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abr 29 2011

EL ABORTO DESDE EL PUNTO DE VISTA JUDIO.

Hablar del  aborto es entrar a discutir un tema “picante y espinoso” para cualquier persona, independiente de si tiene una postura científica o religiosa ante el tema y siempre generará controversias: quien lo hace,  cuando se hace,  o por que se practica, son las preguntas clásicas y más comunes; las leyes de algunos países también han sido motivo de controversia por el mismo aspecto: no hay nada definido ni un estándar sobre el cual establecer parámetros definidos.

Entrar a considerar una definición, también genera discusión: sin embargo, se parte de la base de que, el aborto significa, en general, “la interrupción del curso normal del embarazo, ante cualquier circunstancia”.

La primera pregunta para entrar a considerar el tema del aborto es ¿Cuándo comienza la vida?

Con relación al comienzo de la vida en el ser humano, tenemos una anécdota: En cierta vez se realizó un debate público con la presencia de tres panelistas: un médico, un filósofo y un rabino. La discusión era: “¿Cuándo comienza la vida?”.

El médico se puso de pie y expuso que la ciencia médica ha demostrado inequívocamente que la vida comienza una vez que el óvulo ha sido fertilizado El filósofo, extremadamente pragmático, propuso que la vida no puede ser considerada como tal hasta tanto el niño no fuera una entidad viable por sí misma, es decir, una vez retirado de la madre.

El rabino se acercó lentamente al podio y, muy confiado, dijo: “Señores, ¡la vida comienza cuando los niños han crecido y se mudan a otra casa!”

 

Como nos dimos cuenta por la anécdota anterior, la respuesta acerca del origen de la vida es tan controversial, como el mismo aborto y, la bibliografía que podemos encontrar al respecto, es muy extensa y pasa, desde el punto de vista de los naturalistas hasta los metafísicos abarcando los aspectos genéticos, psicológicos, sociológicos, antropológicos o jurídicos hasta aquellos más teológicos y místicos, a través de múltiples posturas, definiciones e interpretaciones. Dentro de esta escala se encuentra el argumento que no existe un instante natural determinado para tal definición, basándose en que la concepción no es un proceso conformado mediante un espectro discreto sino más bien uno continuo implementándose en el transcurso de diez a veintidós horas, dependiendo de las etapas contempladas, desde el recorrido de los espermatozoides hasta la penetración en el óvulo y la formación del cigoto, continuando por la postura de ser en el momento de la gastrulación o etapa formativa del embrión  o  tercera semana a partir de la fecundación, ya  que en ese instante se ha definido si hay uno o varios cigotos, y con ello se determina si es un único ser o un embarazo múltiple; luego continúa en la opinión de quienes se basan en la detección de actividad cerebral, que ocurre en la octava semana de la gestación, donde el embrión ha completa su organogénesis y allí se ha formado un circuito básico de tres neuronas con capacidad de reflejos ante algunos estímulos: de allí se pasa a otra etapa en la que apoyan la formación de la vida en la vigésima semana donde el desarrollo del tálamo permite la integración del sistema nervioso y, también hay quienes aseguran que este proceso se da en el momento que se conforman las redes neuronales básicas, y se registra la aparición de patrones de actividad cerebral reconocibles, sucediendo esto entre las semanas veinticuatro y veintisiete a partir de la concepción, puesto que para muchos, la ausencia de actividad cerebral es la actual decisiva definición de muerte y a su vez, es la actividad cerebral la que va a diferenciar la especie humana de las otras especies, al catalogarla como una “especie con capacidad de raciocinio”; por último, hay quienes consideran que el inicio de la vida se da  en el momento en que se produce la manifestación de claros rasgos antropomórficos asociado a un desarrollo avanzado en sus extremidades y maduración orgánica con capacidad de movimientos independientes.

Al entrar poco a poco a analizar el tema, nos damos cuenta que el aborto es un problema tan antiguo como el hombre mismo y, a pesar de ello, la Torá no habla específicamente de este tema: el judaísmo, sin embargo, cuenta con una gran cantidad de estudiosos prolíficos que han hecho aportes a la Torá y el Tanaj, por supuesto inspirados en lo que Adonai les ha dictado y, además, apoyados en los avances científicos de cada época, puesto que sabemos que muchos de ellos no sólo estaban dedicados al judaísmo sino a varios de los campos de la ciencia: Ejemplo, Maimonides. Sin embargo, la Torá no debe ser vista como un libro plano  y sus palabras como superficiales: ella es muy clara cuando dice: Shemot / Éxodo 20:13  “No matarás (no asesinarás)”.[1] Thou shalt not murder.                                                                                                                                                                        Lo tirtzaj

¿Qué quiere decir con esa frase? La Torá nos trae otra sentencia: Shemot / Éxodo 21:23 “Si hubiera muerte (daño), entonces pagarás vida con vida” But if any harm follow, then thou shalt give life for life…                                                                                                      Veim esón  yiyé venatáta néfesh tájat néfesh

Nos preguntamos entonces: ¿Acaso la vida de un niño vale menos que la de un adulto?

