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PorMax Stroh Kaufman

Tefila – Oración

TEFILA – ORACIÓN

 

¿Cuál es el modo de comunicación que tiene cualquier religión con aquella fuerza superior que se suele llamar Dios?

Se llama Oración, que en hebreo se conoce con el nombre de Tefila (1)

Según Rashi, la palabra tefilá significa: medio para unir o conectar.

Todos sabemos que a través de la Tefilá reconocemos que es ese ser supremo, nuestro creador, quien está “a cargo”.

A través de la Tefilá cada uno de nosotros gana el mérito para “merecer” Su ayuda divina. También nos volvemos más hacia Hashem y mediante este contacto, hacemos y alcanzamos este mérito y el reconocimiento.  

Y nosotros reconocemos que solo Hashem otorga la sabiduría, nos da comprensión, nos enseña la Torá y acepta nuestro arrepentimiento y nos concede el perdón

Repitamos: nosotros, a través de la oración, reconocemos plenamente que Tú, Hashem, nos has creado y diriges todos los aspectos de nuestras vidas.

Y es por ello que muchas veces decimos:Yaani Tefilatí lejá Hashem et ratzón (Yo elevo mi oración ante tí HaShem, en este momento)

La palabra Tefilá proviene de la raíz de la palabra “Paleil”, que significa juzgar, evaluar y aclarar.

Por lo tanto, con la oración, esperamos que Hashem nos juzgue, evalúe y gracias a ello, nos conceda nuestros deseos.

 

¿Cómo clasificamos a la tefila?

 

La tefilá tiene 2 clasificaciones y cuatro formas de ser:

Las clasificaciones son: la oración personal (en ocasiones la podemos llamar Hitbodedut) y la grupal (que requiere de Minyán)

Y las formas son:

  • Alabanza (Shevaj)
  • Gratitud (Hodaá)
  • Súplicas para expiación (Tejiná)  
  • Solicitud y petición de necesidades personales (Bakashá)

En cualquiera de las formas anteriores, elevamos la tefilá hacia ese Ser Supremo porque creemos y confiamos en Su capacidad para responder a nuestras oraciones.

Pero lo importante de la oración, de la tefilá, es la concentración, la intención, la kavaná.

Porque existen muchas oraciones ya preestablecidas a través del tiempo, como los Tehilim o Salmos

Como la Amidá o Shemoné Esré por sólo dar dos ejemplos

Pero sabemos que cuando uno se concentra,tiene todo su enfoque convergiendo hacia un objetivo específico, y hace que todo lo demás se desvanezca.

También sabemos que HaShem nos responde del mismo modo como se lo pidamos: Así está escrito en Orjot Jaim:

“Si tu hijo te pidiera por algo que él realmente quiere, pero él no tiene la debida atención al hablar contigo, de pronto no te enojarías con él?”

Entonces?

Entonces, mediante la adecuada concentración, logramos que nuestra alma reconozca que su único propósito por el que reside en un cuerpo físico es sólo para alabar a HaShem

  

No olvidemos, de todos modos, que Hashem gusta de escuchar las oraciones de todos nosotros y especialmente las de los Tzadikim

Y a pesar que el conoce quienes somos y que queremos, le gusta escuchar nuestras oraciones.

Y si ellas tienen la intención apropiada, y está dentro de sus planes, la respuesta no se habrá de demorar.

 

Aprovecha cada instante de tu tefilá…llevala al máximo y verás los resultados… muchas veces no importa rl color de la kipá… o si no vistes de blanco y negro…

El Eterno revisa minuciosamente lo que haces, como expresas cada palabra de la tefilá y como te digo…verás los resultado

 

04 de julio de 2018 – 21 de Tamuz de 5778

 

  1. Nota de la redacción: En NINGUNO de nuestros escritos de Judaismo en Español y/o Aprender Judaismo en Español, se encontrará el uso de la h al final de la palabra traducida del hebreo, cuando ella termina en las letras Hei, Alef o Ayin porque en español la h no tiene sonido.
PorMax Stroh Kaufman

El destino del pueblo judío

EL DESTINO DEL PUEBLO JUDÍO NO ESTÁ REGIDO POR LA SUERTE NI LAS ESTRELLAS

Conversaba Abram con HaShem

– ¿Puedo hacerte un pedido? – preguntó Abram. –

“Pide lo que quieras”

– contestó Hashem.

