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CUENTOS JASIDICOS CORTOS

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CUENTOS JASIDICOS CORTOS

NUEVOS CUENTOS JASIDICOS.

REVISION DE NUEVOS CUENTOS.

1.- Una vez el Baal Shem se detuvo en el umbral de una Casa de Oración y se negó a entrar.

«No puedo entrar» -dijo-.

«Está llena de enseñanzas y de preces desde el suelo hasta el techo y de pared a pared.

¿Cómo puede haber lugar para mí?»

Y como viera que los que lo rodeaban lo miraban sin comprender, añadió: «las palabras salidas de los labios de aquellos cuya enseñanza y oración no brota de un corazón inclinado hacia el cielo, no pueden elevarse sino que llenan la casa de pared a pared y desde el suelo hasta el techo”.

 

2.- Uno de los Jasidim del Rebe Rashab trabajaba como contratista para el gobierno.

Ciertos individuos sentían fuertes celos por su éxito. Con mucha maldad elaboraron una calumnia y lo denunciaron ante la ley.

Su juicio iba a llevarse a cabo en Petersburg.

El jasid, a pesar de ser absolutamente inocente, no poseía evidencias o testigos que avalaran sus palabras. Sin embargo, las personas que deseaban dañarlo tenían pruebas fraguadas y testigos falsos para presentar ante la justicia.

El jasid visitó al Rabino Rashab en Lubavitch.

El Rabino le dijo:

“Seguramente viajas a Petersburg en tren.

¿En qué clase viajas?”

El jasid respondió:

“En segunda o tercera clase “El Rabino le dijo:

“¡Viaja en primera clase!”

El Rabino lo bendijo y el jasid emprendió su viaje. Hizo como el Rabino le indicó y viajó a Petersburg, al juicio, en primera clase.

Ésta consistía en pequeños compartimientos para dos personas.

Viajó toda la noche junto a otro pasajero.

Al otro día, muy temprano, tomó su Talit y Tefilín y se preparó para la Plegaria.

Sus rezos brotaron de lo profundo de su corazón pues se hallaba en un gran problema.

Cuando concluyó la Tefilá, recitó Tehilím (Salmos) volcando su alma a Adonai.

Su vecino de camarote estaba acostado en su sitio y el jasid creyó que aun dormía. Pero en realidad estaba totalmente despierto y siguió cada movimiento del judío.

Después de un rato se levantó de la cama, se lavó y sacó algunos alimentos y se dispuso a desayunar. También el jasid tomó su comida y se sentó frente a su vecino para comer. Entretanto comenzaron a conversar. La charla se desvió de un tema al otro, hasta que el pasajero le preguntó:

“¿Por qué lloraste tanto durante tus rezos?

Noté en tu rostro que sientes una profunda preocupación y desasosiego: el jasid le relató acerca de la infame calumnia ideada en su contra y todo el tema en general.

Cuando arribaron a Petersburg, se despidieron y cada uno tomó rumbos distintos.

Después de unos días comenzó el juicio. Y con enorme sorpresa, el jasid reconoció inmediatamente al juez. Era su compañero de camarote en el tren.

Éste, luego de haber oído la historia de boca del acusado, relatada con absoluta ingenuidad, comprendió que se trataba realmente de una vil falsedad, y luego de investigar el caso, lo absolvió.

Entonces el jasid comprendió por qué el Rabino le había indicado viajar en primera clase.

 

3.- Cierto aldeano tenía el hábito de viajar para las fiestas solemnes, a la casa de oraciones del Baal Shem Tov. El aldeano tenía un hijo, muchacho simple, que no conocía siquiera la forma de las letras, y mucho menos, el significado de las palabras santas. Su padre no solía llevarlo consigo en sus viajes, porque no sabía nada. Pero cuando el niño llego a la edad de Bar Mitzva, el padre resolvió llevarlo consigo a fin de poder vigilarlo para que en el día de Iom Kipur no llegara a pecar, por ignorancia.

