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PorMax Stroh Kaufman

El impacto del judaísmo en la civilización – Cuarta parte

El impacto del judaísmo en la civilización – Cuarta parte

Continuación

5.2 Los judíos en España

Algunos asocian el país de Tarsis, mencionado en los libros de Isaías, Jeremías, Ezequiel, Primero de los Reyes y Jonás, con la antigua civilización de Tartessos o, al menos, con algún lugar de la Península Ibérica.

Si esta identificación fuese correcta, el contacto de los judíos con la Península Ibérica se remontaría a la época de Salomón.

Parece claro, en cualquier caso, que el reino de Israel mantuvo relaciones comerciales con un lugar llamado Tarsis.

En Ezequiel 27:12 así se dice: “Tarsis comerciaba contigo por la abundancia de todas tus riquezas, con plata, hierro, estaño y plomo a cambio de tus mercaderías.”

También se hace referencia a este comercio en 1Reyes 10:22, donde se dice que “una vez cada tres años la flota de Tarsis venía y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales”.                                                                                                          

Y es asimismo el país lejano al que Jonás quiere ir para escapar de Dios (Jonás 1:3),

Lo que aproxima a las citas anteriores es el conocimiento que se tiene de la existencia de comunidades judías en territorio español desde tiempos remotos, el hallazgo de evidencias arqueológicas lo confirman.

Un anillo fenicio del siglo VII a. C., hallado en Cádiz con inscripciones paleo-hebraicas, una ánfora, en la que aparecen dos símbolos hebreos del siglo I, encontrada en Ibiza, también existe un sarcófago en Almería con signos Hebreos del siglo I d.C.

La presencia hebrea en el actual territorio español tuvo cierto incremento durante las Guerras Púnicas, 218-202 antes de la era común, durante las cuales Roma se apoderó de la Península Ibérica (Hispania), y se sabe con precisión que el incremento de la población judía se dio varios siglos después a raíz de la conquista de Judea por el general romano Tito.                                               

Se calcula que en España se asentaron, durante las primeras décadas de la Diáspora, alrededor de 80.000 personas procedentes de Palestina.

Con la caída del Imperio Romano y la invasión de la península por tribus germánicas, como los visigodos, suevos y vándalos, sobreviene una época de dificultad para los hebreos que en ella vivían.

Atraviesan toda España desde los tiempos de los romanos.

Al sobrevenir la acepción del Cristianismo como religión de los reinos bárbaros, y la instauración de la Iglesia Católica en España bajo el reinado de Recaredo, año 587 después de la era común, las comunidades judías pasan a ser dominadas completamente y se inicia una época de persecución, aislamiento y rechazo.

Es en esta época donde comienzan a fraguarse las primeras aljamas y juderías de las ciudades españolas donde hubo grandes asentamientos hebreos.  (Las aljamas eran las entidades autónomas en las que se agrupaban las comunidades judías de las diferentes localidades.

Tenían sus propios magistrados, y se regían por sus propias normas jurídicas, basadas en la Halajá. La institución de la aljama se trasladaría después a la España cristiana, y permanecería vigente hasta el momento de la expulsión)                                         

Una de las ciudades españolas a las que se le atribuye ser fundada por judíos  fue Toledo, que proviene de la palabra (y porción bíblica) Toledót o Toldot, que significa generaciones. Además de la anterior, los judíos desarrollaron prósperas comunidades en la mayor parte de las ciudades españolas.

Destacan las comunidades de las ciudades de Burgos, Sevilla, Córdoba, Jaén, Ávila, Granada, León, Segovia, Soria y Calahorra.

En la Corona de Aragón, las comunidades de Zaragoza, Gerona, Barcelona, Tarragona, Valencia, Vitoria y Palma de Mallorca se encuentran entre las más prominentes.

Algunas poblaciones, como Lucena, Hervás, Ribadavia, Ocaña y Guadalajara, se encontraban habitadas principalmente por judíos. De hecho, Lucena estuvo habitada exclusivamente por judíos durante siglos en la Edad Media.

La comunidad judía española, durante esta época, fue la más grande, mejor organizada y más avanzada culturalmente gracias a las grandes libertades de que gozaba.

Numerosos judíos de diversos países de Europa y de los dominios árabes se trasladaron a España, integrándose en la comunidad existente, y enriqueciéndola en todos los sentidos.

Muchos de estos judíos adoptaron el idioma árabe y se desempeñaron en puestos de gobierno o en actividades comerciales y financieras.

Esto facilitó enormemente la incorporación de la población judía a la cultura morisca, principalmente en el sur de España, donde los judíos ocuparon puestos importantes y llegaron a amasar considerables fortunas.                                                                                                                        

Por lo tanto, es bajo el dominio del Islam cuando la cultura hebrea en la península alcanza su máximo esplendor. Protegidos, tanto por reyes cristianos como musulmanes, los judíos cultivan con éxito las artes y las ciencias, destacando claramente en Medicina, astronomía y matemáticas.

Además, los estudios religiosos y la filosofía son quizás la más grande aportación.

Algunos nombres destacan en tales áreas.

El rabino cordobés Moshé ibn Maimón, más conocido con el sobrenombre de Maimónides, se distingue sobre los demás por sus aportes al campo de la Medicina, y sobre todo en la filosofía.

Sus obras, como la Guía de perplejos y los comentarios a la Teshuvot, ejercieron influencia considerable sobre algunos de los doctores de la iglesia, principalmente sobre Tomás de Aquino.

De Salomón Yehudá Ibn Gabirol recibimos el libro llamado,  La fuente de la vida o mekor jaím, nombre original hebreo, fue traducida al  latín como Fons Vitae, y este se convirtió en uno de los libros bases del franciscanismo, importante referencia posterior para el mundo católico y cristiano.