Comencemos analizando que nos dice la halajá respecto al feto:

Nuestros sabios, a partir de las normas de la halajá nos dicen que debemos considerar al feto como un ser humano completamente formado, aunque no igual; no es igual puesto que el feto no está en el mismo nivel espiritual ni físico que una persona, aunque, en la mayoría de los ocasiones, se le suele tratar como a cualquier otro individuo: ¿Cuál es el por qué este concepto? Porque generalmente se intenta no agredir ni lesionar al feto, como no se hace con ninguna persona, pero la Torá es enfática en estimular el hecho de que se generen sanciones a toda persona que le produzca algún daño a la mujer embarazada, sin importar que esta lesión, aunque sea realizada sin intención alguna, termine causando en la mujer, un aborto. La Torá claramente nos habla de un resarcimiento monetario por causar un aborto lo cual suele ser interpretado por algunos rabinos como indicación de que el aborto no es un crimen capital[2] y por otros como una mera indicación de que no se ejecuta a alguien por realizar un aborto, a pesar de que es un tipo de asesinato[3]. No se ha podido llegar a un acuerdo respecto de si la prohibición del aborto es bíblica o rabínica. Sin embargo, se toma en cuenta  que el feto se convertirá en un ser humano, en su tiempo,  y debe haber una razón muy convincente para permitir un aborto[4].

Otro de los aspectos que tenemos que revisar es lo que han escrito nuestros sabios en el Pirké Abot: “En contra de tu voluntad has sido creado y en contra de tu voluntad, has nacido; en contra de tu voluntad tu vives y, en contra de tu voluntad, falleces.  (4:22).”

Para apoyar parte de estos estatutos revisados, los diferentes países del mundo, y especialmente en el Estado de Israel, han creado un concepto que se podría llamar “ley básica”, que es la que se encarga de “proteger la libertad y la dignidad de cada individuo en particular”: con esta ley se quiere decir, a grandes rasgos, que cada persona tiene el derecho a la privacidad y a la intimidad en su vida; el dominio personal no debe ser invadido sin su consentimiento.

 

La segunda pregunta que nos hace entrar en debate es, ¿Qué podría significar la dignidad humana desde el punto de vista de la halajá?

La dignidad humana significa el hecho de no degradar ni humillar la imagen divina en el ser humano[5]

 

Como quedó anotado con anterioridad, el feto para el judaísmo, no tiene la misma categoría de una persona: entonces surge la inquietud: “un feto ¿no tiene dignidad?”

 

La respuesta que dan muchos autores al respecto, por ser una pregunta difícil de resolver no es que el feto no tenga dignidad sino que “hasta que el bebe no nazca, no tiene los mismos derechos que una persona”; este individuo que está en formación, no tiene identidad como tal, pero se diferenciará de la madre, en el momento del alumbramiento; mientras no llegue a ese momento, el feto es parte de la madre sin identidad propia, “el muslo de la madre” o “una de sus extremidades” según el Talmud (Hulin 58 a). La dependencia entre ambos desaparece luego del alumbramiento, cuando la criatura se transforma por la acción de Adonai, de una vida potencial, en persona animada, con neshamá, alma vital, limpia, un ser independiente con derechos y obligaciones, y esto teniendo muy en cuenta el concepto de que, durante el período del embarazo, el feto aprende TODA LA TORÁ y cuando nace, un ángel toca sus labios para hacer que se le olvide todo lo aprendido.

Otra referencia del Talmud, que apoya la idea anterior se encuentra en el Talmud Babilonio, Oholot 7:6, que dice que un niño nonato posee el estatus de “vida humana en potencia” mientras que su cabeza no ha emergido de las entrañas materna;  además establece lo siguiente: “desde el momento que su cabeza ha emergido está prohibido tocarlo (quitarle la vida), pues una vida no tiene precedencia sobre la otra” (Sanhedrin 72b).

