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PorMax Stroh Kaufman

El impacto del Judaísmo en la civilización – Tercera parte

El impacto del Judaísmo en la civilización – Tercera parte

Continuación de la segunda parte.

5.- REPASO HISTÓRICO

¿Qué tal si pasamos por otro pequeño repaso histórico?

Alejandro Magno, nacido en 356 antes de la era común, se convierte en rey en el año 336 de esa misma época: en tres colosales batallas, condujo a su ejército a la victoria frente al ejército persa, creando un imperio cuya máxima expansión, era desde Egipto hasta India. En ese pasar, construyó seis ciudades, todas llamadas Alejandría, de las cuales sólo la Alejandría de Egipto sobrevive hasta el día de hoy.

Cuando la cultura griega se mezcló con la cultura del medio oriente, se creó un nuevo híbrido cultural, llamado Helenismo, con una influencia monumental en el Imperio Romano, en el Cristianismo y en el Oeste.

Durante su campaña militar contra Persia, llegó a Egipto, pasando por lo que hoy en día es Israel. La narración respecto a la primera interacción entre Alejandro y los judíos se encuentra registrada tanto en el Talmud (Tratado Yomá 69a) como en el libro “Antigüedades Judías” del historiador judío Flavio Josefo (XI, 321-47).  

En ambos relatos el Sumo Sacerdote del templo de Jerusalém, manifestando un gran temor de que Alejandro fuera a destruir la ciudad, salió a su encuentro antes de que llegara a la ciudad. La narración, en ambos textos, describe como Alejandro, al ver al Sumo Sacerdote, se bajó de su caballo y le hizo una reverencia.

En el relato de Flavio Josefo, cuando el general Parmerio le preguntó la razón, Alejandro respondió: “No hice una reverencia ante él, sino ante el Dios que lo ha honrado con el Sumo Sacerdocio; pues he visto a esta misma persona en un sueño, con esta misma apariencia”.

Alejandro pudo interpretar la visión del Gran Sacerdote como un buen presagio, y por tanto se apiadó de Jerusalém, absorbiendo pacíficamente a la tierra de Israel en su creciente imperio.

Como tributo a su conquista apacible, los sabios declararon que los primogénitos de aquella época fueran llamados Alejandro, el cual sigue siendo un nombre judío hasta el día de hoy. Y el día de aquel encuentro, 25 de Tevet, fue declarado una festividad menor.

Así comenzó una de las más interesantes y complejas relaciones culturales del mundo antiguo; Los griegos nunca habían conocido a nadie como los judíos, quienes conformaban la única nación monoteísta que tenía un concepto único de un Dios infinito, que ama, que se preocupa por su creación y que actúa en la historia. Los judíos tenían tradiciones legales y filosóficas increíblemente profundas y complejas. Esta nación se caracterizaba por tener una tasa de alfabetización y una infraestructura de bienestar social nunca antes vista en el mundo antiguo.

Los griegos estaban tan fascinados con los judíos, que fueron los primeros en traducir la Biblia en otro idioma cuando el Rey Ptolomeo II aproximadamente en el año 250 antes de la era común, obligó a 70 rabinos de esa época a traducir la Biblia hebrea al griego (la cual es conocida  hoy en día con el nombre de la “Septuaginta“, que significa “70” en griego).

En lo que tiene que ver con la nación de Israel, la alta esfera de la sociedad judía, de igual manera que el resto de la población del mundo mediterráneo, adoptó rápidamente la cultura helenista, y muchos de los judíos helenizados tomaron el asunto en sus manos, e intentaron “ayudar” a sus hermanos más tradicionalistas, “arrastrándolos” fuera de lo que ellos percibían como creencias primitivas, para introducirlos así al “moderno” mundo de la cultura griega.

Esto generó conflictos y rebeliones en la nación judía que tenía además que “soportar” las presiones ejercidas por dos imperios enemigos: el Ptolomeo y el  Seléucida, porque ambos limitaban con esta nación judía.

La existencia para los judíos se tornaba tan tensa que, a mediados del siglo 2 antes de la era común, Antíoco Epifanes publica un decreto, que hasta ese entonces nunca había sido escuchado en el antiguo mundo multicultural y religiosamente tolerante: Derogó la religión de otras personas.

El prohibió la enseñanza y la práctica del judaísmo.

Esto generó persecuciones hasta el momento en que una familia sacerdotal, conduce hacia una guerra de varios años que lleva a la derrota del imperio y aseguró la supervivencia del judaísmo.