En el campo de la matemática, se les atribuye a los judíos la introducción y aplicación de la notación numeral indo arábiga a Europa Occidental.

Azraquel de Sevilla realiza un estudio exhaustivo sobre la Teoría de Ecuaciones de Diofanto de Alejandría, mientras que Abenezra de Calahorra escribe sobre las peculiaridades de los dígitos (1-9) en su Sefer ha-Eshad, redacta un tratado de aritmética en su Sefer ha-Mispad y elabora unas tablas astronómicas.

Años antes de la Reconquista, el converso Juan de Sevilla tradujo del árabe un volumen del álgebra de Mohammed al-Khwarismi que fue posteriormente usado por matemáticos como Nicolo di Tartaglia, Girolamo Cardano o Viète.        

En la arquitectura se destaca el estilo morisco con el que se construye la Sinagoga del Tránsito (o de Samuel Ha-Leví) en la ciudad de Toledo, exponente máximo de la arquitectura judía de ésta época, al igual que la de la ciudad de Córdoba.

Alfonso “el sabio” en el siglo 13, reunió a los astrónomos más importantes de la época para estudiar los movimientos planetarios: corrigieron las tablas de Tolomeo y prepararon las “Tablas Alfonsinas,” redactadas por Isaac ben Sid, que tuvieron validez hasta la época de Copérnico.

En resumen, en el plano cultural, los judíos fueron los transmisores de los conocimientos árabes.

Gracias a ello, en cortes como la de Alfonso X, junto con colaboradores árabes, se pudo llevar a cabo la enorme obra de recopilación, traducción y divulgación de todo el saber humano de la época.

Hay que resaltar que mientras los judíos llamados sefaradíes, se hicieron destacar mayores aportes a las ciencias del conocimiento, el grupo de los judíos ashkenazíes realizaron grandes aportes a la espiritualidad y sobre las escrituras: por ejemplo, El libro de comentarios de Rashi, los Tosafot, y el Sefer HaIashar (El “Libro de la Rectitud”).por Rabeinu Tam: quizás la obra halájica más completa de los judíos de su tiempo, el Sefer Mitzvot Gadol (Sema”g por sus abreviaturas), escrito por Moshé de Coucy; el Sefer Zejirá, que describe los sufrimientos del pueblo judío de la época, escrita por el Rabino Efráim de Bonn; el Sefer Jasidim y las “Tzavaot” escritas por Yehuda haJasid, el “Tashbetz”, escrita por el Rabi Meir de Rothemburg, conocido como Maharam; el Shulján Aruj en el siglo 16 de la era común,

Los siglos 10 a 15 de la era común fueron de cambios radicales en la península ibérica: grandes avances de la ciencia, el surgimiento de España como el imperio más poderoso de la época a pesar de las guerras y conflictos tanto externos (por ejemplo, las cruzadas) como internos, y que estos ocasionaron frecuentes persecuciones  a los judíos añadido a la necesidad judía de retornar a Jerusalém, de la que podemos citar como ejemplo más significativo, el hecho que en 1141 el español Yehúda Haleví hizo un pronunciamiento para que los judíos regresen a  Israel, ejemplo que fue repetido un siglo después por el rabino español Najmánides: en su caso, emigrando a Jerusalém y creando un vínculo constante con esta ciudad, con el que aseguró la presencia de judíos en la región; la renovación de la creencia en Asfareth,

En primer lugar basándose en el concepto del Libro de Deuteronomio 30:13 que dice: “Y ella (la Biblia) no está al otro lado del mar para que digas ¿quién pasará por nosotros el mar, para que nos la traiga y nos la haga oír a fin de que lo cumplamos?:

En segundo lugar, donde el pensador español Ibn Ezra, nacido en el año 1092 de la era común, decía que al otro lado del mar expresa lejanía: algo remoto y lejano de Israel, a través de un Mar Grande que nadie puede atravesarse y,

En tercer lugar, la necesidad que tenían los judíos españoles de encontrar a las 10 tribus perdidas para que les brindaran un apoyo que “pedían a gritos” y por último la aparición de Cristóbal Colón, conocedor de los textos del Antiguo Testamento (Tanáj), extrajo de los profetas Esdras e Isaías, la siguiente frase: “Si se reúnen las naves para mí, con los navíos de Tarsis a la cabeza, para traer de lejos a tus hijos, con su oro y su plata, para el nombre de Adonai Tu Dios, para el santo de Israel para que te glorifique” ;con ello pone en marcha el gran proyecto que terminará con el Descubrimiento de América, fuertemente apoyado por los judíos conversos

En el año de 1478, el Papa Sixto V aprobó el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio en la Península Ibérica y en sus posesiones del Mediterráneo.

Como primer Inquisidor General, se nombró al dominico Tomás de Torquemada, confesor personal de la reina de Castilla y hombre fundamental en la expulsión de los judíos de España, en el año de 1492.

El 31 de marzo de 1492 por los reyes recién llamados Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, se firma El Decreto de la Alhambra o Edicto de Granada, el cual obligaba a todos los judíos de la España católica a convertirse esa religión o ser expulsados, con término el 31 de julio de 1492.

Por motivos logísticos se extendió este plazo hasta el 2 de agosto a las doce de la noche. Fernando el Católico también firmó otro documento semejante para el reino de Aragón.