 

Hemos tocado, tal vez la parte más importante que tiene en tema del aborto y es la “aparición del alma en el cuerpo”. ¿Desde qué momento se puede hablar que el feto tiene alma?

 

El primer origen que se tiene registrado en documentos, acerca de la aparición del alma en el feto[6] , para la opinión rabínica, se basa en una conversación registrada en el Talmud entre el Emperador romano Antoninus y el Rabino Yehudá HaNasí (el Patriarca), quien fuera el recopilador de la mishná[7] entre los Siglos 2-3 de la era común y, que fue documentada de la siguiente manera:

“Antoninus le preguntó a Rabi Yehudá HaNasí (el Patriarca): ¿Cuándo adquiere el alma el feto: en el acto sexual o en el nacimiento? Rabi Yehuda le contestó, en el nacimiento: ante ello Antoninus le dijo: ¿Puede permanecer la carne 3 días sin sal y no podrirse?” Con este tipo de conversación el rabino Yehudá comprendió que pueden transcurrir hasta 3 días en que el espermatozoide fecunde al ovulo, con lo que cambia su opinión[8]; la mayoría de los rabinos posteriores a esto volvieron a la posición de que el alma se adquiere en el momento del nacimiento, pero siempre bajo el concepto de que “el momento de adquisición del alma es uno de los secretos del Eterno, que será revelado cuando venga el Mesías”[9]; algunos más actuales, y aprovechándose de los avances de la tecnología como son la fertilización in vitro y la clonación, dicen que el alma  aparece en el mismo momento de la fecundación, porque el procedimiento usual en FIV es el de tomar varios óvulos de la madre, de manera que la mayor cantidad de ellos sean fertilizados e implantados. Si, por ejemplo, se han fertilizado diez de estos óvulos, resultaría contraproducente implantar los diez. Probablemente morirían todos. Lo más probable es que el médico implante tres o más, con la esperanza de que uno “prenda”.

Entonces, surge el problema en cuanto al correcto modo de proceder con los óvulos restantes. La halajá, para quienes están de acuerdo con el punto de vista mencionado, diría que no podemos matarlos, pero tampoco, tenemos la obligación de implantarlos. Entonces, deberán ser preservados por un proceso de congelamiento profundo hasta que venza su propia vida, aproximadamente de tres años.

Rashi, comentarista talmúdico del Siglo 12 de la era común, dijo: lav néfesh hu: “no es una persona”[10]

Mientras que el Talmud dice: ubar yérech imó: “el feto es como el muslo de su madre”.[11]

La prueba de esta aseveración del Talmud está contenida en dos ejemplos de la misma fuente: El primero que dice que el vender una vaca, que después de la venta se descubra que está preñada, el ternero pertenece a quien compró la vaca sin que implique compensación para quien la vendió; el segundo se relaciona con el hecho de la conversión de una mujer al judaísmo: si ella está embarazada, el bebé a nacer no requiere de conversión después del nacimiento[12].

 

 

Cabe aclarar que la Ley Judía o Halajá no es ley, nomos, tal como es considerada en la teología cristiana. Israel transforma su vivencia religiosa, su espiritualidad, en una manera de ser y estar con El Eterno en el mundo, experiencia que es traducida a través del término hebreo Halajá, del verbo halaj, “ir” o “andar” y en la medida en que la ciencia entrega al hombre conocimiento y herramientas tecnológicas para hacer de su vida algo mejor, ella se encarga de revisar a la Torá, para presentarse como una opción o alternativa, que proporciona las pautas éticas acerca de cómo deben ser utilizadas dichas herramientas.

