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PARASHA SHEMINI – HAFTARA CASTIGO INJUSTO

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PARASHA SHEMINI – HAFTARA CASTIGO INJUSTO

Castigo injusto

Nuestra parashá tiene el siguiente aspecto:

Nadav y Avihu, los hijos de Aharón tomaron sus sartenes de incienso y encendieron fuego en ellos para ofrecer un fuego no autorizado delante del Eterno el cual, Él no había autorizado, por lo que vino un fuego que los consumió y ellos murieron delante de Adonai.  (Vayikrá 10:1-2)                                                                                                                

  The sons of Aaron, Nadav and Avihu, each took his fire-pan, they put fire in the them and placed them. A fire came forth from before HASHEM an alien fire that He had not commanded them. A fire came forth from before HASHEM and consumed them, and they died before HASHEM.                                                                                                

  Vayikjú benei Aharón Nadav vaAvihu ish majtató vayitnú bahén esh vayasímu aléiha ketóret vayakribú lifnéi Adonai esh zará asher lo tzivá otám. Vatetzé esh milifnéi Adonai vatojál otám vayamútu lifnéi Adonai.

En la haftará tenemos esta situación:

Más cuando llegaron a la era de Najón, extendió Uzzá la mano al arca de El Eterno y la asió, porque los bueyes se desmandaron. Y se encendió la ira del Eterno contra Uzzá y le hirió allí Adonai por el yerro, de modo que murió allí junto al arca de El Eterno.(2 Shmuel 6:6-7)

And when they came to Nakhon’s threshing floor, Uzzah reached out toward’s God’s ark, and caught hold of it; because the oxen had stumbled. Then God’s anger burned against Uzzah; and God smote him there for his error, and he died there by God’s ark.

Vayavóu ad Goren Najón vayishláj Uzá el aron haElohim vayojéz bo ki shamtú habakár. Vayijár af Adonai beUzá vayakéhu sham haElohim al hashál vayamót sham im arón haElohim

Ambas situaciones han sido relacionadas como “un castigo injusto”

¿Qué cosa terrible había Nadav, Avihú, y Uzzá, hecho que eran dignos de morir?

Estamos completamente seguros que El Eterno, permanentemente, sondea nuestros corazones y conoce todos nuestros pensamientos;

Por consiguiente, sabe de qué manera vamos a reaccionar ante una situación determinada: sin embargo, volvemos a hacer la pregunta: ¿Qué tan malo fue lo que ellos hicieron?

Una de las opiniones al respecto es la que el Sefat Emet escribió en algún momento:

«Puedes aprender de esto, que Nadav y Avihú fueron gigantes espirituales del mundo, y sus intenciones se basaban en los secretos más profundos de la Torá. Aún así, debido a que a ellos no se mandó a hacer esta mitzvá, por ello fueron castigados.

Uzías, por el contrario, sin ser tan grande espiritualmente, tuvo la mejor de las intenciones al tratar de estabilizar el Arca, y, sin embargo, es eliminado, en forma instantánea por Adonai, porque había tocado el Arca.

Con ello genera en David una especie de  sentimiento de culpa y con una terrible preocupación, se pregunta:

¿Cómo podría yo permitir que el Arca del Eterno venga hacia mí? (6:9)

Temiendo que si el simple acto de tocar el Arca condujo a la muerte de Uzías, traerla hacia la capital lo llevaría hacia su propia destrucción.

Por ese motivo, David dejó el Arca, durante tres meses, en la casa de Obed-Edóm, el Jitíta.

Después de esos tres meses se nos dice que “El Eterno lo bendijo (Obed-Edom) y a toda su familia (6:12), por lo cual David decide, en una segunda oportunidad, tratar de llevar el Arca a Jerusalém. David se encarga de tomar precauciones adicionales, ofreciendo sacrificios después de cada seis pasos.

En esta misma haftará, otra persona que resulta “injustamente castigada” es Mijal, una de las esposas de David y la hija de Shaúl, predecesor de David como rey y rival por un largo período de tiempo, quien al ver  el desfile de los israelíes danzando con David a la cabeza, y ella, con sarcasmo, dice:

“El Rey David realmente se ha honrado a sí mismo, el día de hoy; se ha exhibido a sí mismo ante todas las esclavas como un verdadero cabeza hueca” (6:20).

La respuesta de David fue retórica al decir que él estaba danzando en honor al Elohim que lo escogió a él y no a Shaúl, para ser rey. Mientras tanto, Mijal fue “maldecida” a la esterilidad por sus comentarios viperinos.