-Cualquier cosa que me concedas será inútil para mí- dijo Abram. Mientras yo sea estéril y no tenga hijos. El fuerte deseo de Abram de tener hijos se debía a que quería fundar una nación para servir a Hashem.

– ¿Quién tomará mi lugar cuando yo muera? – preguntó. ¿Será Lot, quien desea ser mi heredero o mi excelente alumno Eliezer quien enseña mi Torá a otros? –

“Ninguno te heredará”

– Hashem le prometió. –

“Tu propio hijo lo hará

-Amo del Universo- objetó Abram -He visto en las estrellas que no podré tener un hijo. –

“Olvida la astrología”

– Hashem dijo. –

“Tu destino está por encima de la prognosis de las estrellas. La nación judía no está supeditada al mazal (destino natural).

Una vez R. Iannal y R. Iojanan estaban parados en las puertas de Tiberías. Junto a ellos había dos astrólogos gentiles quienes observaban a todos ¡los trabajadores como iban a sus labores en la mañana. ¿Ven allí a esos dos hombres entre los trabajadores? preguntaron a los Sabios. Salen a trabajar esta mañana, pero jamás volverán con vida. Están destinados a morir de una picadura de serpiente.

  1. Iannai y R. Iojanan esperaron que los trabajadores volvieran. Entre ellos estaban los trabajadores de quienes habían hablado los astrólogos.

¿Acaso no dijeron que esos dos no volverían de su trabajo con vida porque serían mordidos por una serpiente? – preguntaron los Sabios.

-Sí- confirmaron los astrólogos. -Pero volvieron en paz- comentaron los Sabios.

Los astrólogos llamaron a los dos hombres y les preguntaron – ¿Qué hicieron hoy?

-Lo mismo que todos los días- contestaron. Rezamos el shema y shemoné esrei, y fuimos a trabajar. – ¡Ustedes son judíos! exclamaron los astrólogos.

-Las predicciones de los astrólogos no son aplicables a los judíos.

El mazal (destino) del K’lal Israel no es absoluto.

Es posible modificarlo mediante la oración, la caridad y los méritos espirituales

 

06 de Noviembre de 2016 – 05 de (mar)jeshvan de 5777

Recopilado del Midrash paraa 321judaismo.com

 

PorMax Stroh Kaufman

Amida o el Shemone Esre

 

AMIDÁ SEGUNDA PARTE

SHEMONE ESRE O LAS 19 BENDICIONES

Antes de concluir con esta segunda parte queremos hacer un énfasis en un aspecto fundamental de cualquier oración: es la intención que se le dé o brinde a la tefilá: se llama, en hebreo, Kavaná, la cual es la esencia fundamental de cualquiera de las tefilót, pero en especial de esta: La Kavaná tiene varios aspectos: implica la intención de cumplir con la mitzvá de la oración, el enfoque sobre la función de la oración, la comprensión del significado de las palabras y las ideas inherente a las diversas oraciones, y la enunciación correcta de esas palabras.

Kavaná incluye la intención, la dirección, la perspectiva y propósito: sin Kavaná, la oración pierde su esencia y se transforma en “una lectura más”.

Continuamos con nuestra revisión acerca de la Amida o la Shemone esre

La bendición número 11 se conoce con los nombres de Birkat haDín o Birkat haMishpat, por la que eleva una petición por la justicia:

Hashiba shofteinu kebarishoná, veyoatzéinu kebatejilá, vehaser miménu yagón vaanajá, umlój aleínu meherá atá Adonai lebadejá bejésed ubrajamím, betzédek uvmishpát. Baruj atá Adonai, mélej ohév tzedaká umishpat.