Regresando a los aspectos históricos de la legislación judía acerca del aborto, encontramos muchos autores que, en el transcurrir del tiempo, han aportado datos sobre aspectos “médico-legales”: uno de ellos, Najmánides: el fue una de las más grandes autoridades relacionadas con la halajá del siglo 13 de la era común en España, y el fundador de un movimiento que procuraba el asentamiento en el Estado de Israel, en sus fronteras actuales, desde esa época, y recopiló, una monografía que se relaciona con las leyes de la curación y sus implicaciones “legales”; dicho tratado también hizo un extenso análisis acerca de las leyes del duelo y sus ramificaciones. Como muchos de los autores halájicos de la época, Najmánides fue médico de profesión y tituló su trabajo con el nombre de “Torat HaAdám” (La vía de la Persona; el posible origen del nombre de esta obra son las palabras del Rey David que dijo: “Y hablaste a la casa de tu sirviente desde lejos y esto es la vía de la persona (Torat HaAdám; 2 Shmuel 7:19).” Este libro contiene muchas referencias acerca de los procesos de curación que está encargado de realizar un médico…  De acuerdo con lo escrito en dicho texto, el permiso que tiene el médico para curar, se asume como un compromiso del tipo mandamiento (mitzvá); Si se relaciona el hecho de que salvar vidas es una gran mitzvá. Cualquier médico, basado en sus conocimientos, está obligado a sanar, y cualquiera que se niegue, está desperdiciando – regando sangre.” (Ver Talmud Yomá 8:5, que relaciona el peligro a la vida humana por  sobreponerse al Shabat). Najmánides por consiguiente, se manifestó diciendo, en su texto, que: “Este tipo de permiso es una concesión que tiene la fuerza de una mitzvá para sanar. (Torat HaAdam, id. at 42).”

También tenemos que repasar uno de los conceptos que habla en el Talmud sobre los médicos: está escrito: el mejor de los médicos merece el “Gehinom” (Kidushin 92b). Esta es una declaración basada en los siguientes dos ejemplos: 1) Ha habido muchos charlatanes a través de la historia que han ofrecido terapias (muchas veces nocivas) a pacientes desesperados, sólo basadas en el lucro. 2) Los médicos que no tienen fe en El Eterno y sólo creen en su propio ego, son transgresores.

El Rambam (Moshé Ben Maimón o Maimónides) dice claramente: el médico llega a curar sólo como agente de Adonai, nuestro Creador. Incluso el profesor más grande en medicina o cirugía del mundo, ejerce su talento y sabiduría para servir a su prójimo, como una extensión de la “Shejina” (la Presencia Divina).

 

Aunque todos los principios en el judaísmo tienen relevancia, algunos priman más que otros: en este caso, el de salvar vidas, se anticipa a cualquier otro concepto de la Torá excepto idolatría, cierto tipo de actitudes sexuales y el asesinato – Talmud Babilónico: Yoma 82a, Sanhedrin 74 a, derivándose de los preceptos que dicen así:

1.- “Observaréis mis estatutos y mis ordenanzas destinadas a hacer vivir al hombre” “You shall keep my statutes and laws; by the pursuit of them man shall live (Vayickrá 18:5).”

2.- “Quien destruye una vida, es como si destruyera todo un mundo y quien salva una vida, es como si hubiera salvado un mundo entero” Talmud, Sanedrín 37 a.

Estos, y muchos otros conceptos hicieron que autoridades como Maimónides llegaran a la conclusión acerca de este tipo de obligación: es decir, con lo estipulado y con lo que encontramos también en Vayickrá 19:16  donde se nos advierte la necesidad de “no ser indiferente ante la sangre de tu prójimo”, es que es importante salvar una vida, especialmente desde el punto de vista médico.

La unión de todos esos conceptos, esto hizo que nuestros sabios acordaran que una persona debe salvar a su prójimo, del peligro. (Bava Kamma, 81b, Sanhedrin, 73a).[13] Y es a partir de esto que Maimónides deriva un principio el cual dice que es una obligación bíblica para el médico el sanar.  A lo anterior, se suma otro concepto bíblico de Devarim 22:2 en el que se estipula el aspecto de la restauración; por consiguiente, es obligación de sanar, cuando uno ve a alguien en peligro y debe usar su cuerpo, su dinero o su conocimiento[14].

Resumiendo, nos damos cuenta, claramente, que el pensamiento judío coloca al medico la obligación de sanar, pero también encontramos que hay una obligación relacionada con el paciente, para dejarse sanar.  Pero, con respecto al aborto, no es lo mismo que la madre quiera dejarse tratar de cualquier dolencia, a que el feto lo haga, por lo que caemos nuevamente en el concepto de que el feto, es parte del organismo materno, hasta el momento del parto (como ya se describió, cuando la cabeza emerge de las entrañas maternas, por lo que se incluye allí la intervención quirúrgica o cesárea).

El sanarse y dejarse sanar, está apoyado por dos conceptos halájicos: el primero de ellos es el que promueve el bienestar de la sociedad, conocido como tikún olám, y el segundo, se basa en el hecho de que cada hombre es responsable, siempre, por sus actos, conocido como adám muád leolám.

