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Tzedaka – Leyenda jasídica

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Tzedaka – Leyenda jasídica

Tzedaka

Le ocurrió una vez al  Rabino Jaim Halberstam de Sanz, conocido como el Sanzer Rav,

Estaba profundamente involucrado en la mitzvá (precepto) de tzedaká (caridad), dando con mano abierta de sus propios fondos y también solicitándolos de otros.

Una vez,  el rabino Jaim se propuso recolectar una cantidad grande de tzedaka para cierto hombre adinerado que había ido a la quiebra.

Él y un acompañante confiable llegaron a la elegante casa de uno de los hombres más ricos en la ciudad.

Entraron en la antesala hermosamente diseñada y se sentaron en un sofá aterciopelado dónde les sirvieron el té en un juego de plata.

Todo eso mientras esperaban por el dueño de casa.

Después de unos minutos, un señor muy bien vestido entró y saludó calurosamente al ilustre visitante.

El Rebe y su compañero pidieron que el hombre adinerado donara la importante cantidad de quinientos rublos.

Esto sería para una “causa digna” no especificada.

El hombre rico consideró su demanda por unos momentos y entonces preguntó:

“Dígame, exactamente ¿Cuál es la causa para la que usted está recolectando dinero?

¿Es para alguna institución pública o para una persona privada?”

Rabí Jaim contestó que estaba reuniendo fondos para un vecino adinerado que había perdido todo su dinero y se había presentado en quiebra;

Que es una persona que trabajó mucho por la comunidad

El ya había contribuido en muchas causas dignas antes de su derrumbamiento comercial y económico.

Pero esta respuesta no fue suficiente para el hombre,

Insistió de muchas maneras porque quiso conocer más acerca de la identidad de la persona.

“Lo siento”

Lo siento contestó Rabí Jaim,

Pero no puedo divulgar el nombre del hombre, ya que eso le causaría una turbación terrible.

El hombre adinerado incluso se ofreció a entregar mucho más dinero del solicitado a cambio de la identidad:

Como esto no fue posible, este hombre le solicitó a Rav Jaím una conversación privada,

Alli le comentó que el pasaba por una dura situación y muy pronto caería en difícil situación económica hasta el punto de tener que solicitar, tambien, caridad de puerta a puerta

Por lo que solicitó de él, la misma confianza para que nadie se enterara de esta situación.

El Sanzer Rav abandonó la casa de este hombre sin comentar ni una sola palabra.

Muy pronto pudo reunir una gran suma de dinero que no sólo sirvió para el primero sino que también para el segundo hombre.

Ambos, entonces, pudieron pagar sus deudas y retomar sus negocios.

Cada uno de nosotros tiene encuentros diarios donde podemos mostrar sensibilidad y honrar a otros.

Honrarlos suprimiendo una risa, una sonrisa, una palabra o incluso, un gesto.

El hecho que podamos tomar buenas desiciones para actuar y no deshonrar a los demás es un acto de valentía y honor.

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Max Stroh Kaufman

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