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San Valentín y el Judaismo

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San Valentín y el Judaismo

San Valentín y Judaísmo.

 

San Valentín es un día que está próximo a celebrarse en el mundo occidental, generalmente el 14 de febrero: si hacemos un poco de historia, podemos saber a quién se le atribuye el origen de esta festividad…

¿Quién era San Valentín?

Existe un número no determinado de santos, mártires, que vivieron en la antigua Roma, que tenían como nombre Valentín:

  • Uno de ellos, un sacerdote romano (italiano), que falleció en el año 270, que era muy venerado en Francia, sobre todo en la diócesis de Jumièges.
  • Otro de ellos, un obispo de la ciudad de Interamna (hoy Terni, Italia), donde se encuentran los restos del cuerpo conservados en la basílica que lleva su mismo nombre, y donde cada 14 de febrero se celebra la fiesta patronal, en su honor.
  • un mártir de la provincia romana de África, durante la conquista romana de África.
  • Un cuarto en la lista, es un obispo de Recia, del Siglo 5 de la Era Común, venerado en Alemania como santo que cura la epilepsia.

La leyenda, sin embargo ubica a San Valentín, el patrono de los enamorados, hacia el año 270, el obispo de Interamna Nahartium, quien se opuso rotundamente a apoyar el decreto del Emperador Claudio 2º: este emperador había prohibido el amor y los matrimonios: se dedico a casar parejas en secreto, y les fomentaba sus relaciones amorosas escribiéndoles cartas y mensajes amorosos; por ello fue encarcelado: un día antes de su muerte, por intermedio de Valentín, ocurrió un milagro a la hija de su guardián: logró devolverle la vista; a ella, alcanzó a enseñarle a leer, lo que ocasiona que ella se enamore de Valentín y gracias al milagro más el amor que ella desarrolló por el, plantó en su tumba un almendro de flores rosadas, con lo cual este árbol fue declarado como símbolo de amor y amistad.

Los romanos y, posteriormente las naciones que quedaron bajo el dominio del Imperio, iniciaron romerías a la tumba de este Valentín, observándose que, quienes iban en este viaje, se casaban al año siguiente, lo cual se declaró, también, como costumbre para este día.

La fiesta de San Valentín fue declarada por primera vez alrededor del año 498 por el Papa Gelasio I, (1), pero la festividad fue borrada del calendario eclesiástico en el año 1969.

La costumbre de intercambiar regalos y cartas de amor, imitando lo que hacia el Santo al que se refiere la leyenda, el 14 de febrero, nació en Gran Bretaña y en Francia durante la Edad Media, entre la caída del Imperio Romano y mediados del siglo 15 de la Era Común.

Otra de las costumbres que se describen, la tenían las inglesas de los 1700: ellas escribían los nombres de hombres en pedazos de papel, enrollaban cada uno de ellos en un pedacito de arcilla y los echaban al agua. El primer papel que subía a la superficie supuestamente tenía el nombre del verdadero amor de la mujer.

La costumbre de intercambio de regalos y cartas entre los enamorados se extendió a Norteamérica, a principios del siglo 18. Los avances de la imprenta y la aparición del servicio postal incentivaron el envío de saludos por San Valentín; se cree que hacia el año de 1840, por idea de Esther A. Howland, se comenzaron a vender las primeras tarjetas postales, en forma masiva, de San Valentín en Estados Unidos; añadiendo, a los símbolos más usados en día de San Valentín el de Cupido; (tema para una próxima entrega), y la forma de celebrar esta fiesta, varía según las regiones: los niños Ingleses cantan canciones especiales para la ocasión y reciben regalos, dulces, frutas o dinero. En algunas áreas de Inglaterra, la gente hornea panecillos de San Valentín hechos de semillas de alcaravea, ciruelas, o pasas; mientras tanto, la gente en Italia celebra un banquete de San Valentín; también en Italia, algunas mujeres solteras se levantan antes del amanecer en el Día de San Valentín. Se paran frente a la ventana esperando a que un hombre pase. Ellas creen que el primer hombre que vean, o alguien que se le parezca, se casará con ellas en durante ese año.

Por otro lado, en Dinamarca, la gente le envía a sus amistades flores blancas prensadas llamadas gotas de nieve. Los hombres Daneses también envían un tipo de Valentín llamado gaekkebrev (carta graciosa). El remitente escribe una rima pero no firma su nombre. En lugar de ello, el firma el Valentín con puntos, un punto por cada letra de su nombre. Si la mujer que la recibe adivina quien la envió, él la recompensa con un huevo de Pascua durante la Pascua.

¿Tiene algo que ver el San Valentín con el judaísmo?

Si hablamos de cualquiera de los personajes mencionados, ninguno de ellos tiene relación con el judaísmo excepto la similitud de haber vivido en una época, donde el Imperio Romano imponía sus leyes a su antojo y quien no estuviera de acuerdo con ellas, era sacrificado o castigado con cualquiera de los métodos que estuvieran disponibles, según la pena o el delito cometido…

Si nos referimos al amor, en el judaísmo está el principio fundamental que dice “ama a tu prójimo como a ti mismo” (2)

Vayickrá / Levítico 19:18: No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo; Yo soy el Eterno.
Lo tikóm veló titór et benéi améja veahávta lereajá kamója aní Adonai.

Pero revisemos la definición de amor en los diccionarios:

Amor. 1. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. || 2. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. || 3. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

Revisemos ahora lo que encontramos, en el judaísmo, como la definición de amor, de la siguiente manera: «Es el placer emocional que uno siente al encontrar virtudes en otra persona e identifica a la persona con esas virtudes».