“Restore our judges as of yore, and our counselors as in the beginning, and remove from us grief and sighing. Reign Thou over us, O Lord, alone in loving-kindness and mercy, and establish our innocence by the judgment. Blessed be Thou, O Lord the King, who lovest righteousness and justice.”

Restaura a nuestros jueces como al principio, y a nuestros consejeros como al comienzo. Quita de nosotros la tristeza y el suspiro, y prontamente reina solo Tú sobre nosotros, oh Eterno, con bondad y misericordia, con rectitud y justicia. Bendito eres Tú, Eterno, Rey que ama la rectitud y la justicia.

La bendición número doce es llamada Birkat haMinim o Birkat haZadukim es decir, bendición contra los pecadores, los herejes y traidores, y algunos lo refieren contra los Saduceos (Zadukim)

Laminim velamalshiním al tehí tikvá, vejol hazedim keréga yobédu, vejol oiebéja vejol soneéja meherá yikarétu, umaljút harishá meherá teakér utshabér utjalém vetajniém bimhéra beyaméinu. Baruj atá Adonai, shober oyebím  umajnía zedím (minim)

Que para los heréticos y para los delatores no haya esperanza, y que todos los pecadores perversos perezcan en un instante. Que todos Tus enemigos y todos los que Te odian sean prontamente exterminados. Y que prontamente extirpes, quiebres, extermines y sometas el reinado del mal. Bendito eres Tú, Eterno, que quiebras a los enemigos y sometes a los pecadores alevosos.

“May no hope be left to the slanderers; but may wickedness perish as in a moment; may all Thine enemies be soon cut off, and do Thou speedily uproot the haughty and shatter and humble them speedily in our days. Blessed be Thou, O Lord, who strikest down enemies and humblest the haughty”

La bendición número trece es la que eleva una petición por los justos y piadosos: dice así:

Sobre los justos y los piadosos, sobre el remanente de Tu pueblo Israel, sobre sus ancianos y sobre el remanente de sus sabios, sobre los conversos sinceros y sobre nosotros, que por favor se conmueva Tu misericordia, oh Eterno, D–s nuestro.

Y otorga una recompensa buena a todos los que confían verdaderamente en Tu nombre. Pon nuestra porción con la de ellos y que nunca nos avergoncemos, pues en Tí hemos confiado y en Tu inmensa bondad nos apoyaremos con verdad. Bendito eres Tú, Eterno, sostén y seguridad de los justos.

Al hatzadikím veál hajasidím, veál sheerít améja bet Israel, veál ziknéhem veál peletát bet sofréhem, veál gueré hatzédek vealénu, yehemú na rajaméja Adonai Elohenu, veén sajár tov lejól habotjím beshimjá beemét, vesím jelkénu imahém ulolám lo nebósh ki bejá batájnu veál jasdejá  hagadol beemét nishanénu. Baruj atá Adonai, mishán umibtáj latzadikím

La catorceava bendición eleva una súplica por Jerusalém y su pronta restauración; dice así:

Reside en medio de Tu ciudad Jerusalém tal como hablaste; en medio de ella establece el trono de Tu siervo David y reconstrúyela para estructura eterna, prontamente y en nuestros días. Bendito eres Tú, Eterno, que reconstruye Jerusalém.

Tishkón betój Yerushaláim iréja kaasher dibárta, vejisé David abdéja meherá betojá tajín, ubné otá binyán olám bimherá beyaméinu. Baruj atá Adonai, boné Yerushaláim.

La bendición número quince, comienza con “Et Tzemaj David” y por ello, se titula así. Es una oración para el surgimiento del la raíz de David, es decir, el surgimiento y el pronto venir del reinado mesiánico.

