Guarda tu lengua

PorMax Stroh Kaufman

Guarda tu lengua

Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engañosamente.

Guarda tu lengua

La enseñanza de muchas escuelas religiosas (judías, cristianas y católicas por ejemplo) dejan entrever que lengua es un instrumento el cual ha sido utilizado para hablar mal de todas las cosas, de maldecir y jurar, de los hombres y sus actos; además, utilizada para reprochar e injuriar, proferir palabras obscenas, maldecir, e incluso, hablar mal del Todopoderoso.

En todas ellas, basadas en lo que se conoce a nivel internacional como el Antiguo Testamento, encontramos la frase: Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engañosamente.

Esta frase, en el judaísmo, se constituye, tal vez, en la enseñanza más grande que el judaísmo nos puede dejar para indicarnos cómo debemos hablar, en todo momento… y nuestros sabios insisten, permanentemente, que cuidemos la forma de cómo nos expresamos. El rey Shlómo fue uno los más incisivos al respecto y nos dijo, el los Proverbios, que “El poder de la vida y la muerte están en la lengua” Job, por otro lado también nos dijo algo parecido de la siguientes forma: “consejo oscuro son las palabras sin sabiduría”: El Jafetz Jaim, entre los más actuales,  también insiste que, nuestras palabras, pueden llegar a ser muy destructivas, si no son vigiladas cuidadosamente.

El Talmud, en Berajot 17a cita una breve oración, compuesta en el siglo tercero de la Era Común, por el hijo de Rav Huna que dicen: “Dios mío, guarda mi lengua de mal, y mis labios de hablar engañosamente.”
Tres veces al día, después de la oración Shmoné Esre, recitamos una oración que debe actuar en nuestro nombre para ayudarnos a controlar nuestra boca: “Dios, guarda mi lengua de mal, y mis labios de hablar engañosamente”.

En esta frase tenemos dos palabras que revisar: estas son: “lengua y labios” que para el hebreo son respectivamente “lashón y sfatáim” (derivada esta ultima de “safa”): lashón y safá podrian ser utilizadas, indistintamente, para relacionarse con un idioma o con un lenguaje: entonces, teniendo en cuenta que los labios están en el exterior y la lengua, en el interior de la cavidad oral para generar las palabras podemos, entonces, hacer una analogía hacia dos tipos de lenguaje: el interno y el externo que, en pocas palabras, simbolizan el lenguaje que pensamos o intentamos decir y el que expresamos.

Muchas veces hemos pasado por una situación donde queremos decir una cosa, y resultamos con otra, o lo peor, quien nos escucha, tiene una interpretación diferente a lo que queremos decir, y gracias a ello, se han generado muchos conflictos: esta es una de las razones por la cual nuestros sabios han insistido en que seamos muy conscientes de la frase: “Dios, guarda mi lengua de mal, y mis labios de hablar engañosamente”.

Para El Todopoderoso, las palabras no son “sólo palabras”, y nos lo recuerda con la Torá: Las palabras tienen poder. Lo que se diga puede romper o puede construir relaciones, familias, amistades, trabajo, matrimonios, vidas.

Dice la Torá: Los labios del necio traen contienda él, y su boca se invita a una paliza. La boca del necio es su ruina, y sus labios son lazos para su alma (Proverbios 18:6,7).

Cuando una persona sabe y aprende a guardar sus palabras, independientemente de la forma en que otras personas lo tratan, es capaz de abstenerse de la venganza y el discurso destructivo. Él es capaz de ser como El Todopoderoso, satisfaciendo las necesidades de las demás personas, incluso cuando lo tratan como algo prescindible y sin sentido.

Muchas veces podemos interpretar esta actitud como la de aquel que es demasiado sumiso o incluso rayaría en el papel de “iluso o tonto” porque puede optar por quedarse callado: sin embargo, esta no es la opción que la Torá propone: ella es insistente en el poder de la palabra, cuando cada persona vive y actúa para hablar de la Torá. Ella, la Torá, entonces se encarga de elevar a los seres humanos hacia una relación muy íntima con el Todopoderoso, proporcionándole una vida de valores morales y propósitos evitando la negatividad, la crítica, y disputas, para lograr vivir en un mundo de amistad, la dignidad y de amor, como está escrito en algunos pasajes de la Torá: La boca del justo es una fuente de vida, pero la violencia supera la boca de los impíos (Proverbios 10:11).

O también: Los labios de los sabios esparcen conocimiento; no así el corazón de los necios (Proverbios 15:7).

Y una tercera (de muchas) El que guarda su boca y su lengua, se guarda de angustias (Proverbios 21:23).

Una de las ventajas de quienes obedecen el concepto de “Dios, guarda mi lengua de mal, y mis labios de hablar engañosamente”, lo tienen en la seguridad que El Todopoderoso les va a escuchar sus oraciones, tal como lo dijo El Rey David: Escucha, oh Adonai, una causa justa; escucha mi clamor. Escucha mi oración, no de labios engañosos. Que mi vindicación venga de ti, que tus ojos vean lo que es correcto. Tú has probado mi corazón y me has visitado de noche, aunque me tentáis, no encontrarán nada, he resuelto que mi boca no peque (Salmos / Tehilim17:1-3).

Basado en lo anterior, las escrituras que son conocidas como “Nuevo Testamento” invitan a hablar correctamente, por ejemplo diciendo: Hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales. Canten y alaben en su corazón al Señor dando siempre gracias a Dios el Padre por todo.

Recordemos entonces que, En la lengua hay poder de vida y de muerte… (Proverbios 18:21).Por lo tanto, cada una de nuestras palabras están afectando nuestra vida actual y la futura en la eternidad, sea de una manera buena o mala.

24 de Marzo de 2014 – 22 de Adar 2  de 5774

Publicado por 321judaismo.com

 

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