Nos enseñan nuestros sabios que, el camino al Guehinóm está pavimentado de buenas intenciones, y muchos han pagado con “precios muy altos” las buenas intenciones, cuando aparentemente no estaban indicadas

La Torá nos ordena reprender a nuestro prójimo cuando no se comporta como corresponde, como un medio para manifestarle amor y preocupación por su bien.

Si dicha reprensión está relacionada con  nuestros hijos, ella es absolutamente necesaria puesto que ellos dependen totalmente de nosotros: esto lo podemos comprobar con la siguiente frase:

 «Al que ama El Eterno lo reprenderá» …  «como un padre que se deleita con su hijo».

Porque un padre, aunque su hijo no oiga su reprimenda, de todas formas no lo abandona, sino que le impone castigos hasta que deje el mal camino.

Debido a su amor, que es el más grande de todos, también su corazón sufre por su maldad, y desea enmendarlo, por eso le reprocha para mejorarlo.

Y la afirmación de que es por amor, es que tras haberle castigado, desea complacerlo y lo consuela para apaciguarlo.

Rambam también dijo: «El que reprende (castiga) a su prójimo… que le hable suavemente y en un lenguaje tierno, y que le avise que le habla por su bien, para acercarlo al mundo venidero».

El Gaón de Vilna también dijo: «con palabras tiernas, con palabras aleccionadoras que se asienten en el corazón».

Las dos frases anteriores nos están indicando que cualquier tipo de reprensión o castigo debe hacerse evitando el enojo,

Pero a vista de cualquier ser humano, esta no pareciera ser la actitud que tomó El Eterno contra estos tres hombres:

no parece haber serenidad…ni tampoco alguna intención de buscar que quienes cometieron las faltas, caigan en cuenta de lo que hicieron y corrijan su error;

parece más la actitud de “etiquetar” a las personas con palabras como «irresponsable», «haragán» o «terco», lo cual buscaría en ellos una respuesta de posible rechazo; también podríamos tomarlo como la actitud del padre que, encolerizado, pregunta: «¿por qué hiciste…?» o «¿por qué no hiciste…?» «¡Por qué no tuviste más cuidado!», que también podrían generar rencor en quien recibe el castigo.

Sin embargo bueno es que revisemos las  palabras del RAN (Rabino Nisim ben Reubén):

Es sabido que quien desea corregir a una persona que pecó de algún modo, puede encarrilarlo de dos maneras. La primera, que le marque su falta y lo reprenda por ella. La segunda es demostrarle que él puede lograr un nivel mayor de superación, y que a pesar de todo lo que transgredió es querido y aceptado ante quien él desee acercarse.

Por lo tanto, debemos pensar que El Eterno, como buen padre, lo que buscaba era la corrección de alguien que ama, tal como se anotó con anterioridad.

Entonces, un hombre que es castigado, con justicia o no, está pasando una prueba de fe, y debe conducirse según las “Tres Reglas de la Fe”:

1.-  Creerá que el castigo es porque “Así es como El Creador quiere”, y de por sí, no culpará a nadie; no a sí mismo: no a su cónyuge, no de sus vecinos ni de ninguna otra persona que se haya visto involucrado en el incidente por el cual recibió su castigo. porque, según las Leyes del Creador, todo es verdaderamente justo.

2.-  Creerá que “Todo es para bien”, dejando de lado su razonamiento, debe ignorar lo que su mente entiende y determina que lo que le pasa no es bueno. Él debe alegrarse y agradecer al Creador porque le obligó a pasar por una situación determinada,  y que seguramente se oculta, en este acontecimiento una salvación que es para su bien eterno.

3.- Creerá que cada cosa tiene una causa y finalidad, que no hay tribulaciones sin transgresiones;  que la situación que le ocasionó el castigo es sólo la vara del Creador que le fue enviada para estimularlo a arrepentirse por alguna falla o pecado y,  aunque existiera alguna causa natural por la que se originó el castigo, esta es sólo una causa desencadenada desde lo Alto según lo que le fue decretado en el Tribunal Celestial. Por esto, examinará sus actos y buscará el motivo de lo que le ocurre.

Esto es, pues, el resultado que experimenta un hombre al cual no le falta la fe, y que NO se comporta según el principio de “Con mi propia fuerza y el poder de mi mano” (Veamárta bilbavéja kojí veótzem yadí asá li et-hajayíl hazé).- (Devarim / Deuteronomio 8:17).

Y que sabe aceptar los mandatos de El Eterno y no considera que “ningún castigo es injusto”.

 

 

 

Terminado de redactar el 05 de Julio de 2011 – 03 de Tamuz de 5771

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Max Stroh Kaufman

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