no le pasara nada. El hombre con valentía se encaminó al palacio. Ante su gran sorpresa, el conde salió a recibirlo y lo saludó amablemente.

-Perdonadme-le dijo el conde- por haberte molestado. Tengo un amigo, continuó el conde, que me dijo que él no tenía confianza en los judíos, que ellos solo buscan el dinero y por el dinero eran capaces de cualquier cosa, incluso de vender su fe. Decidí entonces probarle y has pasado muy bien la prueba.

Pudo demostrarle a mi amigo lo equivocado que estaba, te agradezco mucho.

Así el conde y el judío piadoso siguieron siendo buenos amigos.

 

5.-  Una vez un hombre sencillo fue donde el Maguid de Koznitz con su esposa y le dijo que quería divorciarse de ella. “¿Por qué quieres el divorcio?”, Preguntó el Maguid. “Yo trabajo muy duro durante toda la semana”, dijo el hombre, “y el sábado quiero tener un poco de placer.

En la comida del shabat, mi esposa, primero sirve el pescado, y luego las cebollas y el plato principal fuerte, y cuando se pone el pastel en la mesa, he comido todo lo que quiero y no tengo apetito para el pastel.

Durante toda la semana trabajo para este postre, pero, en ese momento, en el que ni siquiera puedo probarlo, ¡siento que todo mi trabajo no tuvo ningún valor! Una y otra vez, le he pedido a mi esposa que ponga el pastel sobre la mesa inmediatamente después de la kidush [bendición sobre el vino para santificar el día sábado], ¡pero no! Ella dice que la forma en que ella lo hace, es, de acuerdo con la costumbre. “El Maguid se volvió hacia la mujer y le dijo:

“De ahora en adelante,” dijo, “harás dos postres. El primero, será servido a un poco después del kidush y el otro después de que el plato principal, como antes. “Acordado esto, tanto el marido como la esposa, se fueron muy contentos.

El mismo día, el Maguid dijo a su esposa: “A partir de ahora, vas a preparar dos postres el viernes. El primero lo serviremos un instante después del kidush y el otro, después de que el plato principal, como lo hemos estado haciendo. ”

A partir de entonces, esta era la costumbre en la casa del Maguid y en las casas de sus hijos y nietos. El pudín de segundo se llamó el Shalom Bait (Paz en el Hogar).

 

6.-  Un Buen día, el Baal Shem Tov, estaba contando una sencilla historia a uno de sus más adelantados discípulos, y le narraba:

“Cierto poderoso monarca de la antigüedad, encargó a su hijo la defensa de una fortaleza, en la frontera, fortaleza que los enemigos se proponían sitiar y capturar.

El rey indicó a su hijo que requisara y almacenara en la fortaleza todos los víveres que pudiera conseguir. Si los víveres no eran de la mejor calidad, le dijo que llenara los almacenes con víveres menos sofisticados.

El príncipe obedeció a su padre, y aunque el sitio de la fortaleza duró muchísimo tiempo, los alimentos más rústicos, permitieron por último triunfar sobre el asedio.

Amigo mío, continuó el sabio, dirigiéndose a su discípulo, también tú, deberías almacenar en tu memoria estas parábolas sencillas, que pueden alimentar tu alma tanto como las enseñanzas más elevadas.

Las parábolas sencillas, son en definitiva, las más elevadas, en cuanto llevan la verdad al corazón de más gente.”

 

7.-  Zalman Pozner, quien poseía una gran extensión de terreno en Covari, era uno de los muy pocos judíos que se les permitía poseer tierras en el Siglo 19 en la Europa Oriental.

En espera de poder mejorar la situación de sus compatriotas judíos, el le brindaba a las familias judías, trozos de tierra y equipo, con el cual podían trabajar como granjeros.

El Rabino Joshua de Kotna en algún momento visitó las tierras que tenía Zalman, y las recorrió bajo su guía.

El Rabino Joshua pudo apreciar una diferencia marcada entre la producción y los campos de Zalman, y la de sus vecinos, granjeros no judíos.

