Milagros personales

PorMax Stroh Kaufman

Milagros personales

Milagros personales

Milagros en el Judaísmo

¿Que son los milagros personales? Para saber que son y, a que se refieren los milagros personales, puede no ser suficiente una descripción literal, que podemos encontrar en cualquier diccionario o enciclopedia de cualquier religión, sino que, a través de ejemplos, podremos lograr una visión más objetiva; todos hemos escuchado la historia en el judaísmo acerca de la apertura del Mar Rojo, en el cristianismo el hecho de Jesús haber caminado sobre las aguas;  el hecho que el Buda haya ordenado a las aguas retroceder para poder caminar entre ellas y llegar a suelo seco, en el budismo; También la fragmentación de la luna por parte de Muhamad, o el conocido milagro de la multiplicación de los panes también por este profeta; también habremos escuchado, probablemente acerca del nacimiento Lao Tse, que tomo 72 años, para los seguidores del Taoísmo

Sin embargo, nuestro tema tiene que ver con los milagros personales: aquellos que son tan pequeños que solamente los visualiza la persona que los vive, con las excepción, hoy en día, de lo que acontece a través de los medios de difusión masiva (internet, radio y televisión en los cuales miles de pastores y líderes realizan “milagros,” a diario, también a cientos de miles de fieles o personas que creen en las palabras de estos pastores.

Estos, milagros personales, privados, son, como hemos dicho, más pequeños que aquellos milagros majestuosos mencionados pero que debe cumplir con la función de enseñarnos a tener fe en El Creador. Son muchas las formas como ellos se pueden presentar: por ejemplo niños que oran, pidiendo ayuda para encontrar algo que se les ha perdido, y lo encuentran; personas que disponen de su poco dinero en el beneficio de una persona que lo necesita y, después, le llegan los recursos necesarios para pagar su matrícula universitaria, el alquiler o de alguna forma obtener comida para su familia.

Vemos entonces que, hay milagros, los cuales, a diferencia de aquellos descritos en la Torá y en el Tanáj, vienen camuflados como aparentes coincidencias, como eventos naturales, como incidentes que “simplemente ocurrieron”, pero que en realidad son los productos de intervención celestial en los asuntos de la humanidad.

Analicemos un caso en el cual, un hombre, repentinamente decidió regresar a su casa por una nueva ruta. Mientras pasaba por un área llena de vegetación espesa, de crecimiento no modulado por el ningún hombre, escuchó el sonido inconfundible de una lucha. Una mujer estaba siendo atacada.

Este hombre, un ser común y corriente, que no gozaba de una contextura atlética, ni mucho menos se consideraba como el más valiente de las personas, tuvo temor por su propia seguridad. Sin embargo, la persistencia de los gritos de aquella mujer, le infundieron el valor para tratar de ayudarla. Corrió hacia la vegetación, agarró al asaltante y lo arrojó lejos de la mujer y pudo forcejear con él hasta que el atacante saltó y se escapó.

Sólo entonces se dio cuenta que la mujer que gritaba, era su propia hija.

Situaciones como estas y aún “más grandes” las podemos explicar desde varios puntos de vista dentro del judaísmo:

La primera de ellas a partir del versículo de la Torá que dice que:

Tú no podrás ver mi rostro, porque el hombre no puede verme y vivir Y dijo el Eterno: He aquí un lugar junto a Mí, y allí te pondrás de pie sobre la peña; y sucederá que mientras va pasando mi gloria, Yo te pondré en la hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que Yo pase. Luego apartaré mi mano para que veas mis espaldas, mas mi rostro no será visto.

Vayomer lo tujál lirót et panái ki lo yiráni haadám vajái. Vayomer Adonai híne makóm ití venitzávta al hatzúr. Vehayá baavór kvodí vesamtíja benikrát hatzúr vesakotí japí aléija ad ovrí. Vahasirotí et kapí veraíta et ajorái ufanái lo yeraú…

De esta afirmación podríamos deducir que, Sus acciones, Su voluntad, Su manera de pensar, estarán ocultos a nuestra “visión” y  por ello, nos ocurrirán milagros personales, que los catalogamos como algo que “simplemente pasó”.

Otra de las formas de verlo es, a través de una palabra que describe esta situación, la cual es PURIM,  y que, a grandes rasgos, significa “lotería:” y es así como describimos muchos de los milagros personales que nos suceden a diario, porque creemos que es gracias a nuestra suerte, nuestra pericia, nuestras habilidades o nuestros conocimientos, que nos salvamos de tragedias, eventos adversos, etc.

También hay otra palabra en hebreo: Venaafoj: ella quiere significar que hubo un vuelco radical en alguna situación, que al principio podría parecer una desagracia en pero que después de un tiempo, al hacer un análisis retrospectivo, nos damos cuenta que lo hemos atribuido a un milagro que HaShem fue capaz de ofrecernos.