La victoria militar de los judíos por sobre el imperio griego, fue un milagro mucho más grande que el milagro ocurrido a un frasco de aceite el cual duró durante ocho días, en la reinauguración del Templo, ceremonia conocida con el nombre de Janucá.

Esta milagrosa subsistencia permitió que los judíos generaran un monumental impacto en el mundo que ha excedido por mucho el minúsculo tamaño del pueblo judío, entregándole al mundo el concepto de un Dios único y los valores de la santidad de la vida, la justicia, la paz y la responsabilidad social, que son los cimientos morales/espirituales de la civilización occidental.

Dos de las referencias más conocidas que tiene el mundo occidental frente a este significativo hecho, están reflejadas en la existencia de un Oratorio elaborado por George F. Handel, y asignado por el príncipe de Gales en honor al retorno victorioso de su general, el Duque de Cumberlain, en Londres en 1746 y; también la comparación militar que se le hizo al Mariscal Henry Tirán en 1675 en la Batalla de Alsacia, por su heroísmo en el frente.

El filósofo Soren Kierkegaard, creía que esta fe, la fe judía, era la Esperanza y por ello dio franco optimismo a la religión judía, más que a ninguna otra, diciendo las siguientes palabras: “El pensamiento pagano griego es optimista, pero está teñido de una profunda melancolía, y no tiene respaldo divino. El Judaísmo sí lo tiene, una clara promesa para esta vida”.

Esto es así; el judaísmo es una religión que le enseña, en forma continua y permanente, al mundo que todo ser es creado a imagen de Dios y por ese hecho, tiene que convertirse en una actitud optimista y esperanzadora.

Si nosotros somos fracciones espirituales de Dios, tenemos el poder de ser creativos como lo es El, y podemos esforzarnos por modificar o eliminar sufrimiento, tragedia y todo tipo de males.

La revolución que generó el concepto de un solo Dios, rompió radicalmente con el paganismo que prontamente transformó el pensamiento del hombre, pero la chispa que lo despertó fue esa creencia del judaísmo en un solo Dios quien creó al mundo con un propósito y un significado.

La creencia en un solo Dios conquistó toda la humanidad y el paganismo rápidamente comienza a desaparecer, dándole cabida a la esperanza para que ella pueda crear una nueva realidad. La religión monoteísta se convirtió en la cuna del optimismo, mientras que el paganismo, por otro lado, sufrió una crisis de melancolía, para finalmente desaparecer.

Otra de las más importantes contribuciones del judaísmo se define con una sola palabra: Esperanza.

Ella es el puro deseo de vivir ante la desesperación, imaginando un futuro mejor, con éxito, y el fin del sufrimiento.

El pueblo judío ha sobrevivido un sin número de pogromos, persecuciones  y holocaustos debido a esta cualidad tan especial.

El pensamiento judío también nos enseña que, si estimulamos activamente a nuestro prójimo para que no acepte el mal de ninguna manera, y  a través de esa enseñanza se le anima a combatir las atrocidades de la vida, la fe en Dios se le convertirá en fuente de gran esperanza. La religión dijo al mundo antiguo que en los tiempos malos, cada uno de nosotros puede comenzar de nuevo.

“No hay lugar a dudas que los estudios hebraicos son el substrato común de los estudios religiosos, y de ahí que todos aquellos que tratan de darse cuenta de su fe estén obligados a ocuparse del pasado religioso judío.

Tienen, pues, los judíos el incomparable privilegio de que su libro haya llegado a ser el libro del mundo entero…”escribe Ernesto Renán en su libro “Cristianismo y Judaísmo” de la Editorial Leviatán)

Continúa diciendo en su libro que, “cuando se quiere profundizar el cristianismo, debemos estudiar el judaísmo.

Ligado por una de esas tradiciones de infancia, que son las más caras y duraderas, al cristianismo, he creído que no tenía mejor medio de probar mi respeto por la doctrina cristiana que examinándola de cerca.

Considero que un examen serio y concienzudo. Es la máxima prueba de respeto que se pueda dar a las creencias religiosas”.

Si queremos demostrar lo enunciado anteriormente tenemos que tener en cuenta que, no existe ninguna contradicción entre lo enunciado por (Moisés) Moshé y lo relacionado siglos más tarde por (Jesús) Yeshúa.

Si fuese así, Yeshúa sería un falso mesías.

