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PorMax Stroh Kaufman

Xenofobia y el Día de la Raza

Xenofobia

En honor al próximo día de las razas.

 

Han hablado sobre el tema diferentes personajes:

  • Bob Marley: “Las guerras seguirán mientras el color de la piel siga siendo más importante que el de los ojos”
  • Marthin Luther King:” Tengo un sueño, que mis cuatro hijos pequeños podrán vivir en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por el valor de su carácter.
  •  Miguel de Unamuno: “El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando.”
  • Eleanor Roosevelt: “Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento.”

El 21 de diciembre de 1965, Fue redactada y salió a la luz una publicación, formulada por la UNESCO y relacionada con el racismo y los prejuicios raciales, que se basó en una serie de puntos fundamentales que son:

El primero de ellos dice: Todos los hombres que viven en nuestro tiempo pertenecen a la misma especie y descienden del mismo tronco;

El segundo de ellos dice: La división de la especie humana en “razas” es meramente convencional y no implica ninguna jerarquía en ningún orden;

Estos hicieron parte de lo que se llamó y fue reconocido como La Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, que buscaba la necesidad de eliminar, rápidamente en todas las partes del mundo, la discriminación racial en todas sus formas y manifestaciones y de asegurar la comprensión y el respeto de la dignidad de la persona humana,

Esta comisión determino que,  xenofobia  es:

Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública.

La xenofobia, o el miedo al forastero, es una forma de prejuicio que se manifiesta con indiferencia,  falta de empatía hacia el extranjero, y puede llegar a la agresión física y el asesinato. Las causas de la xenofobia no son siempre las mismas. A veces surge la aversión contra el vecino despreciado cuando este alcanza una posición mejor y más elevada. Otras veces brota donde existe una minoría que logra mejores condiciones de vida que la mayoría con la que convive, y que por ser minoría intenta afirmarse en una serie de características para poder sobrevivir, las cuales llevan poco a poco a una completa segregación. En la historia, la xenofobia ha existido y se ha hecho presente entre múltiples civilizaciones y culturas: en la Grecia clásica por ejemplo se evidencia, no sólo en los escritos platónicos, sino en la sobre-valoración de la «polis», de la propia cultura en detrimento de las demás.

También se ha visto en la historia como muchos miembros de religiones étnicas, suelen ser sectarios, manteniéndose circunscritos dentro de sus grupos sin establecer relaciones con otras etnias, por cuestiones culturales que han heredado de sus ancestros: uno de esos grupos es el judío, que ha sido perseguido desde el principio de los tiempos y todavía existe discriminación contra ellos aunque no lo parezca, y el evento más reciente que así lo demuestra, fue la segunda guerra mundial, en la cual fueron exterminados millones de ellos solamente por el hecho de ser judíos.

En Alemania, a pesar de la historia, son comunes los ataques de los grupos de filiación neonazi, que incendian casas de inmigrantes y provocan todo tipo de lesiones y daños, promovidas por los skinheads (cabezas rapadas), los redskin (comunistas), los naziskin (nacionalistas) y los blackskin (negros racistas), quienes consideran que, todo extranjero constituye un obstáculo en su camino, y por ello, convierten a todo aquel que es “diferente,” en un nuevo enemigo social.

La Xenofobia se ha dado por la forma como, históricamente, han sido elaboradas y construidas las identidades  nacionales, las cuales han surgido por obra y gracia de los intereses dominantes, del  momento. Una de estas formas ha sido  la de inculcar, en las escuelas, la importancia individual de la ciudadanía que se tiene, generando así un nacionalismo exacerbado, el cual ha permitido, de este modo, dar un criterio de aceptabilidad, a quien goza de ella y no aceptabilidad a quien está en la posición contraria.

La Xenofobia también se ha construido en la forma como se han producido las guerras, las invasiones y los desplazamientos humanos a lo largo de la historia, como por ejemplo sucedió lo con los romanos, quienes, mediante guerras y luchas de grandes proporciones, lograron desplazamientos de grandes grupos poblacionales que generó inconformidad en las localidades donde llegaron estos desplazados: Xenofobia también se dio cuando un puñado de hombres llegaron a las tierras americanas, con el propósito de saquear, esclavizar y matar a poblaciones locales, de una forma como no se había visto hasta el momento; también la xenofobia surgió por un fervor religioso que buscaba la conversión de los judíos hacia el catolicismo, y, por supuesto, el concepto del deicidio: con este concepto, a lo largo de muchos siglos, se ha sostenido la responsabilidad judía de la muerte de Jesús.