También está apoyado por tres frases adicionales: la primera, en el Talmud, que dice: “Aquel que tiene dolor, va a la casa del médico (Talmud Babilónico Bava Kamma 46b);”

La segunda y la tercera se relacionan con quien decide no aceptar los tratamientos médicos viola las Escrituras donde dice: “You shall guard yourselves well (Devarim 4:15)”

“Indeed, the blood of your lives I will demand (Bereshit 9:5).”

Si repasamos lo que hemos visto anteriormente, nos damos cuenta de cuál es la posición de la halajá sobre el aborto, la cual es sumamente complicada: no se asemeja a la extremada derecha cristiana que considera todo aborto un acto de asesinato pero tampoco tiene la posición de la izquierda política que demanda el “derecho” del aborto a quien lo demande. La posición del judaísmo es moderada y considera el valor de la vida de la madre y el respeto a la vida, clasificada en potencia, del feto: esta cuestión es tratada en una de las Parashiot, en el caso de Tamar.

Revisemos dicha parashá (Vayeshev)

“Y aconteció que cuando la sacaban, ella envió a decir a su suegro: Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. Y añadió: Te ruego que examines y veas de quién es este sello, este cordón y este báculo.” (Bereshit. 38:25)

Rashi aquí está explicando que Tamar le rogó a Yehudá que tuviera misericordia sobre las tres almas que ella contenía. Específicamente el alma de ella y las almas de los gemelos que ella cargaba. De acuerdo al Talmud en Sanedrín 59 a, abortar un feto es un crimen para todos, incluyendo allí las leyes Noájidas[15] que aplican a toda la humanidad de acuerdo a la Torá. Al citar a los niños ella se defendía usando una defensa de dos caminos; si la pena de muerte por adulterio se impone de acuerdo a las leyes gentiles existentes en esos momentos ellos deberían de esperar a que los niños nazcan y si es de acuerdo a la ley judía no deberían de matarla pues el deber del matrimonio levirato le aplicaba a la familia de Judá y ellos se rehusaron a hacerlo.

Considerando este argumento de parte de Tamar podemos entender por qué Yehudá responde “ella está bien, porque yo no le di mi hijo Shela.” El admite que la estaba tratando de acuerdo a la ley gentil y los fetos deberían de ser salvados aún bajo esa consideración. Luego también reconoció sus materiales y vio que fue él mismo que había engendrado esos hijos.

Deberíamos de recordar que los reyes de Israel, David y el futuro rey de Israel el Mesías descendiente de la casa de David nacen de esta unión de Tamar y Yehudá. Si esta criatura hubiera sido muerta en el vientre de su madre no hubiera nacido el progenitor de la línea de David y no se podría establecer la línea del Mesías, la mejor esperanza para el mundo. Esto causa la profunda pregunta.

ENTONCES: ¿ESTA O NO PERMITIDO EL ABORTO? Y ¿EN QUE CONDICIONES?

Arranquemos de dos conceptos: el primero de la Torá y el segundo del Talmud

1.- “Y los bendijo Adonai, y les dijo: fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla…

2.- “Quien destruye una vida, es como si destruyera todo un mundo y quien salva una vida, es como si hubiera salvado un mundo entero” Talmud, Sanedrín 37 a.

El aborto para el judaísmo está indicado en los siguientes casos:

 

En una situación extrema donde la vida de la madre esté comprometida por el nacimiento del bebé. En este caso, de acuerdo a Maimonides y la Mishná en Oholot 7:6, el niño es considerado un “Rodef”(perseguidor), persona con potencial de asesinar a otro y este debería de ser exterminado antes que cause la muerte de la madre.

En Shabat y en Yom Kipur, una parte del propio cuerpo, pueden ser sacrificados para salvar la vida. Nuestros Sabios nos dicen: “profana un Shabat para salvar una vida, para que puedan preservarse muchos Shabats”. En este caso, el feto será observado como un órgano enfermo de la madre y, en consecuencia, puede ser amputado para salvar la vida de la madre.

En el caso en que la madre es considerada tan deficiente psicológicamente que cometiera el suicidio el aborto podría ser justificado en este caso por algunas opiniones halájicas.

 

Hay desacuerdo entre las autoridades rabínicas respecto al aborto por adulterio, o en otros casos de embarazo que son fruto de una relación bíblicamente prohibida. Desacuerdo también existe en casos de violación e incesto, ya que hay estudios que determinan que sólo el 0.1% de este tipo de encuentro sexual termina en embarazo; la cuestión fundamental seria el “peaje” emocional exigido a la madre por llevar a término el embarazo.