El concepto judío del amor no está influenciado, como el concepto griego, que un dios, Cupido, se pasea revoloteando con sus alas, en cualquier momento dispara una flecha (con punta de oro) y, ¡zas! – ¡Un hombre y una mujer se enamoran perdidamente! La visión judía, dice que el amor es una obligación; un deber; una responsabilidad; un requisito; que está basado en un entendimiento de las virtudes del otro. Cuando las personas se comprometen a pensar en las virtudes del otro, ellas no se «desenamoran». Además, el concepto del amor desde el punto de vista judío nos hace tomar conciencia que, el Otro, es parte de Uno Mismo; todos somos un solo pueblo, somos parte de una misma unidad: la unidad y la amistad entre los hijos del Eterno es tan valiosa que HaShem, en su magnificencia dice, por así decir, “Si se aman entre ustedes, quiero ser su tercer amigo”. Eso significa que si estamos unidos, tenemos el poder de Todopoderoso detrás de nosotros, y es por ello que se aplica el concepto de “ama a tu prójimo  como a ti mismo.

Viendo lo descrito anteriormente y si lo aplicamos a una pareja, Cuando HaShem es testigo de un verdadero amor entre marido y mujer, Su Divina Presencia habita entre ellos, transformando su hogar en un Templo Sagrado en miniatura – un lugar de santidad y bendición.

El amor no es un lecho de rosas permanente: el amor es trabajo constante y desinteresado, por parte de los integrantes (AMBOS POR IGUAL) de una pareja, porque El Eterno lo ha dicho en su Torá: «No es bueno que el hombre esté solo, le haré una ayuda en frente de él… Entonces Adonai colocó al hombre a dormir y tomó uno de sus costados… y lo transformó… en una mujer y la trajo al hombre. Entonces el hombre dijo: esta vez es hueso de mi hueso, y carne de mi carne… el hombre tiene que… apegarse a su esposa para ser una sola carne» 

La única fuente de total satisfacción física, emocional y espiritual está dada por el Amor. Es lo único que puede transformar a dos individuos en uno. El valor numérico de las palabras en hebreo «amor» (ahavá) y «uno» (ejad) es el mismo de 13.

La influencia de la sociedad occidental ha transformado en casi todos nosotros el concepto judío del amor y lo ha relegado a la necesidad de dar regalos y enviar misivas, especialmente en el día de los enamorados (San Valentín), siempre con la duda o la inquietud «¿Me darán algo a mí?»

Pero si revisamos históricamente, muchos años antes de la aparición de San Valentín, ya existía una oda al amor que está representada por Shir HaShirim, el Cantar de los Cantares, aunque por muchos haya sido criticado por usar un lenguaje que inspire sensualidad, esto puede ser una fuente de inspiración para muchas cartas y para muchas actitudes positivas, no sólo en el día de San Valentín, sino para todos los días.

Recordemos también la canción que dice «Hine ma tov umá naim shévet ajím gam yajad...» – «Qué bueno y agradable es cuando los hermanos están juntos». Que buen ejemplo para reforzar la idea del amor, desde el punto de vista judío, reforzando la unidad, luchando por unas metas comunes para que el día de San Valentín sea todos los días del año.

 

Por ello, si deseamos dar un regalo de “San Valentín,” recordemos las posiciones del judaísmo descritas en esta enseñanza:

1.- Ama a tu prójimo como a ti mismo: esto no es de un solo día sino de todos los días de nuestra vida

2.- El Talmud (que hace parte de La LEY ORAL) dice: “Quien no tiene una esposa vive sin regocijo, sin gloria, sin felicidad (Yevamot 62b),

3.-La mujer fue puesta a nuestro lado como una ayuda idónea, por lo tanto debemos respetarla y amarla, aunque “nos de mal genio por lo que dice o hace”; La mujer judía sabe que la función más importante de su vida es crear un hogar feliz y agradable. Mediante sus refinadas cualidades y bondad, ella trae luz no sólo a su familia sino al mundo entero. La mujer judía está orgullosa de tener la responsabilidad de ser un «ezer kenegdó» – una ayuda para su marido y su meta es poder llegar a mantenerse fiel a ese honor y responsabilidad. Para lograr esa tan elevada ambición ella se dirige a Adonai, quien es su Fuente de ayuda y de inspiración, en todo momento, y su relación es mucho más cercana que la del hombre.(3) 

4.- El judaísmo es consciente que, sin importar cuán bien lleguen a conocerse, el hombre y la mujer, ellos no se parecen. Son diferentes uno del otro, física, emocional y mentalmente; que las diferencias perdurarán aun después de casados, y el amor que experimenten deberá superar estas diferencias, las cuales jamás se cerrarán pero, el amor de uno por el otro permitirá que puedan atravesarlas constantemente.

5.- No esperes que tu cónyuge sea perfecto y no hagas comparaciones. Si esto funciona, la pareja funciona bien, y ellos se transforman en una sola Unidad

6.- Si la pareja funciona bien, El Todopoderoso está con ella, transformando el hogar en un Templo sagrado.

7.- Si te preguntas, constantemente: ¿Qué puedo yo hacer para tener una atmósfera feliz en la casa? Recuérdate: ama a tu prójimo (en este caso tu pareja) como a ti mismo.

 

Escrito y redactado por 321judaismo.com

05 de febrero de 2013 – 25 de Shevat de 5773

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Max Stroh Kaufman

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