Sobre el punto anterior, la Enciclopedia Judaica Castellana, México, D. F., 1949, Tomo VI, página 257, expresa lo siguiente:

“Decir que los judíos pedían precisamente la crucifixión, equivaldría a que pidieran hoy la ejecución de un rebelde judío en la cámara de muerte de los nazis. Es sencillamente increíble, aun prescindiendo de la absurda suposición de que el pueblo estuviera unánime en su condena. Es histórica y psicológicamente imposible que los fariseos, el partido más numeroso, más democrático y más humano del país, pidiese esa muerte espantosa de un individuo que no había cometido ningún crimen. Y no hay que olvidar que los partidarios de Jesús, los que fundaron el cristianismo primitivo, eran exclusivamente judíos”

Además, halájicamente, es difícil creer que un tribunal (Sanedrín) se reuniese realmente la primera noche de la pascua, tal como Mateo y Marcos lo afirman.

El mundo entero está tratando de combatir todas las formas de este mal: se ha concluido en múltiples actos que El Racismo y la Xenofobia son condenables en todas sus formas y en cualquier parte donde ocurran;  sin embargo, se aprecia que la xenofobia está muy lejos de desaparecer, porque, los actos racistas, los agravios individuales, la desconfianza hacia los extranjeros y las diferentes lenguas y religiones permanecen presentes en todos los rincones del planeta: sin embargo están, entre otros, El Tratado de Ámsterdam del año 1998, que especifica las competencias de la Unión en la lucha contra el racismo, la creación de fechas como la del 21 de marzo, que fue designado Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial, y el 16 de noviembre en el que se celebra, el Día Mundial de la Tolerancia; la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, en Suráfrica.

 

 

Para reflexionar, dos frases:

La primera: si estamos convencidos que todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, ¿porque tenemos que diferenciar al hermano?

La segunda: Si tu Dios es judío, tus pizzas italianas y tu coche alemán ¿Por qué llamas extranjero a tu vecino?

Articulo elaborado por 321judaismo.com – 08 de Octubre de 2013 / 04 de 

PorMax Stroh Kaufman

Xenofobia y Antisemitismo

Xenofobia y Antisemitismo

Nota de la redacción: Encontramos este artículo de Xenofobia y antisemitismo en nuestros archivos, no tenemos ni conocemos  la fuente, pero lo publicamos textualmente como lo encontramos y lo citamos como enseñanza, basándonos en el precepto universal que el conocimiento es derecho fundamental de cada individuo y permite el desarrollo individual de la persona.

Xenofobia y antisemitismo

(Parashá bereshit 47:27 y Shemot 2:2)

Bienvenidos a Egipto”, decía el cartel con el que fueron recibidos Yakov y su familia en el paso fronterizo cuando llegaron en la época en que Yosef era virrey. “¿Me permiten los pasaportes? Les debo extender las visas… ¿por cuánto tiempo piensan quedarse?”

“¡Somos turistas!” – contestaron los hijos de Iaakov – “venimos al país en forma temporaria”.

“¡Muchas valijas para una familia que planea quedarse por poco tiempo… pero… no importa, pasen igual porque veo que vienen en los carruajes del rey, así que debe estar todo en regla”.

Así empezó todo.

Llegaron como turistas y Jacob bien se lo hizo saber a su familia. Yosef aportó lo suyo con la idea de que vivan en la tierra de Goshen (en el delta del Nilo) para que estén alejados de los centros “culturales” egipcios.

Aun así, dice el versículo que “vaieajazú ba” (“se asentaron en ella” – Bereshit 47:27) y se volvieron parte de la tierra. (R. Sh.R.Hirsch sz”l). Iaakov falleció y a duras penas lograron, solo sus hijos, la “visa” de salida (transitoria) para ausentarse brevemente del país, custodiados por soldados egipcios y dejando a sus hijos en Egipto (¿cómo rehenes?) para enterrarlo en Jevrón.