Hay estudiosos que consideran que esta bendición debió haber formado parte de la bendición anterior pero tampoco saben cuando se separó. Dice así:

Haz florecer prontamente el retoño de Tu siervo David, y por medio de Tu salvación eleva su estandarte, pues hemos puesto nuestra esperanza y esperado Tu salvación todo el día. Bendito eres Tú, Eterno, que hace florecer el orgullo de la salvación.

Et tzémaj David abdejá meherá tatzmíaj, vekarnó tarúm bishuatéja, ki lishuatejá kivínu kol hayóm. Baruj atá Adonai, matzmíaj kéren yeshuá.

La bendición que ocupa el número dieciséis, es simplemente conocida con el nombre de Tefilá = oración, la cual se constituye en una súplica, para que las bendiciones anteriores sean escuchadas y respondidas por el Eterno. Dice así:

Escucha nuestra voz, oh Eterno, Padre nuestro, misericordioso, ten piedad y misericordia de nosotros, y recibe con misericordia y benevolencia nuestras oraciones, pues Tú eres un Dios que escucha nuestras oraciones y plegarias.

Y de Tu Presencia, Rey nuestro, no nos hagas retornar vacíos, concédenos gracia, respóndenos y escucha nuestras oraciones, pues Tú escuchas las oraciones de todos los labios. Bendito eres Tú, Eterno, que escucha la oración.

La bendición número 17 se llama avodá no refiriéndose simplemente al trabajo, sino al servicio en el Templo, cuya restauración es esperada. Dice así:

Complácete, oh Eterno, Dios nuestro, en Tu pueblo Israel y atiende a sus oraciones; restaura el servicio en el santuario de Tu Santo Templo, así como las ofrendas de fuego y las oraciones de Israel. Que prontamente las recibas con amor y benevolencia, y que siempre sea aceptable el servicio de Tu pueblo Israel.

Y Tú, por la abundancia de Tu misericordia, nos desearás y te complacerás en nosotros, y nuestros ojos contemplarán Tu retorno a Tzión con misericordia. Bendito eres Tú, Eterno, que hace retornar Su Presencia a Tzión.

Retzé Adonai Elohéinu beaméja Israel velitfilatám sheé vehashév haabodá lidbír betéja, veishé Israel utfilatám meherá beahabá tekabél beratzón, uthí leratszón tamíd abodat Israel améja.

Veatá berajaméja harabím tajpótz bánu vetirzénu vetejezéna enéinu beshubejá leTzión berajamím. Baruj atá, Adonai, hamajazir shejinató leTzión

La bendición que ocupa el lugar número 18, es la de Hodaá = agradecimiento; dice así:

(Inclinar el cuerpo) A Ti te agradecemos, pues Tu eres el (enderezarse) Eterno, Dios nuestro y Dios de nuestros padres, por siempre jamás. Tú eres el que nos forma, la Roca de nuestro ser, y Tú eres el defensor de nuestra salvación.

De generación en generación te agradeceremos y relataremos Tu alabanza por nuestras vidas que están en Tu mano, por nuestras almas que están confiadas en Ti, por Tus milagros que todos los días están con nosotros y por Tus maravillas y bondades en todo momento, noche, mañana y tarde.

El Bondadoso, pues no se han agotado Tus misericordias; el Misericordioso, pues no se han extinguido Tus bondades, ya que desde siempre hemos esperado en Ti.

Y por todo ello que siempre sea bendito, exaltado y elevado Tu Nombre, Rey nuestro, por toda la eternidad. Y todos los seres vivos agradecidamente te reconocerán (sela).

Y alabarán y bendecirán por siempre Tu grandioso Nombre, con verdad, pus benévolo es, oh Dios de nuestra esperanza y de nuestra ayuda (sela), el Dios benévolo. (Inclinar el cuerpo) Bendito eres (agachar la cabeza) Tú (enderezarse) Eterno, benévolo es Tu Nombre y a Tí es propio agradecer. 

BENDICIONES FINALES

La bendición 19 es la bendición por la paz; dice así:

Otorga paz, benevolencia, bendición, vida, gracia, bondad, rectitud y misericordia a nosotros y a todo Tu pueblo Israel.