 

No hay acuerdo si la relación sexual por violación produce un embarazo en una mujer con retardo mental severo, ya que el solo aborto puede producir duelo.

 

Hay también desacuerdo en los casos de clonación.

 

No hay acuerdo con un aborto que se origina de aquellos embarazos que se produjeron por “desconocimiento de métodos de planificación familiar”.

 

No se permite el aborto por las siguientes causas:

 

El sólo hecho de mutilar el cuerpo. La madre es una entidad viva y viable que, con la ayuda del Eterno, tendrá otros hijos y llevará una vida productiva. El feto, por su parte, es un ente incierto. No sabemos si vivirá o morirá. Nos describen los historiadores que en recientes épocas de guerra se hizo hábito común entre los hombres cercenar un pequeño trozo del dedo índice para evitar así el reclutamiento. Semejante práctica, sin lugar a dudas, está prohibida. Una persona tiene prohibido auto-lastimarse. (Talmud Babilónico, Bava Kamma, 92 a)[16]

El valor de la vida propia antecede al valor de la vida del prójimo (Najmánides, Comentario en Vayicrá 19:18)[17]

 

No se permite en el caso de que los padres hayan solicitado  la amniocentesis solamente para evaluar únicamente si se van a presentar defectos de nacimiento. Sin embargo, un examen puede realizarse si es con vistas a llevar a cabo una acción permitida, tal como el rendimiento de la amniocentesis o el dibujo de los niveles de alfa-fetoproteína para mejorar el tratamiento médico del peri-parto o del post-parto.

 

No se permite el aborto de aquel embarazo que se ha llevado a cabo a través de la fertilización in vitro.

 

No se permite el aborto en casos como el de que una mujer que tiene diez hijos enfrente dificultades para manejar la situación y se encuentra con que está esperando a su hijo número once, ella, tiene prohibido someterse a un aborto.

 

No se permite que un feto sea abortado para salvar la vida de cualquier otra persona cuya vida no esté directamente amenazada por el feto, tal sería el caso si se pretendiera hacer uso de los órganos fetales para un trasplante.

No se permite el aborto utilizando como justificación las depresiones que se producen durante el embarazo y las de post-parto, ya que ellas son tratables.

 


Veamos opiniones particulares: el Rabino Shlomo Zalman Auerbach [18]prohíbe el aborto de un feto con la enfermedad de Tay Sacks pero permite el aborto de un feto anencefálico, y añade que sus órganos no sean utilizados para trasplante, mientras el feto respire espontáneamente. El mismo feto anencefálico, si es nacido a término, debe ser tratado aún en Shabat, pero no hay obligación para maniobras de resucitación. Para este tipo de bebes también está prohibido prolongar su existencia innecesariamente. En casos de embarazo múltiple, permite el aborto selectivo de uno de los fetos siempre y cuando salve a los demás y a la madre; estipula que un anestesiólogo tiene prohibido dar anestesia en los casos en que el aborto es prohibido por la halajá, aún con el riesgo de perder su trabajo; un ecografista no debe realizar una valoración por un aborto cuya causa este prohibida y permite la autopsia de un feto después de que la madre ha tenido varios eventos espontáneos, y se requiera averiguar la causa de ellos.   

La espina bífida debe ser corregida quirúrgicamente si es posible, y los grandes defectos quirúrgicos no deben ser intervenidos si el riesgo de supervivencia es dudoso. No se debe hacer perder la santidad del Shabat en el caso de que un bebe, prematuro, sufra de enfermedades o defectos genéticamente mortales; sin embargo, se debe hacer todo lo posible para salvar un bebé al cual se le puede ofrecer un tratamiento y éste le ofrece un chance de supervivencia, aunque sea pequeño. Si existen dudas de que si la entidad que lo afecta es mortal o si el bebe es nacido a término con un defecto letal, todo lo que sea necesario para hacer, hay que hacerlo, excepto la resucitación, en Shabat.

En los casos de violación, el Rab Shlomó Zalman Auerbach permite a la mujer utilizar métodos que impiden el embarazo después de tener relaciones.

 

El Rabino Auerbach también estipuló que las leyes de duelo se aplican a todo prematuro aunque tengan 5 ó 6 meses de edad gestacional, a quienes se les realizaron todas las maniobras para garantizarle su supervivencia, y lo hicieron durante más de treinta días después de habérseles dado de alta de una incubadora. A los otros, de menor edad gestacional, o que sobrevivieron menos de treinta días después de sacarlos de incubadora, o tienen condiciones cardíacas o pulmonares que son mortales, no se les aplica las leyes de duelo.