Un cronista de la época, Andrés Bernáldez, describía así la salida de los judíos de la ciudad de Zaragoza:

Salieron de las tierras de sus nacimientos chicos y grandes, viejos y niños, a pie y caballeros en asnos y otras bestias y en carretas, y continuaron sus viajes cada uno a los puertos que habían de ir, e iban por los caminos y campos por donde iban con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, otros muriendo, otros naciendo, otros enfermando, que no había cristiano que no hubiese dolor de ellos y siempre por donde iban los convidaban al bautismo, y algunos con la cuita se convertían y quedaban, pero muy pocos, y los rabinos los iban esforzando y hacían cantar a las mujeres y mancebos y tañer panderos y adufos para alegrar la gente, y así salieron de Castilla.

La gran mayoría de los estos judíos provenientes de la península Ibérica, serían recibidos en el Imperio otomano, que a la sazón estaba en su máximo apogeo.

El sultán Bayaceto II permitió el establecimiento de los judíos en todos los dominios de su imperio, enviando navíos de la flota otomana a los puertos españoles y recibiendo a algunos de ellos personalmente en los muelles de Estambul, como consta una pintura del ilustrador Mevlut Aky?ld?z.

Es famosa su frase: “Gönderenler kaybeder, ben kazan?r?m”, que traduce: aquellos que les mandan pierden, yo gano.

Estos judíos se establecieron cuatro comunidades en el Imperio otomano, mucho más grandes que cualquiera de las de España, siendo las dos mayores la de Salónica y la de Estambul, mientras que la de Esmirna, en Turquía, y la de Safed, en Israel, fueron las de menor tamaño.

Sin embargo, se documenta su establecimiento en casi todas las ciudades importantes del imperio, fundando comunidades en Sarajevo (Bosnia), Belgrado (Serbia), Monastir (República de Macedonia), Sofía y Russe (Bulgaria), Bucarest (Rumanía), Alejandría (Egipto) y Edirne, Çanakkale, Tekirda? y Bursa en la actual Turquía.

Otros, se unieron a la expedición organizada por Cristóbal Colón quien aprovechó el conocimiento existente para planificar el viaje: utilizó los Portolani, o estudios de navegación de los aragoneses en el Mediterráneo, los datos aportados por las expediciones de Marco Polo y con la ayuda de los conversos Abraham y Yehúda Cresques (conocido con el nombre de Jaime Rives, autor del “Atlas Catalán”, la obra de navegación más extensa conocida en la época): también utilizó el Astrolabio mejorado por Abraham Zacuto (profesor de la Universidad de Salamanca y autor del “Almanaque perpetuo”); también, las tablas Alfonsinas que le permitieron predecir un eclipse lunar tres días antes de que ocurriera en 1504.

Es concluyente, y lo demuestra la historia, que la expedición no hubiera sido posible sin el apoyo de los judíos y especialmente de los conversos, y sin importar lo que piensen muchos autores, la impronta judía está allí, en el hallazgo del Nuevo Continente, desconocido por el mundo de esa época.

Continuará… el impacto del judaismo en la civilización quinta parte

07 de Noviembre de 2010 – 30 de Jeshvan de 5771

PorMax Stroh Kaufman

Antisemitismo

UN ANÁLISIS SOBRE EL ANTISEMITISMO.

En días pasados, el primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, condenó enérgicamente el atentado en la escuela judía Ozar Hatorá de Toulouse, en Francia, y el asesinato de víctimas inocentes, entre ellas niños pequeños.

El mandatario Israelí calificó el atentado de “antisemitismo salvaje” y agregó que, frente a los hechos en Francia, la ONU tiene una razón más para avergonzarse de sí misma.

De igual manera, el Gobierno israelí arde de ira contra la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, quien  comparó el atentado de Toulouse con las muertes de niños en otros lugares del mundo, como la Franja de Gaza.

Simultáneamente, en otra región del mundo, más concretamente en Ucrania, Un monumento conmemorativo del Holocausto de la ciudad de Lviv, fue atacado por un grupo desconocido, donde los vándalos  escribieron un mensaje en el monumento que decía “humilla tanto a los judíos y los ucranianos” y la comunidad judía de esta ciudad confirmó, que el antisemitismo  es persistente en este centro que había sido un punto de referencia para una gran comunidad judía antes de la Segunda Guerra Mundial y hoy sólo viven unos pocos miles de ellos.

También se documenta que el alcalde socialdemócrata sueco de Malmö, Ilmar Reepalu “ha cruzado todas las fronteras y ya no tiene ninguna credibilidad para nosotros los judíos en Suecia”, por difundir noticias antisemitas, dijo la presidenta de la entidad comunitaria y líder de la comunidad judía en Estocolmo, Lena Posner K?rösi.

Pero, ¿Qué es y qué significa el antisemitismo?

El término “antisemitismo” fue acuñado, al parecer por vez primera, por un político (judío) alemán renegado, Wilhelm Marr, en 1878, quien a pesar de haber sido originariamente,  un  defensor de la emancipación de los grupos sociales oprimidos, después del año 1849, se convirtió en el adalid de la lucha para evitar la emancipación de los judíos en Alemania y fundó la organización llamada Liga antisemita, a lo que suma la publicación de su  libro Zwanglose Antisemitische; este activista realiza un abundante intercambio de correspondencia  con el periodista y también activista en contra de los grupos judíos Theodor Fritsch,  quien se hará conocido por su publicación del año 1887, llamado Catecismo Antisemita [Antisemiten-Katechismus], y es este tipo de relación, el factor determinante para su  cambio de actitud y modo de pensar.

