El impacto del judaísmo en la civilización – Cuarta parte

PorMax Stroh Kaufman

El impacto del judaísmo en la civilización – Cuarta parte

El impacto del judaísmo en la civilización – Cuarta parte

Continuación

5.2 Los judíos en España

Algunos asocian el país de Tarsis, mencionado en los libros de Isaías, Jeremías, Ezequiel, Primero de los Reyes y Jonás, con la antigua civilización de Tartessos o, al menos, con algún lugar de la Península Ibérica.

Si esta identificación fuese correcta, el contacto de los judíos con la Península Ibérica se remontaría a la época de Salomón.

Parece claro, en cualquier caso, que el reino de Israel mantuvo relaciones comerciales con un lugar llamado Tarsis.

En Ezequiel 27:12 así se dice: “Tarsis comerciaba contigo por la abundancia de todas tus riquezas, con plata, hierro, estaño y plomo a cambio de tus mercaderías.”

También se hace referencia a este comercio en 1Reyes 10:22, donde se dice que “una vez cada tres años la flota de Tarsis venía y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales”.                                                                                                          

Y es asimismo el país lejano al que Jonás quiere ir para escapar de Dios (Jonás 1:3),

Lo que aproxima a las citas anteriores es el conocimiento que se tiene de la existencia de comunidades judías en territorio español desde tiempos remotos, el hallazgo de evidencias arqueológicas lo confirman.

Un anillo fenicio del siglo VII a. C., hallado en Cádiz con inscripciones paleo-hebraicas, una ánfora, en la que aparecen dos símbolos hebreos del siglo I, encontrada en Ibiza, también existe un sarcófago en Almería con signos Hebreos del siglo I d.C.

La presencia hebrea en el actual territorio español tuvo cierto incremento durante las Guerras Púnicas, 218-202 antes de la era común, durante las cuales Roma se apoderó de la Península Ibérica (Hispania), y se sabe con precisión que el incremento de la población judía se dio varios siglos después a raíz de la conquista de Judea por el general romano Tito.                                               

Se calcula que en España se asentaron, durante las primeras décadas de la Diáspora, alrededor de 80.000 personas procedentes de Palestina.

Con la caída del Imperio Romano y la invasión de la península por tribus germánicas, como los visigodos, suevos y vándalos, sobreviene una época de dificultad para los hebreos que en ella vivían.

Atraviesan toda España desde los tiempos de los romanos.

Al sobrevenir la acepción del Cristianismo como religión de los reinos bárbaros, y la instauración de la Iglesia Católica en España bajo el reinado de Recaredo, año 587 después de la era común, las comunidades judías pasan a ser dominadas completamente y se inicia una época de persecución, aislamiento y rechazo.

Es en esta época donde comienzan a fraguarse las primeras aljamas y juderías de las ciudades españolas donde hubo grandes asentamientos hebreos.  (Las aljamas eran las entidades autónomas en las que se agrupaban las comunidades judías de las diferentes localidades.

Tenían sus propios magistrados, y se regían por sus propias normas jurídicas, basadas en la Halajá. La institución de la aljama se trasladaría después a la España cristiana, y permanecería vigente hasta el momento de la expulsión)                                         

Una de las ciudades españolas a las que se le atribuye ser fundada por judíos  fue Toledo, que proviene de la palabra (y porción bíblica) Toledót o Toldot, que significa generaciones. Además de la anterior, los judíos desarrollaron prósperas comunidades en la mayor parte de las ciudades españolas.

Destacan las comunidades de las ciudades de Burgos, Sevilla, Córdoba, Jaén, Ávila, Granada, León, Segovia, Soria y Calahorra.

En la Corona de Aragón, las comunidades de Zaragoza, Gerona, Barcelona, Tarragona, Valencia, Vitoria y Palma de Mallorca se encuentran entre las más prominentes.

Algunas poblaciones, como Lucena, Hervás, Ribadavia, Ocaña y Guadalajara, se encontraban habitadas principalmente por judíos. De hecho, Lucena estuvo habitada exclusivamente por judíos durante siglos en la Edad Media.

La comunidad judía española, durante esta época, fue la más grande, mejor organizada y más avanzada culturalmente gracias a las grandes libertades de que gozaba.

Numerosos judíos de diversos países de Europa y de los dominios árabes se trasladaron a España, integrándose en la comunidad existente, y enriqueciéndola en todos los sentidos.

Muchos de estos judíos adoptaron el idioma árabe y se desempeñaron en puestos de gobierno o en actividades comerciales y financieras.