Es bien sabido por todos que el pensamiento judío a través de las generaciones, incluyendo aún el sistema halájico, está repleto de diferentes puntos de vista, y muchos de ellos, contradictorios: todos ellos han contribuido enormemente a la riqueza del pensamiento a lo largo de la historia.

Es por ello que las decisiones halájicas siempre  son muy complejas y pueden tener una gran cantidad de opiniones al respecto: por ejemplo, nuestros sabios propusieron que la obligación a ser sanado de una patología que puede llevar a la muerte está por encima de todos los mandamientos de la Torá aún a pesar del mismo Shabat y si el paciente se niega, será considerado como un “tonto piadoso” y El Eterno pedirá rendición de cuentas por su sangre, por lo cual hay que hacer lo que el médico ordena  (lo encontramos en Responsa Rabdaz, #1139; Shulján Arúj, OH, 328, Magen Avraham). Pero, cuando se encuentra con una frase como la que nuestros sabios consignaron en  Mishna Nedarim 4:4 que dice que “si alguien ha hecho un voto (promesa o juramento) para no recibir beneficios de un tercero, este (el último) no podrá tratar su enfermedad”, podría crea un estado de desconsuelo y desasosiego en el médico y en aquellas personas que tienen pendiente algunas decisiones por tomar.

Esto se puede demostrar con la siguiente analogía, basada en el hecho que “No debería decirse que El Eterno ha creado la enfermedad y el médico la ha curado”, frase encontrada en uno de los escritos de Najmánides… La analogía está en el Midrash Samuel ad 4:1 y dice:

Los rabinos Ishmael y Akiva estaban caminando por las calles de Jerusalém acompañados por un hombre: un enfermo se les atravesó y les preguntó: “Maestros: ¿Cómo puedo ser yo sanado?  Y ellos  le contestaron: “Toma un poco de esto y de esto hasta que estés sanado. El hombre que estaba con los dos rabinos se dirigió a ellos y les pregunto: ¿Quién fue que afligió a esta persona con la enfermedad? Ellos contestaron: “El Santo, bendito sea Su Nombre”.  El hombre nuevamente se dirigió a ellos y les dijo: Ustedes, sabios, interfieren en algo que no es de su incumbencia: el está afligido y ustedes lo sanan. ¿Qué haces? Le preguntaron los rabinos. Y él les contestó: yo soy granjero. “El sickle está en mis manos.” Ellos le preguntaron al hombre: ¿Quién creó la tierra y quién creo los viñedos? El Santo, bendito sea Su Nombre; contestó.  Entonces ellos le dijeron: “Tú estás interviniendo en lo que no es tuyo. El lo creó y tú comes de Su fruto.” No contento con la respuesta, el hombre refunfuñó: “¿Acaso no ven el sickle en mis manos?” Por el sólo hecho de que yo salga, siembre, riegue, fertilice, y abone, puede que no obtenga nada del campo, Ellos contestaron: Hombre, eres un tonto. ¿Acaso no has aprendido en tu trabajo que los días del hombre son como los de la hierba del campo? De la misma manera como un árbol que no sea fertilizado ni abonado, no va a producir frutos: y si produce frutos y no es regado ni fertilizado no continuará viviendo y morirá, de la misma forma pasa con el hombre, que es como un árbol; el fertilizante es la medicina y el granjero es el médico.

 

EL ABORTO EN ISRAEL

El aborto y la tentativa de aborto fueron, hasta 1977 prohibidos, siguiendo la ley criminal del mandato británico. Ese año, sin embargo, pese a la oposición del rabinato israelí, la Knéset (el parlamento israelí) promulga una ley que permite el aborto condicionado a la aprobación de la madre, a que la criatura nazca deforme, a que el embarazo resulte de una violación, una relación incestuosa o adulterina. La ley indica también como razones la edad de la mujer, menos de dieciséis o mayor de cuarenta. De esta manera la ley evidentemente contradice la posición general halájica y sigue el criterio comunitario preocupado por problemas que enfrenta la mujer independientemente de los valores religiosos.

Voceros consultados por muchas fuentes, sugieren que, en la práctica si una mujer desea abortar, debe acudir al Hospital en donde un pequeño comité de ética -integrado por un médico, un rabino, asistente social y psicólogo-, que maneja las situaciones de aborto, tiene autoridad legal para decidir si practica o no el aborto de acuerdo a cada caso en particular.