A pesar que los semitas son dos grandes grupos étnicos, (judíos y árabes de todo el mundo) el término antisemitismo ha sido aplicado única y exclusivamente a un movimiento anti judío, tal como lo señala el filósofo Zvi Diesendruck: “Nunca se ha acuñado un término con una actitud tan negativa a ningún otro pueblo en la historia. Sólo el antisemitismo, y sólo contra los Judíos”.
El fenómeno del antisemitismo, sobre el cual pretendemos hacer un análisis, tiene su origen desde la Edad Antigua, y se ha conservado a través de la evolución histórica hasta nuestros días;  el dato más antiguo que tenemos, lo comenzamos  a registrar con la parashá Zajor en la cual nos encontramos con el mandamiento que tiene el pueblo judío de recordar el ataque, sin provocación, por parte de la nación de Amalek contra los israelitas cuando éstos abandonaron Egipto.

El mandamiento del que hablamos, viene en la forma de la palabra zajor  “Recuerda”  y con las palabras lo tishkaj “no olvides”.

¿Qué pretenden nuestros sabios que aprendamos?  ¿Cuál es el por qué de estas expresiones?

Ellos nos insinúan que, el uso de la palabra “recuerda,” es una especie de “mandamiento” para el pueblo judío; mientras que el hecho de utilizar la expresión “no olvides” se transforma en una predicción de alto valor, con la que se quiere decir que ¡aquellas  personas que no son judías, no te permitirán olvidar tus raíces!

Surge otra pregunta: ¿De verdad, que se quiere decir?  Que si en algún momento olvidas tu judaísmo bajo cualquier pretexto o sentimiento, los antisemitas del mundo estarán ahí para recordarte quién eres y de dónde vienes, ya que el pueblo judío se ha caracterizado por cierto tipo de “aislamiento” basado en sus costumbres: esta posición está descrita en la Torá, más específicamente en Bamidbar / Números 23:9  y este texto se encarga de recordarnos que el pueblo judío es  “un pueblo que mora solo.”

Así como desde la cumbre de las peñas le veo, y desde las colinas le estoy contemplando, he aquí que es un pueblo que habita solo, y entre las demás naciones no será contado.
Ki merósh tsurím erénu umiguevaót ashurénu hen am levadád yishkón ubagoím lo yitjasháv.

El problema del antisemitismo no se podrá jamás aislar de los procesos históricos que ha vivido y vive la humanidad, gracias a la constante y permanente movilización del pueblo judío por todos los territorios del mundo, especialmente aquellas grandes migraciones que se dieron antes de la creación del Estado de Israel. Una de las hipótesis que apoya el concepto anterior, es lo que la historia enseña al respecto al fenómeno de las migraciones: siempre que surge una nueva religión o cuando un grupo poblacional arriba a un nuevo país o región, trayendo consigo nuevas perspectivas y nuevos puntos de vista, se le recibe con al menos un cierto grado de desconfianza y enemistad.

Esto, porque lo desconocido genera temor a los cambios y puede producir o incitar el alejamiento entre las partes y también la posibilidad de aparición de odio.

Cuando reflexionamos acerca de esta posibilidad,  vemos en los escritos del Tanaj, el odio que tiene Haman contra el pueblo judío y el anhelo de su total exterminio. Este ministro, en su momento,  se aprovechó de falsas acusaciones para generar una persecución hacia el pueblo judío tal como lo leemos en el Libro de Ester:

“Dijo Haman al rey Ajashverosh: hay un pueblo esparcido y distribuido en todas las provincias de tu reino, cuyas leyes son diferentes de las de todo el pueblo; no guardan las leyes del rey y al rey nada le beneficia el dejarlos vivir. Si plazca al rey, decrete que sean destruidos.”

Antes de este evento, de Hamán, ya hubo también manifestaciones antisemitas, como lo demuestra el libro de Tehilim / Salmos en su lectura 83:1-4 que dice:

Cántico. Salmo de Asaf. Oh Adonai, no guardes silencio; no te quedes, oh Adonai, callado e impasible. Mira cómo se alborotan tus enemigos, cómo te desafían los que te odian. Con astucia conspiran contra tu pueblo; conspiran contra aquellos a quienes tú estimas. Y dicen:     ¡Vengan, destruyamos su nación!  ¡Que el nombre de Israel no vuelva a recordarse!

La historia universal nos cuenta otros detalles: en momentos previos al siglo 5 Antes de la Era Común, los judíos vivían en perfecta igualdad con los demás pueblos.

Sus ocupaciones eran las mismas que las de éstos: había entre ellos artesanos, agricultores, financistas y comerciantes.

Pero su riqueza despertó envidias, y sus costumbres odio. En ese momento es cuando nos encontramos con otras manifestaciones anti judías, también escritos en el Tanaj: una de las manifestaciones a las que nos referimos, está en el Libro de Nehemías, la cual cuenta acerca de la reconstrucción del Estado de Israel: esta presencia judía permitió el desarrollo de una enemistad entre Sanbalat  y  sus compañeros, lo cual, por supuesto, generó persecución en contra de los judíos, tal como dice:

 “Cuando oyó Sanbalat que se edificaba el muro se enojó y enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos y conspiraron todos para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daños.”

El segundo de ellos y en la misma época, y que no se encuentra detallado en el Tanaj, se desató como consecuencia de una agitación suscitada por los sacerdotes egipcios, la que termina con la destrucción de la sinagoga de Elefantina.

Aunque los historiadores quisieran documentar la destrucción de esta sinagoga como un acontecimiento aislado, existen muchos testimonios de persecución organizada y masiva en el siglo 2 Antes de la Era Común.

También la historia nos cuenta cómo, en el 411  Antes de la Era Común,  los judíos fueron  expulsados de Roma; ¿Cómo sucedió? Resulta que los judíos fueron hallados culpables de corromper las costumbres romanas: ¿Dónde se documenta?

Esto lo encontramos, nada más y nada menos que en los escritos de Flavio Josefo: allí se registra el dictamen del Emperador Claudio quien amenazó a los judíos de Alejandría con ser castigados ” por ser los directos responsables de provocar una peste universal en el mundo”.