Esto facilitó enormemente la incorporación de la población judía a la cultura morisca, principalmente en el sur de España, donde los judíos ocuparon puestos importantes y llegaron a amasar considerables fortunas.                                                                                                                        

Por lo tanto, es bajo el dominio del Islam cuando la cultura hebrea en la península alcanza su máximo esplendor. Protegidos, tanto por reyes cristianos como musulmanes, los judíos cultivan con éxito las artes y las ciencias, destacando claramente en Medicina, astronomía y matemáticas.

Además, los estudios religiosos y la filosofía son quizás la más grande aportación.

Algunos nombres destacan en tales áreas.

El rabino cordobés Moshé ibn Maimón, más conocido con el sobrenombre de Maimónides, se distingue sobre los demás por sus aportes al campo de la Medicina, y sobre todo en la filosofía.

Sus obras, como la Guía de perplejos y los comentarios a la Teshuvot, ejercieron influencia considerable sobre algunos de los doctores de la iglesia, principalmente sobre Tomás de Aquino.

De Salomón Yehudá Ibn Gabirol recibimos el libro llamado,  La fuente de la vida o mekor jaím, nombre original hebreo, fue traducida al  latín como Fons Vitae, y este se convirtió en uno de los libros bases del franciscanismo, importante referencia posterior para el mundo católico y cristiano.

En el campo de la matemática, se les atribuye a los judíos la introducción y aplicación de la notación numeral indo arábiga a Europa Occidental.

Azraquel de Sevilla realiza un estudio exhaustivo sobre la Teoría de Ecuaciones de Diofanto de Alejandría, mientras que Abenezra de Calahorra escribe sobre las peculiaridades de los dígitos (1-9) en su Sefer ha-Eshad, redacta un tratado de aritmética en su Sefer ha-Mispad y elabora unas tablas astronómicas.

Años antes de la Reconquista, el converso Juan de Sevilla tradujo del árabe un volumen del álgebra de Mohammed al-Khwarismi que fue posteriormente usado por matemáticos como Nicolo di Tartaglia, Girolamo Cardano o Viète.        

En la arquitectura se destaca el estilo morisco con el que se construye la Sinagoga del Tránsito (o de Samuel Ha-Leví) en la ciudad de Toledo, exponente máximo de la arquitectura judía de ésta época, al igual que la de la ciudad de Córdoba.

Alfonso “el sabio” en el siglo 13, reunió a los astrónomos más importantes de la época para estudiar los movimientos planetarios: corrigieron las tablas de Tolomeo y prepararon las “Tablas Alfonsinas,” redactadas por Isaac ben Sid, que tuvieron validez hasta la época de Copérnico.

En resumen, en el plano cultural, los judíos fueron los transmisores de los conocimientos árabes.

Gracias a ello, en cortes como la de Alfonso X, junto con colaboradores árabes, se pudo llevar a cabo la enorme obra de recopilación, traducción y divulgación de todo el saber humano de la época.

Hay que resaltar que mientras los judíos llamados sefaradíes, se hicieron destacar mayores aportes a las ciencias del conocimiento, el grupo de los judíos ashkenazíes realizaron grandes aportes a la espiritualidad y sobre las escrituras: por ejemplo, El libro de comentarios de Rashi, los Tosafot, y el Sefer HaIashar (El “Libro de la Rectitud”).por Rabeinu Tam: quizás la obra halájica más completa de los judíos de su tiempo, el Sefer Mitzvot Gadol (Sema”g por sus abreviaturas), escrito por Moshé de Coucy; el Sefer Zejirá, que describe los sufrimientos del pueblo judío de la época, escrita por el Rabino Efráim de Bonn; el Sefer Jasidim y las “Tzavaot” escritas por Yehuda haJasid, el “Tashbetz”, escrita por el Rabi Meir de Rothemburg, conocido como Maharam; el Shulján Aruj en el siglo 16 de la era común,

Los siglos 10 a 15 de la era común fueron de cambios radicales en la península ibérica: grandes avances de la ciencia, el surgimiento de España como el imperio más poderoso de la época a pesar de las guerras y conflictos tanto externos (por ejemplo, las cruzadas) como internos, y que estos ocasionaron frecuentes persecuciones  a los judíos añadido a la necesidad judía de retornar a Jerusalém, de la que podemos citar como ejemplo más significativo, el hecho que en 1141 el español Yehúda Haleví hizo un pronunciamiento para que los judíos regresen a  Israel, ejemplo que fue repetido un siglo después por el rabino español Najmánides: en su caso, emigrando a Jerusalém y creando un vínculo constante con esta ciudad, con el que aseguró la presencia de judíos en la región; la renovación de la creencia en Asfareth,

En primer lugar basándose en el concepto del Libro de Deuteronomio 30:13 que dice: “Y ella (la Biblia) no está al otro lado del mar para que digas ¿quién pasará por nosotros el mar, para que nos la traiga y nos la haga oír a fin de que lo cumplamos?:

En segundo lugar, donde el pensador español Ibn Ezra, nacido en el año 1092 de la era común, decía que al otro lado del mar expresa lejanía: algo remoto y lejano de Israel, a través de un Mar Grande que nadie puede atravesarse y,

En tercer lugar, la necesidad que tenían los judíos españoles de encontrar a las 10 tribus perdidas para que les brindaran un apoyo que “pedían a gritos” y por último la aparición de Cristóbal Colón, conocedor de los textos del Antiguo Testamento (Tanáj), extrajo de los profetas Esdras e Isaías, la siguiente frase: “Si se reúnen las naves para mí, con los navíos de Tarsis a la cabeza, para traer de lejos a tus hijos, con su oro y su plata, para el nombre de Adonai Tu Dios, para el santo de Israel para que te glorifique” ;con ello pone en marcha el gran proyecto que terminará con el Descubrimiento de América, fuertemente apoyado por los judíos conversos

En el año de 1478, el Papa Sixto V aprobó el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio en la Península Ibérica y en sus posesiones del Mediterráneo.

Como primer Inquisidor General, se nombró al dominico Tomás de Torquemada, confesor personal de la reina de Castilla y hombre fundamental en la expulsión de los judíos de España, en el año de 1492.

El 31 de marzo de 1492 por los reyes recién llamados Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, se firma El Decreto de la Alhambra o Edicto de Granada, el cual obligaba a todos los judíos de la España católica a convertirse esa religión o ser expulsados, con término el 31 de julio de 1492.

Por motivos logísticos se extendió este plazo hasta el 2 de agosto a las doce de la noche. Fernando el Católico también firmó otro documento semejante para el reino de Aragón.

Un cronista de la época, Andrés Bernáldez, describía así la salida de los judíos de la ciudad de Zaragoza:

Salieron de las tierras de sus nacimientos chicos y grandes, viejos y niños, a pie y caballeros en asnos y otras bestias y en carretas, y continuaron sus viajes cada uno a los puertos que habían de ir, e iban por los caminos y campos por donde iban con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, otros muriendo, otros naciendo, otros enfermando, que no había cristiano que no hubiese dolor de ellos y siempre por donde iban los convidaban al bautismo, y algunos con la cuita se convertían y quedaban, pero muy pocos, y los rabinos los iban esforzando y hacían cantar a las mujeres y mancebos y tañer panderos y adufos para alegrar la gente, y así salieron de Castilla.

La gran mayoría de los estos judíos provenientes de la península Ibérica, serían recibidos en el Imperio otomano, que a la sazón estaba en su máximo apogeo.

El sultán Bayaceto II permitió el establecimiento de los judíos en todos los dominios de su imperio, enviando navíos de la flota otomana a los puertos españoles y recibiendo a algunos de ellos personalmente en los muelles de Estambul, como consta una pintura del ilustrador Mevlut Aky?ld?z.

Es famosa su frase: “Gönderenler kaybeder, ben kazan?r?m”, que traduce: aquellos que les mandan pierden, yo gano.

Estos judíos se establecieron cuatro comunidades en el Imperio otomano, mucho más grandes que cualquiera de las de España, siendo las dos mayores la de Salónica y la de Estambul, mientras que la de Esmirna, en Turquía, y la de Safed, en Israel, fueron las de menor tamaño.

Sin embargo, se documenta su establecimiento en casi todas las ciudades importantes del imperio, fundando comunidades en Sarajevo (Bosnia), Belgrado (Serbia), Monastir (República de Macedonia), Sofía y Russe (Bulgaria), Bucarest (Rumanía), Alejandría (Egipto) y Edirne, Çanakkale, Tekirda? y Bursa en la actual Turquía.

Otros, se unieron a la expedición organizada por Cristóbal Colón quien aprovechó el conocimiento existente para planificar el viaje: utilizó los Portolani, o estudios de navegación de los aragoneses en el Mediterráneo, los datos aportados por las expediciones de Marco Polo y con la ayuda de los conversos Abraham y Yehúda Cresques (conocido con el nombre de Jaime Rives, autor del “Atlas Catalán”, la obra de navegación más extensa conocida en la época): también utilizó el Astrolabio mejorado por Abraham Zacuto (profesor de la Universidad de Salamanca y autor del “Almanaque perpetuo”); también, las tablas Alfonsinas que le permitieron predecir un eclipse lunar tres días antes de que ocurriera en 1504.

Es concluyente, y lo demuestra la historia, que la expedición no hubiera sido posible sin el apoyo de los judíos y especialmente de los conversos, y sin importar lo que piensen muchos autores, la impronta judía está allí, en el hallazgo del Nuevo Continente, desconocido por el mundo de esa época.

Continuará… el impacto del judaismo en la civilización quinta parte

07 de Noviembre de 2010 – 30 de Jeshvan de 5771

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