Para entender esto podemos traer muchas anécdotas en las cuales, cualquiera de nosotros puede haberse visto en una situación extrema: no tener dinero para pagar una deuda, enfermarse seriamente y pensar que no se va a curar, tener una decepción y pensar que por ello es “el fin del mundo” pero, luego de algún tiempo, vemos como nada era “el fin del mundo” sino que lo que vivimos, nos enseño a moldear nuestra manera de pensar o nos condujo a otra situación de felicidad.

“Lo más increíble de los milagros es que ocurren”; escribió en alguna época, Gilbert Keith Chesterton, y que los milagros son aquellos momentos de la vida que en forma personal o colectiva encontramos, de manera contundente, la presencia de HaKadosh Baruj Hu.

Pero cuando hablamos de los milagros personales, la Torá, y el Talmud, nos enseñan a ser agradecidos con esto: por ejemplo, existe la bendición llamada “Bircat ha Gomel” que significa “Bendición de la recompensa”, la cual es una tradición muy antigua, con la cual, le damos gracias al Todopoderoso por habernos recompensado y mantenernos con vida en cada una de las situaciones en las cuales se puede ver afectada la salud, la libertad, o la supervivencia a una larga travesía.

Pero la Halajá nos da una indicación adicional: cuando vivimos o evidenciamos los milagros personales, debemos recitar la oración que dice así: “Barúj sheasá li nes bemakóm hazé Bendito sea que me prodigó un milagro en este lugar”.

Esta es una actitud que parece simple, pero no lo es tanto, porque la halajá también le dice a nuestros hijos y nuestros nietos que complementen la bendición de la siguiente manera: “Barúj sheasá le abí (le abotái) nes bemakóm hazé Bendito sea quien le prodigó a mi padre (mis antecesores), un milagro en este lugar”, a diferencia de la bendición que se haría para los milagros colectivos, que diría Barúj sheasá nisím laabotéinu bamakóm hazé. Bendito sea quien le prodigó a nuestros antepasados, un milagro en este lugar.”

Hacemos nuevamente énfasis en nuestra forma de ser, la cual hace que muchas veces pensemos que, en la época actual, si un milagro es muy raro, mucho más la posibilidad de repetir los milagros: esto debido a que, la mayoría de nosotros hemos sido educados con el concepto de que los milagros, para ser notorios, únicamente existieron en la Biblia, pero se nos olvida que los milagros personales “nos persiguen a diario,” cuando por ejemplo, El Todopoderoso nos permite vender nuestra casa cuando por el deterioro de la economía, nadie está comprando, o también cuando nos reconciliamos con alguien con quien pensábamos que teníamos una situación irreconciliable, o cuando tenemos la fortaleza psicológica para sobrepasar situaciones que pensábamos no íbamos a ser capaces de manejar, etc. Que son situaciones muy distintas como la de quien cree que estando embriagado, puede conducir a altas velocidades sin sufrir ningún accidente; en estos casos de múltiples y repetidos milagros personales, la Halajá procura que, en una sola oración, mencionemos todos estos hechos, en forma de agradecimiento.

Y también la halajá nos sugiere que, hay lugares donde estos milagros personales ocurren con mayor frecuencia: para ello también nos indica intervenir con una pequeña oración, agradeciendo por la ocurrencia de dichos milagros, en ese (o esos) lugares, para dar un ejemplo, Bet El donde Yoséf oró por la visión que tuvo.

En general, podemos resumir, que si existen los milagros personales, no de la manera como lo hacen público los medios de comunicación masivos, pero si tenemos por escrito, a través de la Mishná, la enseñanza que debemos aprender a bendecir tanto por lo bueno como por lo malo; por ello, estamos invitados a tener una comunicación más directa con nuestro Creador, quien es el dador de todas las cosas

Para cerrar la revisión que hemos planteado acerca de los milagros personales, veamos lo que opina el Rabino Eliahu J. Klein: “Veamos cada momento de nuestra vida como un milagro inesperado. No debemos esperar a las catástrofes para abrir nuestro corazón a Ti, Creador de toda curación. Echemos un vistazo a todos los momentos como la celebración de la posibilidad de un milagro. A veces una oración espontánea del corazón es un milagro. A veces escuchar a otra persona es un milagro; a veces, incluso una lágrima o una sonrisa de una persona triste es un milagro. Permitamos que el Creador de la curación nos inspire para ver, en cualquier momento, lo largo de los días de nuestra vida, la posibilidad de que ocurran milagros: inesperados e íntimos”.

 

08 de enero de 2013 –  26 de Tevet de 5773

Favor citar la fuente cuando se reproduzca este articulo por cualquier medio.

 

About the author

Max Stroh Kaufman administrator

1 comentario hasta ahora

Milagros en el JudaísmoPosted on2:22 pm - Ago 18, 2017

[…] vez deberíamos re-definir el milagro como un acontecimiento que ocurre debido a una intervención Divina. Dado que no “entendemos” […]

Deja un comentario