Más tarde, en la ciudad de Alejandría, el tercer Libro de los Macabeos nos cuenta  la triste historia de los judíos en esta ciudad; nos ilustra cómo los judíos tuvieron que desprenderse de todos sus bienes para que no fueran llevaran como esclavos; les tocó vivir escondidos y privados de sus derechos, a pesar de que la población alcanzó a ser  la tercera parte de la población de la ciudad y ocuparon cargos importantes administrativos y posiciones influyentes en el mercado y comercio de la ciudad.

No existe claridad en los datos históricos que ayuden a determinar si los causantes de esta ola anti judía fue causada por los griegos o egipcios; ambos pueblos querían tener dominio de la región. El odio racial descrito, se describe en los diferentes hallazgos antropológicos, hasta el año 88 de la Era Común.

Bajo el reinado de Antíoco Epífanes, el antisemitismo se convirtió en una persecución directa, porque fue el creador de leyes especiales dirigidas directamente contra la existencia judía.

Los analistas e historiadores insisten en afirmar que su actitud antisemita tenía fines políticos, ya que unificando creencias en su imperio, lograría fortificarlo.

Por parte del Imperio romano encontramos también datos de antisemitismo: Tiberio, por ejemplo,  emitió un decreto el cual amenazaba a los judíos con la deportación forzada si no abandonaban su credo. Así se suscitó lo que se describe como “el primer martirio judío en el mundo occidental.”

En la época de Claudio, se introdujo la prohibición de  formar congregaciones y los prosélitos del judaísmo fueron declarados ateos, lo que en esa época equivalía a ser enemigo del estado, pudiendo entonces ser castigado junto a la comunidad que lo acogiera.

Vespasiano introdujo el “impuesto judaico”, como forma de humillar directamente a los judíos, hiriéndolos tanto en lo económico como en sus convicciones religiosas.

Domiciano puso en vigencia un reglamento según el cual se podía deportar temporariamente a los judíos de una ciudad o provincia.

Adriano, por su parte, prohibió la circuncisión, el culto y la enseñanza religiosa, suprimiendo todos los privilegios de los judíos, vedándoles la posibilidad de vivir en Jerusalém. Contra estas restricciones estalló la rebelión comandada por Bar Kojba y Rabi Akiba,

Luego del advenimiento del cristianismo se desarrolló una nueva forma de antisemitismo, basado, en un principio, en el rechazo de los judíos a aceptar a Jesús como el Mesías y posteriormente asociado a la tradicional acusación de que los judíos son responsables de la muerte de Jesús.

Hemos visto como gracias a los movimientos y pensamientos anti judaísmo generados por el cristianismo, se fue propagando e imponiendo a través de una especie de proclamas y consignas difundidas en los sermones y escritos de los llamados “Padres de la Iglesia”: Orígenes, Agustín, etc.

Uno de los ejemplos de lo anterior, sucedió en Alejandría, y se le atribuye a Isidoro, un monje de origen griego quien fuera conocido con el sobrenombre de “El Hospitalario,” él es  el primer hombre  en la historia que organizó un partido político antisemita, porque los judíos, por medio de sus riquezas y su solidaridad interna, procuraban dominar el resto de la población.

Muchas otras técnicas han sido utilizadas por un gran número de personas, a lo largo de la historia de la humanidad, para desacreditar el judaísmo y montar una persecución y obviamente, sentimientos antisemitas. Varias de ellas están detalladas a continuación:

Tácito dijo: “Los judíos mantienen entre sí una visión obstinada, una activa conmiseración que contrasta con el rigor implacable que alimentan hacia los demás hombres. Nunca comen, jamás se acuestan en presencia de extranjeros y esa raza, aunque muy inclinada al libertinaje, se abstiene de todo trato con  mujeres extranjeras”.

También Tácito dijo: “Ellos eran ateos y carecían de costumbres religiosas perceptibles. Eran un pueblo militante respecto a la divulgación de su religión, despreciando a los dioses de los demás pueblos. No participaban del culto estatal, ni ofrecían sacrificios a los emperadores, despreciando las costumbres nacionales. Eran gente con temeridad y desenfrenada locura”

De Juvenal se conoce la siguiente afirmación: “los judíos consideraban a todo aquel que no fuera judío como su enemigo. Tenían hostilidad indiscriminada contra los gentiles. Eran inhumanos. No querían sentarse a la mesa ni compartir su comida con nadie que no fuera judío. No entablarían amistad con un gentil, ni le mostrarían el camino que lo conduce a la fuente”

Antisemitismo antes y después de las Cruzadas

Retomando el tema de la persecución antisemita generada por la Iglesia, no podemos olvidar a Las Cruzadas, las cuales tuvieron 3 orígenes específicos: el primero de ellos fue, el interés expansionista de la nobleza feudal, que deseaba obtener el control del comercio con Asia;  la segunda concepción fue de origen político que se dio sólo en la Cristiandad del siglo 11 al 15 de la Era Común; ella suponía una unión de todos los pueblos y soberanos bajo la dirección de los papas. Todas estas cruzadas se anunciaron por la predicación.

Después de pronunciar un voto solemne, cada guerrero recibía una cruz de las manos del Papa o de su legado, y era desde ese momento considerado como un soldado de la Iglesia (milites Christi, como les colocó el Papa Gregorio 7º, en el año de 1074). La tercera razón fue la de lograr recuperar a Tierra Santa, para que los peregrinos pudieran llegar a ella, sin temor de los vecinos, los turcos y/o musulmanes.