En los terrenos de Zalman, se veían cultivos marchitos dispersos en áridos surcos, mientras que en las granjas vecinas se veían campos verdes y florecientes.

“¿Por qué los granjeros gentiles han tenido más éxito en sus cultivos que los granjeros judíos? Preguntó el Rabino Joshúa.

“Lo puede usted apreciar,” contestó Zalman, “que los judíos y  sus vecinos, hacen el mismo trabajo en el campo: los judíos aran y los gentiles también; los gentiles cosechan y los judíos también; los gentiles oran, y los judíos también.

La diferencia, yo creo, está en sus oraciones.

Mientras que los gentiles oran para que las lluvias caigan en el tiempo y cantidad que corresponda, que sus cultivos crezcan a una altura apropiada, que el suelo esté siempre bendecido, la oración de los judíos dice; Por favor, Señor, sea Tu Voluntad que mi arado alcance el tesoro que está enterrado, de tal manera que ya no necesite ganarme la vida como agricultor’”

 

 

26 de Tevet de 5772 – 20 de Enero de 2012

PorMax Stroh Kaufman

CUENTOS JASIDICOS

TERCERA ENTREGA – CUENTOS JASÍDICOS

1.- EL MENU DE LOS RICOS

El Baal Shem Tov le preguntó a un rico que había ido a visitarle acerca de lo que comía.

-Mis gustos son sencillísimos -respondió el hombre-: vivo de pan, sal y agua.

– ¡Vaya tontería! – el Baal se mostró realmente furioso- ¡Un rico tiene que comer como corresponde! ¡Los manjares más refinados, el mejor hidromiel!

Su visitante se marchó prometiendo cambiar su régimen.

Sorprendidísimos, los jasidim inquirieron al Baal acerca de los motivos del extraño consejo. El Baal les respondió:

– Si come manjares, será capaz de comprender que los pobres necesitan pan. Pero si sigue alimentándose sólo de pan, es capaz de imaginar que los pobres pueden arreglarse con piedras.

 

 

2.- EL BAAL Y LOS POBRES.

El Rabino Israel Báal Shem Tov vivía en una casa alquilada y ganaba el sustento con gran modestia. Solía distribuir entre los pobres y en acciones de beneficencia el dinero aportado por sus seguidores y allegados, sin conservar nada para sí.

También solía gastar su dinero en hombres pobres y deshonestos. Cierta vez fue apresada una banda de ladrones, que fueron entregados a las autoridades, sometidos a juicio y condenados a largos períodos de prisión. Sus familias se vieron sumidas en la pobreza y la indigencia, y Báal Shem Tov las ayudó en todo ese lapso. Una vez que los ladrones salieron de la cárcel, ningún judío de Medzibezh quiso darles trabajo, y cuando empezaron a mendigar de puerta en puerta nadie les permitía entrar, por miedo a que volvieran a robar. El Báal Shem Tov tomó conocimiento de esto y nuevamente trató de ayudar a las familias. Cuando sus propios familiares o discípulos manifestaron asombro ante esa actitud, les dijo:

“En momentos difíciles también yo necesito ladrones. Cuando el peso de la ley recae sobre toda la congregación por las acciones deshonestas de algunos, los acusadores triunfan y las puertas de la misericordia se cierran. A cambio de la beneficencia que hago con estas personas deshonestas, los ladrones pueden forzar los candados y abrir esas puertas de par en par ante mí”

Cierta vez entró Rabí Israel Báal Shem Tov con su único hijo, Rabí Tzví, que aún era un niño, a la casa de uno de los judíos más ricos de Medzibezh, en la que vieron vajilla de oro y plata y muebles muy refinados. El pequeño Tzví sintió envidia y al salir, su padre le dijo:

“He notado que sentías envidia en la casa de ese judío acaudalado. En la casa de tu padre tienes una vajilla muy sencilla, y nunca habías visto utensilios de oro y plata.

