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PorMax Stroh Kaufman

El Chisme

El chisme.

 

El chisme es un gran mal, muy generalizado; es un gran problema.

Es un acto que se puede describir con las siguientes palabras “murmuración”, “ser entrometido”, “habladurías”, “calumnia”,etc .

 

¿Por qué las personas son chismosas y cómo evitarlo?

 

Los chismes no tienen restricciones y son a menudo una conversación peyorativa sobre otras personas, y pueden implicar traicionar la confianza y difundir información sensible o juicios dañinos.

Ciertas investigaciones suelen demostrar que las personas que cotillean más tienen niveles muy altos de ansiedad.

En general, no son particularmente populares porque no se puede confiar en ellos.

Difundir información privada o juicios negativos es doloroso para los demás y refleja pobremente a los chismosos.

 

¿Por qué la gente es chismosa?

 

  • Cuando quieren sentirse superior

 

Las personas que no se sienten bien consigo mismas se sienten temporalmente mejor cuando juzgan a los demás negativamente.

 

  • Por aburrimiento

 

Cuando las personas no pueden generar discusiones interesantes basadas en el conocimiento o las ideas, los chismes pueden despertar el interés de la gente.

 

  • Por envidia

 

La gente murmura y calumnia  para herir a aquellos cuya popularidad, talentos o estilo de vida envidian.

 

  • Sentirse parte del grupo

 

La gente lo hace para sentir que pertenecen a un grupo específico.

Sin embargo, cuando la aceptación se basa en estar “en secreto”, no se basa en la identidad de una persona, sino en la exclusión o malicia.

 

  • Por atención

 

Una persona llega a ser el centro de atención temporalmente mientras divulga un chisme. Sin embargo, difundir chismes o rumores es como comprar atención; es temporal y tiene poca base.

 

  • Fuera de la ira o la infelicidad

 

Una persona puede derivar un sentido de retribución con comentarios despectivos.

 

¿Siempre es malo hablar de los demás?

 

La mayoría de las personas tiene una curiosidad natural sobre lo que sucede entre las personas de la comunidad.

Algunos de los mejores libros son biografías que cuentan las historias de vida de otras personas.

Sin embargo, las mejores biografías le dan al lector una comprensión de los matices y la complejidad del carácter de la persona a través de los hechos.

No se basan en juicios unilaterales y ofensivos de la persona.

 

La clave es mirar la intención de uno al hablar sobre otras personas y relaciones.

 

La intención es: ¿comprender la naturaleza humana y mejorar la calidad de vida y las relaciones?

 

O bien, ¿tiene la intención de sentirse temporalmente superior o llamar la atención al menospreciar a los demás?

 

Respuestas a chismes no deseados:

 

Supongamos que alguien está hablando sobre Maria…

Es importante no alimentar al chismoso con curiosidad, acuerdo y más preguntas.

Lo mejor es simplemente cambiar el tema.

Aquí hay algunas otras posibles respuestas:

 

“Noté que hablas mucho de Maria. Tengo curiosidad de por qué te interesa tanto?

 

“Echemos un vistazo desde el lado de Maria”.

 

“Estoy más interesado en lo que estás haciendo”.

 

“Hablemos de algo más positivo o decidamos qué haremos esta tarde”.

 

“Me siento incómodo escuchando juicios negativos sobre las personas a menos que descubramos cómo ayudarlos”.

 

¿Que hay en la Torá?

Como referencia, encontramos algunas frases, para revisar:

Mishle / Proverbios 21:23

Mishle / Proverbios 20:19

Mishle / Proverbios 18:7-8

Mishle / Proverbios 16:28

Mishle / Proverbios 11:12-13

 

Conclusión

 

El chismorreo muestra a los demás la inseguridad y la indulgencia del chismoso.

También deja a todos los involucrados con la sensación de haber comido una manzana podrida.

Muy aproximado a como lo encontramos en nuestra reflexión:  Un chisme mata a tres personas: el que lo dice, el que escucha, y quien es tema de los chismes. (Talmud).

 

En última instancia, la comprensión de las complejidades de las relaciones y el comportamiento humanos es más interesante, inspiradora y esclarecedora que los juicios y rumores unidimensionales.

PorMax Stroh Kaufman

Chisme y lepra

EL CHISME: LA  LEPRA DEL S. 21.

Parashá tzaria.

Para hablar del chisme tenemos que empezar por la siguiente reflexión:

Muy probablemente, en algún momento de nuestras vidas, hemos escuchado o hemos utilizad la frase: “las palabras se las lleva el viento”  y por ello nos surgen unas preguntas: la primera podría ser:

¿Quién fue la primera persona que dijo que a las palabras se las lleva el viento?

¿Por qué esta frase es tan popular? ¿Qué tiene que ver con esta parashá?

Empecemos a contestarla: en primer lugar, su origen se desconoce;

En segundo lugar podríamos decir que la popularidad es por no prestar la debida atención a la enseñanza  contenida en la parashá que estamos tratando hoy, y…

En tercer lugar, la aflicción llamada Tzaráat que ha sido mal  traducida como lepra,  no se refiere a la enfermedad de Hansen, la cual es una infección producida por la bacteria micobacterium leprae, enfermedad muy bien documentada en el Oriente Medio desde tiempos antiguos.