En relación al punto anterior, es curioso ver cómo el catolicismo parece olvidarse que hubo una “predicción o profecía “por parte de Jesús, acerca del comportamiento antisemita, que está escrita en el libro del Nuevo Testamento, más específicamente en Juan 16:1-5,  la cual advierte lo siguiente:

“Todo esto les he dicho para que no flaquee su fe. Los expulsarán de las sinagogas; y hasta viene el día en que cualquiera que los mate pensará que le está prestando un servicio a Dios.

Actuarán de este modo porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Y les digo esto para que cuando llegue ese día se acuerden de que ya se lo había advertido. Sin embargo, no les dije esto al principio porque yo estaba con ustedes. “

Simultáneamente a las cruzadas, existió la persecución a los judíos basados en la costumbre denominada “libelo de sangre”: en esta ceremonia culpaban a los judíos de cometer una recreación de la muerte de Cristo sacrificando, generalmente, a niños cristianos: este acto, era realizado durante la Pascua, con el fin de utilizar la sangre en la elaboración de la Matzá; el primer dato de este crimen fue documentado por el griego Apión, pero los más notorios datan, casi simultáneamente, con la época de Las Cruzadas; todavía hay señales de estas acusaciones tal como  la publicación del libro Matzá de Sion, escrito por el ministro de defensa sirio, Mustafá Tlass en 1983; una acusación en enero de 2005, por miembros de la Duma rusa acerca de un libelo de sangre contra los judíos, y  el libro La historia de los judíos escrito por  Hasan Hanizadeh, y su cuyo autor fue entrevistado por la televisión iraní el 20 de diciembre del 2005 en la que recuerda este tipo de crímenes.

De igual o mayor importancia en el crecimiento del antisemitismo está la posición española en momentos anteriores al descubrimiento de América en el año 1492.

La existencia de comunidades judías en territorio español desde tiempos remotos.

El hallazgo de evidencias arqueológicas lo confirman. Un anillo fenicio del siglo VII a. EC., hallado en Cádiz con inscripciones paleo-hebraicas y una ánfora, en la que aparecen dos símbolos hebreos del siglo I, encontrada en Ibiza, figuran entre las pruebas más contundentes de la presencia judía en la Península Ibérica.

La presencia hebrea en el actual territorio español se incrementó durante las Guerras Púnicas (218-202 a. EC.), y también se incrementó, varios siglos después,  como consecuencia de la conquista de Jerusalém por el general romano Tito, bajo mandato del emperador Vespasiano (70 EC.).

Posteriormente, la presencia hebrea en España también se debió a la importación de esclavos por los romanos para diversas actividades.

A esa etapa de crecimiento, le sobreviene la caída del Imperio romano en 476, que trae como consecuencia la invasión de la península por tribus germánicas, como los visigodos,  y ello genera una época de dificultad para los hebreos que en ella vivían.

Al sobrevenir la acepción del Cristianismo mal profesado como religión de los reinos bárbaros, y la instauración de la Iglesia Católica en España bajo el reinado de Recaredo (587 EC.), las comunidades judías pasan a ser dominadas completamente y se inicia una época de persecución, aislamiento y rechazo.

Es en esta época donde comienzan a fraguarse las primeras aljamas y juderías de las ciudades españolas donde hubo grandes asentamientos hebreos.

A partir del año 711, se inicia la «Edad de Oro» de la judería española.

La victoria del moro Táriq ibn Ziyad aseguró un ambiente propicio para una mejor convivencia para los hebreos, porque tuvieron garantía de vida, de propiedad de sus bienes y de libertad de culto, como también, un alto grado de autonomía jurídica;  esto le permite a la comunidad judía española crecer, organizarse  y avanzar culturalmente gracias a las grandes libertades expresadas previamente y  que ellos gozaban.

Esto influye para que numerosos judíos de diversos países de Europa y de los dominios árabes se trasladen a España, y Se integren en la comunidad existente, y enriqueciéndola en todos los sentidos, donde los judíos ocuparon puestos importantes y llegaron no sólo a amasar considerables fortunas, sino también a cultivar con éxito las artes y las ciencias, destacándose claramente en medicina, astronomía y matemáticas.

En el campo de la medicina era casi inconcebible pensar en un médico que no fuera de origen judío, especialmente aquellos cercanos a la casa real.

Un segunda pero muy corta época dorada del judaísmo en España, se produce en el momento en que comienza el reinado de Alfonso VI “el Emperador” (1126-1157), quien dio franca acogida y generosa protección a los hebreos arrojados de la España islámica en ejecución del Edicto de Abdelmumen, entre ellos a ilustres rabinos que se establecieron en Toledo, la que se transforma entonces en el centro cultural del judaísmo; numerosos doctores judíos brillan en los reinos españoles: entre ellos se pueden contar a Abraham ben-David, célebre filósofo y cabalista, autor de Emuná Ramá (Fe Sublime), y también del Sefer haCabalá (Libro de la Tradición); al maestro Hasdai Crescas, autor del tratado Or Adonai (Luz de Dios), a Yoséf Albo, autor del tratado de teología judaica, llamado el Séfer Ikarím(Tratado de los principios), a Todros Abulafia, Abraham Abulafia, y a Moisés de León (1240-1305), quien transforma la Cábala en su más alto nivel de desarrollo con el Séfer HaZohár (Libro del Esplendor); también al “Colegio de Traductores” de Toledo, que se encargó de propagar por el entonces mundo conocido, la filosofía árabe y judía, como lo prueban las traducciones que al latín y el castellano hicieron de obras de los grandes maestros árabes y judíos (Al-Kendi, Al-Farabi, Ibn-Roschd, Averroes, Ibn-Sima, Avicena, Abicebrón, Maimónides, etc.)