Créeme, hijo, que si tu padre tuviera dinero suficiente como para comprar muebles vistosos y vajilla de lujo, no lo haría, sino que lo repartiría entre los pobres, y donaría el dinero restante al fondo de beneficencia, sin conservar nada para sí”.

 

3.- ¿CÓMO VAMOS A SABER?

Algunos estudiantes del rabino Baal Shem Tov acostumbraban llegar a él una vez al día, con alguna pregunta: “Cada año viajamos para aprender de usted, rabino; no hay nada que pueda detenernos en nuestra práctica; sin embargo, estamos aprendiendo de un hombre en nuestro pueblo quien se proclama a sí mismo como Tzadik; si el hombre es auténtico, nos gustaría beneficiarnos de su sabiduría; pero, ¿Cómo hacemos para saber si él no es falso?”

El Baal Shem Tov se detuvo unos instantes para observar a sus discípulos, y les dijo: “Ustedes deben probarlo haciéndole una pregunta, pero primero, se las voy a formular a ustedes”. Se detuvo el Baal por unos segundos y continuó: “¿Ustedes ha tenido alguna dificultad con los pensamientos perdidos durante la oración?”

Por su lado, los jasidím respondieron:”¡Sí!” “Hemos tratado de
mantener nuestras sagradas intenciones en la medida en que nos mantenemos en nuestra oración; sin embargo, muchos pensamientos ajenos vienen a nuestra mente. Por más que hemos tratado diferentes métodos, ha sido imposible que ellos no nos provoquen algún tipo de problema”.

“Muy bien,” dijo el Baal Shem Tov. “Pregúntenle, cuál es la manera para detener el proceso en el cual esos pensamientos entren en sus mentes” El Baal Shem Tov se sonrió. “Si él tiene alguna respuesta, entonces, es falso”.

 

4.- LAS COSAS NO SON SIEMPRE LO QUE APARENTAN

Una vez el rabino Elimelej de Lizenk, percibió a través de su espíritu cuasi- profético, que grandes dificultades y sufrimientos se avecinaban sobre el pueblo de Israel.

Conmocionado por tal situación, no entendía cómo era posible que los grandes sabios y justos que estaban en el cielo no hacían nada para anular el mal que tan evidentemente se estaba avecinando.

Se le apareció entonces su difunto maestro el Maguid de Mezeritch en un sueño y le dijo: “Elimelej, si bien tu percibes que las cosas están tomando una dirección negativa, debo informarte que “desde aquí arriba” las cosas se ven justamente bastante, bastante bien”.

Se dirigió entonces el rabino Elimelej a su maestro y en el sueño le preguntó: “¿eso significa entonces que debo dejar de rezar para evitar que las cosas que aparentemente malas sucedan?”.

Le contestó su maestro diciéndole: “no Elimelej, mientras tu estés en el mundo material, debes actuar de acuerdo a tu humano entender, y continuar rezando y actuando para que las cosas mejoren. Sin embargo, debes entender que las cosas no siempre son lo que aparentan…”.

 

5.- EL LEÓN Y LOS TRES TOROS

Había una vez un león muy hambriento, que acercándose a un valle vio a tres grandes toros pastando muy plácidamente. Un toro era rojo, el otro negro y el otro blanco.

El león estaba realmente muy hambriento, pero era imposible que pudiese luchar contra tres poderosos toros a la vez y vencerlos.
Se le ocurrió entonces una idea. Se acercó a los toros rojo y negro y les dijo: “miren cuan pálido y desagradable se ve el toro blanco. Déjenme que vuelva mañana por la mañana y yo me lo devoraré, y así ustedes y yo podremos compartir juntos la vida en el valle”.

Los dos toros aceptaron considerar la propuesta y contestarle al día siguiente.

Al llegar el león al valle, los toros le dijeron que efectivamente también a ellos les parecía que el toro blanco se veía muy pálido y desagradable, y que aceptaban gustosos que el león se encargue de devorarlo.

El león se puso manos a la obra, y en pocas horas había acabado con gran parte de aquel toro.