Bendícenos a todos, padre nuestro como a uno solo con la luz de Tu rostro, pues con la luz de Tu rostro nos has otorgado, oh Eterno, Dios nuestro, la Torá y la vida, el amor y la bondad, la rectitud y la misericordia, la bendición y la paz.

Y que sea bueno a Tus ojos bendecirnos y bendecir a todo Tu pueblo Israel con abundante vigor y con paz.

Bendito eres Tú, Eterno, que bendice a Su pueblo Israel con paz, amén.

Algunas versiones señalan que esta bendición es parte de la que detallamos a continuación:

“Te reconocemos a Ti, oh Señor, que Tú eres nuestro Dios, Tú eres el Dios de nuestros padres, por los siglos de los siglos. Roca de nuestra vida, Escudo de nuestra ayuda, Tú eres inmutable, de tiempo en tiempo.

Te damos gracias y elevamos nuestra alabanza, porque nuestras vidas que se entregan [de nuevo] en tus manos y en nuestras almas que confían a ti, y porque tus milagros permanecen con nosotros todos los días y por Tus maravillas y por lo maravillosos que son tus actos de bondad, en todos los tiempos; al atardecer, en la mañana y el mediodía la marea Tú eres [el] bien, porque tu misericordia es infinita:

Tú eres misericordioso; nunca para tus bondades hay fin: desde siempre hemos esperado en ti y para todas estas cosas; que Tu nombre sea bendecido y exaltado siempre y para siempre, y todas las criaturas vivientes den gracias a ti y alaben tu gran nombre en la verdad, Dios, nuestra salvación y ayuda. Selá.

Bendito seas, oh Señor, tu nombre es bueno, y a Ti es merecido darte las gracias.”

Parte de la bendición del cierre dice también, así:

Dios mío, preserva mi lengua del mal y mis labios de hablar engaño. Que mi alma se inmute para quienes me maldigan, y que mi alma sea como el polvo para todos.

Abre mi corazón a Tu Torá y mi alma correrá en pos de Tus mandamientos. Y a todos los que se levanten contra mí para mal, prontamente anula su consejo y trastorna sus pensamientos.

Hazlo en virtud de Tu Nombre, hazlo en virtud de Tu diestra, hazlo en virtud de Tu Torá, hazlo en virtud de Tu santidad, para que Tus amados sean liberados. Que Tú diestra salve y respóndeme.

“Que la expresión de mi boca y la meditación de mi corazón sean aceptables delante de Ti, oh Eterno, mi Roca y mi Redentor”

Que el Hacedor de la paz en Sus alturas por Su misericordia haga la paz para nosotros y para todo su pueblo Israel. Y digan: Amén.

Sea Tu voluntad, oh Eterno, Rey nuestro y de nuestros padres, que reconstruyas el Santo Templo prontamente y en nuestros días. Y otórganos nuestra porción en Tu Torá para cumplir los estatutos de Tu voluntad y servirte con el corazón perfecto.

Otra de las oraciones con las que se suele concluir el servicio es la del Yehí Ratzón

Sea Tu voluntad, oh Eterno, Señor nuestro y de nuestros padres, que reconstruyas el Santo Templo prontamente y en nuestros días. Y otórganos nuestra porción en Tu Torá para cumplir los estatutos de Tu voluntad y servirte con el corazón perfecto.

Muchas son las variaciones dependientes de versión askenazi, sefaradí u otros, para concluir esta ceremonia y muchas son las variaciones para el Shabat, las fiestas, los días de inicio de mes, para el verano y el invierno, pero esto será tema para otra publicación.

Queremos concluir con una sencilla frase, que pide por nuestras oraciones: “Que la expresión de mi boca y la meditación de mi corazón sean aceptables delante de Ti, oh Eterno, mi Roca y mi Redentor”

321judaismo.com  02 de enero de 2014

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