La lepra o tzaráat en hebreo era una infección en la piel, la ropa y los objetos personales,

Ella aparecía como consecuencia de una condición espiritual pecaminosa, y esta es la razón por la que era tratada por el sacerdote; el tzaráat era una plaga enviada a los hijos de Israel como respuesta a la desobediencia.

En los tiempos del Templo, cuando una persona chismeaba (chismoseaba) sobre su prójimo (y también a través de otras variadas enfermedades sociales como la avaricia y la vanidad), un día encontraba una mancha verde o roja que se esparcía en la pared de su casa…

Para averiguar qué sucedía, tenía que llamar al Cohén para que determinara que tipo de mancha era, y que se debía hacer con ella; incluso, si el Cohén no tenía idea, él consultaba con los expertos y luego determinaba de qué tipo era.

El veredicto final se determinaba con la palabra del Cohén, para enfatizar el poder de la palabra hablada. Entonces, lo que se define en esta parashá, es todo lo relativo a la aparición de la enfermedad de la piel llamada tzaraat, y los procedimientos para su purificación.

Entonces, podemos entender que hay dos tipos de palabra: “la buena y la mala”: la mala, que es a lo que nos vamos a referir, es aquella conocida con los términos  de lashón hará, y está formado, básicamente, por el mal hablar, los chismes, que se hacen acerca de otra persona.

Para prevenirnos, veamos lo que nos dice el Midrash Tehilím 12:4:
“Dijo Rabí Shimón bar Yojai: ‘Las malas lenguas matan a tres personas, al que habla, al que escucha, y a la persona sobre la cual se habla.’”

Otra explicación de que tzaráat tiene que ver con el poder de la palabra, nos la enseñan nuestros sabios, al decirnos  que la palabra tzaráat es un acrónimo de “el que emana maldad”, (motzi-ra), el charlatán. Por lo tanto, la enfermedad se origina de las malas palabras que decimos de los demás (aunque sean ciertas).

Lashón Hará es la fuente de muchas enfermedades sociales.

Ha causado la disolución de numerosas amistades, el término de incontables matrimonios y ha generado un sufrimiento inconmensurable.

Odio, celos y disputas se esparcen por medio del Lashón Hará, tal como las enfermedades se esparcen a través de la suciedad y los gérmenes.

El hablar Lashón Hará también ha dado como resultado que las personas pierdan sus ingresos y no es una exageración decir que ha conducido a muchos a la muerte.

La maldad del Lashón Hará es universalmente reconocida, y para detener el efecto del lashón hará, es necesario desarrollar una actitud positiva sobre los otros.

Si la actitud básica de una persona es negativa, entonces no importa cuán fuerte él trate de controlarlo. Finalmente va a emerger. Una casa llena de paja, no importa lo bien sellada que esté, va a tener paja saliendo por sus rendijas.

Un relato que encontramos en las enseñanzas de nuestros sabios se encuentra en Vaikrá Rabá 33:1, que nos dice: “Raban Gamliel ordenó a su siervo Tobi que le trajera lo mejor que hubiera en el mercado.

El esclavo le trajo una lengua. Al día siguiente el maestro le ordenó que trajera lo peor que encontrara en el mercado. Nuevamente Tobi le trajo una lengua.
Cuando se le pidió explicación, el sabio siervo dijo: “No hay cosa mejor que una buena lengua, y nada peor que una mala lengua””.

Como prueba, recordemos a Miriam, la hermana de Moshé y Aarón, que mencionó algo acerca del color de piel de Tzipora, la esposa de Moshé, que era negra.

Y enseguida, Miriam quedó enferma de esta enfermedad y debió ser separada de todo el pueblo y pasar a vivir fuera de los límites del campamento hasta que fuera purificada.

Al cabo de unos días, Sin embargo, se requirió que Moshé reacciona presurosamente y la perdonara, rezando al Eterno la oración: “El na refa na la – “¡Oh Elohim, sánala, por favor!

A los pocos días Miriam retornó, curada, y aprendiendo que, aquel que se entretiene con el lashón hará -habladuría, murmuraciones, chismes-, pone su vida y salud en riesgo.

¿Cómo era evaluada la tzaráat?: el Cohén ordenaba vaciar el contenido de la casa, para prevenir que se impurificaran con el veredicto del Cohén.

Si el Cohén veía un brote impuro, la casa era sellada por una semana.

En el caso que la mancha se esparza, el Cohén decreta que se quiten las piedras contaminadas y se vuelva a empastar la pared.

Si continúa expandiéndose, se debe demoler la casa.

Luego el Cohén reprochaba al chismoso por su discurso negativo. Si el chisme persistía, el siguiente nivel de mancha aparecía en su vestimenta que eventualmente debía ser quemada.

Nuevamente el Cohén reprochaba al chismoso y si él persistía, la mancha aparecía en su cuerpo.