A la semana siguiente, el león estaba nuevamente con muchísima hambre.

Se acerco al valle y al ver a los dos toros pastando, también le pareció que sería una empresa muy difícil poder luchar contra ambos. Se acerco entonces al toro de color rojo y le dijo así: mira al toro negro que sucio y feo que se ve. Déjame venir mañana y devorarlo y tú y yo compartiremos juntos la vida en el valle. El toro rojo aceptó gustoso considerar la propuesta y al día siguiente le dijo al león que también a él le degustaba el aspecto sucio y desagradable del toro negro, aceptando con gusto que se lo ingiera.

El león nuevamente se puso manos a la obra y en pocas horas se lo había devorado casi completamente a aquel toro negro.

Plácidamente se retiró de aquel valle para descansar en su guarida.

En la tercera semana, cuando nuevamente se hallaba con hambre, se acercó al toro rojo y le dijo: “prepárate, pues en unos minutos voy a comenzar a devorarte.

El toro rojo lo mira y le dice: pero ¿Cómo?, ¿No éramos amigos que íbamos a vivir compartiendo juntos la vida en el bosque?
El león lo mira y le dice: amigos … amigos, pero cuando yo tengo hambre dejan de existir los amigos, y efectivamente comenzó a devorarse al último de aquellos toros.

6.- ¿QUIÉN ERES?

Cierta vez, llegó un joven a la casa de un importante Rabino a quién aún no conocía. Al presentarse ante el Rabino, el Rabino le preguntó: “¿quién eres?”.

El joven le respondió: “me llamo Moshé”. El Rabino insatisfecho por su respuesta le dijo: “No te he preguntado cómo te llamas, sino que te he preguntado ¿quién eres?”.

Confundido un poco y luego de meditar unos instantes le dijo: Creó que ya comprendí su pregunta, soy el hijo de Jaim Donner.

El rabino, nuevamente insatisfecho volvió a decirle: “No te he preguntado por la identidad de tu padre, sino que te he preguntado: ¿quién eres?”.

Decidió reflexionar un poco más sobre la pregunta del Rabino, hasta que finalmente le dijo: “Soy un estudiante de la yeshivá ‘Torat Jaim’”.

El Rabino lo miro fijamente a los ojos y por tercera vez le dijo: “no te he preguntado cuál es tu ocupación ni dónde estudias. Te he preguntado sencillamente ¿quién eres?”.

Sintiéndose superado por la insistente y “amenazadora” pregunta aún no contestada, se dirigió el joven al Rabino y le dijo: “me rindo señor Rabino, ¿podría contestarme usted por favor quién soy?

El Rabino lo miro fijamente a los ojos y le dijo: Tú eres el alma divina que hay en ti. No eres ni tu nombre, ni tu ropa, ni tampoco aquello que estudias…

El alma es nuestro “yo” verdadero, y es a ese yo al que con mayor énfasis debemos de tratar de cuidar y alimentar.

 

2 DE TEVET 5772 – 28 DE DICIEMBRE DE 2011

PorMax Stroh Kaufman

CUENTOS JASIDICOS

SEGUNDA ENTREGA – CUENTOS JASÍDICOS:

1.- No todo es malo:

Dijo el Rabíno de Kobrin: “Cuando un hombre sufre tribulaciones, no debería decir ‘esto es el mal’, puesto que El Eterno no nos envía males sino remedios. Debería, antes bien, decir: ‘Estoy sobrellevando una mala y amarga experiencia’. Cuando un médico le prescribe a su paciente una medicina desagradable, éste sabe que es para su propio bien”.

2.- Los hermanos desunidos

Sufría mucho un labrador al ver siempre disputando a sus hijos. Jamás estaban de acuerdo en nada, y sus continuas peleas los separaban cada vez más. El pobre hombre pensó entonces que había que darles una lección y un día los reunió a su alrededor.

-He recogido estas ramas para hacer fuego-les explicó-, y quisiera cortarlas. Pero parece que ya no tengo fuerza, por lo que les pido que me ayuden.