Fue su última visita al exterior.

La frontera estaría cerrada de ahí en más.

Vatimalé ha’aretz otam” (Shmot 1:7) – la tierra se llenó de ellos.

Por donde uno iba veía judíos. En los teatros, en los circos, en la cancha… “¿Cuántos judíos deben haber? ¡¡¡Están por todos lados!!!” pensaría más de un egipcio, alguna vez incluso en voz alta. “Ya no son los de antes, que se manejaban entre ellos discretamente. Ahora se creen los dueños del país”.

“¡Lo mínimo que pueden hacer es callarse la boca…” – pensaban algunos judíos – “gracias a nosotros que este país está vivo.

Si no fuese por Yosef y su administración excepcional, ya hubiesen desaparecido del mapa”.

Sin embargo, el que desapareció, o, mejor dicho, falleció y lo hicieron borrar de los manuales de historia del país, fue el propio Yosef. Los egipcios no sabían, o no querían, saber de él.

Así fue que comenzaron las sospechas y los prejuicios. “Cuidado, quien sabe… si los judíos son cada día más… Aparte, con lo bien que les va, podrían aportar un poco más al tesoro nacional para bajar la deuda externa…”.

Los judíos no dejaban de extrañarse. “¿Por qué se la agarran con nosotros? ¿Acaso no demostramos que somos buenos ciudadanos patriotas? ¡Cantamos fervorosamente el himno nacional, luchamos voluntariamente por nuestro ‘Vaterland’ (patria), ¡nos ponemos la camiseta de la selección cada vez que hay un mundial…!”

Puede que hayan tenido razón, pero no hubo caso.

Habían caído en desgracia hasta con sus propios vecinos egipcios.

Aquellos que todos los días los habían saludado cordialmente: “¡Good morning! ¿How are you today? – ¡Have a good day!” de repente les daban la espalda.

(Estimado lector: las palabras en alemán y en inglés no solamente le permitirán a Ud. establecer las comparaciones con eventos posteriores análogos de la historia, sino que se deben también a que mi dominio de la lengua egipcia es muy pobre…)

Fue en aquel momento cuando surgió la gran oferta del Faraón para que los patriotas pudieran demostrar “que tenían la camiseta bien puesta”: “¡Uncle Sam needs you! Venga y apoye los nuevos proyectos del Faraón.

Se construirán ciudades de abastecimiento para que no falte nunca comida para nadie.

Aporte tan sólo un ladrillo”. (Una obra por cierto “faraónica”). Comenzó, pues, una gran discusión entre los judíos.

La gran mayoría de ellos vieron esto como una gran oportunidad de demostrar lo “buenos egipcios” que eran.

No fueron a aportar un ladrillo. Se los veía publicitando su causa: “Comisión Judía por un Egipto Grande”. Otros, los de la tribu de Leví, fueron más cautelosos.

Dado que la Dirección Impositiva (egipcia) exceptuaba de pago a los “seminaristas” ya desde la época de Yosef, y de todos modos se dedicaban al estudio, decidieron seguir con lo que venían haciendo hasta el momento: estudiar.

Los egipcios y algunos propios judíos miraban a la tribu de Leví con desdén: “judíos parásitos”, etc., pero la tribu de Leví siguió con la suya.

No pasó mucho tiempo y los “grandes contribuyentes” judíos no podían seguir el ritmo de los aportes que, mientras tanto, se habían convertido en obligatorios.

Los carteles ahora leían: “en contra de la evasión y a favor suyo”. Si no podían cumplir con su cuota, pues que aportaran con mano de obra.

La “clase media” desapareció. Ahora eran esclavos. (No se olviden que la identidad de una persona en Egipto estaba dada por su oficio.

Uno valía por lo que trabajaba. Por eso es que el Faraón les había preguntado a los hermanos de Iosef apenas llegaron: “¿A qué se dedican?”)

Sin embargo, hagamos una aclaración. Esclavos sí. Pero con “estilo”.

A pesar de haber caído hasta pertenecer a una nueva clase social, la de los esclavos, no había delincuencia entre ellos.