Don Jaime el Conquistador (1213-1273), rey de Aragón,  dicta el decreto que se conoce con el nombre de los “Fueros Valencianos”, ordenando también que todo cristiano que adopte la fe mosaica será quemado vivo. Desplegando hacia los judíos toda su caridad cristiana, envía a las sinagogas predicadores dominicos y franciscanos instruidos en el hebreo y el árabe, y a instancias del judío converso Fr. Pablo Christá asiste en 1263 y en 1265 a las polémicas que éste sostuvo en Barcelona con los rabinos Moshe ben-Najman y Ben Astruch de Porta, en las que quedó confundido Najman.

Pero en el siglo 13, los reyes españoles se vieron afectados en sus decisiones por la presión que ejercía la Iglesia, la cual pretendía la conversión de todos los judíos, ya que la Iglesia acusaba a los judíos de deicidio: por ello, en 1232 se estableció en Aragón el Tribunal de la Inquisición: varios enfrentamientos teológicos surgieron desde ese momento a consecuencia de la decisión de la Inquisición.

En el siglo 14 de la Era Común, las medidas en contra de los judíos se vuelven más estrictas: aparece el concilio de Letrán que prohíbe a los judíos ser médicos de cristianos, la aparición de  la Peste Negra fomenta el odio antisemita porque los judíos son acusados falsamente de su propagación. Por último, un ambiente de hostilidad reinante, desembocó en las matanzas de 1391.

A raíz de dichas matanzas, surgieron otras formas de antisemitismo: obligar a la conversión al catolicismo de cualquier manera;  en el Congreso Teológico de Tortosa, convocado por don Pedro de Luna (Benedicto XIII), el judío converso Jerónimo de Santa Fe (Jehosuah Ha-Lorqui) sostuvo, en el año de 1413, el cumplimiento de las profecías mesiánicas en polémica con catorce rabinos aragoneses. todos ellos, menos Rabí Joseph Albo y Rabí Ferrer, se dieron por convencidos y abjuraron de su error, cuya ruidosa conversión fue seguida de otras muchas en todo el reino de Aragón.

Antisemitismo en el siglo 15 y posterior

Finalmente el siglo 15 de la Era Común fue el que puso el fin al crecimiento judío en España y su nueva diseminación y dispersión por todo el mundo, incluyendo la recién descubierta América: En 1476 se establece el más famoso Tribunal de la Inquisición, instaurado en la ciudad de Sevilla, el cual, siete años después de su fundación, empieza a ser regido por fray Tomás de Torquemada bajo el cargo de Inquisidor General, por orden del entonces papa Sixto 5º; Tomas de Torquemada fue un furibundo perseguidor de los judíos, encargándose de acentuar la presión a los judíos y obligándolos a escuchar las predicaciones de los dominicos en las sinagogas.

Ningún valor tuvo la financiación ofrecida por don Isaac Abravanel y don Abraham Senior, que ocupaban los cargos de Contador Mayor de Castilla y Rabino Mayor del reino pretendiendo y permitiendo sufragar los gastos de la guerra, para que los actuales reyes de España no firmaran el 31 de marzo de 1492 el Edicto de expulsión, conocido como El Decreto de Alhambra.

La gran mayoría de los estos judíos expulsados de la península Ibérica, serían recibidos en el Imperio otomano, que a la sazón estaba en su máximo apogeo. El Sultán Bayaceto 2º permitió el establecimiento de los judíos en todos los dominios de su imperio, enviando navíos de la flota otomana a los puertos españoles y recibiendo a algunos de ellos personalmente en los muelles de Estambul.  Es famosa la frase del Sultán que traduce: aquellos que les mandan pierden, yo gano.

Estos judíos se establecieron cuatro comunidades en el Imperio otomano, mucho más grandes que cualquiera de las de España, siendo las dos mayores la de Salónica y la de Estambul, mientras que la de Esmirna, en Turquía, y la de Safed, en Israel, fueron las de menor tamaño.

Sin embargo, se documenta su establecimiento en casi todas las ciudades importantes del imperio, fundando comunidades en Sarajevo (Bosnia), Belgrado (Serbia), Monastir (República de Macedonia), Sofía y Russe (Bulgaria), Bucarest (Rumanía), Alejandría (Egipto) y Edirne, Çanakkale, Tekirda? y Bursa en la actual Turquía.

Aproximadamente el 30% de los judíos expulsados de España se radican en Portugal: de ellos, gracias a un decreto de expulsión firmado por el entonces rey Manuel, un gran porcentaje migra a las costas africanas extendiéndose hasta el Cabo de Buena Esperanza, bajo la dirección de Fernando de Nohora, un judío converso;  también llega a las Indias Occidentales un alto porcentaje de conversos, guiados por Gaspar de Gama, estableciéndose, por esta vía en Brasil y en Curaçao.

Desafortunadamente para los conversos, la Inquisición les “siguió su huella” instaurando tribunales en Lima, México y Cartagena de Indias

Siglos más tarde, otro tipo de antisemitismo surge, más específicamente durante la década de 1870, asociados con la aparición de las teorías de Evolución de Charles Darwin: en ese momento se empieza a considerar al judío como miembro de una “raza inferior” en la escala evolutiva: este dato fue apoyado por el programa Nazi con posterioridad: además, los grupos antisemitas consideraron también, que las bases genéticas de este grupo de individuos, estaban alteradas.

Aparece también, hacia finales del siglo 19, el historiador Heinrich von Treitschke fue un furibundo antisemita («Die Juden sind unser Unglück» / «Los judíos son nuestra desgracia»),

Antisemitismo moderno

En Francia, a partir de 1.895 el célebre caso Dreyfus muestra la importancia del antisemitismo. Un capitán del ejército, Alfred Dreyfus, fue acusado de espionaje. Era judío: por lo tanto, debía ser culpable.