La Torá describe con vívidos detalles las variadas formas de Tzaraat en el cuerpo

–El brote es blanco de variados matices (comparados con la nieve y la lana), puede aparecer sobre una herida o quemadura que ya sanó o en la cabeza (sobre el pelo, barba o sobre la calvicie).

De este modo, la Torá describe tres tipos de tzaraat – Seét, sapájat y bahéret: a ellas, el Midrash Rabá las compara con tres poderes que han oprimido al pueblo judío – Babilonia, Media (donde vivió Amán), y Grecia, respectivamente.

La persona afectada con Tzaraat era puesta en cuarentena por una semana para ver si se esparcía. Sorpresivamente, si cubría el cuerpo completo, él estaba puro, pero si aparecía una pequeña área no contaminada, estaba impuro. Se ofrecen varias razones para esta paradoja.

Si cubre un área tan grande, debe ser muy superficial y debe estar retirándose del sistema.

Cuando se proclamaba a una persona impura por Tzaraat, él debía romper sus ropas y no cortarse el pelo. Debía ser expulsado de la comunidad y debía estar solo hasta que los síntomas se fueran.

Esto es un equivalente a lo que los sabios llaman “medida por medida”, porque al haber diseminado chismes, él puso una pared divisoria entre las personas, entonces, ahora él debe estar solo y meditar sobre las consecuencias.

Cuando el brote de Tzaraat desaparece, se llama al Cohén fuera del campamento a confirmar los hechos.

Pero, ¿por qué hay que llamar a un Cohén?

Porque es una forma como Eterno, en su misericordia infinita diseñó un sistema de retroalimentación para indicar que algo está mal y que necesita corrección, de la misma manera que, en los automóviles hay una luz que indica que el motor requiere de chequeo…

Y pues son ellos los que se encuentran en una situación aventajada para el diagnóstico de la dimensión física de la enfermedad, porque procuran buscar una solución a este problema.

¿Y que dicen los sabios?

Aunque nos enseñan nuestros sabios que la tzaraat estaba confinada al Estado de Israel o a un territorio santificado, es a través de estas enseñanzas que, podemos entender ahora, como es que sucedía, en otros tiempos, cuando la persona que abusaba de su lengua, no sólo recibía una sanción de tipo moral, del modo como sucedería hoy en día (si A habló mal de mí, y B me lo cuenta, entonces dejo de hablar con A, y algunas veces también con B, por venir con cuentos…); sino que le llegaba la justa recompensa por su mala conducta.

Quedaba enfermo, y no una enfermedad silenciosa, interna y secreta, sino Tzaraat, que era macabra, muy parecida a la lepra (con la cual se confunde a menudo).

Aparecían en esta persona, manchones blancos, o verdes y rojos, sobre cualquier parte del cuerpo, y para que comprendamos su naturaleza especial, las manchas también solían aparecer en ropas, utensilios, viviendas, pertenencias del afectado.

Al estilo de ain tajat ain (literalmente: ojo por ojo), cuando hablamos mal y llevamos la intención de dañar a alguien, lo que nos proponemos es separarlo de la sociedad, del grupo en el cual se mueve.

Si decimos, por ejemplo, Shmuel es un ladrón, entonces, ¿quién va a confiar en él? Lo alejamos de sus conocidos.
Entonces, aparece el Nega-Tzaraat y el que queda fuera es el maledicente, el que intenta echar a otro.
Guardando nuestra arma más eficaz, la lengua, guardaremos de dañarnos.

Según los jajamim, una persona o su casa, puede padecer de nega tzaraát por causa del lashón hará

Esto es – la maledicencia, la calumnia, el chisme.
Este nega tzaraát, es posible traducirlo como “llaga de metzorá“. Sin embargo, hay una interpretación que nos permite aprender algo muy importante de la palabra nega.


Nega
(llaga) se escribe: nun-guimel-ain.
Y la palabra oneg (deleite) se escribe: ain-nun-guimel.
¿Qué diferencia una palabra de otra?
Donde está ubicada el “ain”.
Y ¿qué es “ain”?
Ain es ojo.
Es decir, dependiendo de en qué ponemos nuestro “ain”, padeceremos o nos deleitaremos.
Si aprendemos a valorar la mitad llena de la botella, en lugar de siempre suspirar por la mitad vacía, estaremos siempre gozando, teniendo oneg, y apartando de nosotros el nega de la habladuría.
Como enseñan nuestros sabios:

“¿Quién es rico (afortunado)? El que se complace con lo que ya tiene”.

¿Quién es entonces rico según lo revisado?

Aquel que busca que toda la llaga mala se transforme en el placer sagrado, nega ra – oneg shel kedushá.

Aquel que procura que todas las aguas amargas, malas, inferiores, se conecten y se transformen en aguas superiores dulces…

Agua de laTorá, para alimentarse de ella, y para vivir de ella, según sus enseñanzas, mitzvot, jukim y mishpatim.

11 de diciembre de 2012 — 27 de Kislev de 5773