El niño tenía una flauta en la que tocaba en el campo a las ovejas y a los terneros. Para el viaje se metió la flauta en el bolsillo, sin que el padre reparara en ello. El muchacho se estuvo horas en la casa de oración, sin pronunciar palabra. Pero al comienzo del Musaf, se volvió a su padre:

– Padre- le dijo- tengo la flauta conmigo y quiero tocar.

El padre lo reprendió alarmado, y el muchacho se abstuvo. Pero cuando llego la oración vespertina, volvió a decir:

– Padre, déjame tocar la flauta.

– ¿Donde está la flauta? – pregunto iracundo el padre, y de inmediato coloco la mano sobre el bolsillo para impedir que la extrajera. Pero cuando dio comienzo la oración de Nehila, que señala el fin del día de Kipurim, el niño ni pudo contenerse, y empujando la mano de su padre, extrajo la flauta del bolsillo, cuya voz resonó en todo el recinto. Quedaron todos alelados y confusos, pero el Baal Shem Tov siguió rezando, aunque con mayor sosiego. Después dijo: «Este muchacho me facilitó el rezo».

 

4.-  Una vez de pequeño Yitzjak Meir fue llevado por su madre a la casa del Maguid de Kostnitz; alguien en el camino, quiso burlarse del niño diciéndole: mi pequeño Yitzjak te daré una moneda si me dices donde vive HaShem. Y el niño le respondió: y yo le daré dos monedas si me dices donde no vive.

 

5.- Se cuenta que cuando el rabino Shlomo bebía té o café, era su costumbre tomar un terrón de azúcar y sostenerlo en su mano durante todo el tiempo que bebía. Una vez su hijo le preguntó: Padre, ¿Por qué haces eso? Si necesitas azúcar, llévala a tu boca, pero si no lo necesitas, ¿Por qué tenerla en la mano?

Cuando hubo vaciado su taza, el rabino le dio a su hijo el terrón de azúcar que había conservado en la mano y sintió, gran asombro, pues no quedaba en el azúcar, ningún dulzor.

Tiempo después, cuando relató la historia, el hijo comentó: ¡Aquel en quien todo está unido, puede degustar con la mano, como si esta fuera su lengua!

 

6.- Dijo el Maguid al rabino Zusia, su discípulo: No puedo enseñarte los diez principios del servicio. Pero un niño pequeño y un ladrón pueden instruirte sobre ellos.

Del niño puedes aprender tres cosas:

Que está contento sin ningún motivo especial

Que no está ocioso ni siquiera por un instante

Cuando necesita algo, lo exige vigorosamente.

El ladrón puede enseñarte estas otras cosas:

Hace su trabajo por la noche

Si no termina lo que debe hacer en la primera noche, dedica a ello la segunda

El y los que trabajan conél se aman mutuamente

Arriesgaría su vida por pequeñas ganancias

Ama su oficio y no lo cambiaría por ningún otro.

 

7.- El maguid dijo una vez a sus discípulos: ¡Yo les enseñaré la mejor manera de recitar la Torá!: ¡Deben dejar de ser conscientes de ustedes mismos!;  ¡No deben ser más que un oído que escucha lo que el universo de la palabra está diciendo constantemente en su interior! ¡En el momento en que comiencen a oír lo que ustedes mismos están diciendo, deben detenerse!

 

 RECOPILADOS POR 321JUDAISMO.COM  

25 DE NISAN DE 5772 – 17 DE ABRIL DE 2012

Tiene derechos reservados de autoría intelectual pero puede ser distribuido a través de medios físicos y/o electrónicos, siempre y cuando se cumpla con las siguientes condiciones:

1.- No debe ser utilizado con fines lucrativos.

2.- Debe citarse la fuente.

3.- No alterar su contenido especialmente en lo que se refiere a la palabra de la Torá o el TaNaJ, ni debe ser modificado para satisfacer intereses personales que desvíen la atención y dirección principal de este artículo.

4.- Se pide, en lo posible, que no se imprima, por razones medio-ambientales.

5.- Si lo imprime y el texto escrito se altera, no lo destruya sino entiérrelo, por razones medio-ambientales y/o halájicas.

 

 

 

 

 

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