Y al decirlo entregó al mayor de los jóvenes las ramas reunidas en un haz.

Muy envanecido de su fuerza, lo tomó el muchacho para partirlo, pero todos sus intentos fracasaron. Pasó el haz de leña a otro de sus hermanos, y este a otro, y el otro a aquel, pero ninguno logró quebrar las ramas reunidas.

Entonces el labrador soltó el atado y dándoles las ramas por separado, hizo que las partieran, lo que consiguieron con toda facilidad.

-¿Lo ven hijos?-dijo entonces-Mientras estén separados, será fácil vencerlos. Pero nadie podrá contra ustedes si están unidos.

3.- El plato de madera

El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.

La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el alimentarse un asunto difícil.

Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel. hijo y su esposa se cansaron de la situación. “Tenemos que hacer algo con el abuelo”, dijo el hijo. “Ya he tenido suficiente”.

“Derrama la leche hace ruido al comer y tira la comida al suelo”.

Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor.

Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer.

Como el abuelo había roto uno o dos platos su comida se la servían en un plato de madera.

De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado solo.

Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.
El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo.

Le pregunto dulcemente: “¿Que estás haciendo?”
Con la misma dulzura el niño le contestó: “Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos.”

Sonrió y siguió con su tarea. Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla.

Las lágrimas rodaban por sus mejillas.

Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.
Esa tarde el esposo tomo gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia.

Por el resto de sus días ocupo un lugar en la mesa con ellos.

Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa parecían molestarse mas, cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Los niños son altamente perceptivos.

Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben.

Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitaran esa actitud por el resto de sus vidas.

Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo.

Seamos constructores sabios y modelos a seguir.

He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.

La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca como los hiciste sentir.

ROSH JODESH SAMEAJ

Preparado y editado para estudio el 26 de DICIEMBRE de 2011 – 01 de TEVET de 5772, por 321judaismo.com

Artículo con derechos reservados de Autoría Intelectual. Sin embargo puede ser copiado y distribuido por cualquier medio físico o electrónico siempre y cuando se use debe ser con fines personales y no lucrativos; además, que no se altere el contenido: tiene palabra extraída de la Torá y del Tanaj y como tal debe ser tratado: si por cualquier motivo, se le daña el texto, no lo deseche en la basura; simplemente, entiérrelo.

PorMax Stroh Kaufman

Cuentos jasídicos ¿Cuál es la muerte ideal?

Cuentos jasídicos.

-¿Cuál es la muerte ideal? -preguntó Tamar al Rabí Desconocido.

     -Aquella cuyo último suspiro no perjudica a nadie, aquella cuto último suspiro recuerda el crujido de los árboles en otoño.

Contesta el Rabi desconocido, a la pregunta formulada.

Un posible fuego consolador. Replica.

Manzanas de oro dulce en la boca de algún niño. 

     -Sin embargo -comentó ella- ninguna perífrasis poética nos exime del dolor de la pérdida.

     -No se trata de evitar el dolor o la muerte sino de darles el mejor de los sentidos.

Los grandes maestros saben cuándo y en qué momento van a morir.

Los Justos, ellos deciden el día y la hora.

     -Pero, qué sucede con la pérdida… -insistió nuevamenteTamar.

     -El Padre es quien encuentra todo lo que se pierde -respondió amablemente el Desconocido-. ¿Por qué habría de preocuparse?

 

 

Preparado, revisado y editado para estudio el 7 de Agosto de 2010 – 27 de Av de 5770, por 321judaismo.com

Artículo con derechos reservados de Autoría Intelectual. Sin embargo puede ser copiado y distribuido por cualquier medio físico o electrónico siempre y cuando se use con fines personales y no lucrativos; solicitamos muy cordialmente citar la fuente; además, que no se altere el contenido: tiene palabra extraída de la Torá y como tal debe ser tratado: si por cualquier motivo, se le daña el texto, no lo deseche en la basura; simplemente, entiérrelo, de acuerdo con las consideraciones de la Halajá.