Para citar sólo un ejemplo, las enseñanzas que encontramos en Romanos 10,  son las mismas que revela el libro de Levítico 18:5, ellas dicen que hay vida para aquel que practica la Torá, porque la Torá lleva la persona al Mesías y a la justicia de la fe, la cual está citada en la Torá, Deuteronomio 30:12-14.  

 

El problema surge cuando una persona intenta usar aquellos mandamientos  de la Torá y cumplirlos mediante el uso de su propia fuerza o, ajustarlos a su conveniencia..

¡Hay más aportes históricos…!

Para el mundo entero es conocido que aproximadamente después del primer siglo de la era común hasta el año 1948, el territorio que hoy se conoce con el nombre de Israel, estaba “deshabitado” por aquellos quienes fueron considerados sus dueños durante muchos años: es decir, los judíos;  

El primer gran exilio o la primera Diáspora judía ocurrió en el año 606 antes de la era común, cuando el rey de los babilonios, Nabucodonosor II, conquistó el Reino de Judá, destruyendo el primer templo y trasladando a los líderes judíos a Babilonia.

Setenta años más tarde, el rey persa Ciro II el Grande permitió a los judíos retornar a la Tierra de Israel tras haber conquistado a los babilonios.

Sin embargo, algunos se quedaron, dando origen con el tiempo, a la comunidad judía de Bagdad, la cual siguió existiendo hasta el siglo 20, la cual termina con la emigración de la misma al Estado de Israel.

El segundo gran exilio se produjo en el año 70 después de la era común, cuando el general romano Tito, futuro emperador, derrotó una revuelta judía, destruyendo el Segundo templo y a la ciudad de Jerusalém y con lo que obligaron a casi la totalidad de los judíos a huir de Israel.

Este contexto histórico genera el concepto por muchos, llamado como el de “las tribus perdidas de Israel” porque se produce una dispersión de los judíos en todas las direcciones del mundo conocido, llegando hoy en día a identificarse descendientes de dichas tribus en la siguiente manera:

 

5.1 LAS TRIBUS

5.1.1 Los hijos de Efraím:

Se habla, en el caso de ellos, de dos grupos familiares: la tribu Telugu vive en el sur de la India, y el segundo, de un grupo conformado por aproximadamente  400 familias que viven en Nigeria, que según su tradición vinieron de Marruecos, y también dicen descender de la tribu de Efraím.

5.1.2 Los hijos de Menáshe

Son también varios grupos: uno de ellos conformado por aproximadamente 8.000 personas, que viven en la frontera noreste de la India con Bután: la localidad es Manipú y ellos se hacen llamar Manasé, al parecer se originaron hace 6.000 años en la China, y de allí emigraron a la India.

En el siglo 19 se convirtieron al cristianismo y algunas de sus tradiciones tienen similitud con el judaísmo.  

Hay otro grupo de aproximadamente  cinco millones de personas, también residentes en India, visitados por los rabinos de Israel, que han sido identificados como descendientes de la tribu de Menáshe, aproximadamente un millón y medio de personas.

También está la tribu Pashtún, que cuenta con 40 millones de personas, los cuales habitan en Pakistán y Afganistán. Son musulmanes, pero tienen costumbres similares a las de los judíos: descansan los sábados, prenden velas los viernes, usan una indumentaria parecida al talit, rezan en dirección a Jerusalém, y usan peyes (el pelo de los costados de la cabeza o sienes, que nunca es cortado).

5.1.3 Los hijos de Dan

A cierto grupo de ciudadanos de Etiopía, conocidos con el nombre de falashas, se les ha reconocido como la tribu perdida de Dan; sin embargo, los residentes de Dinamarca, (Danmark como es su nombre original), se les atribuye también ser descendientes de la tribu de Dan, ya que este nombre indica, la marca de Dan.

5.1.4 LOS HIJOS DE ZEBULÚM

Las sectas judaizantes de Japón, no sólo creen ser la tribu perdida de Zabulón, sino que la familia imperial de Japón comparte ese linaje.

Una certificación del concepto anterior lo encontramos en el cuarto libro de Esdras (la misa de Réquiem se basa en este libro), que es un mensaje apocalíptico de las visiones que tuvo en el año 557 antes de la era común en el que relata el éxodo de 10 tribus hacia una tierra lejana, desconocida y deshabitada, llamada Asfareth y que significa “la otra tierra”, reino israelita oculto por la mano de Dios, y donde vivirán hasta que en los tiempos mesiánicos, El Mesías, los haga volver.

Impacto del judaísmo en la civilización continuará en la cuarta parte

07 de Noviembre de 2010 – 30 de Jeshvan de 5771