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Parasha Emor

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Parasha Emor

Parasha Emor

La parashá de esta semana comienza cuando el Creador le dice a Moshé que hable con los sacerdotes (los hijos de Aarón) y les diga: lenéfesh lo yitamá beamáv, que significa que no tienen permitido volverse impuros alrededor de los muertos (1): ellos, los sacerdotes, no tienen permitido estar cerca del cuerpo de una persona que haya muerto para no tomar sobre ellos lo que es llamado Tumat Met, la impureza de la muerte.

Si esto es un mandamiento para un Sacerdote (Cohen), ¿Qué tenemos que aprender aquellos que no somos Cohanim?

Lo primero que tenemos que aprender, es el sentido de la muerte: a todos y cada uno de nosotros nos ha tocado o nos tocará vivir la muerte de un ser amado: esto, para nosotros es una pérdida: una desconexión con aquel ser “que ya no está”; Sin embargo, algunos pensadores, cabalistas especialmente, sugieren que la muerte no existe: que es sólo un proceso de separación  o desconexión. Para otros, es solo un proceso de negativismo y de carencia: Si asumimos que somos creados a imagen y semejanza de El Eterno y que su Chispa Divina está en nuestro interior,  realmente, una persona nunca muere ya que esa chispa divina se desplaza, cambia de lugar, y allí es cuando sentimos que nos hace falta la presencia de aquel ser amado: es entonces cuando creamos el fenómeno que conocemos con el nombre de “muerte”, porque algo nos hace falta; estamos carentes de algo… y todo lo vemos oscuro.

Cuando el Creador le dice a Moshé: “dile a los sacerdotes” y si a esta frase le sumamos que Israel es un pueblo de sacerdotes, esta frase nos involucraría a todos: entonces, cuando se nos enseña que nuestra labor es alejarnos de la impureza de la muerte, Tumat Met, entonces, debemos alejarnos de esa sensación de oscuridad, de que todo está perdido;  debemos dejar de quejarnos, y de sentir que estamos carentes y, por el contrario, sentir y estar seguros que nuestra actitud debe estar rebosante de luz, la Luz del Creador, porque con ella vamos a impulsar el cambio, impulsar las buenas obras, los buenos actos, los buenos pensamientos que también influirán para que el mundo a nuestro alrededor cambie y es por ello que debemos asumir el mandato de “ser la luz del Mundo”, que, en últimas, permitirá la pronta llegada del  Mashíaj.

(1)    Y dijo el Eterno a Moshé: Habla a los sacerdotes, hijos de Aarón, y les dirás: por un muerto entre su pueblo, no se impurifique salvo por su mujer, que es próxima a él, por su madre, por su padre, por su hijo, por su hija y por su hermano; también por su hermana virgen, que es próxima a él, que no estuvo con hombre; por ella podrá impurificarse.

27 de abril de 2013 – 17 de Iyar de 5773

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Max Stroh Kaufman

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