Mala suerte y mala racha

PorMax Stroh Kaufman

Mala suerte y mala racha

Cuando las cosas que llamamos “mala suerte” me suceden

¿Son culpa de Hashem?

Lo llamamos Mala Suerte cuando en nuestras vidas nos sucede algo “malo” y buscamos un culpable de nuestros errores o de las cosas que no resultan de acuerdo a nuestros deseos, uno de los que siempre resulta terminando culpable, al menos por la mayoría de las personas, es El Todopoderoso: él es culpable de “mi pobreza” o de mi “falla en los negocios”  o inclusive de “mi mala salud”

Muy seguramente que la vida para aquellas personas que tanto se quejan y tanto reniegan o protestan, no es fácil.

El Creador, a cada instante, está pesando y verificando que es y que no es bueno para la  neshama (alma) de cada uno de nosotros;  aunque haya situaciones que duelan o sean incómodas,  todo lo que el Creador hace es para el bien. Esto lo podemos comparar con a la actuación de un cirujano: cuando este profesional realiza una operación en un paciente, tiene que cortar la carne del hombre con un bisturí, haciéndole sangrar: en ese instante,  el médico está actuando desde el punto de vista de la benevolencia, no desde la crueldad. El Creador, a quien según el ejemplo, podríamos catalogarlo como el Doctor de todo el mundo, hace la misma cosa con cada uno de nosotros.

Otra manera de comprobarlo es a través de la siguiente parábola: en una ocasión un rey quiso comprobar la lealtad de sus súbditos. Llamó a uno de sus oficiales y le ordenó ir a infiltrarse entre las masas, para tratar de incitar una rebelión en su región. Mediante la observación de quienes se fueran adhiriendo a las ideas  de este agitador, el rey podía ser capaz de medir la lealtad o deslealtad de sus súbditos. Esto hizo que un hombre sabio se le acercara, y lo instigara acerca de que explicara cómo sería posible que un monarca tan poderoso le permitiera alguien  moverse con tanta libertad. Como no encontró en él ni en su actuación ninguna razón que lo convenciera, concluyó, que el ??rebelde debía estar actuando con el consentimiento del rey, y su propósito era poner a prueba la lealtad de la población. Así fue como el hombre sabio rechazó, de plano, esta actitud, y convenció al resto de los súbditos del rey, que retornaran al camino de bien y no le prestaran atención al instigador.

Muchas personas a lo largo y ancho de la historia de la humanidad han pasado por grandes tribulaciones, grandes penurias y dificultades, pero lo que los llevó siempre adelante fue su fortaleza y su fe en El Creador.

El Creador siempre dispone de grandes planes para cada uno de nosotros, y nos pide que pongamos toda nuestra confianza en Él…

Que nos empeñemos cada día haciendo un esfuerzo en reconocer que El Eterno es  el único dueño de nuestras vidas; que sepamos que Él es quien gobierna en forma absoluta y total al universo entero, y todas las cosas hacen Su voluntad, nos va a permitir desafiar cualquier objeción a la Voluntad Divina, como prueba de nuestra lealtad. De hecho, la inclinación al mal [que lo conocemos como el yétzer hará] se limita a llevar a cabo una misión: la  de seducirnos al pecado, con un poder, que es variable entre cada uno de nosotros, pero con el objetivo final que transgredamos  la voluntad divina, y que olvidemos las mitzvót y las buenas obras que veníamos haciendo, tanto como compararlo con un diabético que se somete a su deseo por los dulces, a sabiendas de que él se está haciendo daño a sí mismo.

Una de las formas como Él pide esto, es que dediquemos, inicialmente, un pequeño tiempo de cada uno de nuestros días, para hablarle (al Todopoderoso) con nuestras propias palabras. (este proceso lo conocemos con el nombre de Hitbodedut). Este es el primer paso con el cual, El Creador nos hará sentir mejor, y a través del cual comenzaremos  a sentir cuánto El nos ama. Luego de ello, pide que empecemos a estudiar Su palabra, a través de la Torá, y que, simultáneamente, comencemos a hacer buenas obras: es como ir al gimnasio o empezar a hacer una dieta: al principio “no es nada fácil,”  pero con el transcurrir del tiempo, todo se logra y vemos como, lo que parecía difícil, es cada vez más sencillo y menos complejo.

No  olvidemos nunca que el Gran Padre en el Cielo (Abinu ShebaShamáim), HaShem, El Creador, El Todopoderoso, es un Padre amoroso; que nada en el mundo puede existir de no ser por la Voluntad Divina, y que las cosas “nos salgan mal” puede ser parte de la voluntad divina, sólo parte de una prueba, y que ello es solamente para que nos acerquemos a Él y cumplamos con sus mitzvot, jukim y mishpatim, a través de las cuales llegarán a nosotros las bendiciones, “hasta que sobreabunden” o, que logremos alcanzar unos niveles espirituales tan elevados como quizás ningún humano alguna vez haya alcanzado.

 

Publicado por 321judaismo.com

24 de Adar de 5772 – 18 de marzo de 2012

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