Datos que se tienen acerca del antisemitismo en la época pre hitleriana era, sin duda alguna, mucho más intensa en Austria que en Alemania. Entre 1897 y 1914, Viena estuvo gobernada por el Partido Social Cristiano, cuyo líder, el inmensamente popular Karl Lueger, se constituyera en una especie de modelo para el joven Hitler.

También vemos como el programa del Partido Nazi propugnaba retirar todos sus derechos a los judíos: en una publicación del 24 de febrero de 1920 se encontraron los siguientes puntos:

-Solo los ciudadanos pueden beneficiarse de los derechos cívicos. Para ser ciudadano, es necesario ser de sangre alemana, sin importar la religión. Ningún judío puede ser ciudadano.

-Exigimos la libertad en Alemania de todas las religiones, en la medida en que no pongan en peligro ni ofendan el sentimiento moral de la raza germánica. [..] El Partido combate el espíritu judeo-materialista. 

Otra muestra de antisemitismo en este caso en Costa Rica, se encuentra en la Circular n° 667-F de la Secretaría de Relaciones Exteriores, del 7 de noviembre de 1939, dirigida a los representantes consulares:

“Ruego a usted abstenerse de visar pasaportes que a esa oficina consular presenten individuos pertenecientes a la raza judía […].Esta prohibición es general, y por ningún motivo se concederán excepciones en el procedimiento”.

Podemos seguir relacionando frases como las que se detallan a continuación, las cuales son sólo una pequeña muestra de los comentarios más actualizados; estos siguen fomentando el antisemitismo y  han sido publicados a través de los diferentes medios de información:

La Conferencia Mundial contra el racismo celebrada en Durban en agosto de 2001, recupera la Resolución 3379 de la ONU aprobada en 1975 (y luego derogada en 1991) que asimilaba el “sionismo” como “una forma de racismo y discriminación racial”.

El creador del sitio Wikileaks,  Julian Assange que conmocionó al mundo de la diplomacia acusó a los judíos de armar una conspiración en su contra.

El obispo británico Richard Williamson, conocido por sus declaraciones negacionistas del Holocausto judío y miembro de la ultraconservadora Hermandad de Pío, será juzgado este verano en Alemania por incitación al odio racial.

El presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, acusó a Israel de perpetuar el terror, y culpó al “régimen sionista” de poner en marcha la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial. “El régimen sionista hace siempre lo mismo. Destruye las casas de la gente y arrasa con la tierra”, dijo Ahmadinejad en declaraciones que publicó The Washington Post.

Ningún tipo de persecución religiosa, política, de género o de cualquier índole es hoy en día aceptada por el consenso general de las naciones en el mundo; sin embargo, el antisemitismo es hoy en día una corriente tan actual y tan vigente como lo fue desde el principio de la historia de la humanidad, aunque haya pasado por el “perdón” que la iglesia pidió al judaísmo por los crímenes en la época de la segunda guerra mundial y por el perdón al Deicidio.

El  antisemitismo se ha tornado cada vez más sofisticado, ha logrado  infiltrarse en la política y ha logrado hasta disfrazarse de antirracismo, pero le sigue negando al judío sus derechos  inclusive deslegitimizando al estado de Israel y su derecho de subsistir y sobrevivir como nación y sigue siendo tan irracional como el que existía en la época medieval o la del nazismo.

En el diario El Comercio de México, en su edición del 24 de marzo del presente año, con relación al ataque de Toulouse, declara: Lo que sí hay en el Corán es el reconocimiento de algo que hoy el Islam radical dejó totalmente de lado, que Dios “eligió” al pueblo judío y que por eso los judíos son “Bnei Israel”. Hay incluso un versículo en el Corán que reconoce que Dios prometió al pueblo de Israel la tierra de Israel. Pero lo dejan de lado, lo hacen olvidar.

¿Qué queremos decir con el punto anterior?

  • Que el mundo entero olvida los aportes que ha hecho el pueblo judío a las diferentes civilizaciones: hoy en día la población judía siendo menor al 1% de la población mundial,  ha recibido más de 170 premios Nobel como reconocimiento a su producción intelectual.
  • Que en lugar de ello ha querido buscar un “chivo expiatorio” para todas las “cosas malas” pero olvida que está prejuzgando y llenándose de  estereotipos para no asumir la responsabilidad de lo que le corresponde: el mundo en particular y en general debe buscar los medios necesarios para resolver problemas como  el hambre en África, los genocidios cotidianos en países como Irán;
  • Que cada uno de los creyentes en Jesús tome conciencia y empiece a olvidar la famosa “teología de la sustitución” del viejo Israel (los judíos) por el nuevo Israel (los cristianos) porque contradice flagrantemente la voluntad de Cristo cuando éste dice: “No penséis que he venido a abolir la Ley  y los Profetas. No he venido a abolir sino a dar cumplimiento”
  • Que, todas las naciones del mundo y todos los medios de comunicación, busquen  el uso de medios rigurosos  y responsables que impida la continua proyección del  antisemitismo  y del racismo para que se preste un efectivo servicio a la Paz mundial.
  • Que el Estado de Israel tiene el mismo derecho a la supervivencia como cualquiera de los  hoy más de 200 países del mundo
  • Que lo que sucede con relación a los palestinos no es sólo culpa del judaísmo sino que interviene, desde el principio, la necesidad del Islám, de “echar a los judíos al mar” declaración inmediatamente posterior a la declaración de Independencia del Estado de Israel…
  • y muchas reflexiones más.

 

Publicado 27 de Marzo de 2012 – 04 de Nisan de 5772

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