 

¿Qué podemos concluir, a grandes rasgos, al respecto de lo estudiado?

 

“He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Adonai vuestro Elohim, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Adonai vuestro Elohim, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy…” Devarím 11:26-28.

El Eterno nos ha dado unas bases y la observancia de ellas, es la que nos conducirá, por el camino apropiado, de cómo actuar ante las diferentes circunstancias que se nos presentan en el día a día, en cada uno de los países donde vivimos, que tienen una legislación muy particular a la cual hay que acostumbrarse,  y en especial en estos casos tan espinosos, donde la idea principal es, que “el hombre es creado a imagen y semejanza del Eterno (Betzélem Adonai).

Para terminar, se trae a colación una entrevista publicada en el Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 20 de mayo de 1998, al rabino Bitton que dice[19]: “El científico escala la montaña de la sabiduría científica y en la cima se encuentra con el teólogo, que lo estaba esperando allí desde hace muchos años”.

 

 

 

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TERMINADO DE ELABORAR EL 18 DE ABRIL DE 2011 – 14 DE NISAN  DE 5771.

 

 


[1] Éxodo / Shemot 21:22-23. La traducción que ha sido usualmente aceptada en muchos de los textos es “No matarás”; sin embargo, la intención de la palabra en hebreo, es decir “No asesinarás” ya que los conceptos varían aunque sean muy parecidos: el que asesina, lo hace generalmente enfrentando a una víctima que no está en capacidad de defenderse, mientras que el que “mata” generalmente lo hace en combate, como nos lo suponemos en las diferentes historias, por ejemplo, en la conquista de Canaán por Yehoshúa Ben Nun; en la defensa y reorganización también de Canaán por el David HaMelej; también en los casos en los cuales los jueces condenan la “hechicería” y/o los actos de violencia y había que ejecutar la pena de muerte (con medidas que conocemos como el apedreamiento).

 

[2] Ashkenazi, Rab Yehudá, Beér Hetiv, Jóshen Mishpát 425:2

[3] Tenemos en los textos halájicos la consideración de que si un profesional de la medicina ha causado una muerte y, por ello toma conciencia de que tuvo comportamiento negligente, debe ser exiliado. (Tur and Shulján Arúj, Y.D. 336:1).

[4] Si bien existe el debate entre los rabinos si el aborto es una prohibición bíblica o rabínica, todos están de acuerdo sobre el concepto fundamental de que básicamente, el aborto está permitido solamente para proteger la vida de la madre o en otras situaciones extraordinarias. La ley judía no permite un pedido de aborto sin una razón apremiante que lo justifique.

[5] Tomado de New Horizons in Medical Ethics, The First International Colloquium; Medicine, Ethics & Jewish Law  1993; página 33

[6] Ensoulment – término en inglés que utilizan los textos de referencia para describir el proceso de “adquisición del alma”

[7] Mishná proviene de la palabra shaná que significa repetir: recopila en 6 tratados, la enseñanza de la tradición oral.

[8] Series educativas Nº 5 del Religious Coalition for Reproductive Choice.

[9] Series educativas Nº 5 del Religious Coalition for Reproductive Choice

[10] Series educativas Nº 5 del Religious Coalition for Reproductive Choice.

[11] Series educativas Nº 5 del Religious Coalition for Reproductive Choice.

[12] Series educativas Nº 5 del Religious Coalition for Reproductive Choice.

 

[13] Tomado de New Horizons in Medical Ethics, The First International Colloquium; Medicine, Ethics & Jewish Law  1993; página 40.

[14] (Comentario de la Mishná Nedarim 4:4 de Maimónides)

[15] Leyes Noájidas o más conocidas como las “ 7 leyes universales” que muchos de los rabinos y eruditos judíos dicen que se aplican a todos los pueblos.

[16] The First International Colloquium: Medicine, Ethics & Jewish Law ’93, página 55

[17] The First International Colloquium: Medicine, Ethics & Jewish Law ’93, página 56

[18] Tomado de www.medethics.org.il

[19] Entrevista al rabino Iosef Bitton. Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 20 de mayo de 1998. Disponible en http://serjudio.com/dnoam/jbitton002.htm,

1 comentario

  1. StephyNR

    definitivamente es un tema muy polemico, pero es muy cierto lo que dicen las enseñanzas de la torá.

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