No había delación ni “buchones” y, es más, los encargados judíos ofrecían su propia espalda para recibir los golpes de látigo de los supervisores egipcios cuando los obreros judíos no llegaban a cumplir con su cuota.

Pero lo que más enfurecía al Faraón era que los judíos se multiplicaran cada vez más y, para peor, que se siguieran distinguiendo de los egipcios como una nación aparte.

Por la vestimenta que usaban, se notaba a la legua si una persona era judía, o no.

Cada vez que venían a anotar a un recién nacido en el Registro Civil, aparecían con nombres que sólo ellos sabían pronunciar.

Y, entre ellos hablaban siempre ese mismo idioma raro “de ellos”.

Es verdad que algunos adoraban a los “ídolos” egipcios (tenían los posters de “ricos y famosos” colgados en los dormitorios), lo cual no estaba bien, pero eso no cambiaba lo demás que era admirable en esa coyuntura.

“Era cuestión de profundizar ‘el modelo’” – pensó el Faraón – “cuanto más estén enganchados los judíos con su trabajo, pues más rápido se van a olvidar de sus costumbres exóticas”.

(Más tarde, cuando Moshé pidió que los judíos puedan salir por tres días a servir a El Eterno en el desierto, el Faraón respondió con trabajo adicional porque: “flojos están, flojos; por eso dicen querer servir a su El Eterno”.

La ecuación de la terapia ocupacional “cuanto más trabajo, menos tiempo para pensar”, sigue en pie hasta el día de hoy para los judíos que no quieren detenerse a saber para y porqué son judíos).

El objetivo del Faraón era entonces: tenerlos ocupados. Si la tierra de Raamses no era apta para la construcción y había que edificar lo mismo dos o tres veces, no problem. ¿Quién tenía apuro, acaso?

No por nada Egipto se llama Mitzraim (del hebreo “Metzarim” = encierro), pues no hay peor encierro que aquel que no se permite a sí mismo tiempo para evaluarse.

Por si las cosas no estuviesen claras, el Faraón permitió a esta altura de los acontecimientos que cualquier egipcio se pudiera valer de cualquier judío para que le haga sus tareas domésticas

(Vaia’avidu Mitzraim et Benei Israel Befarej – Shmot 1:13). “Haga patria, torture a un judío”.

Los judíos aceptaban los golpes de los egipcios calladamente.

Habían caído en la trampa. Demoró años hasta que se acordaron que debían pedir a El Eterno para ser redimidos.

Incluso esta manifestación (su súplica a El Eterno) recién ocurrió de modo intenso después que murió el rey de Egipto que los había esclavizado en primer lugar, manteniéndose aun después de su deceso las leyes atroces iniciales por él impuestas.

Al tomar los judíos conciencia que las salvajadas egipcias ya no dependían más del rey que las había incorporado sino que ya eran parte de la modalidad del país, advirtieron que todo dependía de El Eterno y rezaron con sinceridad (R. Sh.R.Hirsch sz”l – Shmot 2:23).

Lo peor de todo es que toleraban lo que no debía ser aceptable, como si fuese un fenómeno natural. Es por eso que El Eterno les promete sacarlos de “sivlot Mitzraim” = la tolerancia a lo egipcio (Shmot 6:6).

Serviles eran únicamente para sus amos egipcios. Sin embargo, para descargar responsabilidad frente a un compatriota judío (Moshé) que amonestó a un judío por querer pegarle a otro judío, no tardó en venir la respuesta (que lamentablemente se repitió en la historia): “¿¡Quién te puso de patrón!?” (R. Sh.R.Hirsch sz”l).

En primer lugar, uno no deja de preguntarse para qué El Eterno quiso que fuéramos a Egipto.

Si bien la Torá no nos cuenta el objetivo, podemos asumir que fue esencial para la posterior creación del pueblo.

Nos formamos como nación en medio de una cultura totalmente opuesta a lo que pretendería la Torá para nosotros y la subsiguiente salida de Egipto tendría para nosotros un significado más de orden espiritual que lo que había sido la esclavitud física.

De todos modos, allí donde nos forjamos como nación, aprendimos nuestra primera lección de antisemitismo y de asimilación. ¿Cuál de las dos modalidades es la más peligrosa?